HERNÁN LAGOS ZÚÑIGA

Arica, símbolo de  gloria...

PRIMERA EDICIÓN

2001

 

 

 


© Hernan Alfredo Lagos Zúñiga, 2001

    Derechos reservados para todos los países.

    Inscripción Nº 119.339, 03/04/2001

    Santiago de Chile

Impreso en Chile

Printed in Chile


 

 

 

El engrandecimiento de un pueblo... es el

engrandecimiento de cada uno de sus ciudadanos.

(A San Marcos de Arica)

 


INTRODUCCIÓN

Relatar la historia de Arica es un gran desafío; esto ocurre solamente cuando hay  lugares en el mundo donde la aventura humana marca registros de 12 mil años de cultura o más. Relatar la historia de esta tierra mágica en su primer siglo de vida republicana es  un privilegio.

 

Arica es riquísima en la existencia del hombre americano; el entorno de su desarrollo es un hábitat constituido por un territorio integrado por tres nichos ecológicos muy característicos, estos son: La costa, con altos acantilados en la parte sur y con  la suave llanura que se extiende desde el Morro al norte y desde la playa hasta los primeros lomajes de los montes de la cordillera de la costa, conformación morfológica que marca el paisaje de la ciudad en su pronunciada bahía que se proyecta hacia el norte. La meseta media o precordillera es el segundo nicho ecológico, este, con extensas pampas desérticas surcadas por profundos y angostos valles transversales, y por último, el tercer nicho ecológico es altiplano cordillerano,  salpicado de altos montes y conos volcánicos que con sus nieves eternas se transformaron en figuras tutelares del país de los Kollas. Esta composición morfológica  de la geografía de esta parte del continente sudamericano ha marcado el que hacer humano de los ariqueños a través del tiempo; moldeando su carácter y su idiosincrasia,  lo que en definitiva da una forma muy particular a su ser, a pesar de las migraciones y conquistas efectuadas por distintos pueblos a lo largo de la historia, siempre está presente el denominador común a la identidad de quienes se asientan en esta tierra, esta peculiaridad no hacen más que confirmar esa condición casi imperceptible  de lo difícil que resulta distinguir cual es su realidad,  Arica es  tierra mágica.

De las culturas locales de pescadores y recolectores Arica en su evolución conoció del imperio de Tiahuanaco de gran y larga influencia en toda la zona, representada esta etapa de la evolución ariqueña en las culturas “Cabusa”  y “Las Maitas” de 1.500 y 800 años de antigüedad  respectivamente; existe una gran cantidad de elementos que testimonian el fuerte intercambio que se produce por esa época entre el altiplano y la costa, caracterizado por los fuertes lazos de intercambio económico que rigió este imperio,  sus cerámicas ceremoniales y utilitarias son de variadas formas, no conocidas con anterioridad en la región costera, ejemplo de esto son los  keros, jarras globulares, antro y zoomorfas, todas de excelente textura, con decoración policroma representando la fauna altiplánica como pumas, cóndores, ñandúes, etc., en los tejidos abundan los camisones, fajas, mantas de tejido simples y recamadas con plumas de colores de aves tropicales, confirmando de esta manera el intercambio entre las distintas zonas de influencia del imperio; los taris (pequeños paños policromos), y el característico gorro de lana de alpaca de cuatro punta que usaban los dignatarios taihuanacotas, también son usados en la zona costera,  trajeron la religión andina que permanecerá hasta la llegada de los españoles; y que mantiene hasta el día de hoy algunas señas en la ritualidad del catolicismo impuesto por los evangelizadores españoles. A la decadencia del milenario imperio de Tiahunaco, los ariqueños desarrollaron una hermosa cultura local, caracterizada por la riqueza de su cerámica y textilería llena de color y  figura, para aportar posteriormente al imperio de los Incas como una de las comarcas del Kollasuyo, así fue encontrada  la tierra del Morro por los hijos del Cid, altiva con la identidad de los pueblos forjados en la adversidad como parte  de una naturaleza árida e inhóspita, pero siempre dispuestos a romper el destino, a los pies del Morro se establece uno de los primeros asentamiento hispanos de lo que prontamente sería el Virreinato del Perú.

 

Una vez pacificados los naturales, Arica sirve de reposo y remanso a las agotadas mesnada de conquistadores que necesitaban recuperar las energías gastadas en las duras travesías del desierto, además  de servir de buen abrigo y reabastecimiento a las débiles naves que daban apoyo a los que iban a conquistar Chile.

El  avance inexorable de la  Historia  pone  a Arica en su vida colonial como puerto de importancia, viendo transcurrir inmensas riquezas  arrancadas de las entrañas de los Andes hacia la “Madre Patria”, las que fluían por sus caminos y bahía cual devotas romerías de peregrinos, en caravanas interminables, con el fin de satisfacer de tesoros a las siempre insaciables arcas reales españolas, siendo además codicia de piratas y filibusteros provenientes de las otras potencias europeas que de tiempo en tiempo ponían a prueba el valor y la lealtad de los ariqueños,  Arica así ve que sólo se quedaba con el orgullo de su título de “Ciudad de San Marcos de Arica la Muy Ilustre y Real”, y la devoción y fe de sus hijos que se expresaba en su iglesia Basílica (Templo atribuido a la donación del portugués Baltazar Farfallares) la que resiste los embates de la naturaleza y del pasar del tiempo hasta rendirse definitivamente en el gran sismo de 1868.

 

Los relatos que encontrará el lector comprenden el periodo de 1810 a 1879, son simplemente eso, relatos, que no pretenden ser una obra de erudición, sino una forma de expresar lo que como una obsesión se fue coleccionando en la memoria cada vez que se presentaba  la palabra Arica, en algún manuscrito, en algún documento oficial, en un trabajo de algún investigador, en el relato  de alguna tradición familiar, en la leyenda o en la tradición de algún poblado, en la lectura de obras de los grandes historiadores, en definitiva en cualquier información donde apareciese relacionada Arica con los acontecimientos históricos; esto derivó en el naciendo de muchas notas, escritos  y apuntes, que la más de las veces fueron anotados en precarios papeles que se disponía al momento de tener a la vista el dato encontrado o al escuchar el interesante relato, este afán hecho sólo con el simple anhelo que el conocimiento adquirido no cayese en el olvido, resultó que con el tiempo fueran quedando guardados en un anaquel,  hasta que un día decidí darles un cierto orden,  con el fin que se transformasen en una continuidad coherente los acontecimientos así consignados, transformándolos al final en el  relatado que el lector conocerá.

 

Quien se interese  por la lectura de lo aquí narrado, se encontrara con una historia que a lo mejor tiene muchos yerros, pero justamente el tomar la decisión de escribir y compartir lo que fui descubriendo tiene por objeto que se rectifique lo errado, se perfeccione lo cierto, se enriquezca  con lo omitido y  estoy cierto que con eso estaremos reconstruyendo una parte de la historia de Arica que en mucho ha sido distorsionada o se ha pretendido borrar de la memoria colectiva, ya fuese por razones políticas de los apasionados acontecimientos de la guerra de la independencia o los de las anarquías que se hicieron casi perenne en la de vida republicana del Perú y de Bolivia, como también las razones de los nacionalismos exacerbados del siglo XIX, todo esto fue factor determinante en el ocultamiento de información objetiva sobre el acontecer histórico de Arica en el siglo XIX, el nacionalismo fue un factor que no estuvo exento también durante el siglo XX y que dificultó bastante la investigación. El lector podrá juzgar con su propio criterio esta afirmación, la información tan dispersa, la distorsión de antecedentes, el ocultamiento o destrucción documental sobre este periodo de la historia de Arica no hacen más que ratificar lo dicho anteriormente.

 

El periodo de tiempo en la historia de Arica elegido para el relato histórico que se presenta se inicia al momento de una transformación radical en la vida  la  ciudad puerto, esta marcado nítidamente en el comienzo de los quince años de dolor, esfuerzos, heroísmo y leyenda que significaron la lucha por la independencia de estas tierras americanas de  España;  y que permitieron el paso del estado colonial a la vida republicana; terminando este relato al inicio de los acontecimientos  de un acto que vistió de  honor, de patriotismo y gloria a sus protagonistas, miembros de dos naciones hermanas enfrentadas en un conflicto bélico, nos referimos a la Guerra del Pacífico, por eso es de justicia señalar que aquel momento en la historia será marcado por siempre en la historia de Arica, así lo deja estampado don Pedro Ariel Olea en los versos del Himno de Arica que dice:

 

Es tu lema la Paz

y es tu grito Libertad,

tierra señalada de inmortalidad.

Es tu Morro Imponente

besado por el mar

símbolo de gloria, patria y lealtad.

En nuestro corazón

hay un himno vibrante para ti.

Clamor de multitud

juramento de fe en el porvenir.

Tu noble pabellón

con las glorias de Junio se cubrió.

¡Arica! ¡Siempre Arica!

¡Siempre Arica, hasta morir!

Considerando los sucesos de Junio de 1880 como  el fulgor que da paso al nacimiento de San Marcos de Arica como  tierra chilena.

                                               El Autor.


PRIMERA PARTE

LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA AMERICANA DE ESPAÑA

Capitulo I

Comienzos de la Revolución por la Independencia.

·         La Rebelión de Zela

Arica, comarca de lares calcinados por el sol, de suelos de arenales milenarios, de pagos de  desiertos dibujados por estrechos y fértiles valles;  territorio de profundas quebradas que surcan su salitrosa naturaleza que desafían las inertes pampas, tierra de geografía de rudos acantilados costeros bañados plácidamente por el mar Pacifico, vive la primera década del siglo XIX  en su incursión en la historia americana con las mismas inquietudes del resto de sus hermanas iberoamericanas, estos tiempos traían  en los vientos del desierto y en la brisa marina, los aires libertarios de la emancipación de la América Española,  que desde  sus entrañas impregnaría  los espíritus criollos de los  hijos de la tierra ariqueña.

Los aires libertarios conmueven también los corazones de muchos hijos de la Hispania, mucho de los cuales cumplían  oficios en la administración colonial, en cargos militares o religiosos, habían nacidos en la península pero ya afincados en tierra americana, abrazan con pasión y lealtad la causa de la Independencia, transformando la larga lucha de 15 años en una guerra fratricida, enfrentamiento entre hermanos que no estuvo exento de los horrores propios que engendra el oficio de Marte, pero esta gesta también tuvo actos de heroísmo y sacrificios sublimes por parte de ambos bandos, los de la causa del Rey como los del la causa Americana, así, San Marcos de Arica, la ciudad del Morro, también es protagonista y escenario de la proeza que lanzo la gran aventura de la historia, como fue el nacimiento de las repúblicas de la América morena.

Arica de 1810, es una posesión española en Hispanoamérica, uno de los siete partidos que formaban  la Intendencia de Arequipa, según la institucionalidad impuesta al Virreinato del Perú en 1784. Es puerto del océano Pacifico oriental,   que no se encuentran exento de las repercusiones causadas por los acontecimientos de la "Madre Patria" a comienzos del siglo XIX con ocasión de la invasión napoleónica y el consecuente cautiverio del Rey Fernando VII, además la influencia que significó la vigencia de la constitución española de 1812 en la administración política en todo el imperio español.

Las inquietudes de los ariqueños de esos años se concentraban en las noticias que llegaban desde Chile, las que eran traídas por los marinos que arribaban al puerto desde el sur, como también llegaban  noticias a la zona proveniente desde las riveras del río de La Plata, sucesos que generaban mucha intranquilidad y división en la sociedad ariqueña, en todo caso la población mayoritariamente se mostraba conservadora sumándose a la causa realista, sin embargo hay quienes simpatizaban con la causa de  la emancipación, hay testimonios que hablan de criollos ariqueños que ya tenían tempranamente inquietudes revolucionarias similares a la de sus hermanos de otras latitudes de Iberoamérica.

Así es como ocurre en ese año que el gobernador (subdelegado según la nueva nominación de la institucionalidad Borbónica impuesta a las Américas) del partido de Arica, don Felipe Portocarrero y Calderón, sargento mayor de la 6ª Compañía de "Dragones del Rey" con guarnición en Arica [1] , se entera de algunas actitudes sospechosas que muestran   algunos de los pobladores  de su jurisdicción.

El gobernador, gracias a los corrillos lugareños que se difunden desde las tascas ubicadas en el caserío de las Maitas del valle de Azapa se entera de las inclinaciones subversivas de algunos connotados vecinos. Este pago esta ubicado a unas 6 leguas de la ciudad y que por esa época era muy concurrido por varones oriundos, marineros y viajeros que iban en busca de satisfacer con epicureísmo sus necesidades de diversión gastando así sus ratos de ocio. Los contertulios se reunían al amparo de un buen "chupe de camarones" o de un sabroso "sudado de cordero", o un “ají de gallina”, acompañado de un buen "vino pintatani" traído desde Chaca o Codpa, o un aguardiente de Locumba, o si el gusto del parroquiano lo solicitaba siempre estaba disponible un "guarapo"(aguardiente de caña de azúcar, sin destilar) de "Pago de Gómez", bebidas etílicas que soltaban con facilidad la lengua de los comensales ante la copiosa ingesta. Los alcohólicos vapores de estas bebidas introducían los influjos de Baco en las mentes, haciendo  más amenas y bullangueras  las tertulias.

Llenas las panzas y arriba los ánimos se armaba la fiesta, invadiendo el éter el ritmo del "landó", del "Cachimbo" o de una zapateada "zamacueca", algún “huaino” y uno que otro "zapateo", este baile más escaso por estos cobijos, por ser este un baile más de salón de los principales y de familias de bien, las canciones  con hermosas rimas de poesía popular eran lanzadas al aire por las eufónicas voces de morenas cantoras y poseían coplas versadas por varones de fuliginosa piel, poseedores de voces profundas y capases de ejecutar audaces falsetes, eran acompañadas del sonido de guitarras, arpas, vihuela, bandolas, cajón y matracas de quijadas de burro. Los acompasados  acordes invitaban al baile  mezclados con el cadencioso y contagioso ritmo de las generosas caderas de las doncellas de ébano de estos pagos, pronto surgían la intimidad de los amores fugases entre olivos, matas de cañas de azúcar y chañares, concúbitos tapados  por los  cómplices quinchales de cañaveral de los ranchos del poblado, en improvisadas alcobas de totorales, entre besos y caricias  ocurrían  estos lances furtivos de eros, permitiendo el efluvio de las intimidades de esta sociedad pueblerina; así con la colaboración de los infaltables chismosos logra el gobernador Portocarrero interceptar una carta enviada por el distinguido balancero  de las Cajas Reales de Tacna don  Francisco Antonio Zela a don Ignacio Oviedo, este último estanquillero de la Renta de Papel Sellado y Tabacos de Arica, y propietario de una  heredad de bastantes topos en el valle de Azapa, las sospechas surgieron por referencias en la carta interceptada a  intercambio de provisiones  que podrían tener un eventual uso en  guerra, con estos antecedentes el gobernador  dispuso la prisión de Oviedo y provocaron las consiguientes explicaciones de Zela.

Junio de 1811  transcurre en Arica en la calma y pasividad que caracterizó los últimos años de la colonia. El puerto de Arica se ve sumido en la decadencia como resultado del termino del Corregimiento, además complotaba a favor de la declinación de la importancia de la ciudad las terribles "tercianas", enfermedad endémica por esos años, concluyendo la fatal trilogía de factores negativos estaba el desvío hacia los  puertos del Atlántico de embarques  minerales desde el Alto Perú a Europa; alteraba este aletargamiento colonial la llegada ocasional de algún barco en busca de víveres, agua dulce, o de una que otra carga de minerales que aun fluía por estos derroteros, los que cruzaban los pastizales de Sajama en la bifurcación de los caminos a La Paz, Potosí, Chuquisaca, Cochabamba, etc., adentrándose a Tambo Quemado o Visviri bajando al valle de Lluta o trajinaban por el camino real de Arica, Tacna, Pachía, Palca, Guailillas, Tacora, Uchusuna, Casa Sola, Chulluncayatu,  Hijadera, Santiago de Machaca, San Andrés, Nasacara, Llallagua, Viacha y finalmente para llegar a Nuestra Señora de la Paz. Los embarques de minerales llegaban a la costa en recuas de mulas y en catervas de llamas de propiedad de afamados "Trajineros" [2] , caravanas que retornaban desde el puerto a las tierras  de los bofesdales, de las vizcachas, de las tarucas, de las vicuñas llevando  finas mercaderías, estas cáfilas   retornaban transportando bienes que acercaban a la “Madre Patria” y a la cultura europea  a los descendientes de los conquistadores y a los altos  funcionarios de la presidencia de Charcas, rompiendo el cosmos Kolla, cosmos  del cielo límpido de azul profundo, de aire liviano y de volcanes que dibujan el horizonte  con sus conos vestidos de nieves. Este trajín visitaba los pueblos enclavados  en los Andes como verdaderas cuentas de un gran rosario algunos de ellos son,  Putre, Ancara, Charaña, Copapuquio,  Tacora, etc. las mercancías transportadas eran traídas desde otras latitudes por veleros que surcaban con audacia los mares australes desafiando las tormentosas  aguas del estrecho de Magallanes, para internarse en el Pacífico donde entregaban sus suntuosas cargas a los puertos de esta costa, mercaderías que venían destinadas a saciar las necesidades de los notables de las posesiones hispanas de la costa occidental de América del Sur integrándose en este tráfico las demandas de las poblaciones de "La Audiencia de Charcas" o "Alto Perú".

Las características mañanas de invierno en Arica, nubladas, con su manto madrugador de "Camanchaca" (neblina) que cubre al amanecer cual velo de novia los desnudos cerros del desierto y que escapan como doncellas sorprendidas en pecado a medida que Crono acerca la media mañana, dejando en plenitud el dominio del "Inti", que cubre la tierra con sus rayos cual generosos brazos paternos, mostrando su pleno dominio en las antiguas comarcas que les fueran arrebatadas a sus hijos por el conquistador español. El gran Inti  mantiene la agradable temperatura y la luminosidad de la eterna primavera permitiendo de esta forma condiciones más propicia para la producción de primores frutales del lejano valle de Azapa, que por los años del inicio de la emancipación iberoamericana  se divisaba desde el Morro de Arica como un espejismo fantasmal, separado del pueblo por una pampa arenosa sembrada de piedras torneadas en forzado viaje como obligadas pasajeras de "Huaicos" de los ríos temporales, que son ocasionados por las lluvias estivales en la cordillera de los andenes, "Cordillera de los Andes", esta árida separación se veía  sólo interrumpida por pequeñas masas vegetales crecidas al amparo de humedales del lecho seco del río "Acha" o del no menos importante aprendiz de río (a decir de Benjamín Subercaseux) el "San José", que por esos entonces en sus secas y pedregosas arterias discurrían tímidos hilos de agua que en su empozamientos permitían la vida de los temerosos y ágiles camarones que al sentir la presencia del hombre se escondían entre totoras, musgos, junquillos y berros, estas charcas también permitían  la existencia del zumbón mosquito, el  que traía las temida "Tercianas", mal que por esos años se culpaba al inocente Morro por no otorgar una ventilación más saludable a la población que permitiese evitar la enfermedad, habría que esperar al doctor Juan Noé y su Brigada Sanitaria Anti-Malarica en la primera mitad del siglo XX para  que reivindicaran el prestigio sanitario de la granítica mole tutelar de Arica. A lo lejos mirado desde el poblado se divisaba  el tambo de "Saucache", pequeña pero generosa sombra de molles y chañales donde habitualmente se dibujaba la silueta de algún mulo o asno afanoso engullendo "chala" o la verde y turgente alfalfa dada con generosidad por su "Cholo" amo, para luego más a lo lejos encontrarse con la hacienda "Buena Vista", marcada por la gran mancha de verde profundo de sus hispanos olivares que en esta época del año recibían en afanosa "Raima" el bregar de los brazos afroazapeños, muchos de ellos aun esclavos, cosechando sus oleaginosos frutos tan oscuros como sus pieles,  esta primera hacienda se ubicaba a un par de leguas de las últimas casas de la villa que lucia muy ufana el importante rango otorgado por Felipe II algunos siglos atrás de "Ciudad Ilustre y Real".

En  este ambiente la pequeña guarnición militar de Arica se ve incrementada por los acontecimientos ocurridos en la ciudad de La Paz, en Santiago de Chile como en la capital del Virreinato de la Plata la ciudad de Buenos Aires, con la instalación de las Juntas de Gobierno en 1810 en estas dos últimas ciudades cunden  fuertes rumores que se produciría una sublevación en la zona y en especial en el Alto Perú, noticia que hizo que el Virrey José Fernando de Abascal y Souza, dispusiera el reforzamiento de la guarnición de Arica, es así como fue engrosado en Tacna y Arica un regimiento de Dragones de cuatro escuadrones, con un total de 600 plazas incluido Jefes y Oficiales. En los últimos días del mes de junio de 1811 llegan alarmantes noticias desde la vecina Tacna, estas nuevas, señalaban que la noche del día 20  había estallado una rebelión en dicha localidad, en contra de la dominación hispana, esta rebelión  la acaudilla el  criollo don Francisco Antonio de Zela y Arizaga, quien recibe el titulo de "Comandante de las Milicias  Unidas de  América", Zela era hijo de patricia familia limeña, nacido en lima el 24  de junio de 1768, su padre español Alberto de Zela, su madre María de las Mercedes Arizaga y Hurtado de Mendoza, hija de noble familia del Callao, Zela Arizaga trabajaba como balanzario  y ensayador de las Reales  Cajas del Partido de Arica con sede en Tacna.

El caudillo patriota es secundado por un numeroso conglomerado de criollos como don Pedro  Gil de Herrera, además de mestizos e indios figurando entre estos últimos los caciques Toribio Ara y su hijo José Rosa Ara, Miguel Copaja y Ramón Copaja, este último cacique de Tarata. El movimiento subversivo de Tacna tuvo estrecha vinculación con la revolución  de las provincias del virreinato de la Plata, iniciada el 25 de mayo de 1810, los argentinos  emprendieron  una expedición para sublevar  los pueblos de la presidencia de Charcas y para ello comisionaron un ejército al mando del general Balcalcer y del  abogado Castelli, más que poder militar, era una cáfila  que tenía mucho de idealismo, aventura y del incipiente romanticismo, que empezaba a germinar en los jóvenes del siglo XIX y que hizo su apogeo más entrado ese siglo, los revolucionarios enviaron sendas proclamas a los pueblos del sur del virreinato del Perú, invitándolos a plegarse a la revolución, respondió  a esta gesta emancipadora sólo el pueblo de Tacna y esta se materializo en la rebelión del 20 de junio de 1811, donde al amparo de la oscuridad cómplice de la noche y en total sorpresa los revolucionarios ocuparon el cuartel de caballería del Regimiento de "Dragones del Rey" y  apresan a las autoridades, Arica mayoritariamente se manifiesta fiel a la autoridad real.

Los nubarrones del fracaso empiezan a cernerse sobre las testas de los conjurados, fatalmente el mismo día 20 de junio el ejército argentino  de Balcalcer y Castelli  era derrotado en "Guaqui" a orillas del Lago Titicaca por las fuerzas realista del general José Manuel Goyeneche y del Mayor general don Pío Tristán Moscoso ambos arequipeños, este último sigue en triunfo contra los argentinos por todo el Alto Perú hasta las fronteras de control de los sublevados de virreinato de la Plata, por las acciones de valor y triunfo Pío Tristán Moscoso es ascendido a Brigadier de los Ejércitos Reales. El domingo 23 de junio Zela revistaba sus tropas en las afueras de Tacna en la pampa de "Caramolle", el caudillo conocedor de su critica situación militar y las tensiones vividas, propias de la empresa comenzada hacia apenas 3 días, le provocan una congestión cerebral que inutilizo su cuerpo, eran aproximadamente la cuatro de la tarde, el enfermo caudillo es trasladado por sus hombres de mayor confianza  a su casa, donde le esperaba su acongojada esposa doña María de la Natividad Siles y Antequera, este tremendo hecho negativo provocado por la salud de Zela, sumado a la difusión de la noticia de la derrota de las tropas patriotas en "Guaqui" hizo cundir el desaliento y la desmoralización en el corazón de los bisoños  guerreros de la emancipación, quienes por su escasa disciplina y preparación militar comienzan a desbandarse,  facilitando de esta manera el  restablecimiento de la autoridad real en estos dominios, acción que hace con gran temple militar  las tropas enviadas desde Arica, estas fuerzas iban al mando del Sargento Mayor Rafael Gavino de Barrio,  que al llegar al Valle del "Caplina" no encuentran  gran resistencia en el cuartel ubicado próximo a la pampa de Caramolle, con decisión se procede a la liberación del Subdelgado Portocarrero, del Alcalde ordinario Cipriano de Vargas y otras autoridades que habían sufrido el cautiverio en el levantamiento, poniéndose en prisión a los cabecillas del alzamiento. Zela es apresado en su casa por el propio comandante Gavino de Barrio y por el Alcalde Ordinario de Tacna, Cipriano de Vargas, el caudillo criollo permanece detenido por algunos meses en la ciudad capital del  Partido, siendo trasladado a Arica para embarcarlo rumbo a la prisión de "Real Felipe" del Callao, es condenado a muerte, se esperaba que esta ejecución fuese con toda la pompa necesaria para que sirviese de escarmiento a otros que pretendieran seguir por la misma senda del patriota de Tacna, la pena capital impuesta es conmutada  gracias a la intervención de los poderosos parientes de Zela, entre los que se encontraba su hermano político el acaudalado comerciante García Urrutia y su hermano, el sacerdote Miguel de Zela en ese momento cura de la parroquia de Pasco, según sus contemporáneos no solo vasto la influencia de importantes personajes sino que además  se derramo  bastante oro para lograr el indulto, la conmutación de la pena de muerte fue por la prisión por 10 años en el penal de San Lorenzo de Changres (Panamá), donde falleció a los cincuenta años de edad, acosado por su mal y por el mal clima de la región, no retornando más  a su suelo patrio.

Así transcurrieron los primeros suceso que hicieron sentir a los ariqueños los vientos revolucionarios en su propia casa, y que ya no se detendrían hasta verse estas tierras transformadas  en parte de una de las nacientes repúblicas americanas. Por Ley del 26 de mayo de 1828 del segundo congreso del Perú, da a Tacna la categoría de Heroica Ciudad, como reconocimiento de haber sido el primer pueblo de esa república en que resonó el grito de libertad, al parecer los ariqueños siguieron conforme con su titulo de "Muy Ilustre y Real".

·         Segundas rebelión de Tacna

De los acontecimientos de Tacna de junio de 1811, Arica vuelve aparentemente ha adormecerse en su tranquila vida cotidiana que caracterizo los años finales de  la colonia.

"San Marcos de Arica"  puerto chileno del Pacifico Oriental ubicado en el continente Americano a 18º, 27', 55", latitud Sur y  74º, 44', 9" de longitud Oeste, Provincia de la primera región "Tarapacá; en 1810 jurisdiccionalmente era parte del Virreinato del Perú, Partido de la Intendencia de Arequipa. Este Partido sureño del Virreinato lo integraban entre otras  localidades los valles de Azapa, Lluta, Chaca y Codpa, Camarones, Belén Tacna, Sama, Tarata, Locumba, incluyendo pueblos cordilleranos que a finales del siglo XX forman la provincia chilena de Parinacota. Tacna se constituyó afines del periodo colonial en cabecera del Partido de Arica, estableciéndose por lo tanto allí la residencia de los Subdelegados (Gobernadores) y la sede de las Cajas Reales, ya que se estimo más segura dicha ciudad ante la eventual arremetida de corsarios que aun infectaban estos mares,  además de la mejor salubridad que presentaba su clima, en  tanto el puerto de Arica era contagiado por el paludismo además había una gran ocurrencia de la tuberculosis (membrana al decir colonial) por lo que se le consideraba a la ciudad de Arica una ciudad malsana.

Además de las actividades generadas por el transito de mercancías al Alto Perú, la economía ariqueña de esos años se desarrollaba en forma importante en la producción agropecuaria, siendo en este rubro lo más representativo los vinos de Locumba, Chaca y Codpa; el aceite de oliva de Azapa (Cuzapa [3] ), ají, algodón, productos de pan llevar, algo de ganado mayor y menor de los distintos valles del Partido. En la economía ariqueña de fines de la colonia también había algo de producción   minera, plata, oro y cobre (Choquelimpie, Huantajaya, Camarones); la economía del Partido para esos años  contabilizaba ingresos en las Cajas Reales de la Intendencia (Arequipa) por 130.500 pesos; no considerado los ingresos de la Aduana de Arica.

Desde el punto de vista de la demografía la población del Partido de Arica se estimaba para el año 1810 en unos 18.000 almas aproximadamente, así Belén  registraba 1.600 habitantes aproximados, Codpa 2.075 habitantes y San Marcos de Arica contaba con una población de unas 1.400 almas aproximadas, este censo fue efectuado después del terremoto de noviembre de 1810.

Según el censo de 1796 de Gil de Taboada la población del Partido de Arica estaba compuesta de la siguiente forma:

Religioso                             21

Españoles                      1.585

Indios                           12.820

Mestizos                         1.977

Castas Libres                     985

Esclavos                         1.294

                  

  Total :                         18.682

Se considera que esta información no debería tener gran  variación con respecto a la población de 1810.

La ciudad se recuperaba lentamente de las consecuencias del terremoto del 14 de noviembre de 1810, él que había terminado con el relativo silencio telúrico del siglo XVIII, lapsus de tiempo que sólo se había visto interrumpido en su tranquilidad sísmica en 1784, por un  violento temblor,  pero que no había pasado de ser un violento sacudón.

Arica,  después del evento sísmico de 1810 sé  encontraba tan destruida y desolada que apenas se podía encontrar vestigios de su antiguo esplendor, a pesar de eso se le seguía considerando con el rango de ciudad, pues de los núcleos urbanos de toda la Intendencia de Arequipa sólo a dos de ellos se le otorgaba el rango de ciudad en la documentación oficial del virreinato, Arequipa y Arica; a dos como villas, Moquegua y Camaná, y ochenticuatro como pueblos.

El trazado urbano de la ciudad de San Marcos de Arica tenía por esos años unas pocas manzanas, que no superaban las diez. Las casas eran de un piso y solamente las de las familias más pudientes estaban construidas de adobes, bloques de barro y paja que se confeccionaban con greda sacada de una cantera que estaba ubicada en el sector que llamaban "La Chimba Alto" o "Pampa del Astillero", esta cantera estaba emplazada en un alcor a unas 6 cuadras de la desembocadura del río San José en dirección sudeste, este filón gredoso fue utilizado hasta ya muy entrado el siglo XX, en que aun se seguían utilizando estos bloques de barro y paja en la edificación de viviendas u otros edificios. Las techumbres de las casas de la ciudad a comienzos del siglo XIX eran construidas   con vigas de roble, que eran traídas  desde el reino de Chile o de Guayaquil, puestas  horizontalmente sobre los muros se cubrían con una estera tejida de cañaveral y totoras recubierta con una torta de barro y conchas de moluscos molida de algunos centímetros de espesor, esta superficie  se veía interrumpida de vez en cuando por una o más casetillas que hacían las veces de claraboya. La arquitectura de estas viviendas era muy simple y carecían de cualquier adorno, esencialmente cubicas, sus fachadas cuando eran de adobe tenían sólo una ventana y una puerta, estas normalmente manufacturadas con maderas rústicas y toscas, los dinteles de puertas y ventanas estaban constituidos por dos vigas de roble que soportaban los adobes de la parte superior que se colocaban ahí para completar la altura del muro,  el interior de las casas lo formaban un pasillo de 1,5 mts. de ancho aproximado y que con gran frecuencia se le ubicaba al lado derecho - mirado desde la puerta al interior- del terreno que ocupaba la vivienda, al lado izquierdo de la edificación se ubicaban las habitaciones que variaban de 3 a 5, cada una de ellas tenían como promedio unos 15 mts.y algunas de estas estaban comunicadas entre sí a través de una puerta interior, remataba esta seguidilla de habitaciones un salón, el que era usado como comedor y sala de estar, este salón daba normalmente a un patio interior donde se encontraba la cocina, aquí se criaban aves de corral, en ese lugar también se encontraba el "pozo negro" del excusado, el fondo de este recinto normalmente era el lugar donde se colocaban los trastos viejo, los patios se separaban de las casa vecinas con tapias de adobe de altura media, en estas tapias cuando no colindaban con ninguna otra propiedad usualmente se construía  una puerta de servicio que llamaban "puerta falsa". Los pisos de  las casas de las familias más acomodadas eran entablados, siendo la generalidad de tierra endurecida, el uso de bloques de barro cosido (ladrillo) era muy escaso, no se usaba para las viviendas, su uso era restringido a las grandes edificaciones como conventos, iglesias o construcciones militares, las restante viviendas, y que eran la mayoría,  estaban construidas en sus paredes de palos parados enterrados, una vara transversal a ras de suelo, otra media altura y otra en el extremo superior, afirmaban el tejidos de totoras y cañaveral que embadurnaban con barro, estas edificaciones  le  llamaban "ranchos", cuya estabilidad y permanecía eran por razones obvias de corta duración, las bondades del clima cálido y sin precipitaciones conspiraban en contra de forzar a los pobladores a una mayor preocupación por mejorar  la  construcción de sus viviendas, además que este tipo de construcción tenía la ventaja de dar mayor seguridad ante la eventualidad de un sismo de proporciones, en estas condiciones la arquitectura ariqueña no tuvo oportunidad de mostrar algún desarrollo.

Las polvorientas calles de la ciudad se habían reducido a dos trazadas de oriente a poniente,  una que iba desde la Merced al puerto y otra que corría desde San Francisco a la marina, esta ultima pasaba por el costado norte de la Iglesia Mayor (San Marcos) y de la plaza que por entonces sólo era un solar baldío arenoso que se usaba como lugar de remanso de las recuas de mulas "pianeras" [4] y  de las catervas de llamas que esperaban que sus amos "Trajineros" les cargaran sobre sus lomos las mercancías con destino al Alto Perú, de una vertiente que afloraba cercana a las faldas del Morro se había establecido  un bebedero para el ganado. Además existían dos calles transversales de sur a norte, que no guardaban proporción en sus cuadras, formaban manzanas de diversas figuras y en gran desorden construidas sólo en algunos tramos de estas, las calles conservaban restos de su antiguo empedrado, que se resistía ha desaparecer como remembranza de su pasado esplendor, en la costa estaban los varaderos y patios donde se acumulaban las mercaderías recibidas o por embarcar, las más privilegiadas estaban en pequeños bodegones de caña y madera que más parecían ranchos, pero que los orgullosos ariqueños llamaban almacenes, en este sector de la ciudad aun se podía apreciar algunas construcciones de defensa las que denominaban "El Fuerte".

Bien  se veía que San Marcos de Arica había perdido su importancia económica como resultado de los cambios de la administración colonial que derivó la actividad portuaria del Alto Perú a los puertos del Atlántico y de la destrucción producto del terremoto de 1810, su decadencia se reflejaba hasta en su estructura urbana, la simetría y calidad que había visto Amadeo Francisco Frézier en su visita al puerto casi 100 años antes estaba perdida, sin embargo aun se conservaban importantes construcciones como las cuatro iglesias, que al observador que arribaba al puerto allende los mares mostraban la silueta de sus campanarios, estos templos eran: la Basílica de San Marcos que se había construido en 1640, la del convento de San Francisco fundado en 1637 con su templo llamado iglesia de la Matriz, el de la Merced, convento fundado por Cédula Real del 5 de octubre de 1594 era de menor tamaño que los otros y por último la  capilla de San Juan de Dios ubicada a un costado del Hospital del mismo nombre, situado a los pies del cerro de la Cruz, la vicaría de Arica estaba servida a comienzos de la revolución de la independencia por 6 franciscanos, 2 mercedarios y 4 hh. de San Juan de Dios.

El paisaje de San Marcos de Arica con la gran ensenada que forma la bahía de Arica se veía con una peculiaridad que los otros puertos de esta parte de Sudamérica no exhibían, pasado los últimos ranchos hacia el norte del poblado se podían observa las chacras de la "Chimba" que ocupaban unos 380 acres de  superficie, los que eran regadas por las abundantes vertientes que afloraban en esa zona a orillas del mar,  estas alquerías eran cultivadas por labriegos mulatos o negros de motudas  cabelleras que aun mantenían sobre su cerviz la condición de esclavos. Hortalizas, ajíes, zapallos, frutales como  guayabas tumbos, chirimoyas, dátiles, ciruelas, plátanos, etc. eran algunos de los productos  que satisfacían las demandas de la población, también  de ahí provenían parte de la totora y cañaveral que se usaba en obras de arte de la construcción de viviendas, aquí se producía  buena parte de la artesanías utilitaria par los usos comunes de la población, este insospechado paisaje daba una visión más agradable ante el dominante color ocre que en gran variedad de tonos confundía en un solo conjunto cromático el poblado con los cerros del entorno, esta visión del verdor del la "Chimba" daba al viajero un alivio visual al observar el pequeño solaz de vegetación incrustado entre tan agobiador paisaje al momento de hacer su ingreso marítimo al puerto, también se veía la  costa lineada por una fina estela blanca, la que se producía al chocar el azul mar con pasividad afectuosa en sus playas y roqueríos, Arica mostraba al sur de este entorno un promontorio  blanco, el que parece escapar rebeldemente de las profundidades del océano, este islote brindaba optimo lar en los atardeceres a las aves marinas, que con su estiércol proporcionaban un aroma característico  al sector del embarcadero,  poco agradable el vaho que emanaba en especial cuando se recibía la brisa del sur,  pero que también anunciaba la presencia de un excelente abono para los cultivos de Azapa y la "Chimba", este promontorio fue llamado por los españoles "Isla de guano" o del "Alacrán"; y por último completando el paisaje, ahí siempre en su actitud tutelar de eterno custodio, el imponente Morro besado por el mar [5] .

En los últimos días de Diciembre de 1812 recala en el puerto de Arica en busca de reabastecimiento de víveres y agua dulce el almirante Antonio Pareja, encargado por el Virrey Abascal para la pacificación y recuperación de la autoridad real en el reino de Chile, este acontecimiento trajo a los ariqueños de nuevo en mente los aires de la revolución independentista, la población aun mantenía fresco en sus recuerdos los acontecimientos de la rebelión de Zela. La  expedición de Pareja no era muy numerosa, pues las autoridades militares del Virreinato consideraban  que la reconquista de Chile seria obra fácil, las noticias que llegaban a Lima desde la lejana provincia rebelde señalaban el desorden en que se había sumido la sureña colonia, lo que habría generado el descontento de la población  con las autoridades consideradas de facto. Por lo que se suponía que la mayoría del pueblo estaría por la reinstauración del orden que representaba la autoridad real, en consecuencia con esta idea los estrategas del partido del Rey pensaban que la sola presencia de la expedición bastaría para retornar las cosas al antiguo régimen y así poner orden  en la sublevada provincia. El almirante Pareja había zarpado del Callao el 12 de diciembre de 1812 con un barco, con algunos oficiales y 50 soldados veteranos que le servirían de instructores, más vestuario y $ 25.000.- en dinero, a fines de diciembre arriba a Arica como ya se ha dicho, tomando rumbo al sur luego de una breve recalada hecha para abastecerse de víveres y agua dulce con el fin de enfrentar en mejor forma la difícil travesía marítima que por esa época del año daban  los vientos y corrientes adversas de las costas entre Arica y Coquimbo, considerando además hostiles al Rey los puertos de Coquimbo al sur, lo que dejaba un largo recorrido hasta  Chiloé que le representaba puerto seguro para su misión.

En Chiloe con la colaboración de la plaza de Valdivia, esta plaza se había manifestado a favor del Rey el 16 de marzo de 1812, pretendía formar las  fuerzas expedicionarias que operarían entre Concepción y Santiago. Pareja hace puerto en Ancúd el 18 de enero de 1813, hay que recordar que Chiloé fue la última posesión española que permaneció fiel al Rey en América del Sur.

En tanto ocurrían los acontecimientos en Chile, los hechos del noroeste argentino también tenían influencia en la zona, las noticias que llegaban a través de los trajineros que  iban y  venían del Alto Perú eran muy intranquilizadoras para los partidarios del régimen colonial. Así mismo, sembraban la incertidumbre revolucionaria los emisarios enviados por Belgrano a los pueblos del Bajo Perú, en especial a los del sur del virreinato, los triunfos de los argentinos  en Tucumán el 12 de octubre de 1812 y del 23 de febrero 1813 en Salta ponen inquieta a toda la estructura virreinal, ante estos acontecimiento Arica sigue mayoritariamente fiel al bando realista, sus habitantes procuran mantener la normalidad de la rutina entre las labores portuarias y las labores agrícolas de sus valles, estas actividades comenzaban a verse  alteradas por el ritmo natural que iban generando los acontecimientos de Chile y  de Buenos Aires, las autoridades comienzan a mantenerse en alerta y se ven obligadas a tomar medidas para apaciguar los ímpetus de la sublevación  que  nuevamente comenzaba a gestarse por estos dominios.

El rumor revolucionario se hacia sentir en los corrillos de la capital del Partido, noticias que no tenían ajeno al Intendente de Arequipa ni a las autoridades de Lima. Por ese entonces subdelegado  (Gobernador) y comandante militar del Partido de Arica el año 1813 era el teniente coronel Antonio de Rivero y Araniba, querido y respetado en todo el Partido de Arica, pero calificado como “blando” por los más recalcitrantes realistas

Así ocurre que el domingo  3 de octubre de 1813 sucede un hecho que marcará uno de los hitos en la vida de la región, y dejará su huella en los anales de la historia regional, gesta que destaca el esfuerzo de los hijos de este sector de América por lograr su libertad. Ese primer domingo de octubre, estalla en Tacna, cabecera del Partido de Arica, el segundo acto de rebelión contra el dominio español en la zona, y que se ha conocido como la "Revolución de Paillardelle y de Calderón de la Barca", tomó ese nombre porque quienes   acaudillaron el movimiento revolucionario estos eran don Enrique Paillardelle y Zanabria y el Alcalde de Tacna don Pedro Calderón de la Barca y Lois [6] .

Ese domingo 3 de octubre de 1913 se celebraba la festividad en honor a la Virgen del Rosario, patrona de Tacna, la celebración se llevaba a cabo con grandes manifestaciones de fe popular, uno de los actos principales de los festejos era la misa que se celebraba a media mañana en el templo principal de la ciudad, al acto litúrgico concurría masivamente todo el pueblo y sus autoridades. Ese año una vez que había concluido la tradicional  y concurrida misa en honor a la Virgen, numerosas personas se desplazan ha reunirse en la casa del párroco Juan José de la Fuente y Bustamante, cosa que no debería llamar la atención de nadie por ser costumbre que los principales vecinos visitaran al párroco una vez terminada la misa central llevándole donaciones para las obras de caridad. Ese día entre los concurrentes a la casa del párroco estaba el alcalde y todo el cuerpo edilicio que había sido elegido el 11 de  julio de 1813 conforme a la Constitución  Española de 1812, la que permitía la elección de los ayuntamientos. Serían las 11 de la mañana  aproximadamente cuando de pronto se hace presente en la casa del párroco el teniente coronel don Francisco Suero, este oficial en actitud hosca aparece en la puerta de la casa parroquial,  venía comisionado por el Intendente de Arequipa José Gabriel Moscoso con amplios poderes y con ordenes de actuar con energía ante los fuertes rumores de sublevación que llegaban desde todos los rincones de la Intendencia; entre las medidas que debía tomar el comisionado  estaba el remplazo como Subdelegado del Partido de Arica del teniente coronel Antonio Rivero y Aranibar, a quien se le consideraba autoridad débil por no imponerse sobre los sediciosos, el alcalde Calderón de la Barca sale con decisión al encuentro  de Suero, y según testigos se produce más o menos el siguiente dialogo:

·        Calderón: "Esto reza con usted señor teniente coronel, los vecinos de Tacna y el cabildo que presido se oponen a su recibimiento";

·         Suero: "no  comprendo... ¿qué razones hay?”, respondió el jefe realista en una reacción de desconcierto;

·        Calderón: “Sabemos que usted viene a remplazar a nuestro subdelegado, el teniente coronel don Antonio Rivero, quien es una digna autoridad" y con mayor firmeza le señala, “El señor Intendente no tiene facultad para  ello. Sólo la Suprema Junta de Regencia del Reino de la que el puesto depende, puede hacerlo, le repito el Cabildo de Tacna y el Cabildo de Arica están de acuerdo para oponerse a la salida del Subdelegado Rivero y Aranibar".

El teniente coronel Francisco Suero con su plana mayor se retira mordiéndose la humillación recibida y se dirige al cuartel de "Dragones" que prestaba guarnición en la ciudad de Tacna,  unidad militar que contaba en ese momento solamente con un escuadrón, ya que el otro hacía guarnición en el puerto de Arica, el jefe realista no se atreve a emprender ninguna acción  hasta terminada la festividad religiosa, era sabedor de la devoción del pueblo, por lo que intuyó que efectuar cualquier acto en contrario era de inmediato impopular. A las 7 de la tarde terminaba la solemne procesión de la Virgen del Rosario las gentes acostumbraban ha quedarse haciendo vida social en las afuera de la iglesia principal, en esta oportunidad había una aglomeración de personas más allá de lo normal, la gente no se retira de las calles como era habitual al caer la tarde a la hora de la oración, el ambiente se percibía denso, como presintiéndose que algo importante ocurriría, hasta las 10 de la noche ninguno de los dos bandos en pugna habían originado ninguna actividad, pero  a esa hora un numeroso grupo de conjurados encabezados por Enrique Paillardelle, José Gómez y el propio Manuel Calderón de la Barca, apresan a los jefes realistas Francisco Suero  y al Capitán Antonio Palacios y neutralizan a las tropas, algunos oficiales criollos de esta guarnición hacen causa común  con los insurgentes entre estos se cuenta el teniente Santiago Pastrana, al difundirse la noticia por el pueblo como a las 12 de la noche y ya dominada la situación militar por parte de los insurgentes la muchedumbre se arroja  a las calles lanzando gritos revolucionarios de ¡Viva la Patria!, ¡Viva Belgrano!, ¡Viva la Junta de Buenos Aires!. Con  lo que se demostraba la infiltración en las masas populares de activistas de la causa emancipadora venidos allende los Andes, las milicias patriotas tienen que hacer buenos esfuerzos para evitar el pillaje que la oscuridad de la noche invitó a más de un poblador díscolo que había sido presa de los vapores etílicos del elixir del dios Baco, pero que los revolucionarios supieron controlar a tiempo.

En tanto la noticia cae como agua fría en Arica,  cuando llegan los propios en las primeras horas de la mañana del lunes 4 de octubre, el temor de la gente se generaliza en la conservadora ciudad puerto, de las 26 familias españolas residentes en el puerto todas tenían familiares y bienes en Tacna, mientras que el resto de la población mayoritariamente mestizos, mulatos y negros se mostraban ajenos al acontecer político y solamente reaccionaban conforme a los decires de sus amos y patrones. El cabildo de Arica se había manifestado en favor  de la permanencia del Subdelegado y jefe militar don Antonio de Rivero y Araníbar pero no estaban de acuerdo en desconocer la autoridad virreinal, los ariqueños se mantenían fiel al juramento efectuado por sus autoridades en la instalación del Ayuntamiento en el recién pasado mes de julio de 1813, ceremonia que se llevó a cabo en el corro de la iglesia Basílica de San Marcos por no haber Casa Consistorial, esta recién se comenzaba a reconstruir en un solar al costado norte de la plaza de armas, el anterior edificio había sido destruido por el terremoto de 1810. La  ceremonia de juramento e instalación del Ayuntamiento fue presidida por el gobernador Antonio Rivero y Araníbar quien tomó juramento a los miembros del cabildo y al Alférez Real a nombre de  los habitantes de San Marcos de Arica, este juramento rezaba así: ¿Juráis a Dios nuestro Señor por la señal de la Cruz, defender la religión, lealtad y fidelidad a nuestro amado Rey, a la Patria y a la Purísima concepción de María Santísima, Señora Nuestra?.

La guarnición de Arica sólo contaba con un escuadrón de caballería de "Dragones", y una compañía de infantes, tropa que tenían  la responsabilidad de custodiar el puerto, estas fuerzas permanecieron fieles al Rey no adhirieron  a los revolucionarios de Tacna, pero como no eran lo suficientemente fuertes para enfrentar a las tropas de Paillardelle permanecieron sólo en estado de alerta ante una eventual  bajada de los sublevados a la costa por lo que hizo guardia en el vado del Lluta, sin descuidar las defensas de la costa ante la noticia  de la presencia de ingleses que hacían corso contra los españoles, los ingleses por esos años también  mantenían guerra con Estados Unidos de América.

Enrique Paillardelle tuvo estrecha vinculación con los revolucionarios argentinos del general Manuel Belgrano, Paillardelle distinguido patriota americano de origen francés por su padre y peruano por su madre, había nacido por casualidad en Buenos Aires, su madre una hermosa limeña de nacimiento, había pasado a  España por el año 1790 en demanda del mayorazgo de Zanabria  que correspondía a su familia, casándose en Madrid con un francés emigrado.

De regreso a América la señora Zanabria, se estableció temporalmente en Buenos Aires, donde nació su hijo primogénito Enrique, hasta que en los albores de 1810 este joven  abrasa con ímpetu la causa revolucionaria tomando las armas junto a Balcalcer y  Castelli, el joven revolucionario cae prisionero en Guaqui. Es confinado desde ese momento en Tacna con muchos otros prisioneros de ese hecho de armas, entre ellos el argentino Mariano Vidal, ministro del Perú años más tarde, Paillardelle obtiene la libertad condicional bajo palabra de honor de permanecer en la ciudad, beneficio que obtiene gracia a las gestiones e influencia de tacneños pertenecientes a las principales familias de la zona, sin embargo sus convicciones sobre la independencia de América impulsan el revolucionario Paillardelle ha organizar con gran dedicación el levantamiento de esta comarca que culminan en lo sucesos de octubre de 1813.

Paillardelle y su gente consiente que el inmovilismo jugaba en su contra determino salir de Tacna el 28 de octubre, por esos días  tiene la infausta noticia de las estrepitosas derrotas de Belgrano en Vilcapugio, lugar ubicado entre Oruro y Potosí y en Ayoma  en el departamento de Cochabamba, hecho de armas ocurridos  el 1º de octubre. Las fuerzas patriotas de Tacna estaban formadas por 800 hombres incluido jefes y oficiales, 500 de estos reclutas eran tropas muy bisoñas, habían sido reclutadas entre los hijos de los distintos pueblos del Partido, las tropas de Paillardelle tenían como base de mayor valer militar parte importante del escuadrón de "Dragones" que después de la sublevación del  domingo 3 se habían sumado a la causa americanista,  entre los jefes patriotas se contaban distinguidos vecinos de Tacna y de Arica entre ellos los capitanes José Gómez y Pedro Rospigliosi y el teniente José Pastrana, el primer objetivo era operacionar sobre Moquegua y Arequipa, según el plan coordinado con los argentino, este plan contemplaba que también debería sublevarse Tarapacá, Belén, Tacna, Moquegua y principalmente Arequipa, en esta última, la rebelión debería acaudillarla Manuel José Rivero hermano  del gobernador de Arica.

La salida de las novatas fuerzas patriotas lo hacen en dirección al norte remontando la "Quebrada del Diablo" para  trasponer la pampa de "Intiorco" llegando a la quebrada de Sama en una Jornada, superando en un día la arenosa planicie desértica, el 29  comienza la segunda jornada para llegar al valle de Locumba donde hacen un alto para dar descanso a los hombres  y alimentar las bestias, el día 30  se envían patrullas de reconocimiento ante la información de lugareños que decían haber vistos tropas arequipeñas en las cercanías de Moquegua, confirmada la noticia Paillardelle determina iniciar el avance sobre Moquegua al repuntar el alba del día 31, esa madrugada las tropas emancipadas comienzan a ganar la ladera norte de la quebrada de Locumba enfrentando la  pampa de "Camiara", extensión desértica de arenas salitrosas no muy blandas y que no presenta en su primera extensión grandes accidentes geográficos lo que la hace campo ideal para las operaciones de la caballería, a las 10 de la mañana  a una 5 leguas del tambo de Camiara se divisan las tropas enviadas por el Intendente José Gabriel Moscoso, las que venían comisionadas a sofocar la rebelión de Tacna, la orden impartida por el Intendente era que  si se hacía necesario se sofocara la rebelión a sangre y fuego. Estas tropas realistas estaban al mando del coronel José García de Santiago y Capón, las tropas del Rey estaban integradas en casi su totalidad por soldados fogueados en la reciente campaña de pacificación del Alto Perú. El choque entre ambos ejércitos se produce casi al medio día, ambos bandos demuestran  gran valor y arrojo, sin embargo la mayor experiencia y disciplinas de los arequipeños demostró pronto la superioridad y valer militar que tenía con relación a sus novatos antagonistas de Tacna, las  tropas de Paillardelle hacen tres intentos por romper la cerrada resistencia de los realistas, hasta que estos toman la iniciativa con mucha habilidad táctica, logrando vencer los bríos ofensivos de los tacneños, la carga arequipeña fue tan recia que provoca la desbandada de los insurgentes. El comandante Enrique Paillardelle logra huir con dirección al Alto Perú por el paso de Candarave, las tropas realistas capturan al grueso de la tropa rebelde que huía en desbandada y entran sin mayor resistencia a Tacna, donde ya el mismo día de la batalla de Camiara había sido restablecida la autoridad por las tropas llegadas desde Arica, el Alcalde Calderón de la Barca  fue detenido en su  escondite y remitido a Oruro donde el General Joaquín de la Pezuela, futuro Virrey, en ese momento jefe máximo de las tropas realista en las acciones del Alto Perú. El prisionero es conducido con buena escolta y  pliego cerrado, se le sindicaba como "Conspirador peligroso",  posteriormente se le envía a Arica para remitirlo a cumplir prisión a “Real Felipe” en el Callao, el alcalde Calderón muere en un naufragio años más tarde cuando retornaba a su tierra después de haber sido liberado de su prisión por el general argentino José de San Martín. En tanto Manuel José Rivero, el responsable de sublevar Arequipa fue capturado y enviado engrillado al Callao por el Intendente Moscoso, donde se le siguió un juicio durante dos años, siendo su defensor el distinguido jurista don Manuel Pérez de Tudela, el gobernador Antonio Rivero fue destituido y reemplazado por el teniente coronel Francisco Suero, así de esta manera terminaba un nuevo intento  por la libertad y la independencia. A pesar del fracaso no hubo desanimó en los espíritus de los patriotas de la zona que seguirían aportando a la causa americana con su esfuerzo y valor hasta logra el triunfo de Ayacucho.

Con todo lo que representaba los hechos de Tacna para la población ariqueña  se venía a sumar las inquietantes noticias que decían relación a la presencia por estos mares de buques de guerra de Estados Unidos como la fragata "Essex" de 32 cañones y 319 hombres, el buque estadounidense se presenta por estas latitudes con el fin de despejarlos de corsarios ingleses y proteger las naves mercantes de su país de los buques de guerra ingleses con quienes el país del norte se encontraban en guerra, pero esas circunstancias tampoco hacían a los norteamericanos amigables con los españoles ya que estos manifestaban claras simpatías por la causa emancipadora, sin embargo los acontecimientos que provocaban temor en la población ariqueña, traían algo favorable para la alicaída economía ariqueñas, la razón de este circunstancial beneficio era ocasionado por la perdida del control de Buenos Aries por parte de España lo que obligó a que los abastecimientos del Alto Perú se efectuasen por los puertos del Pacífico tales como Ilo, Mollendo  y principalmente  Arica, esta tuvo cierta ventaja por el hecho de ser puerto libre, condición que sustentaba  desde 1778,  estas circunstancias  generaron un dinamismo coyuntural de la actividad portuaria haciendo ver a los ariqueños con cierta esperanza un resurgimiento de la antigua importancia de San Marcos de Arica.

Así Arica se va transformando poco a poco en lugar de reclutamiento y campo de preparación de tropas realistas y plaza de acumulación de pertrechos que envía el Virrey Abascal para la reconquista de la Capitanía General de Chile y el control definitivo de la Presidencia de Charcas.  

 

Capitulo II

Visita de un Obispo y la  revolución en el  interior del Partido de Arica

·         Visita Pastoral

1814, será un año de grandes acontecimientos, San Marcos de Arica vivirá momentos de tensión revolucionaria como momentos de  grandes muestras de devoción religiosa, lentamente se sigue con la reconstrucción  de la ciudad, el convento de San Francisco,  el convento de la Merced, la basílica de San Marcos muestran un mejoramiento importante de sus vetustas estructuras de cal y canto, el esfuerzo de los fieles por la reconstrucción dan muestra que la vicaria de Arica tenía una grey  de mucha devoción religiosa, es así como la comunidad se apresta a recibir como un gran acontecimiento la visita del Obispo de la diócesis de Arequipa, Monseñor Luis Gonzaga De La Encina y Perla.

Por esos años Arica era provincia de la Diócesis de Arequipa, la provincia diocesana la componían la Vicaría de Arica y las doctrinas de Codpa y de Belén, la comunidad de toda la provincia diocesana organiza la recepción, los preparativos se efectúan con dedicación y meticulosidad para tan importante acontecimiento, muchos feligreses ven en la visita pastoral del Obispo una señal del Creador a sus atribulados hijos ariqueños en el sentido de poner  las cosas en orden después de las desgracias vividas a causa del terremoto de 1810, como también una señal para la vuelta a la tranquilidad que se ha ido perdiendo a causa de los conatos revolucionarios vividos en el último tiempo.

El cabildo determinó designar una delegación de notables para que recibiera  al Obispo De La Encina en el vado de Chacalluta en el estuario del río Lluta. El Obispo arequipeño venía de su visita pastoral a Tacna donde  fue recibido con grandes muestra de devoción cristiana, había participado en esa ciudad de la fiesta de La Virgen del Rosario patrona de esa ciudad que se celebra el primer domingo del mes de octubre, acompañaba al obispo una comitiva de unas doce personas en los que se distinguían tres curas, siendo uno de ellos el presbítero Antonio de Pereyra y Ruiz, oriundo de Tenerife, este había llegado a Arequipa desde Canarias junto al Obispo De La Encina el 10 de julio de 1810, el cura Pereyra tuvo gran actuación en Arequipa. Además lo acompañaban cuatro paisanos que al parecer eran comisionados por Arequipa para dar el debido resguardo a tan alta autoridad eclesial, el resto eran criados de los que destacaban dos negros que se encargaban de los arreos de la comitiva, se sumaba a la visita  numeroso fieles de Tacna que tenían familias y propiedades en el puerto por lo que no se querían perder la visita del prelado a Arica, daba la impresión de una singular peregrinación  de carretas y gente montada en mulas, burros y caballos. El señor Obispo montaba una vigorosa cabalgadura, mulo alto de color marrón con patas negras se notaba que la autoridad  clerical había sido buen jinete en su juventud, controlaba con mano firme las riendas como de seguro lo hacia en su diócesis en momentos de agitación, era ferviente partidario del absolutismo Borbón representado por el rey Fernando VII, exalta su posición conservadora el juramento que impuso en toda su diócesis a los religiosos y que decía así:

"Juro a Dios, nuestro Señor, por estos Santos Evangelios, ser fiel a nuestro Soberano, el señor Fernando VII y sus legales sucesores... defender sus derechos, procurar, en cuanto esté de mi parte, que todos los defendamos y les guarden aquella fidelidad, amor y respeto que le son debidos. Juro, asimismo, preguntar a los penitentes, en el Santo Tribunal de la Penitencia, el partido que siguen, y si es de los infieles a la Corona, insurgentes o revolucionarios, suspenderles la absolución hasta que detesten su sistema, error u opinión. Si así lo hiciera Dios me ayude y al contrario, me lo demande.", sólo el capelo obispal lo distinguía en su dignidad, la sotana negra lucia cargada de polvo dando una sensación de desgaste en la zona de los hombros, no muy alto, algo grueso de contextura, de tez más bien morena no solamente tostada por el  inclemente sol del desierto sino que delataba su origen canario, lucia algo cansado dando muestras  del pesado viaje a través del desierto, la comitiva hizo un alto para arreglar sus vestidura y sacarse algo el polvo del camino y de este modo dar buena impresión a la expectante muchedumbre, una vez concluido los acicalares y habiéndose integrado los rezagados  de la peregrinación, todos siguieron en caravana por el camino real que cruzaba entre el verdor de la gruesa y punzante grama costera de la parte más septentrional de la Chimba y los arenales de “Condori”, para luego atravesar la zona del Chinchorro, tal especial comitiva era refrescada por una fuerte brisa marina que barría el sector, la caravana sigue por el camino real que luego vadeaba el lecho seco del río “San José”, traspone las chacras de la Chimba donde algunos labriegos que por la naturaleza del trabajo agrícola sus amos no les habían permitido concurrir al lugar destinado para la recepción  de la eclesial comitiva, pero  estos al ver al Obispo y su séquito se descubrían de sus sombreros alones hechos de totora sobada, inclinaban su cerviz rodilla en suelo en respetuosas reverencias completadas con una ungida persignación la que era respondía por el Obispo con una cruz hecha al aire en señal de bendición, ingresa finalmente por los rancheríos de “La Lumbanga” [7] ,entrando para llegar a su destino por la calle del “Fuerte”, que daba directamente a la plaza. En  las afuera de la iglesia Basílica de “San Marcos” donde lo esperaba la gran muchedumbre del pueblo ariqueño integrado por hispanos, mulatos, negros e indígenas, en el atrio estaban ubicadas las damas más distinguidas de esta comarca, acompañadas de sus criadas como lo indicaba la costumbre, ahí estaban también “fabriqueros”, “mayordomos”, “alférez”, “rezadores”, y “cantores”, de los distintos templos de la vicaría que asistían a tan importante evento.

El 12 de octubre de ese año de 1814 fue de gran regocijó para los ariqueños y para los habitantes de los valles de alrededor, como de las nutridas delegaciones de las doctrinas de Codpa y Belén. Las damas del pueblo sacaron sus mejores pero sobrios vestidos, de color negro o de tonos grises como exigía la ocasión, se tocaron con finas mantillas tejidas con gran arte y delicadeza por sus propias manos o de alguna talentosa criada,  cubrían con elegancia sus cabelleras y parte del rostro dejando voluntariamente desnuda una parte de su tez morena que lucían con un dejo de coquetería, al mejor estilo de las “tapadas” de Lima, los varones exhibieron  sus mejores galas, los niños jugueteaban entre las rejas y muretes del atrio de la iglesia Mayor como solía llamársele a la Basílica, al presentarse la comitiva ya avanzada la tarde en el espacio baldío de la  plaza se echan las campanas al vuelo y en forma instintiva y con gran respeto se abre una avenida formada  espontáneamente entre la Muchedumbre, el Obispo De la Encina que había desmontado de su cabalgadura encabeza la comitiva impartiendo las respectivas bendiciones, algunos pasos más atrás el subdelegado  coronel Francisco Suero y demás autoridades civiles y eclesiásticas, los feligreses responden persignándose, los varones inclinan sus cabezas y ponen rodilla en el suelo, las damas cubren completamente sus rostros con sus mantillas, se produce un respetuoso silencio, ingresa al templo la comitiva seguida de toda la concurrencia en espontanea procesión, entre los que se contaban además de los feligreses de San Marcos de Arica, los de las capillas de Lluta, San Miguel de Azapa, de la Doctrina de Codpa y de Belén, todos los presentes con la mayor unción en su espíritus se aprestan para celebrar la Santa Misa consagrada por la más alta autoridad de la diócesis, las autoridades religiosas tomaron sus lugares en el presbiterio de la iglesia, las autoridades palatinas del Partido de Arica, el Subdelegado, los dos Jueces Ordinarios, el Alférez Real, el Alcalde primero y el Alcalde Segundo, los Regidores, ocuparon los lugares reservados con asiento con cojín según lo indicaban las ordenanzas, cerca del altar mayor se constituyo un verdadero cabildo eclesiástico, el resto del pueblo fue ocupando las bancas dispuestas a lo largo de las tres naves que componían la Basílica, las distintas cofradías se ubicaron frente a cada capilla de su devoción, como la de Nuestra Señora del Rosario [8] era una cofradía de muchas gracias, se veían también la cofradía  de San José que ocupaba lugar frente a la segunda capilla donde se veneraba la imagen de este santo traída de la ermita que había tenido junto al río del mismo nombre que cruza la  ciudad, esta imagen  había sido donada por don Manuel Rodríguez [9] el año 1663, a continuación se encontraba la capilla dedicada a la Agonías del Salvador, seguida por el Bautisterio, en la otra nave estaba la capilla de Animas, la capilla de nuestra  Señora de Copacabana de mucha devoción de los “Trajineros”, la capilla de Santa Rosa de Lima, y la capilla de la Concepción cuya cofradía por ser la más antigua y mejor dotada estaba a cargo del oficio, aportaba con el coro, las ocho capillas y siete sacristía que poseía la Basílica tenían sus alfajarías y tablazón hechos de ricas maderas traídas del norte muy bien barnizadas. Después de unos minutos en que se conservo respetuoso silencio, el que sólo era interrumpido por algún esporádico murmullo de alguna oración  de algún devoto feligrés o simplemente de un indeterminado comentario, apárese el señor Obispo De la Encina por una puerta lateral del corro de la iglesia, iba vestido con una elegante y suntuosa casulla bordada en hilos de oro y plata, casi cubriendo su sotana negra se veía la parte inferior de su alba con un hermoso tejido de encaje hecho por las monjas de Santa Catalina, iba calzado con zapatillas episcopales de seda, las que tenían una cruz bordada sobre el empeine, tocado con su mitra, completaba su vestimenta sacramental una estola bordada en hilos de oro y plata en las que se destacaban las insignias de su obispado, báculo pastoral en mano avanzaba a paso lento como midiendo las varas que le faltaban  para tomar ubicación en el altar mayor lo seguían  dos curas vestidos en forma más sencillas pero de excelente factura, vestimentas hechas por las monjas de Santa Catalina del convento de Arequipa, según sé decía, un metro delante del Obispo dos acólitos le abrían paso, uno iba batiendo el incensario al paso del Obispo y para purificación del altar y el  otro portaba dos ciriales de plata, la impresión que causaba entre los feligreses no se iba ha borrar por mucho tiempo de las mentes de los sencillos habitantes de estas tierras, que estaban acostumbrados a la majestuosidad de su templo pero no ha tan excelsa ceremonia, el obispo De la Encina sabía darle boato a las ceremonias, a él le había correspondido  la oración fúnebre del rey Carlos III en España antes de pasar a América. El coro de mulatos  y “morenos” de la cofradía de la Inmaculada Concepción al ingresar el Obispo al templo para celebrar la misa inició sus cantos sacros en latín con el “Espíritu Santo”, de seguro que no entendían lo que decían pero la interpretación era muy agradable al oído, en especial por las virtudes que tienen los de esa raza para el arte del canto, “el altar mayor lucia sus tres ternos de colgaduras de Damasco con cenefas de flecaduras de seda; los ornamentos ricos de tezú y brocado, la ropa blanca corresponde en sus encajes y trencillas a la magnificencia del culto” [10] ,  la calidad y mantención  de los ornamentos de la Basílica demostraban el trabajo y  dedicación de “fabriqueros” quienes testimoniaban así su preocupación por cumplir bien con su trabajo de administración del templo y los “Mayordomos” que no eran menos en sus responsabilidad en el cuidado de los santos y sus ornamentos, ya que a pesar de la antigüedad de los atavíos  y de los eventos telúricos vividos, estos se encontraban en perfectas condiciones.

Más  concluido el acto litúrgico  los  feligreses partieron  a sus hogares en una actitud de recogimiento y de gran contrición cuando ya caían las primeras horas de la noche de ese memorable 12 de octubre día  muy especial  para los devotos ariqueños, de apoco se empiezan a ver las pequeñas luces de candelas, faroles o linternas de cebo de cabra que portaban los penitentes, dando la impresión de un desfile de luciérnagas. El Obispo se retiro al convento de San Francisco ubicado a una cuadra de la iglesia Mayor allí fue su hogar mientras duró su permanencia en la ciudad, el trabajo pastoral entre el 13 y 25 de ese mes fue muy arduo llegando a administrar la confirmación a 1.338 feligreses, el 26 una gran comitiva despide a su pastor que lo ven alejarse causándoles  tristeza pero queda en la comunidad una gran tranquilidad espiritual ya que todas las expectativas de la visita episcopal se habían cumplido, a lo menos por el momento, la grey había quedado con su espíritu quieto y la mayoría renovaba su fidelidad al Rey, y a la religión como señalaba la exigencia,  el pastor no volverá por estos pagos ya que fallecería dos años más tarde, en 1816.

El gran acontecimiento de la visita pastoral quedaría en la memoria de los habitantes de esta zona por largos años, siendo trasmitido en muchas familias de generación en generación.

·         La Rebelión de Pumacahua

Los meses finales de 1814 estarían marcados nuevamente por las inquietudes revolucionarias, en especial por un movimiento que tuvo un alto componente de sublevación de los pueblos originarios que se mezclaron con la revolución criolla de la emancipación americana y que tuvo repercusiones en la mayoría de las comunidades precordilleranas y cordilleranas de Arica esta efervescencia revolucionaria corrió desde Arequipa a Tarapacá.

Estalla la revolución en el Cuzco el 2 de agosto  de 1814, logrando los sublevados dominar a las autoridades realistas y a las tropas acantonadas en esa plaza, al día siguiente se instaura una Junta de Gobierno formada por Matheo García Pumacahua5, el teniente coronel Juan Moscoso y el coronel Domingo Astete, con la tradicional  declaración de fidelidad al Rey Fernando VII en el juramento se da por cumplidas las  formalidades, los revolucionarios concibieron un plan para sublevar los Andes Centrales con tres expediciones, una de las expediciones fue planificada para ocupar el Alto Perú  por lo que debían operacionar en Puno y La Paz cortando con esto las conexiones con el Bajo Perú y entrar en contacto con los revolucionarios  argentinos del general  Manuel Belgrano y  luego con José Ramón  Rondeau, esta expedición iba al mando del coronel  José Pinelo y del cura Ildefonso Muñecas; la segunda expedición debía operar sobre Huamanga con  el fin de dominar la sierra central y zonas próximas a Lima correspondiéndole el mando de esta al Brigadier  José Béjar y a Marino Angulo y la tercera expedición al mando de Matheo Pumacahua y de Vicente Angulo la que debería dominar Arequipa y la precordillera  desde esta ciudad hasta Tarapacá para cortar los suministros que pudiesen llegar  al Alto Perú desde los puertos de Quilca, Ilo y Arica.

Pumacahua ingresaba a Arequipa el 12 de Noviembre,  la victoria  llenó de jubilo a muchos patriotas pero causo pánico en innumerables pueblos de la Intendencia y personas aun fieles a la autoridad del Rey, la noticia corrió como reguero de pólvora. La caída de Arequipa en manos de Pumacahua encontró al obispo De la Encina en el pueblo de Moquegua de regreso de su visita pastoral  a Arica; "Lleno de fuego por amor a sus ovejas, escribió el Obispo desde Moquegua, a los caudillos (patriotas), intercediendo y pidiendo se templase su furor; y seguramente fue atendida  su súplica, en parte, pues no cayó mayor estrago en la ciudad".6

Los partidarios de la revolución enviaron emisarios a lo largo y ancho de los distintos partidos que formaban la Intendencia de Arequipa, es así como uno de los que recoge este llamado libertario es Mariano Melgar Valdivieso, poeta Arequipeño de trágico fin al ser derrotadas las huestes cuzqueñas en Huamachiri, Melgar parte de Chuquibamba con una columna para incorporase a las fuerzas que acaudilla Pumacahua asume la responsabilidad de Auditor de Guerra, el  llamado fue recibido en los diversos pueblos de la Intendencia con distintos grados de entusiasmo, en Locumba lo recogieron los hermanos Rospigliosi y Juan Castañon, en Tacna, Gómez y Vergara,  en las desérticas tierras del Tamarugal recogieron  este llamado los trapaqueños  José Choquehuanca y Antonio Peñaranda quienes ya tenían contacto con los revolucionarios argentinos que incursionaban en el Alto Perú, sostienen contacto con los jefes guerrilleros Warners, Camargo y Padilla quienes mantienen la llama revolucionaria después de la derrota de Belgrano, la misión encomendada fue la de provocar el levantamiento de los pueblos precordilleranos desde Moquegua a Tarapacá, poniéndose los conjurados en marcha a mediados de octubre de 1814 con los objetivos señalados.

 Peñaranda y Choquehuanca comienzan la labor de sublevar los pueblos precordilleranos del Partido de Tarapacá y del  Partido de Arica, además buscan el contacto con los conjurados de Locumba, Tacna y Putre. Parten a mediado del mes de octubre desde  Tarapacá, de donde eran originarios, esta  localidad tiene un gran atractivo está enclavada en un oasi de la quebrada del mismo nombre, es un lugar algo desolado  de la Pampa del Tamarugal que por su ubicación había servido de  lugar de descanso al conquistador Pedro de Valdivia siendo el lugar donde se le unieron tropas españolas venidas desde el Alto Perú en  su paso por la conquista de Chile, a demás fue lugar de detención obligado de los Correos Reales. El poblado  tiene un carácter muy español, organizado en torno a su plaza, ahí la construcción corrida de sus casas que en sus frentes tienen portales o corredores con pilares de madera que hacen de veredas, aun en el siglo XX se conservan restos de pisos empedrados que confluyen hacia el centro de  la plaza. A un costado de esta, se encuentra la iglesia donde es venerado como patrono San Lorenzo, este santo es de gran devoción de los mineros de la pampa, más atrás de esta edificación se encuentran las ruinas del convento que según lugareños data de antes de la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles en  1767  por Carlos III.

Los primeros pasos de estos casi anónimos héroes de la emancipación americana fueron dirigidos al poblado de Pachica, siguiendo por Guaviña para alcanzar en una jornada hasta Chusmisa, este último lugar usado de antiguo como posta de refresco, se destaca por sus notables aguas termales y la existencia de animales que proveían carne y lana a los viajeros, esta primera jornada no fue tan difícil por el lógico conocimiento y vinculaciones familiares que tenían en esos parajes, sin embargo su actuación siempre fue de mucha cautela para no abortar anticipadamente la misión encomendada, después de algunos días comienzan la jornada para llegar a Camiña, su derrotero los lleva al poblado  de Jaina una hermosa localidad ubicado a unos 3.000 mts. sobre el nivel del mar, este poblado, como Tarapacá, también tiene una estructura básicamente hispana, sus casas confluyen a la plaza, su iglesia a un costado no muy grande pero de una hermosa hechura, su frontís esta compuesto por una entrada arqueada hecha de piedra sillar en la que ha ambos costado tiene talladas en piedra dos columnas adosadas al muro, estas en su parte media están divididas con un capitel que sostiene un dintel el que se unen con la arcada del umbral del portón, estas columnas terminan de la misma forma con un pequeño frontón  ubicado en la parte media del dintel superior, esta figura tallada  simula la entrada de una pequeña capilla con dos columnas adosada a sus costados, en el extremo del vértice que forma el ángulo de la techumbre sobre la figura descrita, una ventana tragaluz con su parte superior en  forma de arcada de medio punto, en las bases de ambas columnas del portón principal hay unas figuras humanas en actitud de danzarines, el conjunto ornamental de la fachada de la iglesia es una muestra interesante de la arquitectura religiosa colonial andina, el techo con envigados de madera de roble seguramente traídas desde el reino de Chile o de Guayaquil, cubiertas con un enquinchado de caña y paja brava, (afines del siglo XX esto no existe, fue reemplazado en la década del 60 por planchas de fierro galvanizado acanalado) al costado izquierdo del templo esta el campanario también  en una mezcla de cal y canto, coronado en su extremo con la misma clase de techo que el resto de la construcción, el portón es de madera de cactus trincada  con corriones de cuero sin curtir (fue reemplazado por un portón de madera de pino), en Jaina, Choquehuanca y Peñaranda se entrevistaron con el cura Bruno Balcarcer de quien recibe el apoyo a favor del partido de la emancipación, cabe señalar que en el bajo clero la causa americana tuvo gran adhesión  llegando muchas veces a sacrificios sublimen  de estos religiosos por ver liberada su tierra natal o  adoptiva en el caso de curas de origen español, esto a pesar de las fuertes presiones recibidas de la alta jerarquía eclesiástica y de muchos de sus pares, baste recordar el juramento que impuso al clero de la Diócesis de Arequipa el Obispo De la Encina.

 Continuando su camino cruzan la quebrada de Aroma siguiendo a Soga y de este poblado se  dirigen por el difícil camino a Camiña, llegando a estas tierras de cultivos de  ajos zanahorias y cebollas en los primeros días de noviembre, el recibimiento de los forasteros en un comienzo tuvo la calidez del mundo andino además de no ser estos ajenos de la comunidad. El recorrido por tierras tarapaqueñas no había revestido grandes dificultades para los conjurados, los visitantes comienzan con su labor sondeando a los que consideraron mas afines a sus ideales sin embargo al trascender los objetivos se produce una frialdad en especial de los principales del pueblo haciendo recomendable su partida en busca de la importante Codpa, su propósito fue llegar a esta localidad para las fiestas patronales de San Martín de Tour, la ruta a Codpa los llevo a Caritaya y de ahí a Esquiña, esta localidad que tiene como santo patrono a San Pedro se encuentra en lo profundo de una quebrada, la entrada al poblado esta en lo alto de un gran precipicio casi cortado a pique en la que se a formado un estrecho camino de herradura de tiempos inmemoriales, con largos  zigzagueantes trazos que provocan una lenta bajada y mas penosa subida, el pueblo se encuentra detrás de un cerro de baja altura en un llano, tiene la apariencia de un paraje de gran vegetación que por designios de una fuerza superior de la naturaleza se hubiese hundido en medio del desierto precordillerano,  el conjunto de la plaza, la iglesia y el cementerio con alguna arboleda y matorrales, están próximos a un riachuelo de aguas muy cristalinas, llama la atención el color azuloso de las piedras lisas y enormes que lavan estas aguas cordilleranas, a diferencia de las  piedras plomas y porosa de los valles cercanos, los esforzados patriotas se contactan con Elías Mamani y con Carlos Manzano hijos de este poblado, los que quedan encomendados de llevar comunicación al abogado arequipeño José Benito Laso quien se encontraba según parecía en las inmediaciones de La Paz, este patriota era antiguo conocido en estas tierras, ya se le conocía desde  la sublevación de Paillardelle y se le sabía comprometido también en la expedición de Belgrano, este abogado y jefe militar era el encargado de coordinar los enlaces e informaciones entre los patriotas del sur del Bajo Perú con los expedicionarios argentinos y las huestes cuzqueñas, constituyéndose en la rebelión de Pumacahua en jefe militar y político del Ejército de Pinelo y Muñecas que en ese momento operaban entre Puno y La Paz.

Choquehuanca  y Peñarandan  continúan su peregrinaje patriótico desde Esquiña a Sucuna el 7 de noviembre con el fin de llegar a Codpa el 10 de ese mes, todo seguía marchando como se había dispuesto, la misión de sublevación de Codpa y Belén resultaba  de gran importancia por ser las dos comarcas precordilleranas más densamente pobladas de este sector sur del partido de Arica. El éxito de involucrar en la revolución a la población de Codpa significaba  hacer mucho más fácil el contacto con los tacneños y moqueguanos y  así pronto estar en las condiciones de generar un levantamiento generalizado de la precordillera desde Arequipa  a Tarapacá.

El día 9 de noviembre de 1814 entran al valle de Codpa por Guañacagua, esta es una localidad que se ubica a unas tres leguas aguas arriba del poblado de Codpa, en la localidad de Guñacagua hay un templo de excelente factura construido en piedra sillar blanca con un hermoso campanario en un excelente estilo del barroco andino colonial, este templo esta consagrado a San Pedro, también en este templo hay una imagen venerada de santa Rosa de Lima, patrona de América, en este lugar los conjurados encontraron sólo a unos jóvenes pastores,  el restos de los habitantes del pueblo ya había bajado para participar de las fiestas de San Martín de Tours.

Llegan al poblado de Codpa al anochecer del 10 de noviembre, en la víspera de la fiesta patronal que es cuando se hacían las ceremonias de vigilia, la que consistía en la  preparación de las “estaciones”, lugar frente al hogar de las familias codpeñas donde sería detenida la procesión del día siguiente para pedir al santo con preces y cánticos prosperidad y buen año y  para agradecer los favores concedidos en años anteriores, las estaciones variaban de 12 a 14, una familia no podía postular a más de dos años consecutivos a este privilegio, en las “estaciones”  determinadas para la procesión del año cada familia a la que pertenecía  el solar donde se detendría el santo ofrecía en la vísperas a los romeros los mejores mostos de su producción de vino “Pintatani” y los productos de sus chacras con el objetivo que estos aprobaran la calidad de las ofrendas que le serían dadas  al santo patrono al día siguiente y  de esta forma asegurar que serían bien recibidas y con ello  asegurar los dones para las buenas cosechas del año siguiente. Siempre variaba el recorrido de la procesión la que se iniciaba en el templo, continuaba por la plaza, para seguir según la ruta trazada por el párroco previamente en acuerdo con el alférez y los mayordomos, concluía la procesión  con la ceremonia de la guarda  del santo en su altar, el que tenía un hermoso retablo de plata, este templo se enorgullecía por la importante cantidad de objetos de culto hechos en fina plata por los mejores orfebres de Postosís, los que eran expuestos a la grey cada año en las fiestas de San Martín.

En este ambiente Peñaranda y Choquehuanca se mezclan entre las gentes y comienzan su labor tomando contacto con sus conocidos, ahí están los Zavalas, Monzones, Perea, Carbajal, Básquez, etc. Entre fiesta y fiesta logran comunicarse con el cura Josseph Cayetano Texeda de quien esperaban tener la misma recepción que la obtenida del cura Balcarce de Jaina, sin embargo en esta oportunidad les fue totalmente adversa la recepción ya que Texeda mantenía su alta fidelidad al Obispo De la Encina y por consecuencia se mantenía fiel al juramento verificado hacía poco menos de un mes en Arica, además entre la gente de este  valle  aún estaba fresca en la memoria los horrores vividos con la sublevación de Tupac-Amaru, entre los que se contaban los descendiente del cacique Felipe Cañipa quien había sido desollado en la plaza pública por mantenerse fiel al Rey y a la fe cristiana, también familias originarias indígenas como Quispe, Caqueo, Huanca, etc. se oponían a cualquier  alteración del orden colonial establecido. Al siguiente día tienen la infausta noticia de la derrota de las fuerzas patriotas de Angulo y Muñecas en Chacaltaya ocurrida el 2 de noviembre a causa del Teniente General realista Juan Ramírez  de Orozco, quien con esta acción recupera La Paz y Puno nuevamente para el Rey, con todo estos sucesos los conjurados deciden emprender la marcha antes que se pusiese en peligro su misión y fuesen arrestados por agentes de las autoridades del Partido de Arica quienes estaban alertado de las actividades de los patriotas de todo el Partido, no alcanzando  a participar en la “Tinca” [13] .

La salida de Codpa casi constituida en fuga no amilanó a los dos patriotas quienes siguieron rumbo a Belén, pasando por Timar,  Ticnamar, en Belén esperaban tomar contacto con el coronel José Benito Laso,  y además entrar en contacto con los conjurados de Tacna y Moquegua, al paso por Guañacagua se hacen de dos buenas cabalgaduras que les permiten efectuar en mejor forma el viaje por los difíciles caminos de herradura de este sector cordillerano.

Los rebeldes tarapaqueños  después de cruzar la quebrada de Ipilla enfrentan la pampa de Oxaya, una gran llanura que es la base del cerro “Del Marqués” para luego enfrentar la quebrada de Oxa por donde entran a Ticnamar, esta depresión geográfica con abundantes cultivos de alfalfa,  vertientes que generan  cúmulos de chilcas y otras malezas típicas de estos parajes, después de una larga y lenta jornada por el lecho guijarroso del río llegaron a Ticnamar, este pueblo era sólo de dos calles pero su gente de mucho espíritu acogedor con los forasteros, con su sentido de la hospitalidad los ticnameños reciben a los viajeros brindándoles las atenciones necesarios para que repongan  su humanidad ya algo desgastada por el largo viaje emprendido desde medidos del mes de octubre del histórico año de 1814 a través de los derroteros  de los contrafuertes y pampas cordilleranas para encender la llama de la libertad. Esta zona  fue muy preciada por los bandos en disputa por la riqueza en ganado vacuno  y ganado menor el que competía con los mejores de Putre.

Ya recuperadas su fuerza, Choquehuanca y Peñaranda se retiran en pos de Belén confiados del apoyo logístico que de seguro esperaban encontrar a futuro de toda el área ticnameña, el poblado de Belén es en el momento de los acontecimientos relatados asiento de la doctrina por lo que cuenta en esos años con tres templos el de la Matriz consagrado al apóstol Santiago, el de Santa Barbara ubicado en una colina cercana al pueblo y el consagrado a la virgen  de la Candelaria. Hay noticias que en este lugar ya a principio de diciembre los conjurados se enteran de la entrada de Pumacahua a la ciudad del “Misti” Arequipa, noticia que los hace recuperar el optimismo en el éxito del esfuerzo revolucionario por lo que deciden continuar hasta Putre con la esperanza de encontrar ahí referencia  de los tacneños, ya que en Belén sede de esta doctrina  del mismo nombre por esos años de unos 800 habitantes (la doctrina se le consideraban unos 1.800 habitantes) no había sido posible tener noticias de Laso o de otros revolucionarios que fueron dispersos en Chacaltaya.

 Se vuelve a tener noticias de los tarapaqueños en el poblado de Tarucachi, este es un lugar que daba muy buenas condiciones para el refugio de tropas informales, es un valle ubicado a unos 3.006 metros sobre el nivel del mar, ahí se cultivan frutales,  pero sus cultivos principales son, alfalfa, maíz y papas en este lugar  se produce un verdadero cónclave de los revolucionarios del sur del Bajo Perú, en los último días  de 1814, aquí toman noticias de la salida de las fuerzas comandadas por Pumacahua desde Arequipa el 30 de noviembre presionado por las cercanías de las tropas de Ramírez, la entrada del General realista en la ciudad capital de la Intendencia se produce el 9 de diciembre, además se enteran de las noticias que dan cuenta de las acciones tomada por las autoridades de Arica y Tacna para sofocar  la rebelión, con todo estos antecedentes  deciden dispersarse a lo largo del territorio precordillerano de los Partidos de Arica y Tarapacá manteniendo el esfuerzo de sublevar los poblados de este sector cuando la ocasión lo permitiera, actos que fueron perfectamente percibidos por los realista, así se anota en la parte pertinente en el Diario de la Expedición del General Juan Ramírez: “Aunque Arequipa se hallaba restituida a su antiguo orden, la mayor parte de su provincia, y casi todos sus Partidos estaban revueltos, y en manifiesta conmoción. No era posible subdividir nuestro pequeño ejército, y la índole de aquellos habitantes inspiraba por otra parte esperanzas de poder ser reducidos sin tocar los extremos de la severidad y de la fuerza; en su consecuencia se expidieron y circularon, por medio de comisionados sagaces y seguros, las ordenes y proclamas convenientes;  y  produjeron tan buen efecto, que no sólo volvieron sobre sus pasos los pueblos alucinados, sino que en general se  apoderaron de los caudillos, y con sus armas y principales secuaces los iban remitiendo a la ciudades”.

Ramírez permanece un tiempo en Arequipa donde refuerza sus huestes con algunos reclutas y con 50 dragones, sale el 12 de enero de 1815 en busca de las tropas cuzqueñas comandadas por el Brigadier Pumacahua, las condiciones climáticas de toda la zona de operaciones, el altiplano de los Andes Centrales, son muy malas ya que por esa época del año se producen lluvias estíbales y fuertes nevasones con el consiguiente crecimiento del caudal de los ríos y la formación de grandes lodazales, condiciones  que hicieron que se retardara   el encuentro entre ambos antagonistas, lo propio ocurrió con los agentes enviados a los distintos pueblos del interior de los partidos de Arica y Tarapacá para sofocar las aciones que venían realizando los agentes patriotas. El 15 de febrero Ramírez recibe de Pezuela orden de contramarchar sobre Potosí en su auxilio, sin embargo este en una decisión en conjunto con su Estado Mayor decide continuar con la persecución de los cuzqueños, y ya el 6 y 7 de marzo ambos ejércitos entran en contacto visual en el río Ayaviri, el día 11 de marzo Ramírez se encuentra en la rivera opuesta del río Llalli donde estaban las tropas patriotas, el general realista  en una audaz maniobra logra pasar sus tropas por el caudaloso río  presentando batalla, favorece la fortuna del triunfo a los realistas gracias a su mejor preparación militar, disciplina y pertrechos, las tropas del Rey dan una derrota definitiva  a las fuerzas emancipadoras de la revolución cuzqueña, ahí  en Humachiri caen prisioneros Pumacahua, Mariano Melgar y otros importantes jefes patriotas quienes son ajusticiado para ejemplo según el inflexible Ramírez, como menciona el diario de expedición de los realista la persecución a los cabecillas y sus agentes es implacable, estos van cayendo uno a uno y van siendo enviado a las ciudades más importantes para cumplir prisión o ser fusilados, así  fueron enviados al Cuzco Arequipa, Tacna y Arica.

El General José Rondeau, que había sucedido a San Martín en el mando del ejército de Tucumán, organiza una expedición  al Alto Perú con una fuerza de tres mil quinientos hombres; pero fue batido por las fuerzas realistas comandadas por el general De la Pezuela futuro Virrey del Perú, la derrota de Rondeau se verifico en  Sipe Sipe  y Viluma lugar ubicado entre Oruro y Potosí el  28 de noviembre de 1815, los agentes del Rey se aplican con mayor ahínco en la pacificación de los pueblos interiores. Por información de los lugareños toman noticia que insurgentes merodean en las localidades entre Palca y Putre por lo que disponen una operación  con el fin de lograr su captura, con la colaboración de un tal Florencio Quispe  oriundo del poblado de Epispacha y de Luciano Guebara oriundo de Putre tienden una emboscada a los patriotas, Quispe simula colaborar con los revolucionarios acogiéndolos en sus casa ubicada en este vallecito de “andenes”, Guebara con otros vecino de Putre dan aviso a las autoridades realistas señalándoles exactamente el lugar de refugio de los fugitivos, son capturados  tres de ellos logrando escapar solamente dos entre los que se cuenta Peñaranda, los capturados son enviados a prisión  a Tacna donde se le sigue un juicio sumario, siendo fusilado Choquehuanca en la plaza pública de Tacna en febrero de 1816, Peñaranda intenta una fuga hacia el sur con el fin de llegar a su natal Tarapacá y de ahí lograr alcanzar Tucumán pero es interceptado en Codpa en los primeros días de marzo siendo enviado a Arica donde es pasado por las armas ese mismo mes de 1816,  Peñaranda es  uno de los últimos patriotas ajusticiados por la sublevación encabezada por el Brigadier de origen incásico Matheo Pumacahua.

Desde estas actividades revolucionarias de 1814 a 1816, los poblados cordilleranos y precordilleranos  de Arica ya no gozaran de tranquilidad de los tiempos de la colonia, ya que permanentemente serán requeridos por las fuerzas beligerantes en la gesta independentistas por sus recursos humano, por la producción de alimentos y por el ganado, en este periodo  pueblos como Humagata, Belén, Codpa y la propia Tacna, se vieron incrementados en sus poblaciones con familias inmigrantes del puerto de Arica, los que huían tras el contante ir y venir al puerto de las tropas realista o de las tropas patriotas.

Los pueblos de este sector de Arica se vieron empobrecido con esta larga guerra que no cesará hasta 1824 y ya no volverán a recuperar su antiguo estatus, su juventud fue reclutada para los ejércitos del Rey o para los ejércitos de la causa  americana, dependiendo de la dominación temporal que se producía en la zona, sus riquezas fueron cupos de guerra, siendo sustraídos hasta los tesoros de cultos de sus iglesias, reliquias que tenían gran valor espiritual y cultural para los pobladores de estos rincones andinos, los que sin lugar a duda era mucho más significativo que el valor material intrínseco que tenían como obras de orfebrería, tesoros que se habían incrementado de generación en generación como ofrendas al altísimo y a la virgen quien para el pueblo andino seguía representando el culto a la Pachamama.


Capitulo III

Arica puerto de abastos

·         Arica en el fin de la dominación española en Chile

Cansado el Virrey Abascal pidió que se le relevase, haciendo entrega del gobierno el 7 de julio de 1816, el 13 de noviembre del mismo año partió a España, en donde al llegar fue promovido  a la clase de Capitán General y nombrado consejero de guerra, en cuyo puesto falleció en Madrid el 31 de julio de 1821  a los 78 años de edad, fue reemplazado en el Virreinato por el general Joaquín de la Pezuela y Sánchez, en esta época Fernando VII restablece con todo su furor el absolutismo.

El fracaso del movimiento del Cuzco y el revés de la incursión argentina al Alto Perú con la derrota de José Rondeau en Sipe Sipe, alejó por un tiempo las actividades emancipadoras americanas de la parte sur del Virreinato, en general con los fracasos revolucionarios de 1814-1815, Iberoamérica por esa época sólo   mantienen el control separatista en el triángulo de Asunción, Montevideo, Buenos Aires.

Arica se transforma en un punto importante para los preparativos militares del Virreinato del Perú con el fin de mantener el control sobre los dominios españoles en América sustentando la autoridad real y el orden anterior a la constitución española de 1812. El Rey nombra para relevar a Pezuela en  el mando de los ejércitos del Alto Perú, al general  José de la Serna, quien  arriba desde España al Puerto de San Marcos de Arica,  el 7 de septiembre de 1816  abordo  de la fragata “Venganza”, venía acompañado de unos 1000 hombres entre jefes, oficiales y tropas; todos veteranos de la guerra de la independencia de la península librada contra los franceses, con alegría los ariqueños reciben los tropas realistas confiados que se restablecería la añorada paz colonial, el trajín de las tropas traía algún alivio económico a los empobrecidos habitantes de  la ciudad del Morro. El general La Serna venía envestido de la aureola de un gran jefe por los galardones ganado en las batallas por la independencia de su patria, los recién llegados mostraban gran arrogancia y displicencia con respecto a sus pares que habían servido  por algunos años consecutivos en el Perú, considerándolos inferiores en su valer militar a pesar de ostentar los mismos grados militares, despreciaban cualquier otro modo de hacer la guerra que no fuese el empleado con gran éxito en la Madre Patria, apenas pisó tierra dispuso las medidas para fortificar y mejorar las defensas de la plaza de Arica, habilitó en mejor forma los cuarteles militares, dispuso el uso de los conventos de San Francisco y de la Merced como cuarteles, a pesar del disgustos manifestado por  los religiosos,  aun siendo estos en  mayoría proclives al partido del Rey, habilitó una guarnición en la Isla del Alacrán que en ese momento sólo tenía ruinas de la antigua cárcel de reclusión de los rebeldes de la época de Tupac Amaru y  las que se habían habilitado en precarias condiciones para los prisioneros de las últimas sublevaciones.

El Arrogante general comienza a tener sus primeros tropiezos cuando sus tropas europeas no inmunes a las enfermedades tropicales comienzan a sufrir las terribles tercianas que lo obligan rápidamente a trasladarse desde el puerto a Tacna en busca de condiciones de mejor salubridad, hizo  guarnición preparatoria en esa ciudad para organizar la instalación y operaciones  militares en el Alto Perú, deja sólo una guarnición de 300 hombres en Arica en su mayoría  oriundos de la  zona. La Serna llega reformando todo sistema establecido, actitud  que provoca el molestar inclusive al virrey De la Pezuela, la extrema arrogancia del recién llegado se reflejaba incluso en la exagerada ostentación que hacia de sus conocimientos tácticos y estratégicos en la correspondencia que ambos mantenían; pero por la inaplicabilidad de la técnica  militar que quería utilizar en esta parte del globo con condiciones topográficas, climáticas y de distancias tan diferentes a las de la península ibérica significo que pronto quedarían en ridículo; en carta dirigida al Virrey desde Arica el 12 de Septiembre le dice formalmente que  se proponía tomar  Buenos Aires en el mes de Mayo del año siguiente, añadiendo con algún dejo de disculpa ante un posible fracaso; si alguna dificultad topografía ó política, no lo impide”, Pezuela contesto "...no olvide excelentísimo general que la distancia del puerto de San Marcos de Arica a Potosí es de ciento veinte millas; de allí a Chuquisaca es de cincuenta millas más, de Potosí a Jujuy, por el camino directo para Buenos Aires, la distancia es de cuatrocientas y siete millas y de allí por un camino carretero hasta la ciudad de Buenos Aires es de mil doscientas millas más, desde el Puerto de Arica hasta la ciudad de  Cotagaita hay unas  ciento noventa y dos millas, esta rica provincia minera esta mas al sur de Potosí y de allí a Jujuy a doscientas cincuenta y cinco millas más,  debe recordarse que todos los caminos desde la costa del mar hasta Jujuy son de herradura sólo transitado por mulas; cada uno  permite ser bueno desde la costa hasta Potosí y a los demás valles de los Andes, como lo son  desde Jujuy en la base oriental desta cordillera hasta Buenos Aires..."; La Serna sólo penetro hasta Salta, retrocediendo después hasta Jujuy para luego acantonarse en Potosí no logrando ocupar más terreno que lo logrado por Pezuela, sólo un puñado de gaucho había conseguido detener al arrogante general.

En 1817 es nombrado jefe militar de Arica José Ramón Rodil y Galloso, Joven  y exitoso militar que a la fecha contaba con 28 años, el coronel Rodil había llegado al Perú con el regimiento “Del Infante don Carlos”, el 5 de Abril de 1817, estas tropas venían  en el convoy  de diez buques que habían salido de Cádiz encabezados por la fragata “Esmeralda”, llegaron justo un año antes de la memorable batalla de Maipú en la que este jefe fue uno de sus protagonistas, el comando de Rodil era dependiente del general Baldomero Espartero quien había sido nombrado jefe militar del la Intendencia de Arequipa, Espartero de retorno a España después de Ayacucho, llegó a ser Presidente del Ministerio de Regencia de Isabel II de España,  el coronel Rodil llegó ha ser presidente del Consejo de Ministros en el periodo de regencia de Espartero. En Chile Rodil participo en las batallas de Talca, Cancha Rayada y Maipú, este jefe realista mantuvo el sitio del Callao en  1825-1826,  firmo la capitulación el 22 de enero de 1926, Bolívar otorga la amnistía absoluta para los rendidos en reconocimiento a su tenacidad y bravura, vale señalar que sólo salvaron 400 de los 2.800 hombres que defendían la fortaleza al iniciarse el sitio a la plaza fuerte del Callao casi un año antes. Con honores salieron los vencidos encabezados por el comandante José Ramón Rodil y Gallosos, este vestía su ajado uniforme de parada  al igual que sus hombres, cuando enfrentan la salida le rinden  honores tropas patriotas, lo que había sido dispuestos por el libertador Bolívar, Rodil se embarca en la fragata “Briton” para España. Ya de vuelta en su patria fue objeto de grandes honores, llego a ser Virrey de Navarra y Marqués de Rodil, falleció el año 1853.

A la llegada a América  Rodil es encomendado para la formación del regimiento “Arequipa”, constituyendo guarnición en Arica, para estos fines se destina la Isla del Alacrán aprovechando las mejoras ordenadas meses antes por La Serna, un cuartel en la pampa del Astillero, uno en las cercanías del rancherío del Chinchorro, y nuevamente se hace uso para estos fines de los conventos, el regimiento de infantería se forma con 1000 plazas incluidos jefes y oficiales, este regimiento fue instruido por personal veterano de la guerra contra Francia los que habían llegado junto  con Rodil, el contingente del “Arequipa” es formado con reclutas de todos los partidos de la Intendencia, así aparecen en sus nominas reclutas del cercado de Arequipa, Paucarpata, Sabandía, Characato, Moquegua, Locumba, Putre,  Tacna, Tarata, Codpa, Belén,  Humagata, Livircar, Pica, Camiña, Tarapacá, etc. , formó un escuadrón de caballería de “Dragones”, los caballares  son traídos principalmente desde Arequipa, Locumba y Camarones, los afanes militares en Arica no sólo se limitaron a la formación de nuevos cuerpos de ejército sino que también fue un punto de relevancia en la actividad marítima de guerra.

En Chile de 1817 se trabaja afanosamente por afianzar el triunfo de Chacabuco y terminar de expulsar a los españoles del territorio nacional, el coronel José Ordoñez jefe militar español se atrinchera en Talcahuano, los realistas se preparan para hacerse fuerte en el sur con el fin  de repetir la experiencia de 1814, el  virrey De la Pezuela tarde se da cuenta del significado del error cometido al descuidar militarmente el reino de Chile, no habiéndole dado la importancia estratégica que realmente tenía para la seguridad del Virreinato y que la perdida definitiva se esta posesión  podría significar la perdida definitiva del Perú y en consecuencia de la presencia colonial de España en América, así  los expresa claramente en carta emitida al ministro de la guerra  con fecha 19 de septiembre de 1817 la que se transcribe en parte: “...Y así es que desde que Chile cayó en manos de los rebeldes, la población gime por la carestía del pan; la clase feliz y trabajadora no tiene con que alumbrarse en sus labores; los productos se consumen inútilmente en la mantención de sus esclavos, y tienen estancadas en sus bodegas las producciones de sus fincas; el Real Haber ha experimentado un déficit que ha conducido sus facultades al último abatimiento, y al fin todas las clases claman porque se les restituya aquel país donde satisfacían todas sus necesidades y ejercitaban respectivamente sus especulaciones. Dejando a los insurgentes de Buenos Aires en pacifica  posesión de Chile, es muy fácil a su genio activo y emprendedor con los auxilios que sordamente le prodigaban los extranjeros, como lo han hecho hasta aquí, y con lo que  reciban de su capital, arreglar una expedición e invadir con ella en ocho días de navegación las indefensas fronteras de Arica a Mollendo; y propagando la infidelidad en los dispuestos ánimos de la mayor parte de los habitantes, conmover las provincias del Bajo Perú, con lo que obligarían a retroceder a nuestro ejército y por consiguiente facilitaría al que ellos tienen en Salta, Jujuy e el Tucumán, a que adelanten y se apoderen de Potosí, Charcas y Cochabamba, poniendo en el más crítico estado de perderse América”.

El Virrey Pezuela dispone de refuerzos para los de Chile con la formación una expedición encabezada por su yerno  Mariano de Osorio, estas fuerzas se dispusieron para apoyar a Ordoñez que se encontraba en esos momentos en Concepción.

El gobierno de O’Higgins  junto con la formación del Ejército Nacional en 1817 hace los esfuerzos para la formación de la Escuadra Nacional, para ello dispone una serie de medidas, siendo una de ellas el disponer  la compra de buques de guerra a Estados Unidos de América y a Gran Bretaña, otra acción emprendida con el fin de formar una armada fue la de armar barcos mercantes, y por último entre otras medidas menores para lograr el dominio del mar por la naciente República esta la resolución adoptada de otorgar patentes de corso con el fin de hostilizar al comercio español y los abastecimientos de pertrechos militares que se enviaban a las tropas realistas que estaban concentradas principalmente por esas fechas  en Lima y Callao, en el sur del Bajo Perú y en  el sur del Alto Perú las que estaban destinadas a prevenir  un temido  ataque de tropas argentinas por ese frente tal como había ocurrido desde 1811 a 1815.

En Valparaíso el primero que acoge el llamado del gobierno para formar corso es William MacKay, un ex oficial de un buque ballenero escocés que se ve motivado por su espíritu de aventura y la posibilidad de hacer fortuna, el audaz escocés arma el primer buque corsario con patente de Chile cuyo otorgamiento lleva la firma de don  José Ignacio Zenteno, la nao corsaria equipada por el escocés era un lanchón que tripulo con 25 hombres, los que eran de nacionalidad inglesa, estadounidenses y chilenos, la nave es bautizada con el nombre de “Fortuna”.

Con la ilusión de realizar grandes hazañas, y acumular fortuna los primeros corsos de Chile  los lleva a zarpar de Valparaíso rumbo al norte el 11 de noviembre de 1817, la navegación es lenta pero segura son impulsados por las corrientes y el buen viento sur de la época del año que es muy característico de esta parte del Pacifico sur oriental, MacKay procura  esquivar otras naves evitando de esta manera la posibilidad que su presencia fuese anunciada en los puertos del Virreinato. El 22 de noviembre recala la “Fortuna” cerca de la caleta  “Chacacota” [14] a unas 7 millas náuticas de la bahía de  Arica, en este lugar capturan  a un pescador indígena ariqueño, de quien obtienen información que en la rada del puerto ariqueño se encontraba fondeada la fragata española “ Minerva”, se informan además que estaba sin mayor protección, sólo contaban con la artillería de la propia nave y  la de los fuertes de la costa los que tenían un bajo alcance. El capitán William Mackay concibe un plan para la captura de la nave de guerra española basado principalmente en el factor sorpresa que era la gran ventaja que en la acción tendrían los corsarios.

La fragata “Minerva” era una nave de 1.400 toneladas, armada con 42 cañones de 12”, 24” y cuatro cañones de 32”, la fragata estaba en el fondeadero de la bahía  a barlovento, como se acostumbraba  conforme a las condiciones marítimas  de la bahía  de esta manera  se le daba un buen abrigo a las naves ante las corrientes; para las autoridades militares de Arica era impensable un ataque  o asalto de buques enemigos provenientes de Chile, conocida en ese momento o se creía conocer  la precariedad de fuerza naval chilena o su nulo valor bélico, informe que llegaban  por la red de informantes que había establecido el capitán realista José Rueda, ex jefe del servicio secreto de Osorio durante la reconquista de Chile. Considerando estas informaciones la guarnición de Arica tenía una vigilancia más bien relajada, por lo que en consecuencia el capitán de la fragata “Minerva” sólo había dispuesto  la guardia mínima abordo, como se decían en jerga marinera sólo  había quedado una guardia de “Wachimanes” [15] , es decir con el mínimo  de tripulantes que permitía las ordenanzas, de este modo se autorizaba al resto de la tripulación  permanecer en  tierra. El día 23 de noviembre a la 02:00 Hrs. de la madrugada se da la orden de zarpar desde el refugio en que se encontraba la “Fortuna”, esta parte sigilosamente en pos de su presa, los corsarios chilenos se amparan en la oscuridad  y solamente los acompañan  las estrellas que dan  de vez en cuando espontáneos reflejo en la calma mar lo que daban la impresión que fuesen fugases diamantes que se escapan del fondo de los tesoros de Poseidón, al borde del continente se divisa una franja blanquecina como velo de novia, que marca los peligroso roquerios que eternamente son bañados por las azules y limpias aguas de “Mamacocha” [16] , que permiten el crecimiento de "huiros", "cochayuyos"  y una riquísima fauna marina de borde; el único ruido que se escuchaba es el golpetear de lengüetas de  agua en el casco de la nave, las que lo acariciaban como manos generosas, como demostrando que sabían que en su lucha ayudaban a la libertad de América, el rítmico golpetear era interrumpido escasamente por el graznar de alguna gaviota extraviada en la oscuridad de la noche, en el silencio más absoluto posible se introducen a sotavento en la bahía  por el noreste de la Isla del Alacrán o de Guano, tomando por referencia la silueta de la torre de la “Matriz” – esta referencia era utilizada por todos los buques para hechar ancla en el fondeadero de la bahía – la que se destacaba en la oscuridad de la noche por su altura y aguzada figura  que daba la impresión de una inmensa garza indicando al cielo con su pico en medio de la silueta rectangulares y bajas de los otros edificios de la ciudad, además se lograba distinguir en el lado sur la enorme sombra del Morro, mancha negra que asemejaba un inmenso y dormilón guardián, los marinos ingleses de la “Fortuna” conocían  bien las maniobras necesarias para hacer el desembarque en botes en el varadero por lo que se les destina  como guías  de los dos esquife de abordaje, los que son tripulados por 10 hombres cada uno, se había dejado una guardia de 5 tripulante a bordo de la nave corsaria para cubrir la retirada en caso de fracaso de la operación, dos fanales  de popa de la “Minerva” marcan el destino  de la tripulación del  lanchón crecido  al rango de buque corsario, los audaces marinos encabezados  por William MacKay abordan la fragata, los marinos asaltantes  de nacionalidad chilena son la vanguardia del abordaje ellos tenían la misión de contestar las voces de alarma y alerta de ese día, los de a bordo de la fragata española usaban por santo y seña “San Clemente” /respuesta/ “con mi espada nos proteja”.

Los corsarios chilenos iban bien armados con pistolas y cuchillos corvos, inician el abordaje subiendo por los calabrotes de fondeo  introduciéndose  al interior de la nave por el escobén, esta maniobra es realizada por cuatro marineros, uno de ellos era un conocido lanchero de Valparaíso, conocido como el “Tiuque Arenas” hombre fornido de baja estatura, de carácter cazurro y pendenciero, la misión de estos era anular la vigilancia de proa y bajar los brandales de estribor y de babor desde el castillo de proa para que pudiesen subir el resto de los asaltantes, la maniobra  se cumplió con pleno éxito costándoles la vida a tres tripulantes de la “Minerva” que fueron  pasados  por arma blanca ante la necesidad de silenciarlos para que no diesen la alarma, por otro lado contusiones de diferentes grados recibieron los asaltantes, pero ninguna llego a dejarlos fuera de combate;  la sorpresa fue la gran aliada de los chilenos, de este modo  en una rápida acción  todos los asaltantes estuvieron a bordo controlando con rapidez a la marinería que se vio arrollada por el empuje y osadía de los corsarios, “varios marineros españoles, poseídos de pánico, se arrojaron al mar, otros caen muertos y los restantes son tomados prisioneros, encerrados en las bodegas de la misma fragata...”.

La alarma  en la guarnición de costa se dio cuando comenzaban a clarear los cerros del interior del partido de Arica, con el alba se mostraban hermosos tonos azules con trazos de “choque [17] ” que escapaban del astro rey el que comenzaba a despertar en un nuevo día, engalanando las nubes matinales que al disiparse parecían acariciar las siluetas suaves de las cumbres precordilleranas que se ven desde la costa. La demora en el aviso se debió a que los sobrevivientes solamente pudieron llegar a la costa a nado, muy extenuados, tomado conocimiento de los hechos el gobernador militar de Arica José Ramón Rodil, manda algunos botes con gente bien armada para que a sangre y fuego fuera recuperada la cautiva fragata, los captores por su parte se defienden con toda decisión usando las armas y cañones recién obtenidos, ocasionando  fuertes bajas a los asaltantes haciéndoles desistir de su intento de recaptura,  las baterías de costa  hicieron un esfuerzo inútil, se vieron limitados los esfuerzos  por la necesidad de no dañar la nave y por el escaso alcance que las baterías tenían, tan pronto la luz del día se hizo total el capitán MacKay pone rumbo al norte favorecido por la brisa sur de la madrugada que habitualmente sopla desde el valle al mar tomando dirección favorable en la bahía para impulsar las naves al norte. La fragata recién capturada es seguida a poca distancia por la “Fortuna” que presenta un menor andar lo que la transforma en un peligroso lastre, en consecuencia es abandonada a la cuadra del Morro de Sama donde las fuertes corrientes la hacen estrellarse en los arrecifes de esa parte de la costa peruana, MacKay y su tripulación se alejan ufanos y seguros en su nuevo barco, en el transcurso de los días siguientes  varios marinos de la antigua tripulación de la “Minerva” se pasan al bando de los corsarios, la fragata prosigue rumbo al norte en busca de una nueva presa a la altura de Pisco el 5 de diciembre capturan al bergantín “Santa María de Jesús”, por los marinos chilenos que tripulaban esta nave se enteran que en el puerto del Callao  se había quedado alistándose la escuadra que preparaba Pezuela para salir en diciembre con el objeto de restablecer el dominio del España sobre el Reino de Chile, la expedición había sido confiada al Brigadier  Mariano de Osorio el triunfador de Rancagua, el bergantín “Santa María de Jesús” Había salido dos días antes desde el Callao, MacKay, desistió del proyecto de continuar al norte, dando la vuelta a Valparaíso con las presas que había hecho.

Como consecuencia de los acontecimientos de Arica y los ocurridos en la  parte central sur de Chile, el Virrey Pezuela modifico los planes que había concebido, no espera la llegada del segundo batallón del regimiento Burgos y el segundo escuadrón de lanceros del Rey que venían  desde España  vía Panamá, los planes del mando realista eran intentar un desembarco por Valparaíso los que forzosamente se ven desestimado ante las dificultades logísticas y de desplazamientos que tendrían en su camino hacia Santiago, lo que hacia muy vulnerable a las fuerzas invasora exponiéndolas a un fracaso seguro en su intento de asalto a la capital del reino, definitivamente por los movimientos realizado por O’Higgins y San Martín se decidió el refuerzo de las tropas de Talcahuano con el objeto de emprender desde ahí las acciones hacia el norte, aprovechando la riquezas en pertrecho que brindaba el valle central.

La expedición de Osorio sale del Callao el 9 de diciembre de 1817 en nueve buques mercantes, convoyados por la fragata “Esmeralda” este convoy hace su entrada a la bahía de Arica el 14 de ese mes,  reagrupándose las naves más lentas: se incorporan a la expedición las tropas acantonadas en el puerto en cabezadas por el coronel Rodil, el 17  de diciembre  continúan la navegación rumbo al sur incorporados ya los regimientos “Arequipa” y el escuadrón de “Dragones”, los primeros buques llegan a Talcahuano el 04 de enero de 1818, arribando el último buque de la flota el 11 de ese mes.

De los hombres que integraron el regimiento  “Arequipa” y que participaron  en las campañas de Chile en las batallas de Talca, Cancha  Rayada y en la batalla de Maipú el 5 de abril de 1818, se sabe que 300 soldados de esta unidad dejaron sus huesos en el campo de Maipú, tras la derrota de las fuerzas realistas,  en la trascendental batalla Rodil se retira en orden  hacia el sur con unos 700 hombres, pero la deserción  fue cada vez mayor llegando a cruzar el Maule  sólo unos 200 soldados para concluir en su retirada con no más de un centenar, las escasas fuerzas realista que logran reagruparse en el sureño puerto reembarcan el 8 de septiembre para el Callao dando por finalizado los esfuerzos bélicos  de la expedición Osorio.

De los 1.300 reclutas que habían partido con orgullo y gallardía luciendo sus uniformes que les distinguían como soldados del Rey  en los regimientos “Arequipa” y “Dragones”  y que eran hijos de los distintos  pagos de la Intendencia de Arequipa, entre los que se contaban  también los del Partido de Arica, no se tienen noticias ciertas si alguno de ellos logró volver a su tierra natal o si alguno de ellos integraron  con posterioridad las filas del ejército “Libertador del Perú” comandado por San Martín.


Capitulo IV

Lord Cochrane y William Miller en Arica

·         Desembarco patriota en Arica

Al momento de partir desde Valparaíso la expedición Libertadora del Perú en Agosto de 1819, no estuvo en los planes del general José de San Martín el sur del Bajo Perú, la expedición se dirigió a operar  desde Paracas  al norte, según los planes  militares diseñado por el general argentino; por lo que Arica no se vio afectada en esta primera etapa de la incursión emancipadora, solamente al momento de la intervención de Lord Thomas Cochrane conde de Dundonald a los puertos de la costa sur del Virreinato a partir de marzo de 1821 San Marcos de Arica vuelve a ser escenario en la gesta por la independencia de América.

El peso de la revolución en el Partido de Arica desde 1810 a 1820 ya había dejado sus profundas huellas en el corazón de la sociedad ariqueña, las que dejarían cicatrices  en la vida social y en el desarrollo económico de sus pobladores prácticamente durante todo el siglo XIX, cambiando nuevamente en forma dramática y radical con los acontecimientos de 1880.

Las ciudades, pueblos y localidades del interior cordillerano del Partido, ya en 1820 habían pagado un alto costo por la lucha por salir del vasallaje impuesto por España, este costo se había sufragado con la vida  y el desarraigo de muchos de sus hijos, los que fueron reclutados para los ejércitos de las intentonas revolucionarias de los patriotas  como también  en las mesnadas  del partido del Rey; las posiciones que fueron tomando  los habitantes de la zona ante los bandos en pugna provocaron fuertes divisiones en el seno de las familias, fenómeno que especialmente afectó a las de mayor cultura y de mejor condición  económica, suceso social que sin duda fue parte del costo asumido por la comunidad ariqueña, considerando como tales a todo los habitantes del Partido; las rivalidades generadas entre los pueblos, villorrio y pagos, que iban tomando distintas posiciones por uno u otro bando, produjo un distanciamiento social entre sus comunidades, sin olvidar que en muchos casos existían numerosos lazos familiares, esta fragmentación provocó dificultades en las comunicaciones y genero innumerables inconveniente  al intercambio de productos, los cupos de guerra impuestos por ambos bandos  a estas comunidades ante la necesidad de aprovisionar a los siempre carentes ejércitos, mas la perdida del control del Pacífico por parte de la escuadra española eran elementos que afectaba seriamente  la economía del puerto de Arica y de los pueblos del interior eminentemente de vocación portuaria y “trajinera”, el perjuicio que representaban los diez largos años de inestabilidad transcurridos desde las primeras actividades insurreccionales fueron contingencias que generaron un cuadro de desmoralización en la población ariqueña, la que aún tendría que soportar 5 años más  de actividades guerreras posponiendo su recuperación ya tan sólo con el advenimiento de la República.

Mientras fracasaban las tentativas de San Martín para adueñarse del Callao, sale una segunda expedición  a la sierra al mando del general argentino Juan Antonio Alvarez de Arenales, paralelamente Cochrane inicia una correría por la costa sur del Virreinato, el 13 de marzo de 1821 se dio a la vela en  Huacho, esta expedición llevaba como tropa de desembarco al Batallón Nº 4 de Chile, antecesor del regimiento 4º de Línea, el jefe  de esta unidad por ese entonces era el teniente coronel José Santiago Sánchez Alfaro,  este batallón estaba compuesto por 28 jefes y oficiales y 651 clases y soldados, a cargo de las tropas de desembarque iba el coronel inglés al servicio de la causa libertadora Willam Miller [18]   siendo su jefe de estado mayor  el teniente coronel de nacionalidad argentina, Miguel Estanislao Soler.

El 21 de marzo de 1821, la expedición del Almirante Chocharen se apodera de Pisco, el objetivo de esta maniobra era interrumpir las comunicaciones de Lima  con las provincias del sur, el general José De la Serna que en enero de ese año se había hecho cargo del gobierno del Virreinato, envía al coronel García Camba con el fin de hostilizar a los patriotas y arrojarlos al mar nuevamente, los realistas  establecen su cuartel general en  el pueblito de Chincha Alto, las tropas beligerantes quedan separadas por los ríos Chincha y Pisco y las pampas desérticas existentes entre ellos, estos accidentes geográficos sitúan a las tropas beligerantes a unas ocho leguas de distancia entre sí. La salud de las tropas patriotas como la de los realistas se ve afectada por las tercianas,  principalmente este mal afecto a los insurgentes, contingencia que a menos de un mes ponen rápido termino a la empresa invasora, el contingente reclutado en el valle central de Chile y el de origen argentino resultaron muy vulnerables a ese tipo de enfermedades tropicales como es el paludismo,  de  seiscientos hombres que  habían desembarcado en Pisco, murieron 28 en un solo mes, 180 enfermaron de gravedad y de no efectuarse oportunamente el reembarco y su traslado a Huacho habría fallecido la mayoría.

El coronel Miller infectado con el mal y ante la ausencia de médicos en la expedición,  tuvo como  únicos cuidados los proporcionados por su fiel criado Ortega y un tal Ildefonso, este último fiel  sirviente de raza negra que había sido liberado del yugo de la esclavitud desde uno de los ingenios azucareros de los valles cercanos a Pisco, el día 18 de abril  el coronel Miller casi moribundo es conducido en una litera al navío del Almirante Cochrane, el jefe de la escuadra había estado ausente en los días anteriores por haberse visto forzado  a acudir por razones tácticas al Callao, los buques habían retornado a la bahía de Paracas el día 17 de abril, en la nave insignia se le prodigan al jefe de desembarco inglés  las atenciones necesarias para su restablecimiento, esto, por especial instrucción del lord inglés quien siempre mostró gran preocupación por los hombres que se encontraban bajo su mando sin importar su nacionalidad raza o rango, el coronel Miller se encontraba en tan precarias condiciones que se temía seriamente por su vida; como dice en sus memorias “Con efecto, se hallaba tal que no tenía más  que la piel y los huesos; delirante con una calentura maligna que le tenían postrado en cama hacia mas de tres semanas, y casi sin esperanza de vida”.

Ante la amenaza cierta de seguir desmejorando la salud de la tropa los jefes de la expedición deciden  abandonar el malsano puerto de Pisco, las tropas en condiciones de combatir se embarcan en el navío “San Martín” de 60 cañones, el 22 de abril, el resto  de los buques de la escuadra volvieron al Callao,  Miller sigue en el navío Almirante con la confianza que el viaje por mar lo recuperaría, Cochrane incorpora como soldados a cien  esclavos arrebatados a los hacendados realista  de Pisco y Chincha, requisan para la expedición seis mil duros, quinientas botijas de aguardiente (licor de Pisco), mil cargas de azúcar, gran cantidad de tabaco y  varias otras mercancías sacadas de las haciendas pertenecientes á los españoles o a sus partidarios; sin más demora la expedición pone proa al sur.

El 6 de mayo se encuentra los expedicionarios  a unas 32 millas náuticas del puerto de San Marcos de Arica, a esta altura sobrevino una calma que paralizó la nave, el almirante dispone que parte de la tropa se embarque  en botes  con el fin de buscar un lugar idóneo para  poner pie en tierra, estos bogaron por cuatro largas horas sin encontrar el más mínimo rincón adecuado para la aproximación y desembarco consiguiente, los arrecifes y roquerios no brindaban ni el más mínimo grado de seguridad para soldados y embarcaciones en su objetivo de aproximación, una  brisa comenzó a levantar  después del medio día  lo que permitió que el navío pudiese moverse y fuera en pos de alcanzar los dispersos botes que asemejaban cuentas de rosario repartidos en paralelo a la costa, las tripulaciones de los esquifes a esas horas ya se encontraban  casi en el extremo del agotamiento, la extenuación de la tripulación se debió al excesivo calor generado por del abrazador sol que a esas horas del día caía con sus rayos sobre las testas y espinazos de los marinos como verdaderas saetas de fuego, la falta de aire fresco ocasionada por la calma impedía que fuese más aliviada la respiración, estas condiciones climáticas hacia más penosa la misión encomendada, además en las horas que habían tenido que bogar no  dispusieron siquiera de una gota de agua dulce para beber, en esta forma  el San Martín fue  reembarcando  uno a uno los botes encomendados para  la exploración.

El buque insignia de la expedición con su revolucionaria tripulación, comienza a moverse del lugar sólo el día 7 de mayo, día en que apresan una nave, la que resulta ser neutral, antecedentes entregados por el capitán del buque permite que los jefes patriotas se enteren  que la guarnición de Arica estaba  protegida por 400 infantes y 162 dragones, 24 cañones apostados en los fuertes del varadero y de la Chimba, además existiría una batería de 4 cañones en la isla de Guano o del Alacrán, también  Cochrane requiere información de los mejores lugares para el desembarco de las tropas a su cargo, habiéndosele indicado la existencia de pequeñas caletas entre  la Lisera y punta Paloma, así mismo se le informa de la existencia en este último sector de un pequeño fortín llamado “La Capilla” el que se presumía abandonado, con la información obtenida continúan rumbo al sur con su objetivo de conquista, el 8 de mayo se encuentra la expedición a la altura del Morro  de Sama, en este lugar en un consejo de guerra en el que participa a demás del Almirante, el coronel Miller, el teniente coronel Soler y otros oficiales, se acuerda ubicar la nave lejos de tiro de cañón del fuerte y enviar un emisario conminando la rendición de la plaza al gobernador militar de Arica coronel Francisco Antonio  Gago, de no ser aceptada le intimidación se procedería al desembarco en la noche siguiente por la costa al sur del Morro de Arica.

El día 9 de mayo amanece la nave insignia de la flotilla comandada por Cochrane ubicada frente a la costa ariqueña fuera de tiro de cañón del fuerte, pero desafiante con la banderola almirante al tope del palo mayor,   Cochrane procede a enviar como emisario al comandante Soler,  el esquife que lo transportaba tuvo algunas dificultades para acercarse a la costa debido a la marejadilla con que se encontraba el litoral ariqueño esa mañana presagiando una mar más gruesa para las próximas horas; advertida la guardia costera por los neutrales que se encontraban surtos en la bahía  se permite a la pequeña embarcación realizar las maniobras  de atraque sin ser hostilizada. Soler  es recibido respetando su condición de parlamentario y es tratado con frialdad casi rayana en el desprecio, se le permite permanecer  solamente en el área  del varadero donde espera por espacio de casi dos horas bajo la mirada atenta de los centinelas, el emisario era acompañado  por un ayudante, el comandante patriota y su edecán con ojo militar trataban de recopilar en sus mentes la mayor cantidad de antecedentes que les fuesen útiles a la expedición patriota ante un eventual desembarco por la fuerza en ese punto de la bahía, esta condición daba un entorno especial a la larga espera, como telón de fondo  el comandante Soler tenía el vuelo rasante de los  guacaches, las picadas de guanayes, el arremolinar constante de gaviotas y otras aves que buscaban satisfacer  en una danza constante su inagotable apetito ante la abundante presencia de Pejerreyes, anchovetas, cabinzas, etc. peces que poblaban con  profusión las aguas costeras de la bahía ariqueña, el olor  expelido por túmulos de huiros que eran  arrancados por las corrientes marinas, y que yacían en la playa resecándose al sol de media mañana mezclado con el olor penetrante traído por la brisa sur que comenzaba a levantar desde la isla del Alacrán, olor característico del guano de las aves marinas, marcaban  una estampa característica del puerto de San Marcos de Arica, la que no era olvidada por ningún viajero que pisaba tierra ariqueña en ese sector a los pies del Morro, la respuesta del gobernador fue de tajante rechazo a la rendición: “Para inteligencia y buen mando de V.E. lo anoticio que las irresistibles armas bajo mi mando, por medio de este ejército de lealtad y fidelidad al Rey triunfará sobre las fuerzas de la infidelidad y de la usurpación, a pesar  de la más empeñada pericia militar de los mejores generales que V.E. envíe a esta plaza, con esta noticia para que disponga el animo de V.E. á otra mejor causa,  debiendo V.E. proscribir todo procedimiento sanguinario economizando la sangre de nuestros semejantes que quieren vivir en paz y fidelidad  a su Rey y a la Santa Iglesia, volviéndoles la tranquilidad a las América respetando el derecho de gentes...”

Retorna el comandante Soler a la nave del Almirante  con un cierto grado de satisfacción por la misión cumplida, se presumía de antemano que no sería fácil la rendición de los ariqueños, era ya de fama su posición a favor de la causa del Rey, mostraban gran decisión de evitar una invasión a pesar de que las tropas realistas de Arica eran en su mayoría bisoñas  y reclutadas  casi forzosamente en los distintos pueblos del Partido, estas tropas habían sido instruidas por soldados veteranos pero de bajo rango, por lo que su valer militar era muy relativo, una vez abordada la nave por los emisarios se da la orden de  echar vela al norte tomándose así la decisión de continuar con la segunda parte del plan, con los antecedentes aportado por Soler y algunos neutrales se hacia impensable un desembarco frontal al puerto debido a la decisión de defensa mostradas por el gobernador Gago y sus aliadas fortuitas, las agitadas aguas del mar que ya mostraban una decidida marejada.

La nave almirante desaparece en el horizonte dando la impresión a los vigías que ya se había desvanecido el peligro y que en definitiva no se llevaría a cabo la intentona de invasión por parte de la flotilla Libertadora. Sin embargo la realidad era otra, al atardecer del día 10 de mayo, cuando se vio oportuno,  el buque patriota giro en 180º rumbo al sur nuevamente, el objetivo de los jefes militares a cargo de la expedición era realizar el desembarco por una de las playas del sector sur del litoral ariqueño, para esta acción empeñaban toda experiencia en las guerras europeas que poseían, el desembarco lo planeaban en una de las playas de caleta "Quiani", esta es una ensenada algo abierta perfilada en su orilla con abundantes arrecifes los que están interrumpidos  por 3 pequeñas playas arenosas [19] , siendo la mayor de ellas de unas 120 brazas de longitud, el acantilado de ese sector costero se suaviza y permite un fácil ascenso al cerro, esta pequeña y suave depresión geográfica en el acantilado de la costa sur ariqueña pretendían utilizar los jefes patriotas con el fin que  las tropas invasoras cayesen por atrás de la ciudad, lugar donde no existía ningún tipo de defensa.

El plan de desembarco contemplaba acercarse  a la costa sur de Arica al amparo de la noche, así con la protección de las penumbras intentar el desembarco de las huestes patriotas asegurando el éxito de la operación militar de conquista poniendo a su favor el factor sorpresa; un elemento táctico fundamental en las aciones era encontrar  con cierta certeza el lugar escogido para ello se solicitó el concurso de voluntarios entre la tripulación del San Martín,  se encontraron a dos guías, los seleccionados fueron marinos de origen chileno que años anteriores habían estado en más de una oportunidad  en esa zona como tripulantes de buques mercantes, la estrategia que se pretendía usar no era nueva ya había sido utilizada por el pirata Jhon Watling el 9 de febrero de 1621 aun que sin éxito para ese filibustero inglés, ante la decidida defensa de los ariqueños de ese entonces.

El San Martín comienza lentamente en la noche del 10 de  mayo y madrugada del 11 a buscar su destino fijado en el plan de invasión, sin embargo erró el sitio escogido, se excedieron algunas millas al sur del lugar buscado, llegando sin saberlo  a un punto ubicado  entre caleta Quiani y La  Capilla en un sector del acantilado muy pronunciado y de grandes rocas, dejaremos el relato que hace en sus memorias el propio general Miller sobre este episodio: "...hicieron una tentativa un poco más al sur, donde el capitán del navío, en su ansiedad por ver en tierra a los soldados patriotas antes que las riquezas de Arica pudieran escapar, se le figuro haber descubierto un paraje favorable para desembarcar. Doscientos y cincuenta hombres se trasladaron a los botes, y a media noche bogaron para tierra. La mar en su superficie parecía tranquila, pero una sorda marejada, con tardas y grandes oleadas, hacia difícil y trabajosa la travesía. Las estrellas brillaban de tal manera, que dejaban percibir una mancha blanca en tierra, la cual servia de baliza. El capitán Wilkinson y el teniente coronel Miller con treinta hombres marcaban la dirección en la primera lancha; al llegar cerca de la costa aseguraron a popa, pero ya a pocas brazas de ella los arrebató una inmensa  oleada que elevándolos hasta el cielo, los llevo para arrojarlos con furia a un abismo donde se encontraron entre grandes rocas, antiguos desprendimientos de montaña. Afortunadamente estas mismas rocas impidieron que la ola se llevara en la resaca a la lancha, la cual quedó en seco  y suspendida entre ellas. Escasamente tuvo tiempo la gente para saltar y salir de aquel lugar espantoso, cuando otra ola hizo la lancha mil pedazos. La espuma que producía el choque violento de las olas, el ruido con que reventaban contra la costa, la oscuridad de la noche, y el negro aspecto de la costa daba a todo un aire horrendo, y hacia una contraposición verdaderamente espantosa. 

El Agua que antes parecía calma, principio con ruido a romper contra las rocas que hasta entonces no habían percibido. Las Lanchas que seguían a popa advertidas del peligro se mantuvieron a distancia; pero la más inmediata soltó un amarro  pues se hallaba rodeada de escollos cuyas olas la batían con no escasa fuerza. La situación de la partida que Miller mandaba era sumamente critica; la tropa había salvado sus armas, pero las municiones estaban inservibles; su reembarque parecía imposible, y su número demasiado reducido para  esperar obtener ventaja alguna por medio de un ataque atrevido para sorprender la guarnición; sin embargo consultadas las circunstancias pareció  ser este el único partido que podía tomarse, y decidieron que la partida marchase sigilosamente a la ciudad, sorprendiera la guardia, se apoderarse del fuerte, y lo conservara hasta la llegada de algún refuerzo. En  su consecuencia la tropa formó e hicieron mil esfuerzos para encontrar algún camino o senda por donde pasar, pero hallaron que la playa que solo tenía unas cuantas varas de ancho, seguía únicamente hasta una corta distancia por todos lados, y estaba cortada por la parte de tierra por un peñasco casi perpendicular. Después de rodar de una parte a otra por espacio de dos horas, trepando y cayendo no pudieron descubrir ningún paraje, y la tropa volvió al punto de donde había salido, y se sentó para descansar de sus fatigas de un estado de casi desesperación. Era  muy probable que los realistas hubiesen oído las voces repetidas de los que hablaban a los de tierra desde las lanchas que aun estaban en su antigua posición, y temían  que al amanecer se aumentaría lo critico de su situación, hallándose a la vista del enemigo, al pie de una roca inaccesible, y en disposición que pudiesen acabarlos con unas cuantas descargas, o rodando sobre ellos algunos peñascos. En este intervalo de desconsuelo,  descubrió el capitán Wilkinson una roca que se prolongaba hacia el mar y penetraba bien dentro de él, e inmediatamente puso en juego los recursos de su profesión y experiencia, adoptando un plan que en tiempos ordinarios se habría considerado como un acto de locura. Mando a una de las lanchas bogar para avante y anclar tan inmediato a la costa como fuera posible, lo cual ejecutaron aun que con gran peligro de los que estaban a bordo de ella.  Desde la lancha enviaron un bote ballenero con una pequeña guindaleza, un extremo de la cual tiraron sobre la roca y aseguraron inmediatamente. Por este medio el bote ballenero se llevaba y traía de la lancha a la roca. Solo dos hombres podían a la vez estar en la punta de la roca a la cual tenían que estar colgados pendientes de la cuerda, hasta que una calma, que generalmente ocurría cada siete o nueve oleadas, permitía al bote ballenero atracar a sotavento de la roca y permanecer el tiempo únicamente preciso para que los dos hombres que estaban colgados de la cuerda bajasen  por ella precipitadamente dentro de él. De este modo trabajoso, largo y tan peligroso, se reembarcó toda la gente con sólo la perdida de un hombre. Al salir el sol vieron en lo alto del peñasco una partida de realistas, la cual justificó los temores que en la noche habían concebido". [20]

Los frustrados invasores se retiran al norte con el sentimiento de no darse por vencidos ante la difícil empresa,  el almirante Cochrane insiste en buscar un sitio de desembarco lo antes posible por considerar de gran valor táctico   apoderarse militarmente con rapidez del puerto de Arica y de paso no dejar escapar sus riquezas, para ello se hace una segunda intentona al norte de la amplia bahía  donde existe una extencísima playa arenosa (playa Las Machas) bordeada de  vegetación baja compuesta principalmente por grama salada (distichlis spicata), la que se hace más abundante y alta en el sector del estuario del río Lluta, esta masa vegetal esta compuesta entre otras especies por: totora, grama salada, cola de zorro, cola de caballo, juncos,  Chilcas, Chingoyo, etc., este río era llamado también Salado o Azufre, como se le señalaba en la  época de la gesta emancipadora en algunas cartografías, esta franja vegetal de un ancho de un kilometro, limita con los arenales del los cerros Chuños y Punta Condori, para continuar a partir de la quebrada del río hacia el norte con un pequeño acantilado de unos 20 metros de alto donde da comienzo a la pampa de Chacalluta.

En esta parte del litoral ariqueño las condiciones de las mareas y corrientes hacían impracticable un desembarco con los recursos que disponía la expedición, las fuertes corrientes del sector se hacen más peligrosas en especial en horas de la tarde o de la noche, en que la rompiente llega en algunos momentos a una altura de 5 metros, con series de seis a ocho olas, en época de invierno la mar se hace aun  más brava.

Cochrane al ver la imposibilidad de practicar el desembarco en un punto cercano al puerto decide enviar una partida de soldados al mando de Miller con el objeto de desembarcar en el sector del Morro de Sama, para este cometido se dispone de una pequeña goleta que contaba con un timón sobre puesto, la embarcación tenía tan pocas aptitudes marinas que hacia difícil gobernar la nave incluso con vientos favorable. El 12 de mayo, Miller logra su objetivo y emprende una dura marcha hacia la ciudad de Tacna, cruza los arenales que separan la caleta del poblado de Sama, casi en la extenuación total de los hombres, no contaban con alimentos ni agua dulce, la marcha duró unas 16 horas;  Sama aparece como un oasis salvador al castigo de la sed y del calor que sufría la falange patriota, en este valle ubicado a  unas catorce leguas de Tacna, el coronel Miller recupera las energías perdidas en la penosa jornada y se hacen de cabalgaduras para la mayoría de los miembros de las huestes insurgentes, que en número no llegaban a cuarenta, el recibimiento de los patriotas en Tacna fue de mucha cordialidad, fue recibido  con muestra de aprecio por el ayuntamiento, el clero y los habitantes de los cuales, muchos al enterarse de su proximidad se dirigieron a las afueras de la villa para mostrarles sus simpatía.

En tanto el almirante insiste en desembarcar el grueso de las tropas patriotas en un punto cercano a la ciudad de Arica, ya con más conocimientos de los emplazamientos posibles para realizar las maniobras se acercan a las pequeñas playas de caleta Quiani (playa Los Gringos y playa Miller); en la madrugada del 13 de mayo el  objetivo es cumplido al amparo de la oscuridad de la noche, quedando las acciones militares a cargo del  comandante Miguel Estanislao Soler, facilitó las maniobras de desembarco el mar calmo que en forma natural se produce después de días de marejadas, además se aprovecho  la pleamar de esas horas con el fin de evitar las numerosa puntas rocosas del fondo marino de la playa, que cual cuchillas pueden provocar el rompimiento de las quillas o de los cascos de los esquifes de desembarco, así,  una vez en tierra los soldados patriotas comienzan a subir el acantilado, que en esa zona se suaviza no oponiendo gran resistencia a los invasores, como espectros y en absoluto silencio avanzan hasta alcanzar la cumbre, las primeras luces del alba sorprenden a las tropas de Soler en los encerraderos de las faldas del cerro "De la Cruz" [21] , los hombres del 4º Batallón de Chile habían cruzado la pampa salitrosa que da comienzo por el lado sur del Morro de Arica, surcando con sus calamorros  huellas heroicas en las mismas arenas que 59 años más tarde harían inmortales en 55 minutos a sus legítimos descendientes del 4º de Línea.

En los corrales que habían en la base del cerro se apoderan de caballares y mulas, se hacen de dos pozos de agua dulce ubicados en el sector,  dejándolos con una guardia inmediatamente, no encuentran ninguna resistencia  sólo avistan a cuatro "cholos" que cuidaban las tropillas, los que al ver  a los soldados invasores escapan como si hubiesen visto al diablo en pena, dirigiéndose hacia el hospital "San Juan de Dios" tomando al camino que conduce al valle de Azapa;  al llegar a las primeras casa la columna invasora se divide en dos, una de ellas baja por la calle de "San Marcos" y la otra por "San Francisco", convergiendo ambas  en el sector de la marina, donde se encontraban las defensas, la sorpresa que represento la aparición de los atacantes por la ciudad misma, provocó el desconcierto y el pánico total de los defensores que a esas horas de la madrugada recién comenzaban a salir de los brazos de Morfeo, habiéndose anulado rápidamente a los centinelas que con mucho descuido no prestaban gran atención a su labor de vigías,  presumiendo seguramente que los patriotas se habían retirado definitivamente del litoral cansados de tantos intentos infructuosos por desembarcar en las costas  ariqueñas. Las milicias realistas de Arica al sentir los primeros disparos de fusil y el chivateo (grito de combate típico mapuche) de los atacantes optaron por escapar, a esas horas de la mañana cuando ya prácticamente la ciudad estaba rendida hace su aparición en la bahía el San Martín, que efectúa unos disparos de cañón para provocar mayor pánico a los defensores del puerto, con esto la desbandada fue incontrolable, a pesar que algunos jefes realistas trataron de organizar una resistencia, pero les fue imposible.

Las tropas comandadas por Soler al verse sin adversarios al frente que se les opusiesen, comienzan a saquear las pulperías y almacenes, encuentran en las bodegas de aduana licor y muchos alimentos, los instintos superan a la disciplina en combatientes que habían soportado por tantos días múltiples privaciones a bordo, con lo que el pillaje y saqueo se generaliza a toda la ciudad sin control alguno. Soler y sus oficiales hacen grandes esfuerzos por contener las descontroladas soldadesca, hasta que a media mañana desembarca el propio Almirante Cochrane con un grupo de 50 marinos armados logrando restablecer el orden y la disciplina en la tropa ya entrada la tarde, el gran ascendiente del Almirante en los hombres  fue factor preponderante en el control del saqueo, a esas horas llegan noticias que se estaría produciendo una concentración de tropas realistas en la hacienda "Bella Vista" por las cercanías de Saucahe, por lo que Soler dispuso  un piquete de 30 soldados de caballería para su persecución, este piquete fue montado gracias a la requisición de buenos caballares que se logran en la ciudad, a cargo del piquete de caballería iba el capitán Eléspuru, los patriota alcanzan a los realista en el Pago de Gómez y logran hacer unos cien prisioneros, estos  estaban muy fatigados debido a la larga jornada que habían realizado a pie, prácticamente todos estaban desarmados, fueron conducidos prisioneros a la ciudad.

El trágico saqueo de Arica significo que el grueso de su población se trasladara a lugares más seguros como Azapa Grande, Humagata, Belén, Socoroma, los ariqueños seguían  con mayores razones abrasando la causa del Rey. Un ejemplo del aborrecimiento para con los patriotas es el de la hermosa y joven esposa del gobernador de Arica coronel Francisco Antonio Gago, su casa había sido saqueada, hasta su piano fue llevado a bordo, el saqueo fue tan extremo hasta dejarla a ella misma reducida a no tener que mudarse, esta generosa, valiente y hermosa dama trabajó con gran esfuerzo  y sacrificio  ayudando a los más débiles a huir, lucho junto a otras mujeres con decisión frenando los intentos de violación de las más jóvenes por parte de la soldadesca desenfrenada, ella misma tuvo que ser protegida por oficiales patriotas para evitar que un soldado en estado de ebriedad lograra tan horrendo crimen, ya en la seguridad de Humagata en más de una oportunidad se le oyó decir: "después de aquella tragedia no moriría feliz si antes no empapaba su pañuelo en la sangre de algún insurgente", no se sabe si logro su propósito; el repoblamiento de Arica ya no se produciría  hasta años entrada la república, un viajero de la época que estuvo en la ciudad  el 7 de junio de 1821 señala:

 "Esta ciudad  estaba desierta, y se advertía a cada paso los vestigios de las recientes operaciones militares. Las casa estaban destrozadas, las puertas yacían aquí y allá, en el suelo, los muebles hechos pedazos, los almacenes y despachos divisamos vacíos, desiertos.

Cuando los patriotas atacaron la ciudad, la mayor parte de la población se retiro al interior del país..." [22] .

La  requisiciones en la Aduana de Arica reportaron  $78.000 que fueron encontrados en las cajas de esta institución, más trescientos mil duros en mercadería de propiedad española, Oficiales Reales que huían  a Tacna con los archivos de la Aduana  fueron interceptados por un destacamento enviados por Soler a la altura del vado de Chacalluta, llevaban cuatro mil duros lo que fueron quitados. Todo esto fue inmediatamente enviados a bordo debidamente inventariado y emitidos los respectivos recibos;  en el archivo se encontraron documentos originales que comprometían  en contrabando a los buques "Lord Cathcart", "Colombia" y "José", estas naves traían mercaderías de propiedad española remitida  a Arica por comerciantes ingleses desde Río de Janeiro ocultando de esta forma la verdadera propiedad de estos bienes, vulnerando con este ingenio el bloqueo comercial impuesto por los patriotas a los puertos del Pacífico que aun permanecían bajo el dominio de España.

 Días más tarde en Tacna cuando se reúnen todas las fuerzas patriotas la mayor parte de los prisioneros hechos en Arica  incluido  cuatro oficiales realistas son admitido  al servicio de los patriotas en las  fuerzas comandadas por el coronel Miller, aquí se incorpora también el coronel realista  Nicolás Landa, era peruano de nacimiento, había sido gobernador del Partido, fue de gran ayuda al mando patriota, en la capital del Partido  también se sumó a la causa patriota el capitán Abal y su hijo  quien murió un año más tarde en una acción de guerra.

Poco tiempo tuvieron los soldados para reponer sus energías, el mando patriota dispone que el 16 de mayo se inicie la marcha  al interior del Partido con el fin de evitar la conjunción de fuerzas que enviaba el general Juan Ramírez, el vencedor del brigadier Pumacahua, con el fin de "echar al mar a los insurgentes". Ramírez al enterarse de las acciones de los rebeldes en la costa decide enviar  tres destacamentos; uno  de 380 hombres se dirigió desde Arequipa por el camino de Moquegua, donde la columna se aumento en doscientos hombres más, otro destacamento de 320 milicianos salió de Puno  y por último envío un destacamento de 300 soldados desde La Paz,  estas dos columnas venían por el camino de Tarata, el plan era  juntarse en Tacna y de ahí forzar a las fuerzas patriotas a reembarcar por el puerto de Arica.

·         "A los bravos de Mirave".

El coronel Miller apenas enterado de los movimientos realista, determino atacarlos por separado evitando el encuentro de las fuerzas realistas, con este objeto avanzó  desde Tacna el 17 de mayo para enfrentar las tropas del coronel La Hera que venía desde Arequipa, las fuerzas que acompañaban a Miller ascendían a 420 hombres de infantería, 70 de caballería y una compañía  de 120 voluntarios reclutados en Tacna que pomposamente llevaron el titulo de "Batallón de Independientes de Tacna", la salida desde esta lugar tuvo ribetes del más excelso  patriotismo que demostraban la profunda convicción independentista de los pobladores del valle del "Caplina", confirmando el porque de las rebeliones de Zela y  Calderón de la Barca en los comienzos de la revolución, a diferencias de las sentimientos realistas de San Marcos de Arica, ciudad que se había visto perjudicada por las actividades revolucionarias. Las tropas insurgentes emprenden el camino precordillerano por Sama Grande,  las tropas patriotas acamparon en el lugar llamado "Bella Vista", recuperadas las fuerzas siguieron internándose por el valle del río Sama hasta Sama Grande, localidad de mucha hermosura  con una vista impresionante de los nevados cordillerano y de muy buen clima [23] ,  en este punto el coronel Miller toma noticias que el coronel realista La Hera cambia de dirección, en vez de dirigirse a Tomasíri desde Locumba y de ahí a Tacna, se desvía a Ticapampa con el fin de sumar rápidamente las fuerzas que bajaban por Tarata, con esta información los patriotas deciden dirigirse directamente a Mirave para cortar la conjunción de las fuerzas Arequipeñas con las de la Presidencia de Charcas. La distancia desde  Buena Vista a Mirave es de unas 18 leguas aproximadas, esta distancia está cruzada por un desierto  pedregoso y en parte por suelos muy arenosos que hacen excesivamente penosa la marcha de los infantes, en el trayecto no existe ninguna aguada que permita al viajero tener el más mínimo solaz, no existen vestigios de vegetación por consiguiente cualquier sombra es algo quimérico, en esta marcha los infantes del 4º Batallón de Chile prueban su valer militar, aquí demuestran que no los amilanan ni la sed, ni el calor abrazador  del día, ni los fríos descomunales de las noches tan habituales en estas pampas; al parecer con este sacrificio querían reivindicares de las atrocidades del saqueo de Arica que les avergonzaba como una mancha, estos  hombres arrancados del fértil valle central de Chile, de las minas de Coquimbo o del valle de Copiapo, demostraran que con un buen comando y disciplina pueden ser los mejores infantes, iguales o superiores a sus pares de las mayores potencias militares de la época.

La mística de las tropas patriotas, incluida las novatas de los Independientes de Tacna, era muy alta, con esta moral caminaban  seguros de su capacidad de triunfo sobre las fuerzas del Rey, aunque las suponían más numerosas, para los protagonistas de esta marcha la experiencia  tuvo un profundo y romántico interés. Miller informado por el coronel Landa de las condiciones  de la marcha había incorporado diez mulas cargadas con ochenta cajones que contenían  botellas con  "aguardiente de Holanda" el que había sido requisado desde las bodegas de la Aduana de Arica, cuando ya se hacia evidente el cansancio extremo de la tropa se decidió hacer un alto donde se repartió el licor con la prudencia del caso, pero en cantidad suficientes para que sirviera de vivificante refrigerio a los agotados infantes, así se continuo la marcha con paso firme y resuelto, Miller solo había manifestado al comandante Landa sus planes, ha modo de evitar cualquier noticia a los realista que perjudicaran los objetivos de la expedición, sólo a dos leguas del lugar de destino los oficiales se enteraron de sus posición, viendo estos que no tenían retirada posible, ninguno dudo de su noble resolución de luchar por la libertad hasta la muerte si fuese necesario infundiendo el mismo espíritu a los hombres bajo sus mandos. La  última parte  de la marcha se efectúo por un paraje de permanente bajada llamado Mal Paso, era un camino de herradura en que sólo cabía uno a la vez inclusive en momentos hasta eso era dificultoso, con mucho silencio y calma los patriotas descendieron hasta  llegar a las orillas del río que cruza el valle de Mirave, este era de poca anchura pero torrentoso y algo profundo,  las tropas de Miller se concentran en un pequeño paraje a la orilla del río con orden de mantener el más absoluto silencio para no alertar a los realista que se les sabía muy cercanos.

 Mirave, [24] era un villorrio,  alegre y pintoresco, estaba situado en una hondonada sobre una pequeña planicie en la unión de la quebrada o valle de Ilabaya con la "Quebrada Seca" que nace de las alturas de Sausane. Con un clima suave tenía una pequeña iglesia donde se veneraba las imágenes de la Virgen del Rosario y a San Juan de Dios, el humilde poblado tenía una cincuentena de viviendas de adobe con techos de paja brava o con totora, también había algunas chozas de carrizo, Mirave albergaba unos quinientos habitantes, su producción eran viñedos, huertas frutales, hortalizas alfalfa y maíz, las plantaciones circundaban el poblado, el camino seguía aguas abajo.

Los realistas confiados de la lejanía de las tropas insurgente habían organizado su vivac con toda holgura, disponiendo las guardias mínimas, sin embargo por la imprudencia de un oficial patriota, que había sido comisionado con cinco soldados y cinco cívicos para reconocer el terreno y fijar las posiciones que se encontraban los realistas, anunció inesperadamente en la madrugada  del 22 de mayo de 1821 la presencia revolucionaria en el valle. Esta avanzada por su excesiva audacia  al introducirse al valle que aun estaba a oscuras, toparon con un piquete realista encargado de custodiar unos cuatrocientos animales entre caballos  y mulas que pastaban en una acemilería.

En la escaramuza un oficial  español de apellido Collao y dos soldados fueron hechos prisioneros pero hubo algunos que lograron escapar y dieron la alerta, producto de la sorpresa, de la oscuridad, las fuerzas de La Hera  rompieron un fuego vivísimo pero de muy poca precisión para fortuna del piquete de exploración, uno de los cívicos que andaba muy cerca del enemigo fue hecho prisionero el resto después de responder el fuego de fucilería unas tres veces se retira por la misma senda que habían recorrido, más con espanto que con audacia, lo que provoco cierta hilaridad en el campamento patriota.

Al advertir Miller los fogonazos y  las detonaciones  de la fucilería, los que eran amplificados por la caja de resonancia que  formaba los cerros y la quebrada; imparte ordenes para evitar que cundiese el pánico entre sus huestes, la que gracias a la capacidad de los oficiales se comportan como la circunstancia lo requerían. Son llevados ante el jefe patriota los prisioneros españoles de quienes saca la información precisa para organizar un ataque rápido sin dar tiempo a reflexionar  y organizar nada a los jefes realistas. Los tambores comienzan batir a calacuerda, las cornetas tocaban sin cesar su electrizante llamado al combate, los primeros en estar listo al ataque fue la caballería dirigida por el comandante Soler, seguida inmediatamente por la infantería  que avanza a paso redoblado en columna,  se intenta una carga de la caballería aun en las penumbras antes de la amanecida, esta carga se vio parada por el río, el capitán  Hill  con diez audaces marinos, que se habían sumado a las fuerzas expedicionarias con la autorización del Almirante Cochrane,  fueron los primeros en cruzar el río, la caballería logra salvar el torrente y carga con toda fuerza  sobre el punto que provenían los disparos realistas, pero es rechazada, teniendo que reorganizarse en el vado, una partida de coheteros a cargo del capitán Hind fue destacada en un pequeño lomaje a la izquierda de las fuerzas realistas con la misión de llamar la atención de los soldados del Rey, con el mismo objeto se mando una partida de infantes al ala derecha, los objetivos tácticos  se cumplieron plenamente ya que los realistas mantuvieron un fuego cerrado sobre estos dos puntos  sin provocar mucho perjuicio  a los estoicos destacamentos patriotas que respondían  con vivacidad el fuego enemigo; Miller con el grueso de la tropa permaneció en el bajo del valle sin  ser visto por el enemigo a pesar de estar a tiro de fusil, gracias a la existencia de unos matorrales y a la oscuridad reinante; en este lance  los infantes patriotas cruzan el río en la grupa de los caballos, al capitán Hill se le destina a ocupar un pequeño bosquesillo muy cerca de los parapetos improvisado de los realistas que no atinaban a moverse de sus posiciones, las ordenes para el valiente marino  y sus hombres era que se mantuviese en esa posición a como diera lugar sin disparar un tiro pero sin dejar pasar  a ningún enemigo, mientras Miller organizaba su infantería, el capitán Plazas con su destacamento fue el primero encargado de romper los fuegos contra el enemigo que se encontraba parapetado en las innumerable pircas de piedras  que servía de cercos a las sementeras. El valiente capitán Plaza, que poseía un especial buen humor, avanza con sus hombres sobre los españoles, estos no sabían  que sus enemigos ya habían cruzado el río, la sorpresa permitió desalojar a estas fuerzas  de las primeras posiciones  obligándolos a refugiarse en una segunda línea donde responden al fuego patriota, la escaramuza de este sector se mantuvo por el resto de la noche, en la maniobra perdieron la vida un oficial y diecisiete soldados  defensores de la Independencia.

Mientras ocurrían estos hechos Miller se desplaza con el grueso de la  infantería a una meseta para preparar el ataque principal a las primeras horas del día, mientras se mantenían el intercambio de disparos los insurgentes tuvieron tiempo de permitir al ganado pacer a sus anchas en este paraje, los soldados con sus fusiles a entrepierna y bayoneta calada descansan en permanente alerta, cuando los crepúsculos del amanecer comenzaron a clarear a la vistas de las primeras filas patriotas se veían  claramente los  morriones de los soldados realistas, con esto el comandante patriota ordenó tomar una nueva posición a su infantería que fuese mas favorable al ataque, esta maniobra se realizo en perfecto orden y silencio no siendo percibida por los españoles, la caballería hizo lo propio, descansada  y alimentada formó junto a la infantería una  línea paralela a las fuerzas  del Rey, los contrincantes estaban al iniciarse la batalla a dos tiros de fusil esa madrugada del 22 de mayo, el campo de la lid era de unos 800 metros de ancho por unos 1500 de largo, el comandante  Miller dispone rápidamente el ataque no dando tiempo de reacción a las fuerzas de La Hera; el ataque fue tan brioso, disciplinado y corajudo, seguido siempre por el chivateo de guerra típico de la guerra de Arauco, que hizo retroceder a los infantes realistas a sus posiciones iniciales donde había acampado durante la noche; la infantería patriota y la caballería comandada por Soler empujan a sus adversarios hasta la extremidad de una meseta que se encontraba cortada por un barrancón que daba al río, aquí la resistencia de los realista se prolongo por espacio de una hora pero fue inútil. Las fuerzas del coronel La Hera fueron diezmadas aquella mañana 90 muertos 180 prisioneros en su mayoría heridos fueron las bajas anotadas, alcanzaron a escapar unos 160 soldados con unos 120 caballos, en poder de los patriotas quedaban unas 300 bestias entre caballos y mulas.

Cuando recién terminaba la refriega se presento en el campo de honor las tan anheladas fuerzas de La Paz y de Puno, las que pretendía cruzar el río por el mismo vado que lo habían hecho los patriotas, con la diferencia que lo hacían  a la luz del día y con un ejército al frente en armas. El coronel Miller manda dispararles unos cohetes y hace una amago de ataque, acciones que obligan a contra marchar a las fuerzas de refrescos de los realistas,  con cierto desorden se efectúa la retirada de los recién llegados combatientes, lo que aprovecha Miller para enviar la caballería en su persecución provocando la desbandada generalizada de los enemigos de la causa patriota.

En esta acción de Mirave los soldados del 4ª Batallón de Chile demostraron  ser excelentes infante orgullosos herederos de sus antepasados españoles y mapuches que ya se enfrentaban por tres siglos en las guerras de Arauco, se destacaron por su valor celo y amor a la patria en esta acción los capitanes  Maruri, Aramburú y Azarga, también se destacaron por su valor y celo en el cumplimiento del deber los tenientes Domínguez, La Tapia, Vallejos, Suares y Correa, también tuvieron  una actuación destacada y heroica el capitán de marina Hill y capitán Hind estos dos últimos ingleses al servicio de la causa americana,  en  Mirave muere  el cirujano particular de lord Cochrane, Mr. Welsh quien voluntariamente había ofrecido sus servicios para acompañar al coronel Miller y sus hombres; el fallecimiento de este medico provoco gran consternación entre los rudos soldados que reconocían en el cirujano sus dotes de abnegación y humanidad.

Las fuerzas patriotas siguieron en la tarde del 22 de mayo  la persecución de los pocos soldados realista que habían logrado escapar  hacia Moquegua, cuando ya caía el crepúsculo llegan las avanzadas patriotas  a Locumba donde hacen un alto para reagrupar las tropas triunfadoras de Mirave y dar un merecido descanso a los hombres que ya a esas horas estaban extenuados por la batalla y la larga persecución a las vencidas tropas realistas, en esta localidad las fuerzas expedicionarias fueron recibidas con gran alborozo por  los habitantes de Locumba, estos había adscrito a la causa patriota desde las primeras manifestaciones de  1810, por lo que concurrían ante los agotados soldados con víveres  y distintas raciones de alimentos, satisfechos  los esforzados soldados en su  carpanta  se les otorgo tres horas para dormir en tan acogedor lugar.

El  día 24 de mayo en la mañana, después de una penosa marcha, llegan las fuerzas patriotas a Moquegua [25] que por esa época contaba con unas tres mil almas, su  arquitectura urbana de características muy hispana, la mayoría de sus casas tenían el típico techo de "mojinete", en el conjunto urbano destacaba la iglesia de Santo Domingo, lugar santo donde descansan desde  el 8 de octubre de 1793 los restos de santa Fortunata. Las fugitivas fuerzas realistas sólo habían llegado unas tres horas antes de la entrada de los patriotas al pueblo de Moquegua, el coronel La Hera ignorante de la proximidad de sus adversarios continuó hacia Puno dejando una pequeña fuerza a retaguardia. El primer patriota en entrar a Moquegua fue el teniente  Vicente Suares con unos 20 Dragones, los que al momento empiezan a escaramucear con los españoles, estos, se retiraban en orden, el enfrentamiento entre las avanzadas patriotas y la retaguardia realista dio tiempo para que llegase el comandante Soler con el resto de la caballería, el jefe patriota organiza una carga a una media milla de distancia a las afuera del pueblo, provocando la derrota absoluta de la retaguardia de La Hera, en la refriega murió un oficial español y 13 soldados realistas el resto fue hecho prisionero, el gobernador de Moquegua en esa época era el coronel Portocarrero quien  se pasó a las fuerzas patriotas.

Moquegua recibió  en forma afable a las tropas patriotas comandadas por el coronel Miller, estos pobladores facilitaron los medios en forma voluntaria para que los soldados se recuperaran de las duras jornadas vividas desde la salida de Tacna el recién pasado día 16 de mayo, la permanencia de Miller y su ejército en Moquegua les permitió recuperarse física y moralmente, las optimas condiciones  del ejército patriota no podían ser mejores para continuar combatiendo a sus adversarios realistas. El 25 de mayo los jefes patriotas se enteran que unos trescientos realistas comenzaban a concentrarse  en las alturas de Torata a unas cinco leguas al interior de  Moquegua, estas fuerzas partidarias del Rey eran los remanentes sueltos que habían quedado después de la batalla de Mirave, en su mayoría perteneciente a los contingentes enviados por el general Ramírez que provenían de Puno y La Paz.  Miller dispuso la salida de unos 140 infantes montados en mulas y de una partida de caballería para dar batalla a la concentración realista de Torata, las tropas enviadas por Miller llegan a su objetivo después de 12 horas de marcha, el  día 26 de mayo. Sin que  los realistas presumieran la cercanía de sus adversarios reposaban y daban de pastar al ganado, el coronel La Hera desaprovecha de este modo las ventajas tácticas que hubiese  obtenido  usando la cuesta de las Angeles como atalaya, la que virtualmente es considerada una fortaleza inexpugnable para un general con un poco de conocimientos del arte de la guerra. Al presentarse las tropas patriotas por sorpresa en el llano de Torata, los hombres de La Hera apenas alcanzan a ensillar y ponerse en retirada pero a dos leguas  de distancia  del primer lugar de contacto, los patriotas les dan alcance, haciendo prisioneros a la mayoría y dispersando al resto, quedando en plena derrota  una vez más las tropas defensoras de la dominación hispana.

El 29 de mayo  los triunfadores de Torata están de regresos en Moquegua, son recibidos con gran algarabía por la población y por sus compañeros que había quedado de guarnición en la ciudad, la posición militar de los expedicionarios no era  de lo mejor y se exponían a un ataque realista más numeroso que no podrían resistir, además las tercianas nuevamente comenzaban a perseguir a los contingentes patriotas por lo que el coronel Miller después de un consejo de guerra  decide iniciar la retirada hacia Arica, el 4 de junio dispone el desplazamiento de sus fuerzas hasta La Rinconada a unas 5 leguas aguas abajo de Moquegua, el mismo día se entera que  el coronel La Hera rearmado y con refuerzos enviado por Ramírez desde el altiplano baja de Candarave por Tarata  a Tacna con el fin de cortar la retirada de la expedición, asimismo El general Ramírez se acantona en Arequipa con unos 900 hombres con el fin de caer sobre Miller aprisionándolo entre él y las fuerzas de La Hera que bajaba a Tacna.

El 7 de junio  el mando patriota  dispuso la marcha de la infantería hasta el valle de Locumba,  el 8 de ese mes se concentraba  la totalidad de las fuerzas patriotas en Sitana, pequeño poblado del valle a dos leguas de las pampas de Camiara, lugar que años antes se habían batido las fuerzas patriotas de Enrique Paillardelle con los realistas enviados desde Arequipa por el Intendente José Gabriel Moscoso, sólo quedaba a retaguardia patriota una partida encabezada por el teniente La Tapia que tenía ordenes de acercarse lo que creyese prudentes hasta lo más próximo a Arequipa [26] , desde Sitana  el 10 de junio el grueso de las fuerzas expedicionarias patriotas  continuaron su retirada desplazándose con destino al valle de Sama, mientras que Miller con una partida de caballería se dirige transportando a una treintena de enfermos para ser embarcados  en tres pequeñas naves enviadas desde Arica  a Ilo por Lord Cochrane con el propósito de auxilio en caso de ser necesario,  después de cruzar un sinuoso desierto el puerto de Ilo les pareció  una gran ciudad, a pesar de que por esos años sólo era un lugar de pescadores con unas cuantas casa de adobe principalmente y algunas chozas pero que brindaban buen refugio a los sedientos y cansados viajeros toda vez que la caravana era integrada por un número importantes de enfermos, una vez verificado el  embarque de los indispuestos soldados y recibidas la correspondencia enviada por el  Almirante, el jefe patriota da algunas recomendaciones al alcalde del puerto y se retira con su partida de caballería al encuentro de la división  que le espera en el valle de Sama.

Las fuerzas patriotas entran en gloría el 14 de junio a Tacna siendo recibidas con gran afecto por sus habitantes dando muestras de orgullo por el comportamiento de sus hijos en la incursión a tierras Moqueguanas, los que habían integrado el "Batallón de independientes de Tacna", el coronel Miller  hace cuartel en  Tacna desde donde envía  una partida de guerrilla para intimar la rendición al gobernador de Tarapacá, mantiene una avanzada en Moquegua y otra en Ilo manda una avanzada a doce leguas de Santiago de Machaca en el Altiplano manteniendo un control de 100 millas de largo de sur a norte por treinta de este a oeste, en estas posiciones encuentra el armisticio de Punchauca a las tropas expedicionarias de la incursión de Almirante Cochrane a  los puertos intermedios; recibida la noticia  del armisticio por el Lord,  este se  da vela al norte el 2 de julio para entrevistarse con San Martín.

Las fuerzas patriotas fueron aumentadas en el transcurso de las operaciones producto de la deserción realista como del sentimiento patriota  que crecía día a día en la juventud de los poblados que  entraban en contacto con los revolucionarios, como también el parque se aumento considerablemente con las armas que habían sido posibles capturar a los realistas; sin llegar ha ser suficientes para mantener las posiciones logradas por mas tiempo. Los objetivos de lord Cochrane cuando se aproximo a las costas de Arica en mayo era mucho mayor que el de hacer una mera incursión con algunas escaramuzas contra de las fuerzas leales al Rey, el comandante en jefe de la Escuadra chilena en reiteradas oportunidades  solicito al gobierno chileno los recursos necesarios para proseguir con toda la operación realizada entre Arica y Moquegua llegando a afianzar la conquista estos territorios con la captura de Arequipa, sin embargo su peticiones no fueron atendida perdiéndose la inmejorable posición de las fuerzas comandadas por el coronel Miller al iniciarse el armisticio.

Antes del fin del armisticio el coronel La Hera  avanzó con mil hombres desde Santiago de Machaca localidad ubicada en el Altiplano cercano al lago Titicaca, por Candarave, Ilabaya, tomando posesión de Moquegua, la justificación dada por los realistas a esta maniobra fue la requisición de trigo de propiedad española, efectuada por lord Cochrane en el puerto de Mollendo durante la suspención de armas.

El jefe Español anuncia el 15 de julio la reanudación de las hostilidades, ante este nuevo escenario el coronel Miller  llama a todo los destacamentos  dispersos a lo largo  y ancho del Partido de Arica, concentrando sus tropas en Tacna, una de las primeras medidas que toma es el traslado de los enfermos a la ciudad de Arica, además son enviado la mayor cantidad de pertrechos precaviendo una larga resistencia antes de reembarcar en el puerto, se mando llamar a los transporte que se encontraban en Ilo, pero estos no pudieron llegar a destino  por que sus capitanes no pudieron ganar el barlovento, dejándose llevar a sotavento regresaron al norte.

Ante el inminente abandono por parte de las fuerzas  patriotas de la zona, muchas familias que habían abrazado la causa de la independencia, negándose a someterse al yugo español y temerosos de las represalias por parte de los del partido del Rey,  emigraron para el norte  a ponerse al amparo del general San Martín, entre los emigrantes se contaron la familia moqueguana de don Agustín Zapata, las tacneñas Landa,  Lazos y De Potrillo y muchas otras que embarcaron por el puerto de Arica; muchos se resignaron a quedarse por falta de medios o simplemente por el sentimiento de defender sus heredades como don Enrique Solar, don Nolberto Boteler ambos habían  dado con esmero  servicios y destinos a las fuerzas expedicionarias. El 19 de julio la infantería patriota marcha desde Tacna  a Arica, dejando en el hospital de la ciudad a diez soldados que por su condición de salud era imposible el traslado, mostrando estos un gran estoicismo al saber lo que tendrían que enfrentar a la entrada de los realistas, el 20 de julio parte de Tacna la caballería y los últimos soldados patriotas encabezados por el coronel Miller, la despedida del pueblo de Tacna fue de gran emoción y sentimientos patrióticos, el pueblo tacneño se volcó al paso de las tropas acompañándolos hasta las afueras de la ciudad camino a Arica, desapareciendo las huestes revolucionarias en el horizonte sólo acompañados por los ecos de los últimos vivas a la patria, unas cuatro horas después de estos acontecimiento ingresó el coronel La Hera con las falanges realistas tomando posesión de la ciudad.

Las tropas del coronel Miller  demoraron trece horas en cubrir la distancia desértica de once leguas que separa Tacna del vado de Chacalluta, lugar donde se armó el vivac para dar descanso a los extenuados soldados después de la dura caminata por las salitrosas pampas de "Los Palos", "Escritos" y "Chacalluta". El vado esta ubicado al inicio del estuario del río Lluta; río Salado o río Azufre como era mencionado por los años de la revolución en algunas cartas confeccionadas principalmente por geógrafos ingleses o franceses. En la época del año en que ocurren los acontecimientos narrados, el flujo de agua, considerando torrentes en zonas desérticas, es de regular intensidad, normalmente el Lluta  tiene en su cause entre los meses de abril a junio  un promedio de 906 Ltrs./seg. ; este río es uno de los pocos que lleva el vital  líquido  durante todo el año hasta el mar, pues, la mayoría  de los ríos de esta parte de Sudamérica terminan consumiéndose en las arenosas cuencas sin  lograr llegar al océano, con excepción del periodo de las lluvias estivales de la alta cordillera.

El vado de Chacalluta era un lugar donde confluían las caravanas que bajaban del altiplano por el valle de Lluta y las que usaban la ruta de Tacna. Este paraje era un remanso en el desierto donde crecían Chilcas, Chingoyo, Colas de Zorro, Junquillos, Totoras y otras especies vegetales, había algunas extensiones cultivadas con alfalfa que proporcionaban forraje a los animales, se cultivaba maíz el que era parte importante de la dieta humana  de la comarca;  las aguas del Lluta son algo salobres pero que permiten  saciar la sed de los animales, para el consumo humano se utilizaban filtros confeccionados en piedras volcánicas o en tinajas de greda cosida, en este lugar que parecía idílico en medio del desierto los patriotas recuperaban fuerzas incluso algunos  soldados con las enseñanzas  de los lugareños concurrieron a la playa cercana para extraer "machas" (molusco bivalvo comestible) otros extrajeron el apetecible camarón, abundante  en este río.

 El coronel Miller y parte de su Estado Mayor continúan viaje a Arica distante a dos leguas de Chacalluta para  preparar el reembarco de los expedicionarios. Mientras tanto el coronel La Hera con sus oficiales convencidos por los vecinos de Tacna que el jefe patriota  estaba decidido a ofrecer una seria resistencia batiéndose en el campo de honor, tomo la decisión de hacer descansar su mesnada por  unas 24 horas, ya que venían extenuados luego de la larga jornada de travesía por los desiertos que separan  Moquegua de Tacna, este tiempo  fue fundamental para que los patriotas lograran su objetivo de reembarcar para el norte.

Miller contaba con tres pequeños barcos para embarcar su tropa los que eran escasos, pues, como  se ha dicho las fuerzas expedicionarias habían aumentado considerablemente con los voluntarios y algunos prisioneros patriotas de campañas anteriores que habían sido rescatados  de los realistas en el transcurso de la incursión; como era de esperarse el gobernador de Arica coronel Gago hacia todo los esfuerzos para dificultar la retirada de las fuerzas patriotas, para ello había enviado a dos emisarios a bordo de una  goleta estadounidense de trescientas toneladas que se encontraba surta en la bahía [27] , la misión encomendada por el gobernador Gago a los emisarios  fue confirmar la neutralidad del capitán, ya que Estados Unidos no era país beligerante en el conflicto de las colonias hispanoamericanas. El capitán recibió de buen agrado lo propuesto por Gago ya que se encontraba muy disgustado por el embargo que había sufrido por parte de la flotilla del Almirante Cochrane   en su permanecía  en el puerto de Arica.

Al aproximarse Miller y su Estado Mayor con una pequeña partida de caballería las autoridades realista de Arica abandonaron la ciudad dejando el campo libre a los patriotas. Miller informado del acontecimiento aborda sin más retraso y sin escolta la nave estadounidense que se encontraba a punto de zarpar, el jefe patriota ofrece las más ventajosas condiciones para que la nave sirviese de transporte  a su gente en momentos de tanta aflicción, sin embargo estas proposiciones no fueron acogidas en forma obstinada por el capitán de la nave, al pasar el coronel Miller por el alcázar de la nave en animada conversación de convencimiento  reconoce a algunos marineros que habían servido con él en la escuadra chilena, gente que guardaba gran respeto y gratitud por el jefe de la expedición, esta tripulación había seguido con gran interés lo que se resolviera, el coronel inglés al servicio de la causa  de la emancipación les dirige unas pocas palabras a la gente de mar con emoción y respeto por lo  que sensibilizó a su favor a la tripulación, logrando con esto romper el escollo de resistencia que había encontrado en el capitán de la nave, el oficial herido en su orgullo abandono la nave, haciéndose cargo de ella el piloto, este acontecimiento permitió que de inmediato se iniciaran las actividades para el embarque de toda la tropa, el trabajo fue continuo, la escasa población de Arica que quedaba en la ciudad en su mayoría  negros de la "Lumbanga" cooperaban con entusiasmos con los patriotas ofreciendo bebidas calientes y aguardiente para soportar mejor las frías aguas del mar en especial en la noche cuando oficiales y tropas de igual a igual trabajan en el embarque, era necesario enviar a bordo leña, agua dulce,  provisiones de todo tipo, incluido  cincuenta novillos que se despostaron y salaron en tierra para repartirlo  el los buques de transporte, la última lancha salió pocos minutos antes de la entrada el coronel La Hera con su gente al puerto, el embarque se había hecho aun más  dificultoso ante la presencia de unos cien emigrantes que no pudieron dejarse abandonados a merced de los realista, las tropas leales al Rey como a las cinco de la tarde del día 21 llegaban a la ciudad viéndose a esa hora  las primeras avanzadas a unas cinco leguas de Arica.

Antes de zarpar las naves el jefe patriota mando un bote con un parlamentario para solicitar a los jefes realistas humanidad en el trato a los soldados enfermos que habían quedado en Tacna y reclamar humanidad para aquellos que habían  cooperado con las fuerzas invasoras, así a las 2 de la tarde del día 22 de julio de 1821 levan anclas los buques  de la escuadra patriota haciendo velas al norte cargados de orgullo por las heroicas jornadas cumplida a favor de la libertad americana, al revisar los partes de guerra no se puede dejar de destacar el valor y el celo con que se comportaron  cada uno de los miembros de la expedición sin importa la nacionalidad que tenían fuesen ingleses, estadounidenses, europeos argentinos, chilenos e inclusos algunos españoles, lo común era su amor a la libertad de esta América morena, destacan nombres como el coronel Landa, el Capitán Aramburu, el  capitán Carreño, el Teniente Suares, y el auditor de guerra el Dr. José Lazo.

Los miembros de la expedición fueron premiados con el titulo de "A los Bravos de Mirave" leyenda que por decreto se les autorizo llevar en la bocamanga izquierda de sus uniformes, estos soldados chilenos del “4º Batallón de Chile” que dieron gloria a su naciente patria recorriendo en victoria las arenas salitrosas entre Moquegua, Tacna y Arica, tuvieron por legítimos  herederos a los bravos soldados que vestirían de gala  el altar de la patria con laureles de heroísmo, de honor y de gloria, 59 años más tarde en el glorioso Morro de Arica.


Capitulo V

Derrotas del Ejército “Libertador”

·         Expedición a Puertos Intermedios

El Virreinato del Perú  comienza su ocaso definitivo en 1821, este fue un año que marcó el desconcierto en el mando realista, el pronunciamiento de Guayaquil, la perdida de la fragata “Esmeralda”, la posesión de Huaura por parte del ejército Libertador, el levantamiento de Trujillo, la defección del campo realista del Batallón "Numancia" que se incorpora de lleno al bando patriota, fueron alguno de los hechos quizás más relevantes que hicieron que los altos mandos del partido del Rey responsabilizaran del fracaso al Virrey de la Pezuela, culpándolo de timidez e ineptitud para dirigir las difíciles horas que pasaba esta principal posesión española en América. Todos estos acontecimientos impulsaron el cambio de Virrey, el relevo de la autoridad colonial se hizo el 29 de enero de 1821 con la mayor discreción, el pueblo de Lima sólo sé entero cuando fue publicado el bando que mandaba reconocer al nuevo Virrey habiendo sido nombrado el general José De la Serna, la corte aprobó lo obrado con fecha 29 de junio de ese año; de esta manera este alto oficial español se transforma en el 40° Virrey del Perú desde  Blasco  Núñez Vela [28] , y además en el último en ocupar esa responsabilidad. El reemplazo en el gobierno del Virreinato significó para el curso de la guerra la modificación de la estrategia utilizada hasta ese momento; dominando ahora el criterio estratégico sustentado por La  Serna, José Canterac,  Juan Ramírez y  Jerónimo Valdés, entre otros, que consistía principalmente en hacerse fuerte  en el interior del Virreinato aprovechando los recursos que brindaban la Sierra Central y todo el Alto Perú, para desde ahí expulsar al ejército de San Martín que estaba inmovilizado en la costa.

Por otro lado en el bando patriota las cosas no andaban mucho mejor,  a pesar  de la entrada de San Martín el 10 de julio de ese año a Lima y la posterior proclamación de la Independencia el 28 del mismo  mes, el bando patriota mostraba evidencias de agotamiento y mostraba una falta creatividad en el mando, se debatía en la más absoluta vacilación, había discrepancias entre sus altos jefes; la más perjudicial quizás era la fuerte desavenencia que había entre el jefe de la Escuadra, el inglés  Cochrane, con  el general San Martín; las intrigas del almirante Guise en contra de lord Cochrane,  la actitud siempre siniestra e intrigadora de Monteagudo, fueron complejidades que significó alargar la guerra por 3 años más, provocando al final la caída de José de San Martín en septiembre de 1822, terminando la obra de liberación del Perú del dominio español el Libertador Simón Bolívar.

El 26 de abril de 1822 el ministro del "Protector"  general José de San Martín; don José Bernardo De Tagle, marqués de Torre-Tagle, decreta la creación de 11 Departamentos como división administrativa de la nueva república del Perú, esta división respetaba las antiguas Intendencias del Virreinato y tenían por finalidad la elección de representantes para la asamblea constituyente, la Intendencia de Arequipa pasa a denominarse Departamento de Arequipa, así el Partido de Arica formó parte de su jurisdicción, esta designación fue meramente nominal ya que todo el Departamento aún obedecía a la autoridad del Virrey.

Siguiendo el plan estratégico dejado por José de San Martín para las fuerzas patriotas, la Junta de Gobierno decide iniciar la campaña que fue  denominada “Expedición a puertos intermedios”. La Junta Gubernativa era presidida por el Mariscal José de la Mar quien había reemplazado al “Protector” en el mando del Perú.

La Junta de Gobierno de Lima encomienda a un ejército con 4.000 plazas aproximadas iniciar una nueva intentona por dominar Arica, en octubre de 1822 sale del Callao el pomposamente llamado Ejército “Libertador” que ha esas alturas no era más que un espectro del ejército que había salido de Valparaíso con San Martín en agosto de 1819. El comando en jefe de las fuerzas terrestres es asignado al general salteño (argentino) Rudencindo Alvarado, el 60 % de este ejército ya eran reclutas peruanos el resto argentinos y un menor porcentaje chilenos, esta expedición desde sus inicios tuvo que enfrentar un sin número de dificultades las que no cesaron hasta llegar a destino, la principal de estas de estas dificultades fue sin duda alguna la inexperiencia de la mayor parte de sus jefes y oficiales, tanto los de tierra como los de mar.

Después de grandes esfuerzos los expedicionarios logran embarcarse en el Callao rumbo a los puertos intermedios, la escuadra estaba bajo el comando del almirante Martín Gregorio Guisé, esta escuadra   estaba a tan mal traer que a 48 horas de su partida la fragata  “Independencia” tenían sus bodegas inundadas con casi siete pies de agua obligando a  salvar en botes a los 400 soldados que llevaba a bordo, la incompetencia de los oficiales de marina provocan una serie de incidentes en la navegación, lo que no hacia más que confirmar la impericia en el arte de navegar a vela en esta agua del Pacífico, uno de los incidentes que podrían ilustrar la ineptitud de los mandos navales fue  la colisión del “Mackenna”  con la “O’Higgins”, también se podría mencionar como ejemplo de la ineptitud de los mandos de la expedición patriota, la  escasa dotación de agua dulce en los barcos, lo que mostraba el tremendo descuido en que se había caído en el aprovisionamiento de la expedición;  la distancia entre Callao y Arica la hicieron en el extremo de tiempo que representan 57 días de penosa navegación, arribando recién  el 3 de diciembre a la bahía de Arica, los barcos fueron recalando uno a uno en total desorden ya que durante todo el trayecto fue imposible mantener el convoy, los sorprendidos ariqueños miraban con intranquilidad  y estupor estos barcos que se iban posesionando frente a sus costas, presentían que las naos de guerra y transporte que fondeaban frente a su litoral traerían nuevas penurias a los habitantes de la ciudad del Morro pues aún mantenía en la memoria colectiva el día del desembarco del coronel Miller a poco más de un año atrás, cuando se produjo el saqueo de la ciudad, la diferencia del desembarco del inglés,  con la invasión de Alvarado radicó en que este último no se hizo por sorpresa, para fortuna de los ariqueños. Las fuerzas del ejército “Libertador” se vieron favorecidas para sus operaciones militares por que las autoridades  realistas no podían oponer una fuerza importante en el puerto de Arica ya que los esfuerzos de guerra estaban  concentrado en el interior del Virreinato y no en la costa, por lo que cuando fondearon las naves de la escuadra del almirante Guisé en la bahía no hubo ninguna resistencia, la única  dificultad que tuvieron fue su propia ineptitud para realizar un desembarco ordenado y rápido, con esto los habitantes del atribulado puerto tuvieron tiempo suficiente para sacar todos los enceres y especies de valor de sus casas llevándolas al interior de los valles de Azapa y Lluta en un desesperado intento por huir del saqueo y del pillaje que temían que se produjese tal como había ocurrido en el desembarco de Miller, esta maniobra  fue observada desde los buques surtos en la bahía  como si se tratase de algo normal de tiempos de paz, el desembarco sé hizo con tal lentitud que cuando pusieron pie las tropas invasoras en la ciudad, esta se encontraba totalmente despoblada solamente habían quedado  los frailes de San Francisco, los de la Merced y dos curas de San Juan de Dios que cuidaban a cuatro enfermos en el vetusto hospital, la única autoridad civil que quedo fue el Alférez Real don Cayetano  Ramírez de Oviedo  quien rindió la plaza sin resistencia, de esta forma las tropas de Alvarado comenzaron a pisar tierra ariqueña y a ocupar las instalaciones de aduana e instalaciones militares que existían cerca del desembarcadero, también ocuparon  unas rancherías que pomposamente denominaron “instalaciones militares” que existían en la “Pampa del Astillero" y parte de los conventos de San Francisco y de la Merced, haciendo una pequeña guarnición en la isla del Alacrán, el mando del ejército se ubicó en el  todavía inconcluso edificio del Ayuntamiento ubicado al costado norte de la plaza es decir al nordeste de la basílica de San Marcos. Si bien es cierto que en esta oportunidad no hubo pillaje por parte de las tropas patriotas, fue un problema para los residentes de Arica la presencia de 3000 almas, en esos momentos para la ciudad de Arica se estima una población de unos 2500 habitantes, la manutención  de este ejército  por casi un mes de inactividad significo que se le fijasen cupos en víveres a  lo que se estimo vecinos más acaudalados del valle de Azapa y de Lluta y de la Chimba, se enviaron comisiones para cobrar estos cupos a Codpa, Putre y Belén, se les impuso empréstitos forzosos a las familias de los “Trajineros” más afamados del puerto.

El general Alvarado estando ubicado ya en su cuartel general del ayuntamiento de Arica convocó a un Consejo de Guerra a los oficiales de mayor graduación y considerados de mayor experiencia, entre los que se encontraba el coronel William Miller, después de un largo debate y ante la clara pesadumbre del jefe argentino por las responsabilidades de comando que le recaía sobre sus hombros pide el consejo del coronel  inglés, sugiriendo este un plan táctico que contemplaba tomar en el acto la iniciativa ofensiva sobre Arequipa, y de inmediato sobre La Paz o Potosí, destacando la urgencia de no perder más tiempo en la inmovilidad y señalando que una vez tomada la decisión sobre el plan nada lo modificase, es bueno señalar una vez más que este jefe militar a poco más de un año atrás había hecho una acción portentosa en el mismo escenario con una pequeña fuerza de sólo 400 hombres integrada en un 90% por el batallón Nº 4 de Chile que ya orgullosos podían lucir en su bocamanga la leyenda  "A los bravos de Mirave".

El comandante en Jefe Alvarado muy lento en sus decisiones mantuvo sus tropas por 20 días en la costa  para pesadumbre de la población de Arica, durante ese tiempo los patriotas de Tacna mantuvieron relaciones y contactos permanentes con el ejército "Libertador" permitiendo de esta forma que la población de dicha localidad no sufriera lo de la población ariqueña lo que originó a su vez  que las tropas de la Junta de Gobierno fuesen  esperadas como una verdadera fuerza de liberación en la ciudad del "Caplina", sin embargo el tiempo perdido sirvió para que el bando realista  pudiese enviar información a  al General  Jerónimo Valdés que operaba en la zona con unos 2500 hombres y permitió que el general José Canterac se trasladase desde Huancayo a la zona de operaciones con otros 2400 hombres.

La salida de Arica  hacia Tacna del ejército de Alvarado el día 23 de diciembre fue como si partiese a un ejercicio de campaña, daba la impresión que volverían al atardecer a sus cuarteles ariqueños y no mostraban  ni la fuerza ni el espíritu aguerrido del inicio de una acción bélica verdadera, las tropas patriotas toman  el camino real que pasaba por las "Chimbas", "Chinchorro",  para perderse en las arenas de Chacalluta, llamando la atención de los partidarios del bando del Rey que las fuerzas expedicionarias dejaran gran parte del parque y vituallas en Arica, estuvieron en permanente estado de observación por si se producía algún movimiento en este aspecto logístico tan vital para cualquier ejército, pero nuca se produjo el traslado; las fuerzas patriotas solamente recogieron los víveres que en Tacna habían acopiado los partidarios de la Independencia ayudando con esto a la  manutención del la tropa y los caballares. Alvarado solo el 12 de enero de 1823 dispone el avance de sus fuerzas para ir  en pos de la aniquilación del ejército del general español Jerónimo Valdés, la incapacidad militar de los destacamentos patriotas era tan grande que el día 15 de enero la vanguardia  de  Alvarado comandada por el general argentino  Enrique Martínez  tuvo la oportunidad de capturar a Valdés quien se había aventurado con una pequeña  avanzada hacia la costa moqueguana, la falta de capacidad  militar del argentino permitió que el español y su pequeña falange pudiese refugiarse en las inexpugnables posiciones de Torata, el comando patriota erró al refugiarse en Moquegua, quedando en la incomoda posición de tener inevitablemente que ejecutar un asalto sobre Torata para evitar la conjunción de las fuerzas de los generales españoles  Canterac y Valdés, así se dispone el plan de batalla para el día 19 de enero, las tropas del ejército "Libertador" fueron estrepitosamente derrotadas quedando de manifiesto las precarias condiciones de mando y organización que tenían, lo demuestra el hecho  que recién en ese momento se percataron  de la importancia del traslado del parque junto con las tropas, lo único rescatable de la infausta jornada para los patriotas fue el valor demostrado por un  cuerpo peruano de reciente formación, las tropas patriotas se repliegan en completa derrota hasta Moquegua en las penumbras de la noche, se estima que las bajas de las fuerzas emancipadoras ascendieron a unas 600.

El 21 de enero las fuerzas de Canterac y Valdés ya reunidas se despliegan a las afueras de Moquegua, presentan batalla en forma muy ventajosa facilitado el triunfo realista además por los errores tácticos cometidos por el general argentino Alvarado, concluyendo con una desbandada generalizada de las fuerzas  de liberación y con esto fenece definitivamente el ejército "Libertador", no retornaron a Lima más de 800 soldados de los 3500 que habían desembarcado en el puerto de Arica el 3 de diciembre de 1822.

 

La Junta Suprema Gubernativa del Perú, comisionada por el Soberano Congreso Constituyente

Por cuanto: él mismo ha decretado lo siguiente:

El Congreso Constituyente del Perú:

Atendiendo el acrisolado patriotismo que han manifestado las heroicas tropas del Ejército del Sur a favor de la Independencia, el arrojo y  valentía demostrado por la defensa del estandarte de la libertad, la necesidad de perpetuar para gozo de las futuras generaciones el arrojo y triunfos de tan dilectos hijos de la Patria en la  "Expedición a Puertos Intermedios"; Ha venido en decretar y decreta:

            Art. 1º Erigir un monumento conmemorativo a los triunfos y a los servicios cumplidos con la Patria por el "Ejército Libertador del Sur"

            Art.   2º Ubíquese el monumento frentes a las costas del Puerto de Arica, lugar de inicio de sus glorias.

            Art. 3º Queda autorizada la Suprema Junta Gubernativa para expedirle el despacho correspondiente.

Tendréislo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento mandándolo a imprimir, publicar y circular.

Dado en la sala del Congreso, en Lima, a 19 de enero de 1823. - 4º de la Independencia.- 2º de la República.

Hipólito Unanue, Presidente.-  Gregorio Luna, Diputado Secretario.-  José Sánchez Carrión, Diputado Secretario.

Por tanto:

Ejecútese, guárdese, cúmplase en todas sus partes por quienes convenga. Dará cuenta de su cumplimiento el Ministro de Estado en el Departamento de Gobierno.

Dado en el Palacio de la Junta Gubernativa, en Lima, a 20 de enero de 1823. - 4º de la Independencia.- 2º de la República.

JOSÉ DE LA MAR.-  Felipe  Antonio Alvarado.- Manuel Salazar y Baquijano.-

Por orden de S.E.     Francisco Valdivieso.

 

Así la Junta Gubernativa del Perú quiso perpetuar triunfos que aun no ocurrían, olvidándose ante tanta exaltación patriótica  que las acciones heroicas son conmemoradas  y  juzgadas con posterioridad a su ocurrencia es decir sólo sancionadas por la historia. Como ironía histórica el despacho de esta ley  ocurrió el mismo día que eran estrepitosamente derrotadas las tropas guiadas por el argentino  Alvarado al que se le presumían en triunfos, el otro hecho anecdótico es que el día anterior es decir el 18 de enero de 1823 se había despachado otra ley en la que se le otorgaba el titulo de Villa a la ciudad de Tacna como premio a su ímpetu patriótico de 1811.

·         Desembarco del Mariscal Santa Cruz  en Arica

Arica vuelve nuevamente a la administración virreinal, y sus habitantes más empobrecidos inician la reconstrucción de sus habituales actividades económicas relacionadas con la agricultura, puerto y traslado de mercancías y  de minerales hacia y desde el Alto Perú. Esta tranquilidad duraría solo algunos meses porque nuevamente una incursión de las fuerzas patriotas se haría presente en las costas ariqueñas, en esta oportunidad la invasión de las fuerzas  patriotas se produce en junio de 1823, cuando el nuevo gobierno del Perú encabezado en esta oportunidad por el coronel de milicias  José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete dispone la "Segunda Expedición a Puertos Intermedios", en esta oportunidad con la jefatura en jefe del General Andrés de Santa Cruz y  como jefe de estado mayor al Coronel Agustín  Gamarra.

Esta expedición se embarcó desde el Callao a mediados del mes de mayo, siendo este esfuerzo bélico  financiado por un empréstito obtenido en Inglaterra y dineros facilitados por el gobierno de Chile, el plan de guerra de los patriotas se basaba  en el aprovechamiento  de la división que tenían los realistas desde el punto de vista geográfico, a pesar de que en conjunto eran fuerzas muy superiores las distancias que los separaba daba la oportunidad  de batirlos uno a uno; La Serna estaba en Sicuani; Carratalá, en Arequipa; Olañeta, en Alto Perú; Valdés, en Huamanga y Canterac, en Jauja.

 Para lograr el objetivo de batirlos separadamente era necesario cumplir con cuatro premisas básicas y estas eran: a) contar a la brevedad con una División  Chilena, la que  se encontraba acantonada en esos momentos en Coquimbo, más la división de Sucre que se encontraba lista ha partir en el Callao, b) el otro elemento del plan consistía en el apoyo de un ejército argentino y de los guerrilleros altoperuanos del comandante "Lanza" con el objeto de inmovilizar a Olañeta, c) el tercer elemento de este plan  era la presencia del general colombiano Valdés en la sierra central para inmovilizar a Canterac; y d) tal vez el más importante era la movilidad del ejército  de Andrés de Santa Cruz para operar desde Arica sobre Arequipa y La Paz.

Nuevamente la ineficiencia de los altos mandos patriotas vio frustrarse el inmenso esfuerzo bélico del pueblo patriota incluidos en esta oportunidad los colombianos,  los argentinos, los chilenos como también  los nativos de las tierras en conflicto.

El almirante Guisé, toma por segunda vez  la plaza de Arica, en esta ocasión lo hace el 13 de junio 1823, la toma de la ciudad  se efectúa en plena tranquilidad por las casi inexistentes fuerzas realista en el puerto, las que se dieron a la fuga al ver el inicio de la operación de desembarco, sin embargo al día siguiente se informa sobre la existencia de un destacamento de caballería realista que se estaba concentrando en el valle de Azapa, esta era una montonera organizada por los habitantes de los pueblos del interior de la Provincia de Arica que encabezaban Julio Butrón y Antonio Pérez, el primero oriundo de Chaca y el segundo de Belén o Putre, ambos veteranos de Moquegua y Mirave, el brigadier Santa Cruz desde el buque almirante comisionó un escuadrón de caballería para hacer frente a esta contingencia, recayendo el mando en el coronel de milicia Carlos Sabálburu, patriota moqueguano de nacimiento y muy conocedor de estas tierras, este distinguido patriota había participado desde los inicios de la revolución junto a su primo el coronel tacneño José Gómez estando presentes en las rebeliones de Zela y en la de Pallardeles, el escuadrón de caballería patriota  compuesto de 260 jinetes emprende su marcha como a las 2 de la tarde por el camino que llevaba a Azapa por el tambo de Saucache, llegando a la hacienda "Buena Vista" giran al Noreste trasponiendo el cerro "Iskka Collo" para enfilar por las pampas de "Pago de Gómez" con el fin de hacer un pequeño descanso en las aguadas  de la hacienda "el Algodonal". Entre olivares, cañas de azúcar,  chañares, chingoyos y chilcas el piquete de caballería patriota descansa con las bridas en manos.  Cuando se aprestaban a continuar  su avance al interior del valle llegan de retorno parte de una avanzada que se había enviado en exploración, la que  informa que había gran número de caballares en el caserío de San Miguel y que en ese punto se estaría formando una concentración realista, las acciones comenzaron como a las cuatro de la tarde cuando a la cuadra del Pago de Gómez las fuerzas patriotas divisó una avanzada de la montonera la que había capturado a parte de los patriotas que habían sido comisionados  en el reconocimiento; la caballería del coronel Carlos Sabálburu forma para iniciar la persecución a los realistas,  a la altura del Alto Ramírez en las pampas de los Albarracines, Butrón y Pérez esperan a los insurgentes con su montonera en disposición de combate, en un cruce al galope tendido rechinan sables y lanzas demostrando gran valor ambos bandos en el combate sin embargo por el mayor número y mejor disciplina termina imponiéndose las fuerzas  patriotas. Las acciones ordenadas por parte de Sabálburu se hicieron  con gran prontitud lo que permitió la rápida captura a los montoneros logrando además la capturar 139 caballares y 203 mulas;  de esta forma concluyeron las incipientes actividades montoneras realistas en las pampas del cercano poblado de las Maitas.

 Una vez despejado lo que se supuso eminente peligro para el comandante en jefe de la expedición, el 17 de junio de 1823 desembarca el General Andrés de Santa Cruz con el grueso de su ejército el que ascendía a 4.500 efectivos,  La llegada del general de origen Alto Peruano estuvo llena de pompa, desde el recibimiento del obispo De La Encina que los habitantes de Arica no veían una ceremonia con tanta fastuosidad, a las 11 de la mañana de ese día las tropas forman una guardia de honor frente a la basílica de San Marcos, se cuidaron todo los detalles para recibir al General con una reunión en el cabildo y un Te Deum posterior, Andrés de Santa Cruz llega al embarcadero encabezando de pie uno de los botes de desembarco en actitud de conquistador, es seguido por un contingente de unos 120 hombres vestidos a  la usanza de la Gran Guardia napoleónica, toca tierra firme el general en jefe y después de recuperar su compostura casi para el bronce y terminadas las maniobras de varadero; la banda de músicos irrumpe con sones  marciales al parecer de corte francés, el alto jefe militar hace el recorrido a pie entre el varadero y el atrio de la iglesia, acompañado de su estado mayor el que es encabezado por el general Agustín Gamarra, la presencia del futuro Mariscal  de Zepita, concitaba la admiración y curiosidad de los ariqueños que se apilaban para ver tan pomposa ceremonia, llevaba el general un vistoso uniforme de gala de corte y estampa napoleónico; botas altas granaderas; casaca de fino paño negro bordada con hilo de oro; pantalones blancos; cinturón con borlas doradas;  espada con empuñadura de oro y charreteras altas. Andrés de Santa Cruz  era de mediana estatura, sus rasgos de mestizo eran notorios, era descendiente de la casica Calahumana y de emigrante español,  su tez morena pálida, ojos almendrados  de mirada brillante e inquisitiva, de faz lampiña, era de gesto adusto y rara vez reía, de inteligencia rápida, pragmático y organizado, según descripción de sus contemporáneos.

De las cuatro premisas básicas que debían cumplirse para el éxito de la expedición, solo la cooperación de Lanza y sus guerrilleros en el alto Perú y  el desembarco de la División Sucre en Chala y Quilca para apoderarse de Arequipa se cumplió, el General Santa Cruz en vez de atacar prontamente a Carralatá o al Virrey como lo indicaban las circunstancias, se inmovilizó en las costas ariqueñas, que al parecer les daban más seguridad y comodidad a los jefes patriotas, además, en vez de conservar sus fuerzas reunidas como se le había instruido las dividió entre él y Agustín Gamarra. Otro suceso que tuvo trascendencia en el fracaso de la expedición fue el nombramiento  de Antonio José de Sucre por parte el Congreso Peruano como Jefe del Poder Militar, con amplias facultades y con prescindencia del presidente Rivas Agüero, nombramiento ocurrido el 19 de junio, este hecho motivo la natural desconfianza del general Santa Cruz, sentimiento que jugaron un papel  fundamental en la acción emprendida  contra Olañeta.

Sólo a mediados de agosto el general Santa Cruz comienza a movilizarse para ir al encuentro de Olañeta, el 25 de ese mes de 1823 se produce la batalla de “Zepita”, más propiamente esta tuvo lugar en las pampas de “Chua-Chua”. El general de origen Alto Peruano obtiene un efímero triunfo sobre las tropas realistas en esa localidad la que esta ubicada en lugares de  los antiguos dominios del “Wiracocha”, deidad de los “Collas”, a 140 Km. de la ciudad de Puno, en medio de una pampa con un paisaje agresivo y desolador, frente al dilatado panorama del lago Titicaca; espacio rodeado de cerros que tienen por característica una especial tonalidad rojiza por la presencia de rocas arenisca, aquí se encuentra a orillas del lago el templo colonial de san Pedro de Zepita [29] .

Antonio José de Sucre estando en Arequipa toma conocimiento de la victoria de las fuerzas patriotas, viendo con la claridad de su indiscutible capacidad militar con ponderación y mesura este efímero triunfo  de Santa Cruz, percibe nítidamente que  el enemigo mantenía aun su poder y además ve que si se lograban conjuncionar los ejércitos españoles  de Olañeta con los de Valdés  o Carratalá, el general Santa Cruz y sus hombres estarían perdidos; además el Mariscal de Zepita había cometido el error  táctico de separar sus fuerzas a pesar de las advertencias en contrario que se le habían dado. Sucre reiteró su intención de unírsele, pero el orgullo y la vanidad le fueron malas consejeras a Santa Cruz  por un motivo u otro le rehuyó al colombiano, al parecer Santa Cruz pretendió  coronarse él  solo con los laureles del triunfo que creyó seguro. Sucre viendo inminente la conjunción de las fuerzas realistas y que estas caerían sobre Santa Cruz salió hacia Puno dejando sólo una pequeña fuerza de defensa en Arequipa, la "Ciudad Blanca". En Apo antes de llegar a Puno, Sucre se entera de la derrota de las fuerzas de Santa Cruz en las cercanías del río Desaguadero, el general venezolano contramarcha a Cangallo para facilitar  la unión con los disperso y de ahí bajar a Arequipa,  consiguió su objetivo, aunque sin mucho valor táctico ya  que sólo consiguió reunir a un mínimo de las tropas fugitivas que días antes triunfaran en Zepita, la mayoría de los dispersos se desplazó a Moquegua. Desde Arequipa Sucre toma la decisión de partir a Moquegua para conferenciar con Santa Cruz, el futuro Mariscal de Ayacucho se hace acompañar sólo con un destacamento, su objetivo era el de ver la posibilidad de combatir aun, pero el desastre era tan grande que del gran ejército que partiera con tantas esperanzas desde Lima solamente había quedado reducido a no más de 1.200 hombre la mayoría desarmados y desmoralizados, por lo que era evidente que ya no constituían una fuerza militar, en consecuencia no que vio otra alternativa que  estimular el embarco, el que se verifico casi como una verdadera escapada, una pequeña parte de las mesnadas patriotas lo hizo por Ilo y el grueso de los sobrevivientes del pomposo ejército de Andrés de Santa Cruz y de su jefe de Estado Mayor Agustín Gamarra  reembarcaron por Arica, los soldados que llegaron al puerto de la ciudad del Morro eran verdaderos espectros diezmados por la sed y por la larga marcha a través del desierto, además habían sufrido del hostigamiento casi permanente de las avanzadas de la caballería realista la que sé aventuraba en persecución de sus adversarios empujándolos hacia la costa.

Desde Moquegua Santa Cruz con su Guardia y algo más de caballería se dirige a Oruro con el fin de lograr alguna ventaja táctica sobre los realistas, aprovechando las disputas que habían surgido entre los jefes del partido del Rey.

El 8 de septiembre Simón Bolívar, que recién había  llegado al Perú  el 1º de ese mes de 1823, envía una carta al general Santa Cruz en su calidad de suprema autoridad militar, conforme a la embestidura que le había otorgado el Congreso encabezado por Torre Tagle, en la misiva el General venezolano le participa la intención que tenía  de ocupar la Sierra; posesionándose con la mayor brevedad del territorio que abarca desde Pasco hasta el Apurímac señalándole que pensaba estar en el mes siguiente en Jauja o en Huamanga, en parte de lo escrito a Santa Cruz por el Libertador le decía: "...porque estoy impaciente por posesionarme de la Sierra. Como con la diaria salida del sol, cuente usted con esto...", pero el general Santa Cruz no  fue capaz de mantenerse en la zona, teniendo que retirarse  con celeridad antes de ver comprometida su propia humanidad por la potente oposición presentada por las fuerzas de Olañeta. Sin embargo a pesar de la derrota que había sufrido el "Mariscal de Zepita" los ariqueños vieron pasar aun general Santa Cruz lleno de orgullo acompañado de su "Gran Guardia", se calcula que no fueron más de 800 hombres los que embarcaron el 4 de octubre de 1823 en el "Montesuma", el "Protector" y el bergantín "Alejandro" rumbo al Callao,  habían quedado por los derroteros de la expedición que había surcado los caminos desde Arica a Moquegua, desde el Titicaca a Oruro muertos, extraviados o prisioneros 3.700 hombres de los 4.500 que habían salido de Lima.


SEGUNDA PARTE

PRIMER PERIODO REPUBLICANO

 

Capitulo VI

Juramento de la Independencia y la vista del “Libertador

·         Comienzos de la República

                                                                               

Los acontecimientos de octubre de 1823 fueron los últimos hechos bélicos de importancia que conoció Arica de la guerra de la Independencia, su paso de la administración virreinal a la administración republicana se produciría por extinción natural después de Ayacucho en los primeros meses de 1825, así habían pasado 15 años de guerra civil que dejarían una huella imborrable en la sociedad ariqueña y que marcaría un cambio hasta lo mas profundo de su estructura humana durante el siglo XIX.

El 9 de diciembre de 1824 se produce la memorable victoria de las fuerzas libertadoras sobre los realistas en los campos de Ayacucho, victoria que sello definitivamente el tutelaje  hispano sobre las colonias de la América del sur después de 300 años dominación, con la capitulación del virrey La Serna se desatan una serie de eventos que comienzan a estructurar la vida republicana en el antiguo Virreinato del Perú y por ende en la Intendencia de Arequipa incluido el Partido de Arica que jurisdiccionalmente la integraba.

Las máximas autoridades coloniales  de la Intendencia arequipeña al momento de la victoria de Ayacucho eran en lo militar y en lo civil el Brigadier Bautista de Lavalle y Sagasti y en lo religioso era el obispo Monseñor José Sebastián de Goyeneche y Barreda, de las autoridades ariqueñas  de ese momento sólo hemos podido pesquisar a quien aparece como párroco de San Marcos el padre José Vélez de Guevara cura diocesano, no hay mención si este sacerdote además cumplía funciones de vicario, con respecto a autoridades civiles y militares no hemos tenido oportunidad de establecerlas con certeza como asimismo no nos ha sido posible establecer con algún grado de seguridad las personas que eran miembros del ayuntamiento de Arica, sin embargo se han encontrado antecedentes de cómo se vivieron los acontecimientos de esos días, los que deben haber sido muy dramáticos para la población ariqueña reconocida como muy realista.

En los primeros días de enero de 1825 llega a la ciudad de Arica importante correspondencia oficial desde la capital del Departamento, la que es leída en solemne cabildo a los habitantes del pueblo, una de estas notas era firmada por  el Mariscal don Pío Tristán Moscoso quien había sido nombrado "Virrey del Perú" por la Audiencia de Cuzco, la que había desconocido la Capitulación de Ayacucho, el Mariscal Tristán Moscoso había asumido en tal condición jurando el  24 de diciembre de 1824,  pensaban los Cuzqueños encabezados por el flamante virrey organizar un núcleo de lucha en conjunto con el general español  Antonio Pedro Olañeta [30] que también desconocía la Capitulación firmada por el Virrey La Serna, sin embargo prontamente dándose cuenta de su real situación  el Mariscal Tristán Moscoso  renuncia no llegando a ser confirmado en su cargo por el Rey,  en consecuencia dirige una proclama  a los peruanos la que se  difundiría en todos los lugares de la naciente república, y esta rezaba así:

"Peruanos, la batalla del 9 del corriente, en Quina, de que os hable el 22, fue  contraria a las armas del Rey. Ayer se recibió la Capitulación celebrada, a consecuencia de este suceso, y hoy se publica para su cumplimiento. El nuevo Sistema de Gobierno, en que vais a entrar, reclama el ejercicio de las virtudes que forman su base y os hará felices. Yo espero que la República del Perú será administrada por ellas, mediante la observancia de las leyes civiles y militares que el Congreso haya sancionado. Hasta la publicación de éstas por el señor comisario, que se espera, deben seguir las actuales con sumisión a las autoridades constituidas. Os recomiendo, pues, la unión, la sumisión, la subordinación y la probidad en nuestras acciones”.

Arequipa, diciembre de 1824

Junto a la nota anterior llega la dirigida por el Mariscal Antonio José de Sucre a la municipalidad de Arequipa la que rezaba así:

 

Campo de la Victoria en Ayacucho, el día memorable 9 de diciembre de 1824.

Cuartel general de Huamanga, a 12 de diciembre de 1824.

A la I. Municipalidad de Arequipa:

Tengo la satisfacción de felicitar al Departamento de Arequipa, por medio de V.S.M.Y. y de anunciarles que la República del Perú ha completado su Libertad y su Independencia, en la batalla de Ayacucho. Todo el Ejército Español, todo territorio que poseían sus armas, todas sus guarniciones, sus plazas, sus parques,  sus almacenes militares y en fin, todo cuanto la fuerza y la usurpación había hecho mantener en sus manos, esclavizando esta República, están ya en poder de los Libertadores, con 15 Generales españoles, que eran los hábiles agentes de la opresión de este país. El Ejército Libertador saluda al pueblo de Arequipa y le ofrece sus trofeos y triunfos, como la garantía de la paz del Perú. Yo tengo la honra de presentar a V.S.M.Y. los sentimientos de mi consideración con que soy V.S. muy obediente.

Atento servidor.

                                                           Antonio José de Sucre

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Entre tanto sólo el 12 de enero de 1825 asume la nueva autoridad republicana designada por el Libertador Simón Bolívar para el Departamento de Arequipa en la que estaba contenida la ahora Provincia de Arica, esta designación recayó en general argentino Francisco de Paula Otero [31] , llega con el cargo de Prefecto y de Comandante General de Armas.

El Prefecto Otero Goycochea por medio de un bando fechado el 1º de febrero de 1825 dispuso se jurase la Independencia del Perú el día 7 de ese mes en la capital del Departamento es decir en la ciudad de Arequipa,  y  el día 13 en las provincias; como la cabecera de la provincia de Arica era Tacna la jura de la Independencia se llevo a cabo en esa ciudad en la fecha señalada en el bando, en el puerto de San Marcos de Arica se realizó la ceremonia de juramento el día 14 de febrero, el ceremonial se efectuó en la casa del Ayuntamiento ubicada a un costado de la plaza; las autoridades locales concurren a jurar ante el delegado del Prefecto Otero Goycochea, autoridades civiles, militares y eclesiásticas, cumplieron con el rito, el Obispo Goyeneche nombro comisionados especiales para que ante ellos jurasen  los párrocos y demás eclesiásticos de la jurisdicción de la vicaría de Arica. El juramento versaba como sigue:

"Juro por Dios, que reconozco la Independencia de la República del Perú, en que esta comprendido el Departamento de Arequipa y sus Provincias de Camaná, Condesuyo, Colláguas, Moquegua, Arica y Tarapacá; que la defenderé constantemente del Gobierno español y de toda dominación extranjera, haciendo, para ello, uso de los bienes de naturaleza y fortuna que Dios me ha dado y cumpliendo exactamente en mi estado con las leyes sancionadas y mandadas por el Poder Soberano. Si así lo hiciere, Dios me ayude y si no, me lo demande, que mi nombre, sea borrado de la lista cívica del Perú e infamado para siempre, y para su constancia lo firmo.....".

El  juramento según lo indicaba el bando era totalmente voluntario y se mantuvo en la sala del ayuntamiento por espacio de una semana para que fuese suscrito por los vecinos, quienes no se excluyeron del compromiso cívico con la nueva República [32] , la jura de la Independencia del Perú en Arica se llevo a cabo después de 3 años y siete meses de efectuada en Lima por orden del general José de San Martín.

Otro acto organizado por el Prefecto Otero Goycochea con el objetivo de reforzar los sentimientos en los habitantes del Departamento bajo su mando por el triunfo de la Independencia del Perú, fue la realización de solemnes exequias en honor a todos los caídos en la memorable batalla de Ayacucho, el bando  expedido por el  Prefecto señalaba como fecha para la realización de estos oficios religiosos el día 25 de febrero de 1825 en todo el Departamento de Arequipa "para rogar por todos nuestros hermanos que perecieron en Ayacucho" así señalaba el mandato.

Recibida la noticia de la muerte del general español Antonio Pedro Olañeta en el Alto Perú se tomo la decisión de efectuar el juramento a la Constitución de la República del Perú de 1823, con el fin de ir afianzando la institucionalidad republicana. En Arica,  se llevó a cabo el solemne acontecimiento  el día de las fiestas patronales de San Marcos, el 25 de abril, conforme al bando expedido en Arequipa el día 11 de abril de  1825 bajo la firma del Prefecto Francisco de Paula Otero y del Secretario José María Corbacho.

Poco antes de la media tarde del 24 abril en la jurisdicción Vicaria de Arica se daba cumplimiento del procedimiento establecido para el juramento de la Constitución peruana de 1823, esto  conforme a lo que se había señalado en el Decreto Soberano del 11 de noviembre de 1823  expedido en Lima.

Para recepcionar la Carta Fundamental de la nueva República se constituye un comité integrado por regidores, alcalde, Cabildo Eclesiástico, cofradías religiosas y un grupo de las familias de las más notables  de Arica, concurren al camino real, ubicándose en un lugar cercano a la ranchería del Chinchorro; con la solemnidad del caso según indicaban los documentos oficiales que normaban las ceremonias de juramento de la Constitución.

La Carta Fundamental era transportada por un oficial militar que la traía bajo su custodia desde la vecina Tacna, este era acompañado por un piquete de caballería, el oficial vestido con su uniforme de parada hace entrega del importante documento al presidente de la Municipalidad de Arica, continuando toda la comitiva en cortejo hasta la Casa Consistorial, donde fue depositada en el salón principal poniéndosele una guardia de honor para su custodia hasta el día siguiente cuando se efectuase el juramento.

Los vecinos adornaron los frontispicios de sus casas de la mejor forma que pudieron, enarbolaron en ellas el pendón de la República además de iluminar por cuatro noches sus casas, contando desde el día 23 de ese mes.

Como estaba acordado la Gran Carta se leería a media mañana del 25 de abril (día de San Marcos), la lectura la efectúo el Secretario de la Gobernación de la Provincia quien había viajado desde Tacna a Arica junto con el Gobernador (ex Partido de Arica), con el fin de tomar el juramento a sus subalternos, la lectura se llevó a efecto en la plaza Mayor enfrente de la Basílica de San Marcos y del edificio de la Municipalidad (ex -Ayuntamiento), al solemne acto concurrieron todas las autoridades de la ciudad civiles eclesiásticas y militares, las cofradías religiosas y las corporaciones de vecinos que existían en el puerto, todos con traje de ceremonia como indicaba el bando respectivo; concluida la lectura de la carta fundamental, en un tablado preparado a un costado de la entrada de la casa de la municipalidad, prestó juramento el Teniente de Gobernador, en acto seguido lo hizo el presidente municipal (Alcalde) y los regidores ante el secretario de la municipalidad, a continuación el juramento le correspondió a los párrocos y curas de la jurisdicción el que lo efectuaron ante el Vicario quien había jurado  días antes en Tacna ante el Notario Mayor, a cada juramento se escuchaban  alegres gritos de ¡Viva la Patria!, ¡Viva los Libertadores!, ¡Viva Bolívar!, ¡Viva Sucre!. A continuación juraron cada una de las corporaciones de la ciudad ante sus respectivos jefes, concluido el juramento la muchedumbre junto a las principales autoridades concurrieron a la misa de Acción de Gracias  con Te  Deum que se había organizado con motivo del magno acontecimiento, concluidas  las ceremonias se confeccionaron  las respectivas actas y certificado  para que fuesen remitidas al la Prefectura de Arequipa y esta los enviase al  Gobierno central de la República.

Para el domingo 1 de mayo se determino que los alcaldes y regidores de la Provincia de Arica se distribuyesen  en las parroquias y viceparroquias con el fin que los vecinos de los poblados de la jurisdicción pudiesen cumplir con el acto de juramento de la Constitución, el ceremonial debería cumplir como mínimo con el requisito de efectuar una misa de Acción de Gracia, efectuar la lectura de la Carta Magna  antes del ofertorio, haciendo el párroco una exhortación al acatamiento de la institucionalidad de la nueva República, concluida la misa se procedió al juramento por parte de los vecinos de los respectivos lugares, concluida las ceremonias se acordó en las respectivas municipalidades la publicación de la Constitución en todas las parroquias y viceparroquias, en las plaza de los pueblos y en las entradas de estos; a cargo de la custodia de esto último quedaban los vecinos que vivían más cercanos a los puntos indicados.

En Arica el 24 de abril hubo una visita general a la cárcel, y se pusieron en libertad todos los presos que no habían  cometido delito de infidencia, sedición u otros que merecían pena corporal, los que estaban por deuda civil fueron excarcelados previa fianza.

Concluidos los actos de jura a la Constitución los secretarios de la municipalidad y de la Gobernación  remitieron las respectivas actas a la Prefectura del Departamento para que este las remitiera al Gobierno de la República, así Arica se incorpora paso a paso a la vida republicana, por ejemplo en los libros parroquiales a mediado de 1825 ya aparecen con el membrete que señala: “Dos reales. Perú Independiente, República Peruana. Sello Tercero para los años...”, en las últimas inscripciones en los libros parroquiales aparece el concepto de “peruanos” a diferencia de las inscripciones anteriores en que aparecían “españoles”, “indios”, ”cholos”, “esclavos”, “originarios”, cabe recordar que la iglesia era la responsable de llevar el registro de nacimientos, matrimonios, y defunciones.

·         Visita de Bolívar a Arica y petición de los Ariqueños

Poco a poco en Arica comienzan a regularizarse las actividades que fueron  cotidianas antes de iniciarse la guerra de la Independencia, actividades principalmente portuaria, "trajineras" y agrícolas, las relaciones económicas con las provincias del Alto Perú cada vez se hacen más fuertes, sin embargo  a pesar del aumento y normalización de las actividades en general en la provincia, el elemento hispano de la población ariqueña no retornaría a habitar masivamente el puerto hasta la década del  40 del siglo XIX. La endémica  malaria  que afecta al puerto, las difíciles condiciones para le reconstrucción de la ciudad, el establecimiento en Tacna de las cabeceras de las instituciones públicas  en el ámbito provincial (Prefectura, Aduana, etc.), hacían mas lento el progreso material de la urbe, generándose en este período un mayor desarrollo en la vecina Tacna, la que ofrecer además mejores condiciones de salubridad y clima para el asentamiento humano.

A partir de  los primeros meses de 1825 comienzan a ocurrir sucesos que si bien no tenían como lugar protagónico la ciudad de Arica, estos tendrían gran trascendencia para la vida social, política y económica  de la ciudad del Morro en todo lo que va desde la instauración republicana hasta 1880, año  que Chile toma posesión militar de la ciudad.

Desde La Paz el general Sucre expide un decreto con fecha 9 de febrero de 1825, convocando  a una Asamblea que debía reunirse el 19 de abril en Oruro para determinar el destino posterior de  las provincias altoperuanas, esta convocatoria es el detonante que induce a una serie de eventos los que desembocaran en la independencia de las provincias altoperuanas de la tutela de Lima y de Buenos Aires, transformándose en la República de Bolívar hoy Bolivia, la convocatoria de Sucre involucró a las Provincias Unidas  de Buenos Aires, a la naciente República del Perú, y a los intereses de poder de los caudillos locales de las tres repúblicas, no salvándose de este trance  ni siquiera el propio Libertador Simón Bolívar. Arica y su "interland" desde los inicios mismos de su vida republicana queda en una condición geopolítica de gran trascendencia incorporando en este aspecto a la república de Chile por su fuerte presencia marítima en esta área del océano  Pacífico oriental

La convocatoria de Sucre provoca malestar en el propio Bolívar reprochándole este  a su más dilecto general tal acto y así se lo manifiesta desde Lima  en carta fechada el 21 de febrero de 1825, en la misiva el Libertador le señala al Mariscal de Ayacucho "... Ni usted, ni yo, ni el congreso mismo del Perú, ni el de Colombia, podemos romper y violar la base del derecho público que tenemos reconocido en América. Esta base es, que los gobiernos republicanos se fundan entre los limites de los antiguos virreinatos, capitanías generales o presidencias, como la de Chile..." Bolívar  impone el principio de uti possidetis juris a 1810 [33] ; el Libertador justifica la independencia de Chile y la de  Guatemala por haber estados estas presidencias separadas administrativamente mucho antes de que comenzara la revolución, caso que no correspondía a las provincias del Alto Perú que eran una dependencia del virreinato de Buenos Aires como  también era el caso de la dependencia de la presidencia de Quito de Santa Fe del virreinato de Nueva Granada; mas adelante le señala "... Según dice Ud. piensa convocar una asamblea de dichas provincias. Desde luego la convocación misma es un acto de soberanía, las separa de hecho de las demás provincias del Río de la Plata, del Perú y de Colombia misma..."; Sucre en su comunicación a los gobiernos de las Provincias Unidas del Río de la Plata explica los motivos que tuvo para la convocatoria de la Asamblea del 19 de abril. El comandante del Ejército Libertador con sus tropas pasó el río Desaguadero con el objeto de redimir las provincias del Alto Perú  del dominio español, el libertador Bolívar  creyó que al traspasa estas fuerza los limites y encaminarse hacia La Paz sería proclamada la independencia de dichas provincias por parte del general español Pedro Olañeta que previamente le había ofrecido su amistad, en consecuencia Bolívar creyó de tramite rápido la ocupación del territorio altoperuano por lo que no dio mayores instrucciones al general Sucre salvo la de exigir del general español el termino de la guerra, sin embargo Olañeta se niega a reunirse con Sucre continuando las hostilidades defendiendo la causa del Rey. Sucre al ver que la mayor parte del territorio de la antigua Presidencia de Charcas se encontraba liberado y estas comarcas sin un gobierno que se encargase de su dirección; viendo que las provincias argentinas se encontraban en la anarquía sin una organización de un gobierno nacional y por otro lado el naciente Perú no logra imponer su autoridad sobre esos pueblos, en tales circunstancia Sucre estimó  necesaria la convocatoria a la Asamblea para formar un gobierno provisorio que evitase la anarquía y conservase el orden, el jefe colombiano manifiesta la absoluta neutralidad del Ejército Libertador bajo su mando en los asunto domésticos de las provincias altoperuanas,  Sucre comunica lo obrado a los gobiernos de las diferentes provincias argentinas mientras organizan estas el gobierno general de las provincias Unidas, con esto el Mariscal de Ayacucho estima que salvaguardaba el principio de uti possidetis juris a 1810, también considera su obligación comunicar al Perú por ser esta nación con  Bolívar como jefe de Estado, la que enviaba las tropas libertadoras.

El 8 de febrero de 1825, el gobierno de Buenos Aires, en esos momentos encargado del gobierno nacional de las Provincias Unidas, presidido  por el general Juan Gregorio Las Heras, faculta al general  don Juan Antonio Álvarez de Arenales gobernador de la provincia de Salta para que ajuste las convenciones que estime necesarias con el jefe o los jefes españoles que ocupaban  las cuatro provincias altoperuanas, hasta el río Desaguadero o con quien fuese autorizado para  poner fin  a la guerra y hacer cuanto fuese necesario para que recuperasen a la brevedad su libertad, estas facultades eran otorgadas sobre la base de que las cuatro provincias quedasen en la más completa libertad para que acuerden  lo que estimasen  que les convenga a sus intereses y gobierno; con esta decisión las provincias Unidas del Río de la Plata dejaban la puerta abierta para la independencia de la antigua Presidencia de Charcas, ratifica esta posición de la Provincias Unidas la ley dictada el 9 de mayo de 1825 por el Congreso Constituyente de las Provincias del Río de La Plata que autoriza al ejecutivo a negociar con el general Simón Bolívar la suerte de las cuatro provincias del Alto Perú, incluyendo su libre determinación.

Bajo las circunstancias que se fueron sucediendo  conforme al desarrollo de los acontecimientos, Bolívar se ve presionado para expedir el decreto sobre la creación de Bolivia, así lo manifiesta en carta dirigida a Sucre desde Arequipa el 15 de mayo de 1825 donde manifiesta “... No debo dejar de declarar a V., francamente, que yo no me creo autorizado para dar este decreto y que  solamente la fuerzas de las circunstancias, me lo arrancan, por no dejar mal puesta la conducta de V., por complacer al Alto Perú; por acceder al Río de la Plata...”.

La Asamblea  Constituyente se reúne en definitiva el día 10 de julio de 1825 en Chuquisaca, antigua capital de la presidencia de Charcas, sede de la Real Audiencia y sede de  la Pontificia Universidad de San Francisco Xavier, participaron en esta asamblea 48 diputados representantes  de los Partidos que conformaban las provincias del Alto Perú, más un cuerpo de doctores de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca, como era lógico en la asamblea  se hicieron presente tres tendencia,  una  por la unión al Bajo Perú,  otra la de integrarse  a las Provincias Unidas del Río de la Plata y la tercera  la de la independencia absoluta, siendo esta última la triunfante, las otras posiciones fueron perdiendo fuerzas en el transcurso de los debates. La Asamblea envió una nota a Bolívar fechada el 19 de julio la que en parte decía: “...la Asamblea se acoge  a la mano protectora del Padre común del Perú, el Salvador de los pueblos, del Hijo primogénito del nuevo mundo, del inmortal Bolívar...”.

Se proclama la Independencia  el 6 de agosto de 1825 en Chuquisaca con el nombre de “República de Bolívar” acuerdo tomado el día anterior según consta  en el Libro Menor de sesiones secretas de la Asamblea del Alto Perú, Sesión del  5 de agosto de 1825.

En su sesión octava, efectuada el 28 de julio de 1825, la Asamblea acordó declarar a Cobija como puerto Mayor de la República, consideraron que una inversión adecuada en la desértica bahía podría muy bien servir a los propósitos marítimos de la naciente república. Hicieron notar que Cobija localizada en la provincia de Atacama estaba sujeta a tratarse con los emisarios de la República Argentina. Por este motivo, el Secretario del Libertador Bolívar pidió por nota, del 6 de octubre de 1825, a los emisarios argentinos que: "Hallándose la Provincia de Atacama en caso semejante al de Tarija, la Legación, a nombre de su Gobierno, debe hacer renuncia formal y completa a favor del Alto Perú". [34] Los Representantes argentinos, General Carlos María Alvear y Dr. José Miguel Díaz Velez, respondieron con nota del 10 de noviembre de 1825, sobre este asunto de la manera siguiente: "No es necesaria la renuncia que se pide, porque perteneciendo Atacama (la Provincia) al departamento de Potosí, está incluida en la ley del 9 de mayo."

Los diputados altoperuanos, una vez decidida la utilización de Cobija como el puerto mayor de la República, consideraron también como de la máxima importancia, el conseguir que el Puerto de Arica se incorporara también a la República de Bolívar, aunque reconocían que esto, estaría sujeto a una negociación muy difícil con la "República Peruana".

Los asambleístas, en sesión secreta del 15 de agosto de 1825, encomendaron a una "Legación Legislativa" compuesta por los diputados comisionados José María Mendizábal, y Casimiro Olañeta, presentar un pliego de peticiones al Libertador Bolívar, en ocasión de su ingreso al territorio de la naciente República. Este pliego contenía entre lo más relevante la solicitud de derogación del decreto despachado en Arequipa el 16 de mayo de 1825  con el fin de permitir a las provincias altoperuanas tomar decisiones trascendentales para su vida independiente, la solicitud incluía la petición de un proyecto de Constitución para la República además lo señalado en el Artículo Quinto que decía:

"La legación hará el más grande y poderoso esfuerzo con S.E.  el Libertador, para lograr de su generoso y paternal carácter, una promesa y seguridad de que empleará sus esfuerzos, valimiento y poderoso influjo con el Bajo Perú, para que la línea divisoria de uno y otro Estado se fije de modo que tirándola del Desaguadero a la costa, Arica, venga a quedar en el territorio de esta República, que hará las indemnizaciones necesarias por su parte...".

El encuentro entre Bolívar y los delegados de la Asamblea se produce el 5 de Septiembre de 1825 en la ciudad de La Paz, a pesar de las alabanzas y honores brindado por los dirigentes de la naciente república al Libertador Bolívar, no lograron al parecer sensibilizarlo con respecto a la cesión de los territorios de Tarapacá, Arica y Tacna, a favor del Alto Perú, no se conoce documento o acto en que Bolívar hubiese puesto empeño en  lo solicitado por la Asamblea Constituyente de la República de Bolívar, sin embargo,  el Libertador  después de recibir el informe del estudio encomendado por Antonio José de Sucre  al coronel irlandés Francisco Burdett O’Connor con el fin establecer un puerto de la naciente república en el mar Pacífico, dispuso la fundación oficial del puerto de Cobija.  efectuando esto como una maniobra para aminorar las presiones políticas que ejercía sobre él la Asamblea de Chuqisaca con relación a la obtención del puerto de Arica para Bolivia, así es como decreta el 28 de diciembre de 1825 lo siguiente:

“Simón Bolívar, Libertador de Colombia y del Perú, Padre y Protector de Bolivia.

Considerando:

Que estas Provincias  (Alto Perú) no tienen puerto habilitado.

Que en el Partido de Atacama se encuentra el denominado Cobija, que proporciona muchas ventajas en relación a las otras Bahías estudiadas de Paposo, Mejillones y  del Loa.

Decreto:

Quedará habilitado desde el 1º de enero de 1826 por Puerto Mayor de Estas Provincias el denominado Cobija, con el nombre de puerto de La Mar... [35]

Chuqisaca, a 28 de diciembre de 1825

Simón Bolívar retorna de su visita a las provincias del Alto Perú  ya convertidas en República de Bolívar en el mes de enero  de 1826, llevando a cabo su ingreso a Tacna el día 30 de ese mes por el camino Tacora –Palca- Pachía, en esta ciudad es recibido con arcos triunfales ornamentados con palmas, laureles y flores, el vecindario se vuelca a la calle principal casi en su totalidad, con el alcalde don José Santiago Basadre a la cabeza, para brindarle la bienvenida al Libertador, acontecimiento que ocurría como a la una de la tarde de un hermoso día de verano, un testigo presencial relata así el acontecimiento “... Montaba una hermosa mula ricamente enjaezada. Cubría su cabeza (Bolívar) de ensortijados cabellos con un sombrero de jipijapa; llevaba poncho de lana de vicuña; pantalón de ante y botas altas con espuelas de oro. Le acompañaban dos caballeros y dos hombres de servicio: arrieros u ordenanzas...” [36] .

Después de una serie de agasajos en los que se incluyo una corrida de toros en la plaza de Armas del pueblo, imitando a las fiestas de toros y cañas que se celebraban en Lima a la llegada de cada virrey; en Tacna recibe la grata noticia que el 23 de enero había capitulado el porfiado general español Juan Ramón Rodil en la fortaleza de Real Felipe del Callao quedando  de esta forma extinguido el último foco de resistencia española en el Virreynato del Perú. El Libertador y su comitiva, a las primeras horas de la mañana del 1º de febrero de 1826 emprende viaje rumbo al puerto de Arica dejando sus huellas por el camino que tantos famosos ya habían surcado desde el Maita Inca, pasando por Almagro y Valdivia y tantos otros, en afán de conquista, gloria, fama, poder y fortuna pero también los hubo quienes pasaron en gloriosa marcha luchando por la libertad y los grandes ideales como William Miller o en calvario como Zela y Peñaranda. A media tarde el gran Simón Bolívar y su comitiva llegan al vado de Chacalluta donde era esperado por las autoridades ariqueñas y una delegación de notables de la ciudad, continuando por el camino real del Chinchorro para ingresar por  el sector de las Chimbas, en la calle del Fuerte se habían levantado arcos triunfales engalanados con palmas, laureles y flores completaban la ornamentación cintas con los colores de los emblemas de la Gran Colombia, de las Provincias Unidas del Río de la Plata y de la  República del Perú, Bolívar llegaba a Arica en el pináculo de la fama y del poder, se erigía en un ambiente de endiosamiento como  supremo arbitro político y militar de cinco naciones sudamericanas, pero al embarcarse rumbo a Lima desde el puerto de Arica ya se veían en la capital de la República negreros nubarrones en su horizonte que señalaban el comienzo del ocaso de su gloria, que terminaría por alejarlo definitivamente de las tierras que ayudo a liberal del yugo español, el 2 de septiembre de 1826 cuando se embarca en el Callao a bordo del bergantín “Congreso”.

La ciudad de Arica tal como ocurrió en ocasiones anteriores con la presencia de personajes como el Obispo La Encina y el Mariscal Santa Cruz, se engalanó y se preparo para el gran acontecimiento de la llegada de este gran personaje que se presentaba como el actor principal de la independencia de América, se le había preparado alojamiento en una de las mejores casas del pueblo, la que pertenecía a la conocida familia de trajineros Vargas y Ara, el hospicio fue considerado además para su secretario el general don Santiago Estenós y para su edecán  Wilsón, la  casa escogida se ubicaba en la calle de San Francisco cercana al convento de la orden, las autoridades del pueblo y los notables había organizado para esa noche un banquete con el fin de brindarle honores y dar muestra de fidelidad a la causa de la Independencia, los vecinos de Arica querían alejar cualquier duda que existiese en Bolívar sobre la condición del pueblo de Arica con relación a su adhesión al partido por la Independencia y además querían que quedara claro que no guardaban ningún afecto con respecto de la corona española, esto tenía mucha importancia para los ariqueños de la época, debido a la fama de realista que se había ganado la ciudad de San Marcos de Arica durante la guerra de la independencia.

Para el día siguiente de la llegada del Libertador al Puerto, es decir el 2 de febrero,  se habían  programados dos acto antes que partiese al norte, una de estas ceremonias organizadas fue un solemne Te Deum en la iglesia basílica de San Marcos de Arica, acto litúrgico  celebrado por el vicario, terminado el acto religioso Bolívar acompañado de las más altas autoridades del Departamento y de los vecinos del puerto concurre a una reunión programada en la Municipalidad, el edificio municipal había sido terminado hacia poco menos de seis meses, su reconstrucción había tardado poco   más de 14 años desde que fuera destruido por el terremoto de 1810, la razón de esta demora en la reconstrucción fue la endémica escasez de recursos, agravada la escasez de fondos con la guerra.

El edificio consistorial estuvo ubicado en el sector norte de la plaza de armas, a un costado de la Basílica,  tenia una típica arquitectura colonial española, su entrada un zaguán de piedra sillar con portón macizo de roble chileno, el techo sobre el zaguán  tenían la característica forma de “mojinete”  formas de techumbre muy usado en la zona, el largo de la fachada del edificio que daba a la plaza debe haber tenido unas 74 varas de largo con ventanas protegidas por rejas de fierro forjado, distribuidas simétricamente a ambos costados del zaguán, los muros exteriores de  grueso adobe estaban enlucidos con una  mescal de barro y cal, en el interior era un edificio de dos patios, siendo el principal de característico estilo andaluz, pavimentado  con piedra de río, tipo “huevillo”, cruzado por veredas de sillar de piedras de una vara de ancho aproximadamente, generando figuras triangulares simétricas que convergían al centro del patio, el contorno de este recinto  lo recorrían amplios corredores con piso de ladrillo cosido  con pilares y vigas de roble que afirmaba un techo plano recubierto con totora barro y conchuela, este techo era la prolongación del techo de “mojinete” que cubría las habitaciones, todas tenían acceso al patio, como así mismo casi todas estaban intercomunicadas con puertas interiores, el segundo  patio estaba conectado con el primero por dos pasillos de cierta amplitud,  ubicados en las esquinas del tramo del edificio que les era común, el segundo patio de similares formas arquitectónicas pero con la diferencia que el  piso sólo era de tierra endurecida, más atrás por la calle de San Francisco se veían unas caballerizas ubicadas en un espacio no muy definido si era parte de la calle o continuidad del edificio.

La ceremonia del Municipio tenia características de cabildo, fueron invitados todos los vecinos del puerto, con derecho a asiento aquellos que pudiesen demostrar rentas superiores a  150 pesos u oficio que se los produzcan, en esta reunión  junto con brindarle  pública fidelidad como dictador de la República, estaba la petición acordada en conjunto con la municipalidad de Tacna para que esta provincia pasara a integrar la recién proclamada República de Bolívar, se había dispuesto una  mesa bajo uno de los corredores que circundaban el  patio principal para que sirviera de mesón presidencial de la asamblea, estaban dispuestas las sillas para las autoridades, las que eran  en cabezadas por el Libertador Bolivar, los alcalde de Tacna y Arica y prefecto, teniente de prefecto y vicario. En el patio se habían ubicado hileras de rústicas bancas para asiento de la concurrencia, el pupitre presidencial lo adornaba una escarapela con los colores del emblema peruano ornamentado con gruesas cintas bicolor rojiblanco, cruzado con hojas de palma.

Bolívar preside la reunión vestido con su impecable uniforme de corte y estampa napoleónico; botas altas; casaca de fino paño azul pechera color carmesí bordada con hilo de oro; pantalones blancos; cinturón con borlas doradas;  espada con empuñadura de oro y charreteras altas. El alcalde de Arica después de hacer un discurso lleno de almíbares y alabanzas para el Libertado le sede la palabra para que se dirija a los vecinos de Arica que se aglomeraban el patio del flamante edificio municipal que algunos aun llamaban a la antigua usanza como ayuntamiento, no hay registro de lo pronunciado por Bolívar pero es conocida la brillante oratoria que poseía y la facilidad de improvisar que le era característica, terminadas las palabras de Bolívar el alcalde le hace entrega del siguiente memorial:

 

San Marcos de Arica, 2 de febrero de 1826

A   S.E. el General Bolívar, Excmo. señor:

La Municipalidad de esta Villa, usando de su derecho de representación, expone a V.E. los sentimientos de sus habitantes, dirigidos a promover la felicidad de este país.

Las relaciones de subsistencia y de comercio que hay entre los individuos de República Bolívar, y los de esta provincia; su situación local y otras circunstancias que nos interesan recíprocamente, con ventajas superiores a las que hasta ahora habían logrado, reclaman imperiosamente la separación de esta provincia de la capital de Lima, y su unión a la de Chuquisaca; unión que por ser más perfecta está también indisoluble; de ella nace inmediatamente nuestra felicidad a la que podemos aspirar por medios justos, confiados en la protección de V.E.

Penetrada pues esta Villa de tales sentimientos, y aún toda la Provincia, eleva a V.E. esta representación, para que en vista de ella se sirva tener en consideración los votos de un pueblo patriota, el que decididamente quiere pertenecer a la República Bolívar. Excmo. señor.

Con los sentimientos de nuestra consideración con que somos  V.S. muy obedientes.

Juan Antonio Castaños                                              José Santiago Basadre

Carlos de Villanueva                                                  Manuel Barrios

José Pizarro                                                               Valentín Izurza

Ignacio Mariño

Terminada la lectura del documento por don José Santiago Basadre, alcalde de Tacna con la aclamación unánime de los presentes, Bolívar acusa recibo de la demanda ariqueña y con mucha habilidad política y haciendo uso de las mejores artes diplomáticas no comprometió un sí ni un no a la petición de los ariqueños, saliendo airoso  de la embarazosa situación que enfrentaba por lo delicado del tema, acto seguido el joven ariqueño Fernando Ramírez en sentida alocución  se despide del Libertador a nombre de los pueblos de Arica y Tacna, terminado el acto sale el glorioso Bolívar del edificio  sede de la municipalidad de Arica aclamado con fervor por la muchedumbre que le sigue por la calle de San Marcos hasta el embarcaderos, las campanas se  echan al vuelo dando un especial ambiente generando una gran emoción a todos los protagonista del histórico momento de la despedía  que le brindaba sinceramente un pueblo sencillo pero con mucha fe en su porvenir, el general Venezolano embarca en el bergantín “Chimborazo” rumbo al Callao arribando a ese puerto  el 6 de febrero de 1826.

 La prensa boliviana de ese entonces, publicó todas las manifestaciones de las poblaciones de Arica y Tacna, las mismas que también fueron conocidas en el Perú. Con este motivo, el Mariscal Sucre escribió a Bolívar en Febrero de 1826 que:

"Sería bueno que usted mostrase algo al Congreso Peruano de la pretensión de esta República para que se le ceda Arica... demostrando que Arica es un puerto que solo da introducciones a Bolivia, y que si se le niega, este país tomará el partido de recargar los derechos a la introducción del Perú y al declarar franco el puerto de La Mar (Cobija), sería arruinado Arica, acaso las razones que apoyan esta verdad inclinarían al Congreso a ceder Arica, por un tanto que esta república pagaría."

"La adquisición de Arica para esta República es de lo más importante de que ella pueda tratar. Arica será un puerto magnífico para Bolivia, y que mucho más por el buen camino de allí a Cochabamba; es al mismo tiempo que para el Perú será nada".

En una segunda carta fechada el 28 de Febrero de 1826 Sucre nuevamente insiste ante Bolívar  sobre el tema de la adquisición de Arica para Bolivia, dice el Mariscal de Ayacucho:

 “... la representación de la municipalidad de Tacna le he mandado poner en el “Cóndor”; aquí ya habían mandado copia de ella unos comerciantes de la costa, pero la primera que vino fue la que Ud. remitió. No hablo sobre esto porque lo he hecho en mis cartas anteriores y por que Ud. tomará en el asunto de la incorporación de Arica a Bolivia todo el interés  que nos prometemos, puesto que no perjudica al Perú. Yo trataba de mandar sobre esto instrucciones al doctor Mendizábal; pero para ello  aguardo el reconocimiento de la independencia de Bolivia por el Congreso Peruano, que espero llegará en todo marzo. Mientras vayan tales instrucciones no dudo que Ud. irá adelantando el negocio de Arica para Bolivia”.

Bolívar no quiso o no pudo acceder a lo solicitado por la República que llevaba su nombre  y que había sido solicitado por los propios ariqueños, ni siquiera los esfuerzos hechos por lograr los objetivos marítimos de la república mediterránea por uno de sus principales generales como fue Antonio José de Sucre lograron convencer al parecer al gran Libertador de América. De esta forma se inicia en la zona una tensión permanente entre la República del Perú y Bolivia que se verán enfrentadas a intervenciones militares e incluso guerras durante el siglo XIX apareciendo en la escena geopolítica la República de Chile.


Capitulo VII

La economía y tierra de terremotos

·         El comercio “Trajinero” en Arica al inicio de la República

La actividad comercial y portuaria de Arica en los primeros años de independencia  se incrementan fuertemente debido principalmente a dos factores que coyunturalmente generaron una prosperidad económica que de algún modo pesó sobre el animo de sus habitantes, impulsándolos ha  solicitar del Libertador Simón Bolívar la anexión de la provincia a la república de Bolivia,  uno de estos factores importantes de esta coyuntura económica fue la extrema necesidad de exportar productos de las provincias del Alto Perú con el fin de superar la aguda crisis económica que enfrentaban en los comienzos de su vida independiente, esta crisis la había generado la prolongada guerra con España, agravada por la débil estructura productiva creada durante la dominación española en sus colonias de América; un segundo factor de esta mayor actividad económica fue la creciente demanda de artículos suntuarios por parte de las clases más pudientes de la naciente república altiplánica, esta demanda era aumentada por la mayor oferta de suntuarios debido a la apertura comercial hacia otra potencias europeas, originada como consecuencia de la independencia, produciéndose una gran confluencia de las casas comerciales extranjeras por instalarse en la zona, especialmente las inglesas, cabe mencionar que ya en 1817 aparece registrada en Arica la agencia inglesa “Pacific Steam Navegation Company” siendo su primer  gerente Mr. Esteban  P. Nugent, desencadenando un aumento importante en la oferta de estos tipos de manufacturas. Si bien es cierto que el puerto de Arica había sido declarado puerto libre en el último periodo colonial eso no tuvo una gran incidencia en el comercio de la época debido a la siempre rígida y  limitada legislación española.

Tomando en cuenta las inmensas dificultades del trayecto entre los centros de consumo y los centros de producción, el comercio de la zona tenía características muy especiales, el puerto de Arica representaba la mejor alternativa portuaria para salvar  las dificultadas de los derroteros de este comercio que se efectuaba a través del desierto, montañas y por profundas quebradas  superadas sólo por empinadas cuestas. Bajo estas condiciones geográficas el tráfico sólo podía  operarse por pequeñas cargas, transportadas a lomo  de asnos, de mulas, o llamas.  Las llamas son unos animales altamente adaptados a las condiciones  cordilleranas de la zona, eran con mucha frecuencia preferida con relación a asnos y mulas. Las llamas son más lentas,  el precio cobrado por los trajineros  por el transporte de carga en estos animales era más barato, este animal originario de la zona es más dúctil  a alimentarse de los pastos disponibles en la zona, a diferencia de los mulares y asnos que son más selectivos en su alimentación, la desventaja de la llama es que no podían soportar más de un viaje al año; el peso a cargar no podía superar un quintal español (46 kilos), y  la velocidad no sobrepasaba las 6 leguas diarias. Las mulas por el contrario, transportaban 138 kilos con una velocidad de 12 a 15 leguas diarias. Por lo general la mercadería que llegaba de Europa estaba completamente aparejada para el largo viaje a lomo de mula, se embalaban en cajas que pesaban 69 kilos por lo que cada animal era cargado con dos de ellas.

Excepcionalmente se transportaban  objetos más pesados; como pianos,  o piezas de maquinarias (inicio de la industrialización) para la minería, para estos fines eran utilizados animales más vigorosos denominadas “mulas pianeras”  en ese caso el flete ascendía a 300 pesos bolivianos de la época, En circunstancia normales  el flete aumentaba según la distancia en forma proporcional a la distancia a recorrer, para la ciudad de La Paz oscilaba entre  20 pesos a 45 pesos, a Cochabamba oscilaba  entre  50 y 90 pesos.

Los porteadores (conductor de  caravana) eran indígenas en su mayoría de etnia Colla, muy afable  y de una paciencia ancestral, conducían las llamas y acémilas, con gran esmero en su cuidado y no desdeñaban  en caso de necesidad para asistirlas como auxiliares, mozos de mula como también eran llamados los asistentes de los porteadores, el porteador en muchas ocasiones era el mismo  trajinero (dueño del ganado y quien hacia el contrato de transporte), La moralidad  de los indígenas dedicados a estos trabajos, les granjeaba de  una reputación de ser respetuosos de los bienes ajenos que transportaban.  Por larga tradición familiar eran conocidos en Bolivia y Perú, los trajineros propietarios de gran número de bestias de carga transportaban de muy antiguo barras de plata y el éxito de su negocio era la tradición que nunca se perdía nada.

Al partir, se proveía al trajinero de los recibos de las mercaderías despachadas, tal como se efectuaba con los capitanes de barcos mercantes. Sin embargo, en esos documentos no figuraba en absoluto la frase “dueño y señor, después de Dios” , ya que el trajinero jamás infligía castigo a quienes  él empleaba y le servían, las caravanas más bien semejaban una gran familia, las catervas atravesaban los abismos cordilleranos, pasando de un calor sofocante, cuando marchaban bajo el sol,  a un frío glacial, cuando caía la noche. Estas caravanas cruzaban pasos cordilleranos y llanuras a 4000 mts. de altura sobre el nivel del mar, arrostrando el frío, el calor, el hambre, la sed, y el mal de altura llamado Soroche.

Los porteadores y su gente cada tarde, armaban campamento, descargaban sus animales cerca de un río o de un poblado o de un tambo, estos últimos establecidos desde épocas anteriores a la conquista española, la caravana se rearmaba muy temprano para continuar la jornada del día, estas travesía desde el puerto hasta destino podían durar un mes o más.

Era llamativo ver a trajineros y su gente en la zona de la marina de  Arica, aledaña al varadero,  era un lugar que semejaba un gran mercado donde eran cargados los animales, se compraban víveres para la travesía, y en general se transaban artículos de uso común como  ropas, aparejos de arreo, herramientas, etc., en este lugar se escuchaba más la lengua Aymará que el Español, era un espectáculo  muy atrayente para el extranjero, esta escena se repetía con igual singularidad o en mayor número en la vecina ciudad de Tacna, se observaba un hormiguero de hombres y de animales, un abigarramiento de colores y formas, en estos mercados  hacían su presencia curanderos que oficiaban de médicos de esta sociedad humana, ofrecían sus servicios a viva voz generándose grupo de observadores  y pacientes que hacían uso de sus artes, su vestimentas eran de múltiples colores llevaban  a la espalda un saco lleno de hiervas y de raíces. Suministrando con ellas medicamentos simples, administrados en pociones e incluso practicaban pequeñas intervenciones quirúrgicas. Por último  echaban buenaventura (no con el gusto del señor cura) dando una verdadera panacea universal, que según creían los naturales  que producían efectos maravillosos. Todas estas practicas son ancestrales, quizás por eso los médicos de San Juan de Dios no tenían mucho trabajo por esa época.

 El incremento comercial y portuario de San Marcos de Arica en los primeros años republicanos de Perú y Bolivia quedó nítidamente registrado por el cónsul británico Jhon B. Pentland, quien informaba a su gobierno sobre las actividades consulares del bienio de 1825 a 1826, el diplomático inglés, en su exposición indicaba que el puerto de Arica era el dinamo comercial del Alto Perú, en este puerto radicaban los importadores extranjeros y agentes mercantiles de las casas comerciarles que surtían los mercados interiores. El cónsul británico registra en su exposición que a lo menos en esos años ya había  nueve agencias en Arica de las casas británicas establecidas en Valparaíso y Lima,  una alemana, dos estadounidenses, una francesa y dos argentinas, las que efectuaban sus transacciones comerciales con los mercaderes  bolivianos, este comercio se efectuaba en parte al contado y en parte a crédito, el que variaba en seis,  nueve y hasta 12 meses de plazos, según los montos involucrados y las garantías presentadas. El transporte de los artículos se hacia mediante recuas de mulas y de carneros de la tierra (llamas), de propiedad de familias que por generaciones ejercían el oficio de “Trajineros” que radicaban  en Arica o en Tacna principalmente, estas mulas eran capaces de trasladar un promedio de 250 libras [37] , recorriendo al rededor de 20 millas diarias. Los costos de traslado desde luego eran onerosos.

En el ejercicio del período 1825 -  1826 los estados de cuenta anotados en los archivos de la aduana de Arica y coincidentes en cierta forma con el informe del cónsul Pentland indican que las importaciones por Arica alcanzaron  a £ 516.630. - ( U.S.$2.583.149. -) moneda de la época; además se deduce y así lo señala el informe británico que existía un intenso contrabando de bienes suntuarios y de pequeño volumen, el que escapaba al control aduanero, este contrabando puede estimarse  por lo menos en más de la mitad  de la cantidad de importaciones ariqueñas con destino a Bolivia en el periodo; en estas estimaciones no están consideradas las cifras de la aduana de Buenos Aires que también registraba comercio hacia Bolivia, la estimación de la evasión es deducible de los impuestos consignados en los registros oficiales;  en esta apreciación   no están considerado los libros, el hierro, el acero, el azogue y las maquinarias, por estar libres de gravámenes este tipo de mercancías. En un calculo global que efectúan los agentes británicos el que incluyó las importaciones sujetas a impuestos, los montos del trafico clandestino y los correspondientes a los artículos libres de gravámenes, concluyen los británicos destacados en Arica que las importaciones extranjeras [38] canalizadas por el puerto de Arica, para consumo boliviano, alcanzaron un valor de £840.905. - (U.S. $4.204.515. -) en el periodo 1825 – 1826.

En dos años de vida independiente Bolivia había importado vía Arica  productos por un valor aproximado de £780.581. - (U.S.$3.902.828. -), según el informe de los agentes británicos destacados en el puerto, dos tercios de las importaciones extranjeras eran de orígenes  británicos,  el tercio restante se distribuía en productos manufacturados de procedencia francesa,  alemana,  holandesa y  estadounidenses. El promedio de importaciones de manufacturas inglesas para el periodo comprendido en el informe alcanzaba  las £ 433.648.- (U.S.$2.116.238.-);  ante la creciente inundación de importaciones extranjeras;  Bolivia exportaba por el puerto de Arica productos como  plata, vainilla, corteza de quina, lana de vicuña y de alpaca, estaño, oro, cuero de mono, panteras y chinchillas. La plata  registra un monto de £ 523.985.- (U.S.$2.619.918.-) para el año de 1826, en esa época no se acuñaban monedas de oro en Bolivia los mercaderes paceños  compraban el metal y lo remitían en barras a las agencias británicas de Arica. Los mineros del alto Perú tenían que soportar no solo los altos costo de aranceles sino que la especulación  con los insumos básicos para su actividad un ejemplo de esta dificultad lo demuestra  el precio del  quintal de azogue en Europa del primer tercio del siglo XIX costaba £ 8,00,- las agencias de Arica lo transaban en £19,00.-

Otra agencia consular muy activa en Arica fue la de representación  de Estados Unidos de América, el Cónsul de ese país en Lima, William Tudor, en nota del 23 de febrero de 1826, informadas oportunamente al Departamento de Estado de las tratativas de lograr la incorporación de Arica a la República de Bolivia por parte del gobierno de esta y de los propios habitantes del puerto su nota en parte decía así:

"...Como generalmente se cree que se ha celebrado un acuerdo entre el Perú y Bolivia para cederle a la última el puerto de Arica, por lo que dejará de ser parte del Consulado peruano, me tomo la libertad, en el caso de que eso se realice de recomendar que mi Vicecónsul, Mr. Alfred Cobb, reciba nombramiento de Cónsul en ese puerto (Arica). Mr. Cobb está establecido en los negocios de ese lugar y habiendo residido algunos años en este país, habla bien su lengua, siendo un joven de firmeza y de prudencia y ha conservado los hábitos y los principios morales en los cuales se crió, cumpliendo sus deberes a satisfacción de usted. No tengo otro motivo para hacer esta insinuación, que la estimación que siento por el carácter de Mr. Cobb".

La intensa actividad política que se desarrolla en Lima y Sucre (Chuquisaca) por esos años incorpora como uno de sus elementos los intereses económicos, marítimos y territoriales de ambas repúblicas; Bolívar consiguió del Congreso peruano el 18 de mayo de 1826 la resolución por la que se reconocía la independencia de las provincias Alto peruanas  como República de Bolívar, pero no pudo a no quiso incluir la anexión de las provincias sur peruanas de Arica y Tarapacá a la república altiplánica. Perú decididamente afianza su soberanía sobre la provincia de Arica, un ejemplo de ello fue que con ocasión  de  las elecciones de 1826 convocadas para la conformación del Congreso Nacional peruano, la provincia de  Arica eligió a dos  representantes, recayendo la elección en dos insignes hombres públicos como fueron el médico, científico, político y gran patriota de la causa americana Hipólito Unanue Pavón [39] ariqueño de nacimiento y en Francisco de Paula González Vigil nacido en Tacna.

Como consecuencia del resultado del reconocimiento de la independencia de Bolivia por parte del  Perú sin que se considerara la cesión de las provincias litoral de Arica y Tarapacá, el gobierno de Sucre varió  su estrategia proponiendo una política conducente a la federación de los dos Estados incluyendo en esto una innovación limítrofe entre ambas republicas, esta nueva formula cayo en terreno fértil en Lima ya que el partido de Bolívar tenía como una de sus aspiraciones la de confederar a las repúblicas andinas. Tal unidad política exigía  la eliminación de  las contradicciones que existían entre ambas republicas y una de esta era el problema portuario en las provincias sureñas, al lograr la confederación se tornaba inútil la incorporación de Arica a Bolivia y su ulterior transformación en puerto nacional altoperuano; además esto importaba revisar la habilitación del puerto de La Mar (Cobija) del que había conciencia  de lo oneroso que resultaba como además de las difíciles condiciones del transporte de carga y personas por el desierto de Atacama, así mismo los liberales peruanos contrarios al presidente vitalicio (Bolívar), más nacionalistas, vieron en ese momento la posibilidad de adquirir definitivamente para Perú la península de Copacabana en el lago Titicaca y la región de Apolobamba situada al norte de dicha cuenca lacustre, posibilidad cierta que los bolivianos dejaban abierta. Por noticia de un contemporáneo podemos ver la intensidad que tenia la concreción de los acuerdos "Arica significaba para Bolivia una nueva fuente de riqueza. El Perú ignoraba el ideal boliviano y ante el beneficio inmenso que significaba la unión de ambas Repúblicas, el gobierno no debería repara en autorizar a Ortíz de Zevallos la cesión de Arica a Bolivia comprendiendo que, si por este puerto Bolivia se enriquecía, ello contribuiría al engrandecimiento de ambos países, aún más si tenemos en cuenta que parte de la población ariqueña solicita su incorporación a Bolivia."

Como  se sabe  Simón Bolívar abandona el Perú en Septiembre de 1826 con el fin de hacerse cargo de los conflictos ocurridos en la Gran Colombia, dejando como presidente del Perú al Mariscal don Andrés de Santa Cruz en su condición de presidente del Consejo de Gobierno. En los primeros días de octubre de 1826 llega a Sucre (Chuquisaca) el comisionado peruano don Ignacio Ortiz de Zeballos, quien era Fiscal de la Corte Suprema de Justicia del Perú con el fin de discutir los arreglos con los comisionados boliviano encabezados por don Manuel María Urculló,  presidente de la Corte Suprema de Justicia de Bolivia; después de un mes de deliberaciones sobre los términos de la propuesta, ambos delegados firmaron los tratados previos,  los que eran atingentes a la federación política y límites  a partir de canjes territoriales.

Como resultado de las conversaciones efectuadas en Lima y en Chuquisaca, se firmó en la capital boliviana en Tratado de Límites entre Perú y Bolivia el 15 de noviembre de 1826, bajo la firma del plenipotenciario  peruano don Ignacio Ortíz de Zeballos en  representación del Perú y bajo la firma de los plenipotenciarios bolivianos don Manuel María Urculló y Facundo Infante por Bolivia, este tratado disponía en su Artículo primero que:

"La línea divisoria de las dos Repúblicas Peruana y Boliviana, tomándola desde la costa del mar Pacífico, será el morro de los Diablos, o cabo de Sama o La Quiaca situado a los diez y ocho grados de latitud, entre los puertos de Ilo y Arica hasta el pueblo de Sama, hasta la cordillera de Tacora: quedando a Bolivia el puerto de Arica, y los demás comprendidos desde el grado diez y ocho hasta el veintiuno y todo el territorio perteneciente a la provincia de Tacna y demás pueblos situados al sur de esta línea".

Por su parte el Perú obtenía, tal como espera la clase dirigente de Lima, Copacabana y Apolobamba, y cinco millones de pesos, destinados por el Estado  boliviano a pagar a los acreedores externos del Fisco peruano. El tratado también disponía el establecimiento de una Federación entre las dos Repúblicas.

El Congreso boliviano aprobó rápidamente el tratado con una pequeñísima oposición interna; sin embargo las cosas en Perú habían variado, la oligarquía del Rimac se mostró reacia a la entrega de las provincias sureñas, surgía en los pasillos palaciegos y en los salones de la capital de ex Virreinato el temor  por arrestos independentista que estarían surgiendo  en el Sur del Bajo Perú en los que creían divisar un movimiento destinado a fundar un estado independiente que aglutinaría los departamentos del Cusco, Puno y Arequipa liderado por esta última ciudad, por otro lado el Mariscal Andrés de Santa Cruz, quien a pesar de ser boliviano no  se mostró partidario de la ratificación del tratado, se opuso al mismo. Santa Cruz justificó su oposición en carta de 18 de diciembre de 1826 dirigida al General La Fuente, Prefecto de Arequipa, de la siguiente manera: "Los bolivianos quieren Arica y yo no quiero ratificar los Tratados por no faltar al juramento que he hecho de sostener a todo trance la integridad de la República."; más adelante Santa Cruz agrega: “... Lo que digo a Ud. sobre los tratados es reservado. No quiero que el pobre Zeballos que ha obrado con celo y buena fe sienta en público la tacha de sus inadvertencias, los chuquisaqueños lo han engañado...”

Días más tarde el Mariscal Santa Cruz ratificaba y explicaba su oposición a los Tratados en otra carta, del 22 de diciembre de 1826, dirigida al mismo general La Fuente, a quien le decía:

"La contestación a los tratados celebrados entre el señor Zeballos y los Ministros de Bolivia... Se ha hecho bastante vaga porque la tal federación a venido a resultar en simple liga... éste es un defecto común, pero hay tres artículos muy ofensivos al Perú.

1: Que ratificado que sea el Tratado por nosotros no se ponga en ejercicio sino en la parte de límites...

2: Que el Perú ceda Arica y Tacna por la provincia de Apolobamba y el pueblo de Copacabana, debiendo reconocer Bolivia en compensativo cinco millones por la deuda del Perú. Arica vale mucho más si se la quiere tasar...";  el Mariscal Santa Cruz,  explica líneas mas adelante: "Yo no quiero persuadirme que ningún poder ejecutivo puede desmembrar el territorio cuya integridad ha jurado sostener, y esto para mí sería mucho más comprometido que para otro alguno: no lo haré pues porque no debo, porque no puedo y porque no quiero abusar de la confianza que el Perú ha depositado en mi buena fe."

El Mariscal Santa Cruz, instruye al Prefecto La Fuente: "El caso de Arica, diré a U. que sé que un Basadre, D. Lorenzo Infantes y un Cónsul americano son los Jefes que sostienen la separación del Perú e incorporación de aquellos pueblos a Bolivia. Trate U. de sacarlos de allí porque si no nos van a dar un disgusto".

Antonio José de Sucre a la sazón presidente de Bolivia reprocha a Santa Cruz el que no mirase por la tierra de su nacimiento. En carta fechada el 27 de marzo de 1827, enviada con el fin que examinase su posición y señalándole que en ningún caso olvidase que había nacido en Bolivia le decía; “... Jamás un hombre que no prefirió a su patria, y la sirvió fielmente, pasa a la historia sino como un nombre obscurecido...”

Por esos años las preocupaciones de Estados Unidos por las ex colonias españolas de Sur América se mantienen con fuerza, las informaciones de los agentes diplomáticos del país del norte son nutridas con el Departamento de Estado, así,  el cónsul estadounidense en Lima, señor Samuel Larned, informó al Departamento de Estado en nota del 23 de marzo de 1827, sobre la situación en el "Alto Perú". En su reporte el americano hacía una evaluación del Mariscal Sucre como Presidente de Bolivia y con referencia al tema portuario dice:

"Sucre es sumamente popular... siendo la persona más capaz para ajustar un tratado ventajoso con el Perú sobre dos puntos muy importantes para el pueblo que gobierna: el primero es la adquisición del puerto de Arica, y el otro la cuestión de las riveras del Lago Titicaca..."

 Con la resistencia por parte del Perú a ratificar los tratados Zeballos -  Urculló, más la propia dificultad financiera de Bolivia que le significaba el pago de los compromiso financieros internacionales que implicaba el tratado, resultó que ya en abril de 1827 se daban por descartada la federación y los canjes territoriales.


·         Arica vuelve a ser tierra de terremotos

Arica a partir de 1828  se ve enfrentada a las contingencias de la política peruana que se caracterizo por la anarquía casi permanente, los cuartelazos de los caudillos militares y los golpes de Estado, fueron actividades habituales del que hacer político en el ex Virreinato, los bandos en pugna usaron muchas veces la cuestión “Bolivia” como “leit   motiv” de sus querellas por hacerse del poder, entrometiéndose en la política boliviana y poniendo sobre la mesa de discusión la cuestión portuaria con esa república, como una llave poderosa para controlar los destinos y la economía de la república altiplánica, ganándose de este modo la adhesión de los caudillos locales, bajo estas condiciones Arica sufre los altibajos de su posición geopolítica.

La prosperidad que se creía que por fin llegaba en los primeros años de la vida republicana se va frustrando ante la presión que ejerce tempranamente sobre el comercio boliviano por Arica el gobierno presidido por  el Mariscal de Ayacucho  Antonio José de Sucre, esta actitud la toma al ver frustrada la aspiración de hacer de Arica un puerto boliviano, en consecuencia decreta una serie de beneficios tributarios y de otro orden en especial para las familias que se asienten en el puerto atacameño de Cobija como así mismo a las familias que establezcan postas o posadas en el largo trayecto de las caravanas que cruzan el desierto, la política de aranceles aduaneros es tan bajo que el puerto La Mar (Cobija) casi se podía considerar puerto franco, todo esto con el fin de potenciar el trafico de mercancías por ese naciente puerto, estas medidas generaron una verdadera guerra de aranceles y trabas aduaneras entre Perú y Bolivia.

El general La Mar a la sazón presidente del Perú se encontraba amenazado por el norte con motivo  de reclamaciones territoriales demandadas por la Gran Colombia la  que en ese momento gobernaba el Libertador Simón Bolívar, ambas repúblicas estaban a punto de iniciar una conflagración armada. El presidente peruano veía  con preocupación la presencia en el poder de la república de Bolivia al general Sucre; el general La Mar sabía que la lealtad del jefe de gobierno boliviano estaría sin lugar a duda de parte de la Gran Colombia, por su nacionalidad de origen y la reconocida afinidad de este con el Libertador, además los caudillos peruanos no simpatizaban con Sucre pues en él veían al gran arquitecto de la separación del Alto Perú con el Bajo Perú, estos caudillos no habían mostrado grandes simpatías por la nación boliviana, y muchos de ellos guardaban la esperanza que esas provincias se unieran al Bajo Perú quedando esas provincias  bajo la tutela de Lima, en consecuencia el general La Mar viendo el peligro de la  permanencia en el poder de Bolivia del Mariscal de Ayacucho, envía al general Agustín Gamarra con 5.000 hombres a estacionarse entre Arica y Puno y con planes para que de ahí organizara y fomentara la conspiración contra el general Sucre, Gamarra logra su objetivo consiguiendo involucrar a los principales caudillos bolivianos, generando inclusive la inexplicable deslealtad de las propias tropas colombianas estacionadas en la ex presidencia de Charcas, las tropas peruanas invaden territorio boliviano obligando por el acuerdo de Piquiza a Bolivia al cambio de autoridades, además  obligan a la naciente república a seguir la política internacional fijada por los peruanos y a someterse en general a la vigilancia del Perú, Gamarra en abril toma La Paz, continua con Potosí y Cochabamba; llega en agosto de ese año a Chuquisaca imponiendo como  ministro del interior a Casimiro Olañeta y jefe del Ejército al general Pedro Blanco, ambos bolivianos.

El vencedor de Ayacucho, José Antonio de Sucre, renunció a la Presidencia de Bolivia,  El 2 de agosto de 1828, tanto para evitar un enfrentamiento bélico con Perú como para eliminar las distancias políticas entre bolivianos.  Sucre salió de Chuquisaca  hacia Calama y luego siguió a Cobija, donde se embarcó rumbo al norte. Al partir de este puerto Sucre dirigió un testamento político a la nación boliviana, en una de cuyas partes pedía a los bolivianos el conservar ante todos la independencia, la que se encontraba en peligro y mantener y luchar por la integridad territorial de la República.

El general Sucre se embarcó en Cobija hacia el norte, hizo un intento de desembarco en Arica para curar sus heridas, pero las autoridades ariqueñas no se lo permitieron, cirujanos de un buque inglés surto en la bahía atendieron sus quebrantos, la herida de su brazo había sido hecha por una bala en la sublevación de Chuquisaca cuando entraba al cuartel de los sublevados con el fin de sofocar la rebelión, no hay antecedentes que el Mariscal Sucre haya pisado tierra ariqueña pues los ingresos a la zona durante la guerra de la independencia los hizo por el litoral arequipeño por la bahía de Quilca,  el malogrado vencedor de Ayacucho  continua rumbo al Callao, donde arribó el 13 de diciembre de ese año, pero tampoco se le permitió en este puerto desembarcar, las heridas recibidas en Chuquisaca fueron atendidas por los médicos navales a bordo de la fragata americana “Brandwine”.

 En un acto de soberanía por parte del gobierno peruano con el fin de no dejar dudas sobre las intenciones del Perú de no ceder a Bolivia la provincia de Arica, el Congreso del Perú dicta la Ley del 6 de junio de 1828 que designaba a la ciudad de Tacna capital de la provincia de Arica, desventaja política administrativa que enfrentan los ariqueños una vez más en desmedro de las posibilidades de progreso de la ciudad.

El puerto de Arica a pesar de los  altibajos que le causaban las decisiones de la clase política de las repúblicas de Perú y Bolivia, progresa urbanísticamente, comienzan a verse  en su radio urbano una  mejor  distribución de calles y manzanas, la calidad en las construcciones mejora,  empieza a incorporase en  forma masiva el techo en forma de “mojinete” dando un mayor movimiento y características típicas a las líneas arquitectónicas, las fachadas las empiezan a enlucir y se incorporan en   algunas fachadas molduras de adornos en cornisas y dinteles, mejorando de este modo el paisaje urbano, sin embargo por otro lado y gracias a noticias que da el deán  arequipeño Juan Gualberto Valdivia, hoy, sabemos que los conventos ariqueños en 1828 se encontraban en lamentable condición, inhabitables y sin interés por mejorar tal condición, no hay que olvidar que estos recinto durante la guerra de la independencia con frecuencia fueron utilizados como cuarteles militares que seguramente ayudaron a generar su decadencia. Por 1830 la población estimada para Arica según Alcides D’Orbigny  era de unos tres mil habitantes en palabras de él “la mayoría de razas mezcladas”, según algunos especialistas existiría una exageración en la estimación del viajero, autor de la  crónica “Viaje a la América Meridional”.

El entorno político que le toca vivir a Arica en el devenir de la vida republicana de Bolivia y Perú seguirá incidiendo fuertemente en el carácter de la zona. A la caída de Antonio José de Sucre de la presidencia de Bolivia; el 24 de mayo de 1829  asume el poder el caudillo Andrés de Santa Cruz quien comienza a ejercer un gobierno autoritario, fuerte,  con el que logra estabilizar la política de ese país, ordena la economía y da una nueva Constitución(1831), fortalece el Ejército. El 15, 16 y 17 de diciembre de 1830 se lleva a efecto una importante reunión entre los caudillos que gobernaban en ese momento las repúblicas andinas, este encuentro se lleva a cabo en las márgenes del Desaguadero, participa en la conferencia por Perú, Agustín Gamarra con su ministro de relaciones exteriores  Ferreiro; por Bolivia Andrés de Santa Cruz con su ministro Olañeta, ambos gobernantes propiciaban en sus proyectos una política confederal pero ninguno de los dos por la propia naturaleza  de su ser, quería ser un segundón en el proyecto, en las conversaciones se hablo de paz y amistad entre ambos pueblos, también de alguna rectificación de fronteras, en ese contexto Gamarra pidió la península de Copacabana ofreciendo a cambio Tarapacá, los bolivianos  insistieron en la necesidad de que el canje territorial fuese  la provincia de Arica,  lo que el gobernante  peruano rechazó tajantemente, la conferencia  fracasó.

El fracaso derivó en  que el Mariscal Santa Cruz  decidiera intensificar los beneficios aduaneros y tributarios para Cobija, siempre con el objeto de ejercer  presión sobre el comercio efectuado a través del puerto de Arica y así disminuir su importancia estratégica y económica en la zona, aminorando al máximo posible su incidencia  en la relación entre ambas repúblicas, estos acontecimientos  provocaron la reacción airada por parte del gobernante peruano, en carta dirigida al Almirante García del Postigo, Gamarra le decía al referirse a la conferencia de Desaguadero “La cosa se concluyo poco menos que a palos, por la petición de Santa Cruz de que ceda Arica, si se abren hostilidades, Cobija debe desaparecer para siempre porque sus habitantes deben largarse y hasta sus habitaciones deben quedar completamente arrasadas”. El caudillo peruano ordena una destemplada acción  en contra del puerto atacameño  de los bolivianos, en vista del perjuicio que ocasionaba la medida boliviana sobre el puerto de Arica,  Gamarra decide la destrucción del puerto de Cobija. Para ello envía primero a la corbeta “Libertad” y  luego al bergantín “Congreso” a cargo de esta escuadra iba el almirante Carlos García del Postigo, las instrucciones dada por Gamarra a su almirante fueron: “ese buque esta destinado a arrasar Cobija y retacar hasta sus aguadas” estas instrucciones fueron dadas en una carta que fue  encontrada abordo de la corbeta “Libertad”; la orden no se llevo acabo, las tripulaciones de ambos barcos desertaron, retornaron al Perú sólo tres tripulantes de la corbeta “Libertad”, del bergantín “Congreso” nadie quiso retornar, ambos buques fueron devueltos por Bolivia después de los acuerdo de paz de Tiquina el 25 de agosto de 1831.

Después de la paz de Tiquina los ariqueños esperaban con optimismo la recuperación del comercio con Bolivia sin embargo la naturaleza traería una nueva y terrible sorpresa, el 8 de septiembre de 1831 ocurre un fuerte sismo con característica terremoto en la zona de Arica, este provoca el natural pánico de la población que trae recuerdos de la narraciones que los mayores con frecuencia contaban de la experiencia que habían vivido en el terremoto de noviembre de1810, 21 años atrás,  crónicas de la época mencionan la opinión de algunos vecinos ariqueños “muchos creen que  junto a la profundas fosas (mar), existe un volcán submarino, cual erupciona de vez en cuando, ósea cada cierto tiempo, produciendo los grandes cataclismos ocurridos en Arica desde los tiempos primitivos, como lo menciona un cronista, <<Que echaba humo de zinc, como si fuera fuego, que oscureció toda la costa>>, esta última descripción hecha a propósito del terremoto y maremoto del 16 de septiembre de 1615,  al que se levantaron olas gigantescas, como montañas elevadas que sembraron desolación, destrucción y muerte”.

Al parecer el terremoto de 1831 no causo mucho perjuicio material y humano en la ciudad  ya que no se han encontrado mayores referencias al respecto, quizás esto fue por lo reciente de la construcción de la mayoría de los edificios.

En una relación sobre  Arica de fines del primer tercio del siglo XIX, hecha por el teniente Ruschemberger de la marina de Estados Unidos quien efectuó un largo recorrido entre 1831 y 1834 por varios de los países del continente, entre ellos Brasil, Chile, Bolivia y el Perú, describe su arribo al puerto de Arica el 19 de septiembre de 1832,  es decir a un año de ocurrido el terremoto, el  marino estadounidense no hace mención alguna a posibles vestigios del terremoto ocurrido un año antes, el teniente Ruschemberger habla entre otras  referencia a Arica sobre la fertilidad del valle de Azapa, como lo malsano que le pareció el valle de Lluta, además en su relato se refiere a la relación de este puerto con Bolivia, de la siguiente manera:

"Con anterioridad al nacimiento de la República de Bolivia, todo el comercio con aquel país, conocido hasta ése entonces como Alto-Perú, pasaba a través de Arica; sin embargo, desde el establecimiento de Cobija, el comercio por Arica ha disminuido en la misma proporción que aumenta en el otro puerto. La prosperidad de Arica depende mucho de este intercambio, el mismo que se ha perdido por las medidas políticas adoptadas por el Perú. Los productos que son destinados al mercado boliviano, están gravados, de acuerdo a su base, con los derechos aduaneros de tránsito de 5, 10 y 15 por ciento; pero como estos productos pueden ahora ser internados directamente por Cobija, con los mismos gravámenes e inclusive con tasas inferiores, Arica está arruinada... y como la población del valle es muy pequeña para crear una demanda suficientemente grande que permita mantener importadores al por mayor, en consecuencia, muy pocas embarcaciones arriban ahora a este puerto."

La vida cotidiana de la provincia sigue el ritmo de la actividad portuaria y de la producción agropecuaria de sus valles interiores, esta vida tranquila y provinciana ya motivaba el retorno de las familias hispanas a fijar nuevamente su residencia en el puerto, sin embargo la tranquilidad de los ariqueños nuevamente se vera alterada por los designios de la naturaleza; en un amanecer primaveral de 1833 la rutina diaria se ve violentamente interrumpida, en el albor del día 18 de Septiembre de ese año, la tierra nuevamente tembló, la ciudad poco a poco despertaba y algo somnolienta comenzaba su actividad cotidiana ya entraban a la ciudad las recuas de asnos  con productos agrícolas para consumo de la población y para el abastecimiento de las naves surtas en la bahía, algunas recuas provenientes de Bolivia también se acercaban al puerto por los bajos del Chinchorro después de haber pasado la noche en el tambo de Chacalluta, algunos  feligreses se había congregado en los templos de la ciudad para  oír la primera misa del día, muchos a un no se levantaban de su lecho, la ciudad remolona amanecía a un nuevo día, por lo que pocos transeúntes había en las calles eran las seis de la mañana aproximadamente cuando de súbito se produce un ruido sordo, que procedía de las entrañas de la tierra, asemejaba una gran tempestad pero que procedía de las profundidades de la tierra, inmediatamente viene una gran sacudida  que con dificultad permitía a las personas dar paso sin caer, el movimiento ondulatorio duró un minuto y medio, lo que pareció una eternidad a quienes tuvieron que vivir la experiencias del sismo, en tan escaso tiempo se destruyo gran parte de los edificios de adobe de la ciudad, los templos perdieron sus techumbres pero sus añosos muros resistieron el embate de la naturaleza, hubo muchos heridos de consideración, la mayoría de los habitantes había recibido  alguna magulladura y a lo menos hubo unos doscientos muertos.

Los estragos mayores provocados por el terremoto fueron en esta oportunidad en la vecina Tacna donde prácticamente quedo todo destruido el señor José Benedicto Zavala sindico Procurador General del Municipio de esa ciudad escribía así a presidente del Perú Agustín Gamarra:

“Las propiedades publicas se han confundido con las particulares, pues que no se encuentra una calle que sirva de transito; todo se ha convertido en un gran montón de escombros; no hay una sola casa habitable: han venido abajo la mitad de ellas y las que están en pie intimidan al propietario que desee acercarse para salvar algo de su fortuna. Cubiertas con las ruinas y el polvo: los ricos muebles que el comercio libre a proporcionado, inutilizado al influjo de los techos y paredes que sobre ellos cayeron, sirven hoy al pábulo del fuego. No hay útil que el vecino pueda tomar para proporcionarse abrigo, y, en conclusión, la perdida de los edificios de Tacna se calcula imparcialmente en más de dos millones de pesos”.

“La población diezmada desde el funesto día ocupa el campo en chozas de madera, cañas y esteras de totora que en manera alguna preservan  de la intemperie por que no cesas de llover y con la  estación calurosa que va a entrar está expuesto el vecindario   a sufrir enfermedades por la falta de una habitación que les preste algún refrigerio. El Santo de los Santo tiene una mansión en la plaza mayor y en el recinto igual que la piedad del párroco ejemplar a formado para que no falte ese auxilia espiritual a los fieles, que reunidos allí, con semblante macilento, en total desgreño y cubiertos todavía del polvo de las ruinas imploran gracias del Padre de la misericordia. Le diré, de una vez, señor Excmo.; ¡Tacna  ya no existe!”

“Se solicita del Supremo Gobierno la exoneración de toda contribución al menos por diez años con inclusión de los diezmos, además se solicita señor  Excmo. presidente  que las entradas por concepto de derechos de exportación e importación y de tránsito por las Aduanas de Arica quede a beneficio de la zona; y que el Gobierno autorice que el transporte “Monteagudo”, con las habilitaciones de dicha Aduana, haga el acarreo de maderas desde Guayaquil, para la construcción de la ciudad. Si es necesario verificar el traslado de la población  a un lugar más seguro. Excmo. señor Presidente Es gracia que a nombre de esta infelices población imploro” José Benedicto Zavala.

Ya la zona no tendrá otro evento sísmico de importancia hasta la gran tragedia del cataclismo de 1868 y el fuerte terremoto de 1877.


Capitulo VIII

Nueva solicitud de los Ariqueños para anexarse a Bolivia

·         Arica en la Confederación

Perú en 1832 se desenvuelve en una aguda crisis política, situación no superada desde el alejamiento de Simón Bolívar del poder de ese país, las luchas de facciones  que se sucedían en el gobierno del ex virreinato entraron en un periodo de definiciones, la administración del general Agustín  Gamarra se encontraba totalmente desacreditada y no contaba con una base firme para mantenerse en el poder por mucho tiempo más. Una asamblea constituyente convocada en 1833 pretendió salvar del naufragio la estructura gubernativa que cada día era más débil,  nombra como presidente de la república al general Luis José Orbegoso, este paso que pretendió salvar la crisis la profundizó más haciendo reaccionar al general Gamarra quien dispersó la Asamblea haciendo un intento por recobrar la primera magistratura de su patria. Después de dos días de combates el caudillo tuvo que buscar refugio en las provincias sur del Perú, se rearma y al poco tiempo derrota a las fuerzas de Orbegoso en Huancavelica, el triunfo fue efímero ya que sus tropas desertaron uniéndoseles a Orbegoso, teniendo Gamarra que asilarse en Bolivia, dando una excelente oportunidad al Mariscal Santa Cruz para intervenir en la política peruana usando a sus caudillos como verdaderas piezas de ajedrez.

La anarquía peruana daba la gran oportunidad a Andrés de Santa Cruz para  poner en marcha los planes de creación de la Confederación Perú Boliviana  bajo su protección, el presidente Orbegoso  se ve enfrentado a otra división interna del ejército nacional peruano y por ende a una nueva crisis política, todo esto fomentada sutilmente por el audaz intrigante de los Andes, Andrés de Santa Cruz, aparece en escena ahora el general Felipe Santiago Salaverry  quien se alza en contra de Orbegoso en la noche del 22 de febrero de 1835 en el Callao. El Mariscal Santa Cruz mueve sus piezas con sigilo y astucia, facilita el retorno de Gamarra al Perú quien forma un ejército de 2.000 hombres que los lleva contra el general Orbegoso. Acosado el presidente peruano por los generales Salaverry y Gamarra,  solicita asistencia militar al sagaz Santa Cruz, con la inteligencia que le caracterizaba y la astucia política que tenía  no irrumpe inmediatamente en las peleas intestinas del bajo Perú, solo después de simuladas y bien estructuradas meditaciones y reuniones y consultas dan acogida a la solicitud el 15 de julio de 1835, pasando el ejército boliviano el Desaguadero en los momentos que la lucha entre los caudillos se hacia más intensa, en ese momento el general Gamarra se da cuenta que era sólo un mero instrumento para los planes del Mariscal de Zepita en el proyecto confederado que acrecentaría su poder, por lo que busca la alianza con Salaverry con el fin de contener la invasión boliviana; Gamarra  es vencido por Santa Cruz, el derrotado general se dirige a Lima donde  es  expatriado finalmente por Salaverry para quien se había transformado en un estorbo su ex aliado. Luego de estos acontecimientos Salaverry se repliega al sur del Bajo Perú dispuesto a hacerse fuerte en la zona para  batir de mejor forma  a la coalición de Orbegoso y Santa Cruz, la retirada al sur de Salaverry permitió que Orbegoso se apoderara de Lima dejando la responsabilidad de derrotar a su rival en las manos de Santa Cruz.

 Los caudillos con sus ejércitos después de marchas y contra marchas se enfrentan en las afueras de la ciudad de Arequipa  el 3 de febrero de 1836 en un lugar llamado Uchumayo, saliendo victorioso el general Salaverry sobre el general boliviano Ballivián pero a los pocos días llega el Mariscal Santa Cruz con refuerzos enfrentándose  ambos ejércitos en la localidad  cercana a  la ciudad del Misti, llamada Socabaya, este hecho de armas se lleva a cabo  el 7 de febrero de ese año, siendo derrotado por los bolivianos estrepitosamente el jefe peruano, fugitivo  Salaverry es capturado por una partida dirigida por el legendario Mariscal William Miller en las cercanías de Islay siendo remitido a Arequipa donde es sometido a Consejo de Guerra, Salaverry y su Estado Mayor son sentenciados a muerte, se cumple la sentencia con el fusilamiento en la plaza de armas de Arequipa el 18 de febrero, entre los caídos en el ajusticiamiento estaba el coronel Camilo Carrillo, quien había sido jefe de la guarnición de Tacna y en tal calidad había prestado grandes servicios en el auxilio de las víctimas del terremoto del 18 de septiembre de 1832, este oficial es considerado gran  benefactor por los habitantes de la ciudad del Caplina.

Con la victoria de Socabaya se da paso a la formación del la Confederación Perú Boliviana que la conformaron tres estados federados; el  Estado Sud-Peruano fue integrado por las provincias de Ayacucho, Arequipa, Cuzco y Puno se constituyeron en Sicuani el 17 de marzo de 1836, la asamblea constituyente estuvo formada por los ex diputados de los Departamentos y funcionó bajo la dirección del Secretario General de Santa Cruz, don Andrés María Torrico, para el estado Sud-Peruano fue  elegido presidente don Pío Tristán (“el último virrey”), Bolivia, el otro Estado confederado, se reunió en Tapacarí el 18 de junio, acordando también la federación, quedando elegido  como presidente el general  José Miguel Velasco; y por último el Estado Nor-Peruano se constituyó en Huaura el 6 de agosto de ese año quedando presidido por el general Luis José Orbegosos. Constituidos los tres estados Santa Cruz en Lima decreta el 28 de Octubre de 1836 el establecimiento de la Confederación, el “Ciudadano, Restaurador y Presidente de Bolivia, Capitán General de los Ejércitos, General de Brigada de Colombia, Gran  Mariscal Pacificador del Perú... más otros títulos rimbombantes” convoca a un Congreso constituyente en la ciudad de Tacna, las deliberaciones del Congreso de Tacna se inician el 18 de abril de 1837; el 1º de  mayo de ese año se firma el “Pacto de la Confederación Perú – Boliviana”, se contempla un poder ejecutivo a cargo de Andrés de Santa Cruz  y Calahumana con el rango de “Supremo Protector” elegido por 10 años, un poder legislativo compuesto por dos cámaras una de Senadores y otra de Diputados, y un poder judicial a base de las Cortes Supremas de las tres repúblicas, por último se estableció una bandera de la Confederación.

Después de los acontecimientos de Socabaya (Arequipa) en febrero de 1836 renace en los pobladores de Arica, Moquegua, Tacna y Locumba el deseo de vincularse a la soberanía boliviana, por lo que en los municipios de estos pueblos se desarrollan sendos cabildos con ese objetivo, el 22 de marzo de 1836 se lleva a efecto en Arica una significativa asamblea de notables presidida por el Gobernador accidental coronel Francisco López de Quiroga en la sede de la municipalidad donde se toman acuerdos que interpretaban el claro sentir de la población ariqueña de esos convulsionados años, para testimonio y resolución se levantó un acta que rezaba así:

Dado en la ciudad de Arica  a 22 días del mes marzo de 1836 se acuerda lo siguiente:

Primero.-  La ciudad de Arica en ejercicio de su Soberanía reasumida por la disolución del pacto, quiere se forme un Departamento de las provincias de Moquegua, Tarapacá, y la de su nombre, con independencia  absoluta del de Arequipa.

Segundo.- La ciudad de Arica se erige en cabeza de Provincia, compuesta de los distritos de Codpa, Belén y Socoroma.

Tercero.- La ciudad de Arica en la parte que le toca se une a la Nación Boliviana y forma una porción de su familia.

Cuarto.- Sin embargo de que este pronunciamiento conforme con la justicia que emana de la misma naturaleza, que inspira la necesidad de emplear los medios más necesarios y acertados para lograr la prosperidad; recelándose intenten las capitales desmembradas alguna agresión,  prevaliéndose de la debilidad en que se halla este distrito: desde ahora y para entonces se acoge bajo la protección de la República boliviana a que quiere pertenecer, no dudando que se le sostenga como defensor de los derechos de los pueblos libres.

Quinto.- Es voluntad de este distrito, que para alcanzar la aprobación y sostenimiento de su Excelencia el Jefe Superior del Ejército unido, un diputado elegido por esta junta de notables, (y para cuyo nombramiento se autoriza)  y asociados con el subprefecto de Tacna, marche al punto donde se halle, costeado por  estos fondos municipales.

Sexto.- Tan luego como sea aprobado  este pronunciamiento, remitirá esta Provincia  ante su Excelencia, por el conducto más seguro, las instrucciones convenientes para asegurar la prosperidad y adelantamiento que se esperan de su benevolencia  y de su benéfica influencia.

Séptimo.- Se remitirá un testimonio a la asamblea de Sicuani, para que en sus deliberaciones se arregle a la voluntad de este distrito expresada en ella.

Con lo cual concluyó la sesión con el mayor regocijo que se manifestó posteriormente con vivas, repique de campanas general y salvas de artillería.

 Ya para constancia lo firmaron: El Gobernador accidental, Juez de Paz de primera nominación, y demás que componen la Junta de Notables, en unión de los que en consecuencia suscriben.

Para Santa Cruz esta manifestación del pueblo de Arica constituía un factor de complicación política con los adalides del Bajo Perú, en especial los de la clase política del Rimac, lo que podía poner en peligro su proyecto Confederado, por lo que hizo uso de toda su influencia para evitar la incorporación de las provincias sur peruanas a la República boliviana en la Asamblea de Sicuani, así queda claramente estableció  en carta enviado  por el Mariscal de Zepita a su agente  Mariano Enrique Calvo done le señal “... parece que algo tuvo Us. que trabajar para que la Asamblea de Sicuani no se pronunciase en ese sentido...(a la proposición de los delegados de Tacna, Moquegua y Arica de ser parte de Bolivia)”

Santa Cruz con la astucia política que le caracterizaba toma medidas con el fin de compensar de alguna forma las aspiraciones ariqueñas, así es como decide declara a  Arica como el principal puerto franco del Estado Sud-Peruano, consiente que esta medida traería gran perjuicio al puerto de Cobija, otra medida administrativa en el mismo sentido tomada por el “Protector” fue la de dictar de un decreto el 25 de abril (día de San Marcos) de 1837 la separación de las provincias de Arica y Tarapacá de la jurisdicción de Arequipa, estableciendo el Departamento Litoral de Moquegua con la ciudad de Tacna como su capital, de esta forma derogaba la Ley del 3 de julio de 1834 en que se estipulaba que la provincia de Arica se consideraba bajo la jurisdicción del Departamento de Arequipa.

El establecimiento de  la Confederación Perú Boliviana inquietó al gobierno argentino del general Juan Manuel de Rosas, adverción geopolítica que derivaría en una declaración de guerra por parte del gobierno de Buenos Aires al “Protector” Santa Cruz, por otro lado con mayor fuerza despertó inquietud en el gobierno de Chile que presidía el general Joaquín Prieto e integraba el cuerpo de ministros don Diego Portales quienes visualizaban el peligro que para la emergente república sureña encarnaba  la presencia del Mariscal Santa Cruz en el poder absoluto del Estado Confederado recién establecido, era reconocía la  permanente vocación  intrigadora e intervencionista en la política de los países del área del general boliviano, la concepción geopolítica en la reimplantación del antiguo imperio inca por medio de la figura de la creación confederada,  se transformaba más temprano que tarde en una amenaza para la subsistencia como República independiente de Chile y también de Ecuador. Así queda reflejada con meridiana lucidez en una carta enviada por el ministro Portales al almirante Manuel Blanco Encalada, este estadista advertía al marino que cualquier reblandecimiento o claudicación equivalían  al suicidio de la República. La confluencia de comunidades como el Bajo Perú y Alto Perú, vinculadas por nexos étnicos, lingüísticos, ideológicos, costumbristas y religiosos, en suma, todos los componentes que comunican consistencia  al ser de una nación, bajo la conducción de un caudillo como  Santa Cruz, finalizaría en  la   consumación de la mengua de la autonomía y la potencia del Estado chileno.

Las relaciones políticas entre el Estado confederado y la República de Chile se hicieron  a cada momento más tensas, se desato nuevamente la guerra arancelaria al desconocer el gobierno de Orbegoso  el tratado Rengifo – Tabara, el financiamiento y equipamiento por parte de Santa Cruz de una expedición con el fin de derrocar al gobierno chileno por parte del ex Presidente Ramón Freire, quien se encontraba exiliado en Perú, tuvo  como respuesta chilena la toma al abordaje de parte de la escuadra peruana en el Callao, operación comandada por el capitán de fragata Victorino Garrido, el gobierno chileno nombra como ministro extraordinario ante la Confederación a don Mariano Egaña, quien por orden del gobierno da un ultimátum a Santa Cruz conminándolo a la disolución de la Confederación, como era de esperar tuvo el más rotundo rechazo por parte del Mariscal de Zepita, los acontecimientos se sucedieron concluyendo en  la declaración de guerra el 9 de octubre de 1836 entre Chile y la Confederación Perú – Boliviana.

Las hostilidades rompieron recién con el zarpe de la primera expedición al mando del Almirante Manuel Blanco Encalada que leva ancla de Valparaíso el 15 de septiembre de 1837, con 16 transportes,  lo convoyaban los buques de guerra “Libertad”, ”Aquiles”,  “Monteagudo”, “Valparaíso”, “Arequipeño”, “Orbegoso” y  “Santa Cruz” esta escuadra era comandada por el capitán de fragata Roberto Simpson. La fuerza de  operación toca puerto en Iquique  el 22, ante la frialdad de la población y de las autoridades, la expedición continua inmediatamente al norte considerando el mando expedicionario el escaso valor estratégico de la permanencia de la expedición en ese puerto, zarpan con destino al puerto de Arica donde arriba  el 24 de Septiembre; el almirante Blanco esperaba casi con obsesión ingenua la adhesión al “Ejército Restaurador” del coronel boliviano López de Quiroz,  a la sazón prefecto de la provincia Litoral de Moquegua con sus tropas que ascendían a 900 hombres.

Paralelamente el almirante envía una fuerza para una acción de guerra sobre el puerto atacameño de Cobija, acción que se verifica el 27 de septiembre con una pequeña escuadra compuesta por el transporte “Napoleón” y la goleta “Peruviana” las tropas de desembarco estaba al mando del mayor Frigolet, esta fuerza había sido reclutada en Copiapó, se lleva a cabo el bloqueo del puerto y se  ejecuta un rápido desembarco, esta maniobra militar produce un desbande generalizado de los habitantes  de Cobija, la columna de infantería chilena capturó  al administrador de Correos, al Capitán del Puerto y al Comisario, la toma duro 11 días, tiempo que se utilizó para requerir información y abastecerse de algunas vituallas que encontraron en los almacenes, el 8 de octubre se da la orden de zarpe para dirigirse al norte para reunirse al resto de la expedición.

En tanto la llegada de la expedición Blanco a Arica en la media tarde del 24 de Septiembre no fue diferente a lo ocurrido en Iquique, inmediatamente el mando dio la orden de desembarco a dos compañías del “Cazadores”, los que venían en el “Orbegoso”, toman posesión en la bahía la fragata “Libertad” y el bergantín “Aquiles” para precaver algún ataque sorpresivo desde los fuertes de la costa. Mientras se verificaba las operaciones de desembarco, el almirante Blanco y el capitán Roberto Simpon observan desde el puente de mando de la nave Almirante como una columna de gentes  progresa raudamente con dirección a Tacna  a través de los arenales del Chinchorro,  las instalaciones portuarias, los almacenes, varadero se encontraban totalmente abandonados, las calles del pueblo se percibían totalmente desiertas, a continuación se da la orden de desembarco del batallón “Valdivia” al mando del comandante  Sessé y a continuación lo hizo el Almirante acompañado de su Estado Mayor, integrado entre otros oficiales por el general  José Santiago Aldunate y el coronel Sutcliffe, el jefe de la expedición toma posesión de las oficinas del la sub-prefectura donde establece el cuartel general, el Almirante Blanco hace un recorrido por la calle principal  donde ya comenzaban aparecer algunos habitantes de entre sus rancho con timidez pero claramente se percibía una clara actitud hostíl, la mayoría de los habitantes que habían permanecido en la ciudad eran de origen afroamericano  que habitaban las rancherías de las Chimbas y del barrio de la “Lumbanga”.

 La actitud de la población de Arica  tenían varios orígenes uno de ellos estaba en el recuerdo que había dejado en la población el saqueo de las tropas de Cocrhane y en general las funestas consecuencia que tuvieron en el puerto  las diferentes invasiones durante el  conflicto bélico por la independencia, la otra razón de los ariqueños para no ver como a sus libertadores  a las tropas de Blanco Encalada era por la predisposición previa en que los coloca la intervención del prefecto López de Quiroga,  y por último estaba  como motivo importante el sentimiento expresado por la Asamblea de Arica del 22 de marzo de 1836 en que manifestaban su deseo de pertenecer a la república de Bolivia, todos estos factores no alcanzaban a la comprensión del Almirante chileno quien mantenía la ingenua esperanza que su “amigo” López de Quiroga haría la alianza en contra de Santa Cruz.

Al  segundo día de permanencia del Ejército Restaurador en Arica,  como a media mañana, se presentó en el Cuartel General Chileno  don  Elías Carreño, administrador de los almacenes de la Aduana de Arica, a presentar un reclamo ante al jefe de las fuerzas  por la sustracción de mercancías desde los almacenes durante la noche por parte de tropas chilenas, la reacción del almirante Blanco Encalada y del coronel Sutcliffe ante la audaz acusación del jefe de aduanas fue de considerable molestia por considerarla un insulto a las tropas bajo su mando, en un primer momento se interpreto que el peruano tejía un subterfugio con el fin de distanciar aun más a las tropas restauradora de la población ariqueña, sin embargo pasada las primeras impresiones y con la mentes mas frías se le ordenó al Comandante  Sessé, jefe del batallón “Valdivia”, iniciase una investigación, la que pronto dio resultados positivos, el jefe chileno descubrió que un capitán de apellido Carrillo y dos soldados habían estado implicados en los hechos, de inmediato el Almirante da la orden de arresto en contra del capitán y los dos soldados implicados en los hechos, citando a Consejo de Guerra para el día siguiente, en la hoja de vida del capitán Carrillo estaba consignado que había participado en el motín de Quillota que derivó en la muerte del ministro Diego Portales, el capitán por una casualidad no participo en el crimen por lo que sólo había sido separado de su cargo y reincorporado ante la necesidades de la guerra.

La dureza con que actuó el Consejo de Guerra y la inflexibilidad del comandante en jefe de la expedición obedecieron a la idea del Alto Mando que un castigo ejemplar demostraría al esquivo pueblo peruano que las tropas chilenas eran disciplinadas y que sus jefes no permitirían  bajo ningún pretexto romper este principio, sin embargo la exagerada medida tomada aumento aun más el temor por la ferocidad que precedía como prestigio a las fuerzas chilena en los pobladores de las provincias sur peruanas, el acto de fusilamiento de un oficial y dos soldados por un simple robo, no hizo mas que confirmar la idea de extrema barbarie que tenían de los jefes chilenos los humildes pobladores ariqueños, los habitantes de Arica presenciaron en silencio y con estupor las ejecuciones efectuadas a las 10 de la mañana del día 27 de septiembre de 1837 en la Plaza Pública, lugar donde se había levantado el cadalso el día anterior, este cadalso consistía en tres poste que afirmaban rústicos banquillos donde fueron sentados los ajusticiados, en la parte posterior se había colocado un murete de sacos rellenos con arena.

Con la frialdad de los escasos pobladores que habían permanecido en la ciudad, con el engaño manifiesto por parte del prefecto López de Quiroga, el almirante Blanco Encalada da la orden de embarcar y poner proa al puerto de Islay, donde llegan el día 29 de septiembre, las condiciones del puerto eran tan malas que en el intento naufragó  el transporte “Carmen” donde iba la división peruana,  no ocurrieron desgracias humanas pero se perdió armamento y una buena cantidad de pertrechos; sólo el 4 de octubre se verifica el desembarco un poco más al norte en Quila, iniciándose de inmediato las acciones sobre Arequipa, las que terminaron en el deshonroso tratado de Paucarpata firmado entre Santa Cruz y Blanco Encalada.

 El tratado de Paucarpata fue rotundamente rechazado por el gobierno de Chile, el pacto Santa Cruz-Blanco fue considerado deshonroso y no se ajustaba a la política de interés nacional que había fijado el gobierno, por lo que se decidió  continua la guerra contra la Confederación enviando una segunda expedición, la que iba al mando del general Manuel Bulnes, la segunda etapa del conflicto desembocó en el triunfo de Yungay y la consecuente derrota absoluta del Mariscal Santa Cruz quien se exilia en Ecuador.

 En la segunda etapa de la guerra contra la Confederación Arica no fue un escenario de las acciones militares ni políticas que implicaba el conflicto.

Santa Cruz llegó derrotado a Arequipa el 14 de febrero de1839, los partidarios del Protector le brindaron su adhesión  entre ellos el Mariscal Cerdeña prefecto del Departamento y el general Moran que en ese momento comandaba el batallón Puno, sin embargo el pueblo de Arequipa mostró una frialdad extrema con el visitante, “... la población recordó que en igual día a la misma hora y por el mismo camino, había entrado vencido el general Salaverry, y  diputó la conciencia como augurio fatal para el Protector, en la tarde del día 19, cayo un rayo sobre un elevado álamo, que distaba una cuadra de la casa donde se hospedaba Santa Cruz. El fenómeno era una cosa insólita en Arequipa, protegida por el gran pararrayo de las cumbres vecinas. Nadie había visto caer un rayo ni la tradición lo recordaba. Se le tuvo por anuncio de que el golpe se preparaba contra algún grande de la Tierra...” [40] , Santa Cruz renuncia el 20 de febrero al protectorado saliendo de Arequipa con grandes dificultades protegido por el batallón Puno, embarca en el puerto de Islay sin no pocas dificultades, lo rescatan una fuerza de 50 marinos de la fragata inglesa “Samarang” que había dispuesto el cónsul británico Mr. Thomas Crompton.


Capitulo IX

Comienzos de la era de Ramón Castilla

·         Derrota de Ingavi y muerte de Gamarra

 

La derrota de la Confederación Perú- Boliviana trajo como consecuencia una serie de acontecimientos políticos que nuevamente tendrían  a Arica como uno de los elementos de fricciones y negociaciones entre los caudillos de Perú y de Bolivia, el General Gamarra se hace del poder en Perú, mientras que en Bolivia el general Velasco hace lo propio, las intrigas del ex Protector desde su exilio en Guayaquil en la política de ambas naciones genera un estado de anarquía absoluta, los  caudillos bolivianos se dividen entre  los  partidarios de la restauración liderada por Velasco y los partidarios de la regeneración estos partidarios de la vuelta del Mariscal Santa Cruz al gobierno de Bolivia, por otro lado se encuentra el general José Ballivián quien desde Perú intenta derrocar al gobierno de Velasco con la complicidad de Gamarra, Ballivián era contrario a la vuelta de Santa Cruz.

En este estado de cosas Gamarra invade  Bolivia por tercera vez, en septiembre de 1841  el presidente peruano había concentrado en las provincias del sur un ejército de 5.000 hombres a motivo de defender su gobierno de la sublevación de Manuel Ignacio Vivanco, gobernante peruano  invasor de Bolivia eleva una proclama al pueblo boliviano el 14 de septiembre en la que les decía  que su propósito era evitar el regreso de Santa Cruz al gobierno de Bolivia y que este país no tenía nada que temer del Perú, el día 2 de octubre de 1841 Gamarra cruza la frontera, avanza sobre La Paz apoderándose de esta ciudad sin resistencia.

A esa fecha Ballivián  ya se había hecho del gobierno boliviano cuando Gamarra inicia la invasión, el general boliviano había derrotado a los partidarios de Santa Cruz, de inmediato deroga las constituciones de 1834 y 1839, asumiendo el poder absoluto hasta el llamado a una nueva convención para que decidiese la nueva forma de gobierno, con esto quedaba conjurado el peligro del regreso de Santa Cruz y por consiguiente los motivos que adujo el Presidente peruano Gamarra para invadir Bolivia.

El nuevo presidente de Bolivia dirige una nota  a Gamarra el 4 de octubre representándole el hecho que ha desaparecido el peligro de regreso de Santa Cruz, protestando por  la ocupación de territorio boliviano por parte de las tropas peruanas, Gamarra contesta estar dispuesto a una negociación pero como condición previa la permanencia de las tropas peruanas en territorio boliviano, esta actitud del  general Gamarra  actuó como elemento catalizador del pueblo boliviano y sus caudillos que se unieron en torno de la conducción de Ballivián, el general Velasco puso sus tropas a disposición del presidente.

Las tropas bolivianas y peruanas se empeñan en batalla al medio día del 18 de noviembre de 1841 en la localidad de Ingaví cercana al lago Titicaca a un costado de la rivera oriental del  río Desaguadero, en el fragor de la batalla cae herido de muerte el presidente peruano Agustín Gamarra, esparciéndose con rapidez la noticia entre la tropa, ocasionando la desmoralización generalizada, el general Ramón Castilla Marquesado [41] toma el mando de las fuerzas peruanas, hace ingente esfuerzos por controlar la situación, logrando contener por una hora las impetuosas cargas del ejército boliviano, que terminan por derrotar a los peruanos, el desastre peruano en Ingaví además de la muerte de su presidente les significo la inopia militar mas absoluta, según el parte de guerra boliviano, quedaron 22 jefes prisioneros, incluidos en estos el propio Castilla, 150 oficiales y 3200 soldados, el cadáver de Gamarra fue arrastrado amarrado de la cola de un caballo como también sufrieron humillación los jefes prisioneros, el futuro Mariscal Castilla fue abofeteado por el mismo general Ballivián, incidente que marco los ánimos de Castilla  en su estimación futura hacia Bolivia, el presidente Ballivián rápidamente ocupo los territorios de los departamento de Puno y Litoral Moquegua, los que quedan bajo el poder militar boliviano.

El Departamento Litoral Moquegua cuya capital era Tacna es ocupado por tropas bolivianas comandadas por el coronel Francisco Xavier Magariños, con una fuerza  de 1.200 hombres, Magariños envía al teniente coronel  Fernando Aguilar a tomar posesión del puerto de Arica el 26 de diciembre de 1841, con una fuerza de 500 hombres  mas 100 de caballería,  no hubo resistencia en la ocupación, el prefecto Manuel de Mendiburú [42] se había fugado al enterarse del avance de los bolivianos refugiándose en Locumba dirigiéndose posteriormente a Arequipa, en la invasión de tropas bolivianas al departamento de Litoral sólo se registro un pequeño conato de resistencia a cargo de una pequeña tropa al mando del capitán José María Lavayse en el valle de Sama, en general la población recibió de buen agrado la presencia de los bolivianos, así veían  la posibilidad de hacerse realidad los acuerdos de  la asamblea de marzo de 1836 en que estas tierras pedían incorporarse a la nación boliviana, el teniente coronel Aguilar en sus incursiones por los valles interiores de la provincia de Arica cometió algunos abusos con la población, que le significaron medidas disciplinarias para él y sus hombres, en el decir popular de los pueblos de Arica y Tacna lo bautizaron como el “Coronel come guaguas”. 

El gobierno de Chile ante la gravedad de los acontecimiento  entre las dos republicas andinas designa al ministro del Interior y de Relaciones Exteriores  del gobierno de don Manuel Bulnes, don  Ramón Luis Irarrázaval, en calidad de ministro delegado, con el fin de mediar e imponer la paz entre ambas naciones y tomara las medidas necesarias para evitar cualquier posibilidad del retorno de Andrés de Santa Cruz al poder, la misión se  traslada a Lima con el  objeto subir  el rango de la representación chilena ante los gobiernos peruanos y bolivianos, dando de este modo una mayor fuerza a las gestiones diplomáticas de mediación que hasta ese momento llevaba don Ventura Lavalle quien era ministro plenipotenciario de Chile ante los gobiernos de Perú y Bolivia, el 6 de febrero 1842 el ministro Irarrazával sale de Valparaíso rumbo al norte.

 El gobierno peruano dirigido en ese momento por el vicepresidente de Gamarra don Manuel Méndez, designa el 9 de febrero de 1842, como su representante para negociar la paz con Bolivia bajo la mediación chilena a don Francisco Javier Mariátegui, en tanto que el gobierno boliviano  designó como su representante a don Hilarión Fernández.  Después de arduas negociaciones  que duraran casi un par de meses, las parte logran llegar a un principio de acuerdo, la legación boliviana siempre presentó una actitud más conciliadora, a diferencia  del duro comportamiento de Mariátegui, cuando ya se acercaban las posiciones para lograr un acuerdo definitivo el delegado boliviano señor Fernández irritado con las impertinencia del delegado peruano en todo el transcurso de las negociaciones  hizo una larga  y dura exposición sobre los derechos históricos que le cabian a la República de Bolivia  como heredera de la Presidencia de Charcas, sobre los territorios al sur del lago Titicaca hasta Chucuito y los de la costas ariqueñas, en especial sobre el puerto de Arica, costas de Moquegua y de Tarapacá (en ese momento ocupadas por el ejército boliviano), resaltando en sus reclamaciones la generosidad de Bolivia sobre los términos en que se llegaba al acuerdo, el ministro peruano que era también historiador no hizo espera su replica sobre los derechos históricos del Perú sobre los territorios reclamados por Bolivia,  adornada su exposición con fuerte recriminaciones, una vez concluidas las recriminaciones de ambas delegaciones; Fernández y Mariátegui,  dieron cuenta de concordar en el documento elaborado en todos sus términos quedando sólo pendiente la consulta al presidente Ballivián sobre una columna que había ordenado levantar en Ingaví, en la que  se había incorporado una placa recordatoria considerada ofensiva para el honor peruano y que rezaba así: “Aquí 6.000 peruanos, que osaron invadir la tierra de Bolivia, fueron vencidos por 3.800 bolivianos. Las cenizas de un invasor forman la base de este monumento”.

Después  de ingente  esfuerzos diplomáticos directos por parte del plenipotenciario chileno señor Lavalle con los presidentes del Perú, señor Méndez y de Bolivia, general Ballivián,  se logra firmar el tratado en la ciudad de Puno el 7 de junio de 1842; poniendo fin al estado de guerra entre ambas naciones y concretando la salida de las tropas bolivianas del territorio  peruano que estaba bajo las armas de Bolivia. Curiosamente el general Ballivián nada  exigió para su patria, salvo  el que Perú  desistiera de las reclamaciones  por las deudas contraídas  en la lucha por la Independencia en lo que correspondía a Bolivia y del daño económico  ocasionado  por  el Protectorado de Santa Cruz, al parecer Ballivián tuvo esta actitud por la debilidad interna de su gobierno que siempre se sentía amenazado por alguna asonada golpista y quizás por su vinculación original con Gamarra  al momento de la invasión peruana a territorio boliviano; tal vez factores que le hicieron perder las ventajas militares  obtenidas con el triunfo de Ingaví.

El historiador peruano  Jorge Dulanto  Pinillos   describe la llegada de Castilla a Tacna una vez que había sido liberado como resultado del tratado de Puno: “Un hombre a caballo llega a Tacna el 5 de septiembre de 1842. El rocín que lo trae, un verdadero rocín por lo flaco y huesudo, entra lento, gacha la cabeza y no se detiene sino en la puerta de  la casa del súbito francés Resroe. Cuando el jinete se apea, se aprecia un hombre bajo y oscuro, mal vestido y con huellas saltantes de fatiga. Su  súbita aparición alegra al francés que ha temido por la vida del amigo. Narra el recién llegado sus padecimientos y aventuras  con su tajante franqueza sin ocultar  infamia y miserias. ¿Cómo arriba a Tacna el señor  general de división don Ramón Castilla? No es fugitivo el vencido de Ingaví sino liberado por el tratado de paz  de Puno que pone termino a la guerra con Bolivia”.  Así  Castilla retorna a la tierra que le servirá como escenario en los próximos años de sus acciones revolucionarias que lo llevarían a la presidencia del Perú, los valles y desiertos desde Tarapacá a Arequipa serán testigo de los ímpetus revolucionarios del Mariscal  Castilla hasta  el día de su muerte.

Una vez firmado el tratado de Puno el señor Manuel Menéndez convoca a elecciones, pero tiene que hacer frente a las asonadas  militares, que generan un nuevo periodo de anarquía, situación ya endémica en la república del Perú, los generales  Antonio Gutiérrez De la Fuente, jefe del Ejército del Sur, el  general Juan Crisóstomo Torrico jefe del Ejército del norte, el general Francisco Vidal que formaba parte del Ejército del  sur, y el general  Manuel Ignacio Vivanco, se sublevan contra el gobierno del señor Menéndez, la anarquía se extiende  hasta el 22 de julio de 1844  cuando Castilla derrota a Vivanco a las afuera de Arequipa en el Alto del Carmen.

El gobierno de Manuel Menéndez es defendido por Castilla y el general Domingo Nieto este último muere en el transcurso de la campaña,  los cuartelazos habían comenzado en abril de 1842 con el levantamiento del coronel Mendiburú en Moquegua, el general La Fuente hace una junta de jefes en Cuzco derrocando a Manuel Menéndez, nombrando en su reemplazo a al general Francisco Vidal, pero el 16 de agosto el general Torricio se apodera del gobierno el 16 de agosto de 1842,  hacemos esta reseña brevísima para que el lector pueda  darse cuenta sobre el grado de anarquía  que vivía el Perú tras  la muerte de Gamarra en Ingaví; uno de los componentes que abonaban las querellas entre los caudillos militares era la injerencia de general Ballivián presidente de Bolivia en la política peruana, Ballivián apoyaba a uno u otro caudillo en la disputa por el poder como un pálido reflejo de la manipulación que en su oportunidad hizo Santa Cruz. También era una influencia  importante la intriga que desarrollaba el mariscal Santa Cruz desde su exilio ecuatoriano, en este ambiente de permanentes cuartelazos y subversión, en enero de 1843 estalla una revolución en Arequipa encabezada por el general Manuel de la Guarda y acaudillada por general Manuel Ignacio  Vivanco que triunfa temporalmente sobre sus rivales autonombrándose Supremo Director de la República.

Castilla se concentra en los departamentos del litoral sur del Perú formando el grupo denominado de constitucionalistas liderados por él y por el general Domingo Nieto que defendían  el derecho constitucional de don Manuel Menéndez a la presidencia del Perú. El general Castilla el 13 de agosto   de 1843 enfrenta a las tropas  de Vivanco comandadas por el general La Fuente, ambos generales tarapaqueños, se empeñan en batalla en los arenales de Chinchorro al norte del puerto de Arica, Castilla demuestra  más pericia en las artes militares que su coterráneo empujándolo hasta el vado de Chacalluta, las tropas constitucionalistas alcanzaban a  400 hombres de infantería más un pequeño piquete de 50  soldados de caballería, las tropas del general La Fuente ascendían a 500 infantes más  100 de caballería,  Castilla puso en retirada a sus adversarios pero no logro cerrarles el paso al buen resguardo que significaba para las tropas “vivanquistas” en el interior del valle de Lluta. ,  repuesto La Fuente y su gente intenta dominar Tacna , para ello avanza con su tropa  desde Chironta poblado del interior de Lluta,  cruzando por la sierra de Huaylillas, llegando a las inmediaciones de Pachía el  28 de agosto al anochecer, advertido Castilla por los lugareños de este poblado precordillerano de Tacna convoca a consejo de guerra decidiendo los jefes constitucionalistas emprender la marcha  de inmediato sobre el lugar amagado, con el fin de no dar la ventaja del descanso a las fuerzas adversarias, en el amanecer del día 29 de agosto los constitucionalistas sorprenden a las tropas de  La Fuente en pleno caserío de Pachía  aun en un remolón despertar, la sorpresa casi causa un desastre definitivo a las fuerzas que apoyaban  al Supremo Director de la República (Vivanco), pero La Fuente a la cabezas de  sus  oficiales logran controlar  el espanto de la tropa organizando la resistencia, se genera un combate casa a casa en el poblado,  cualquier oquedad del suelo es usada como trinchera, después de una hora de recio combate, nuevamente Castilla logra imponer la superioridad en el mando militar con respecto a su rival; poniendo en fuga a sus adversarios pero al no contar con una caballería numerosa se le hace imposible iniciar la persecución y cortar la retirada, La Fuente se dirige con sus maltrechas tropas al norte.

El Mariscal Castilla constituye una Junta Gubernativa de corte liberal que preside él, oficiando de Secretario General Francisco de Rivero y Ustariz, esta Junta que entre otros conforman el coronel José Felix Iguaín, es nombrado prefecto del Departamento Litoral Moquegua el coronel  Manuel de Mendiburú. En septiembre de 1843 llegan noticias que el general La Fuente se aproxima al valle de Sama con un grueso contingente de infantería y caballería la mayoría eran tropas veteranas, Castilla podía oponer una fuerza bisoña conformada en su mayoría por campesinos tarapaqueños, trajineros de Arica  y muchos jóvenes tacneños y ariqueños que mayoritariamente fueron reclutados del recientemente  creado Colegio Nacional de Tacna.

 El Mariscal Castilla imparte las ordenes para enfrentar a los tropas vivanquistas que vienen desde Arequipa, los constitucionalistas se ubican en posiciones defensivas en el cerro Intiorco en las inmediaciones de la “Quebrada del Diablo” [43] .

La Fuente da ordenes de emprender el avance el 21 de septiembre  después del descanso en el valle de Sama,  las fuerzas de La Fuente  se sienten seguras de conquistar Tacna la capital del Departamento  Litoral de Moquegua, le habían informado de la desmoralización de los constitucionalistas y lo novata que era  la tropa, la marcha por el desierto se hace lenta, la arena y los pedruscos salitrosos hacen pesado el andar hasta que comienza a caer las sombras de la noche, junto con el manto oscuro de la noche comienza a correr por los subes lomajes de la pampa “tules” de gruesa camancha que dificultan la orientación, las tropas   de La Fuente en su mayoría  reclutadas en Arequipa  y Moquegua son conocedores  de estas inclemencias del hábitat desértico de la zona sin embargo es tan densa la neblina que terminan por  extraviarse en medio del desierto que separa Tomasiri de Tacna, deambulando por la noche  confusos y desorientados al amanecer cuando las primeras luces del día comienzan a disipar la espesa neblina, La Fuente se ve rodeado por las fuerzas de Castilla que rompe fuegos sin dar respiro ni tregua a sus adversarios, en el deambular  a ciegas de La Fuente y sus huestes  cayeron en medio de las tropas enemigas sin posibilidad alguna de armar resistencia poniéndose en fuga toda la tropa partidaria de Vivanco, desde Jefes hasta el último recluta.

Al grito ¡ Viva la Constitución!  ¡Viva Castilla!, en un extasíe de triunfo que no permitió efectuar  una rápida acción para evitar la retirada de los vencido, dejando un triunfo total como efímero y sin ninguna definición en la lucha fratricida que llevaban los caudillos militares,  alargando por más tiempo la anarquía que sufría la república del Perú. Después de la algarabía se reordenan los triunfadores para entrar a Tacna con sus estandartes victoriosos.

·         El final del Mariscal Santa Cruz

Durante los agitados años  de la anarquía de los ’40 del siglo XIX, el puerto de Arica empezó a ver incrementada su población  con elementos de origen hispano procedentes de las tradicionales familias ariqueñas, que en su mayoría había buscado refugio en pueblos del interior de la provincia como Tacna, Belén, Putre, Socoroma, Humagata, Codpa, etc. en los duros días de la guerra por la independencia, otras familias habían emigrado escapando del tan deficiente estado de salubridad que mantenía el puerto, como  derivación de la endémica enfermedad  llamada “fiebre amarilla” o “paludismo”.  Ahora la situación  de emigración se revertía  con motivo de la revolución llevada a cabo por el grupo de caudillos militares denominados Constitucionalistas que encabezaba el general Ramón Castilla y que asentaron sus reales en las tierras que van desde Tarapacá  a Moquegua. Los revolucionarios habían encontrado en los pueblos del interior del Departamento Litoral su fuente de pertrechos y de reclutamiento de nuevos soldados, además como había  ocurrido en otras oportunidades los valles y poblados fueron escenario de  escaramuza bélicas entre los bandos en pugna, cuestiones  todas que provocaron una emigración  de los lugareños hacia el puerto  y ciudades de mayor población como Tacna y Moquegua, estos fenómenos migratorios originaron el  aumento del elemento de origen hispano en la población de Arica; ha esto se suman la aparición de los primeros inmigrantes europeos que comienzan a asentarse en la zona  después de la independencia, principalmente compuesto por inmigrantes de origen italiano, inglés, alemán, francés, español y austríaco. La mayoría de estos inmigrantes eran de sexo masculino factor que facilitó el rápido mestizaje de la población ariqueña con los recién llegados, aumentando  así el porcentaje de sangre europea entre los pobladores  de Arica.

Cuando aun no se secaba  la tinta de la firma del tratado de Puno, el general José Ballivián presidente de Bolivia se dio  cuenta del error cometido al  no haber exigido la anexión a su país de las provincias de Tarapacá y Arica, por lo que una vez que se vio  más estable en el gobierno sin el riesgo de una sublevación o de una asonada militar, acredita rápidamente ante el gobierno del Perú a don Miguel María de Aguirre con instrucciones expresa que decían: “Ajustara un tratado definitivo de paz, amistad y limites,  y consiguiera el reconocimiento de la soberanía boliviana sobre el litoral de Tarapacá y el puerto de Arica inclusive, otorgando en cambio todo genero de seguridades sobre la no-intervención  y ventajas  comerciales y de libre cambio...”.

El general Ballivían quería aprovechar la anarquía peruana, por lo que entró primero en contacto con el general Torrico quien se encontraba asilado en Bolivia, después del fracaso de las intentonas por lograr el poder de su país, sin embargo al ver el general Ballivían que Torrico no tenía posibilidades de acceder al gobierno,  varió su estrategia  acercándose al general Vivanco.

La diplomacia boliviana aprovechando la buena voluntad mostrada por el Supremo Director (Vivanco), actuó impulsando la   realización  de amplias conversaciones entre ambos gobiernos; en las que la cuestión de Arica  estaba presente permanentemente, sin que se llegase a plantear explícitamente, esto por una táctica política del gobierno boliviano. La diplomacia del país altiplánico en esta oportunidad trabajó para que la iniciativa de la anexión de Arica a Bolivia partiera del propio gobierno peruano, de tal forma  que el delicado asunto estuviese  bien asentado en los gabinetes de la diplomacia de ambos países, a este respecto una carta del general Ballivían al prefecto de La Paz señalaba “... Ureta [44] nos habla de arreglo y transacción sobre Arica; nos hacemos los suecos y queremos oír lo que dicen y por dónde vienen; pero está visto que es menester hablar de esto, sacar la cara y no hacer como los enamorados que no se atreven a declararse y reciben calabazas por tontos.”

Paralelo a los esfuerzos diplomáticos del presidente Ballivían por lograr la anexión de las provincias del sur del Perú a su patria, el Mariscal Santa Cruz seguía conspirando desde su exilio en Quito amparado por el general Flores,  en 1842 logra Santa Cruz  impulsar una conspiración contra el gobierno de Bolivia, uno de las acciones a seguir por los conspiradores era el asesinato del general José Ballivían.  Se descubrió oportunamente la confabulación, pagando con el patíbulo 14 de los principales cabecillas del  movimiento subversivo, entre ellos se contaba el teniente coronel Fructuoso Peña, sobrino de Santa Cruz.

Convencido  el Mariscal de Zepita que sus conspiraciones para que tuviesen el éxito esperado requerían necesariamente que estuviese en el terreno mismo de las acciones,  lo que no como había ocurrido hasta la fecha, pues toda su actividad sediciosa lo hacia a través de agentes y comisionados, por lo que decide  dar algunos pasos audaces que le permitan lograr  sus objetivos.

Con el fin de posibilitar la  intervención  más directa del ex – Protector en los asuntos políticos de la región,  se ideo por parte de los “protectorales” que por intermedio de sus banderizos de la ciudad de Lima, los que eran muy allegados al general Vivanco, solicitasen del Supremo Director la autorización para  que el Mariscal residiese en Tacna con el fin de atender de mejor forma “sus intereses particulares” dejados en Bolivia al momento de partir al exilio, la operación  además concebía una acción distractoria para despistar  al general Ballivían,  acción que consistía en hacer pública la proposición que al Mariscal Santa Cruz  se le diera una legación en  Europa con el fin de procurar al Perú  de una escuadra poderosa que le devolviera el dominio del  Pacifico, perdido durante la guerra de la Confederación Perú Boliviana con la República de Chile.

Vivanco no podía concederle  licencia para residir en Tacna a Santa Cruz,  sin antes provocar las iras de Ballivían, las que podrían terminar en una franca agresión  armada por parte del gobernante boliviano, además el territorio de Tacna estaba en ese momento en poder de la Junta Gubernativa que encabezaba el general Castilla, que después  del último  choque armado en el cerro Intiorco, a las afuera de Tacna, había afianzado más su posición, inclinando la balanza a favor de los constitucionalistas con respecto a  la posición de Vivanco en la zona.

Para el gobierno de Chile  la noticia de la pretendida legación  en  Europa del Mariscal Santa Cruz fue recibida con profunda  preocupación ya que eso equivalía a la rehabilitación política de este, como también la presencia del Mariscal con el rango de ministro del Perú en Europa constituía un riesgo para la seguridad nacional. El gobierno chileno de inmediato comenzó  acciones diplomáticas para disuadir al general Vivanco de no dar ese paso que en definitiva sería de gran conflicto para las tres naciones involucradas. El gobierno chileno propone un plan para internar al insidioso Mariscal en alguna ciudad del interior de Chile, ya que esta república era la única capaz de poder garantizar  el termino de las actividades disolventes y conspiradoras de Santa Cruz.

El Mariscal Andrés de Santa Cruz se embarca desde Guayaquil el 13 de agosto de 1843 rumbo al sur, en la goleta “Quintanilla”, su objetivo era desembarcar en  Cobija u otro puerto del sur peruano  con el fin de iniciar personalmente una nueva conspiración para derrocar al gobierno boliviano presidido por el general Ballivían; cuando llega a las costas peruanas  el vicecónsul de Inglaterra en Arica Mr. Hugo Wilson hace de agente de Santa Cruz ante el Mariscal Castilla solicitándole la licencia para que Santa Cruz residiera en Tacna, el diplomático británico  esperaba al Mariscal ya con casa lista, ofrece a Castilla ayuda  contra Vivanco y un tratado comercial favorable una vez que se hiciera de nuevo del gobierno de Bolivia Santa Cruz; Castilla y su Junta Gubernativa desestimaron lo solicitado por el vicecónsul Wilson a favor de Santa Cruz, por razones de estrategia militar, ya que no estaban en condiciones de enfrentar una agresión armada por parte de Ballivían,  pero además estaba el antecedente que la mayoría de los jefes constitucionalistas habían actuado en contra de Santa Cruz cuando ostentaba el cargo de Protector de la Confederación Perú Boliviana, estos jefes lo habían combatido integrando la División Peruana del Ejército Restaurador.

 Ante la negativa de las autoridades peruanas de aceptar la solicitud de Santa Cruz, la goleta “Quintanilla” siguió rumbo al sur hasta un supuesto desembarco en el puerto de Cobija, pero el astuto Mariscal burlando la vigilancia de las autoridades peruanas logra desembarcar en la caleta de Camarones  ubicada  en latitud 19º 11’ Sur; longitud 70º 15’ Oeste; a 81,2 Km al sur del puerto de Arica. El 13 de octubre de 1843  con la  colaboración de los pescadores de la caleta de Camarones debidamente concertados por  el comerciante argentino radicado en Arica Juan Manuel Castellano se inicia el último intento de Andrés de Santa Cruz por llegar al poder de Bolivia y revivir el proyecto confederal, la comitiva integrada por los señores Castellano, Wilson (vicecónsul inglés), y algunos ciudadanos extranjeros residentes en Arica acompañan al Mariscal por el  Valle de Camarones,  siguiendo una ruta  lo más discreta posible para que las autoridades peruanas y bolivianas no se enterasen de la presencia de Santa Cruz en el territorio ariqueño, el recorrido de los conjurados fue  hecho desde las playas de la caleta de Camarones a Palca, Cuya, Chuquichambe, Cananoxa, Camarones; y de este poblado giran al norte llegando a Amazaca continúan  por Poroma, Timar, para llegar al inicio del valle de Azapa  al poblado de Livilcar, de este caserío se internan por la Cordillera Central pasando por de Pachani y Ancovilque para finalmente  refugiares  en Chapiquiña, el agotador viaje duro 8 días. Los partidarios  de Santa Cruz entre los que estaban Agreda, Gómez de Goitía, el general  Brown, Peña, Irigoyen, entre otros, comienzan una febril actividad para lograr formar un cuerpo de ejército que les permitiera invadir los Departamento fronterizo de Bolivia con Perú, en estos menesteres fue sorprendido el comerciante argentino Castellano, es arrestado y siendo presionado por las autoridades de Arica termina por revelar el escondite del Mariscal Santa Cruz en Chapiquiña, de inmediato se tomaron las medidas para su captura, enviando un pequeño piquete de Caballería  al poblado cordillerano de Chapiquñia, el 2 de diciembre de 1843 la patrulla comisionada para el arresto del Mariscal Santa Cruz cumple su misión sin mayores resistencia, al llegar la cuadrilla al poblado hicieron creer a Santa Cruz y sus compañeros que se trataba de fuerzas que se sumarían a la conspiración, los aprensores del Mariscal llevaban ordenes expresas de trasladar al prisionero vivo inmediatamente a un presidio de Moquegua, orden que se cumplió a cabalidad.

Conocida la noticia del arresto de Santa Cruz, comienzan de inmediato afanosas negociaciones diplomáticas entre los gobiernos de  Bolivia y la Junta gubernativa de Castilla y del Gobierno de Chile con esta última. Ballivían comisiona como su representante al diplomático, don Gil Antonio de Toledo, quien plantea una solución radical ante el arresto del ilustre conspirador, el diplomático  altiplánico en comunicación al Secretario de la Junta Gubernativa Francisco de Rivero, le señalaba: “... Reconoce el infraescrito, por orden expresa de su gobierno (Ballivían) el derecho de S.E. el gobierno del señor Rivero, para imponer la pena de muerte al prisionero don Andrés de Santa Cruz, y consciente por su parte en la aplicación de esta pena a que está condenado en ambas naciones por los crímenes que ha perpetrado contra la soberanía o independencia de ellas y por todos los agravios y daños que les ha conferido...”, el gobierno boliviano planteaba que en caso de que la Junta no quisiera aplicar la pena de muerte fuese extraditado a Bolivia y de no ser posible esto, aceptaría un remisión a Europa del prisionero, pero en ningún caso admitiría el gobierno  boliviano  la entrega del caudillo al gobierno de Chile.

Paralelamente  a las negociaciones bolivianas con la Junta Gubernativa, el cónsul de Chile en Arica señor Ignacio Rey y Riesco inicia su febril actividad para imponer los puntos de vista de la República de Chile, simultáneamente el gobierno chileno envía una división naval, comandada por el capitán de fragata don Pedro Díaz Valdés y Carrera [45] , integrada por la fragata “Chile” y la goleta “Janequeo”, con el objeto de proteger los intereses de los ciudadanos chilenos que habitaban la costa sur del Perú y la comisión reservada de gestionar la  llevada a Chile del Mariscal  Andrés de Santa Cruz en calidad de prisionero mientras se gestionaba su remisión definitiva a algún país europeo, la división naval chilena zarpa el 1º de diciembre 1843 desde Valparaíso rumbo a Arica, las instrucciones del gobierno chileno que llevaba  el capitán Díaz Valdés al cónsul en Arica están expresadas en la nota que este entrego al general Castilla y que en parte decía “... Si la Junta Gubernativa de Tacna considera imparcialmente la situación del Perú y de Bolivia, reconocerá que de los Estados que tienen un interés en ello, Chile es el único que puede ofrecer garantías de seguridad para la custodia de don Andrés de Santa Cruz, y no sólo de custodia segura, sino de que no se hará jamás de su persona un uso que pudiese inquietar al Perú ni a Bolivia. Cree, pues,  mi gobierno tener algún derecho a la confianza de la Excma. Junta cuando le pide que ponga a su disposición y bajo su custodia la persona de don Andrés de Santa Cruz. No hay en esto nada que pueda parecer opuesto a los sentimientos de humanidad que animan  a la Junta Provisoria y de que tampoco esta desnudo el gobierno de Chile. Don Andrés de Santa Cruz gozaría en Chile de toda libertad compatible con la seguridad de los gobiernos vecinos y de todas las consideraciones que se deben al infortunio. El gobierno de Chile se compromete solemnemente a ello”.

La Junta Gubernativa de Castilla se dio cuenta que el Mariscal Santa Cruz en su prisión de Moquegua era un excelente factor de negociación, factor que jugó a favor de la seguridad y la vida del prisionero, en las negociaciones al parecer llevaba ventajas la representación chilena ya que el cónsul Rey y Riesco era cuñado del coronel Mendiburú uno de los caudillos constitucionalistas,  además de tener amistad con la mayoría de los jefes juntistas, otro factor que podía inclinar la balanza a favor de los intereses de Chile era  los sentimientos personales del general Ramón Castilla  hacia Bolivia y  en particular con respecto al general Ballivían quien le había inferido   una oprobiosa humillación en la derrota de Ingaví.

Entre tanto el general Vivanco y su gobierno no permaneció impasible ante este nuevo factor político que se presentaba en la dura guerra civil que enfrentaba su país, sus agentes convencen al presidente boliviano, general Ballivían, de apoyarlos en una incursión armada sobre el puerto de Arica con el fin táctico de introducir una cuña en el territorio de dominio de los constitucionalistas; dejando a estas fuerzas atrapadas  en dos frentes el de Arequipa que dominaban y esta nueva posición, al parecer el apoyo de Ballivían sólo se limitó en dar facilidades de paso por su territorio a las tropas “vivanquistas” y a proporcionar pertrechos de guerra. Así los partidarios de Vivanco se descuelgan desde Putre por el valle de Lluta con dirección al puerto de Arica en diciembre de 1843, Castilla es alertado por los habitantes de los pueblos cordilleranos, el mariscal tarpaqueño ya ejercía un evidente liderazgo entre los habitantes de todo el territorio comprendido entre Tarapacá y Arequipa. El alto mando constitucionalista dispone de inmediato las medidas militares necesaria para impedir el cumplimiento de los objetivos de sus adversarios, avanza con sus tropas por el valle de Lluta, ubicado al norte de la ciudad de Arica, estacionándose en el sector de Mollapampa,  este lugar está ubicado en pleno corazón del valle a unos 25 Km. al interior, contiene buenas vertientes de agua dulce,  tiene una explanada piedecerro árida sin vegetación de una  60 hectáreas de superficie formada por rellenos aluviales de la quebrada  del mismo nombre, en esta área se ubica el caserío, el bajo de este sector del valle de Lluta, contiene abundante vegetación y tiene un ancho  cultivable de unos 1500 mts. Mollepampa se ubica en un meandro de unos 90º  que forma el río, enfrentando por el sudeste al contra recodo de Guancarane y por el poniente deslinda con Rosario lugar done el río toma una trayectoria más recta hasta su desembocadura, en la explanada  de Mollepampa existió una casa ejercicios de la Compañía de Jesús y una  capilla, ambas fueron abandonadas tras  la expulsión de los jesuitas en octubre 1767, este lugar fue transformado en criadero de esclavos negros, “mercancía de ébano”  de mucha demanda en las ingenios agrícolas de los valles peruanos que van desde Camaná a Lima, eran muy cotizados por la resistencia a la enfermedad de las “tercianas” (paludismo).

El choque de ambos ejércitos se produce en un encarnizado combate en el vecino poblado de Poconchile pueblo ubicado a unas 4Km. de Mollepampa, hecho de armas se verifica el 21 de diciembre 1843, las operaciones se inician cuando un piquete de caballería de Castilla  se topa  con una avanzada de las tropas  de Vivanco en las primeras horas de la mañana, las primeras acciones ocurren en los potreros de Guancarane, entre plantíos de maíz, alfalfa y trigo. A los primeros disparos de la refriega que se multiplican ante la caja de resonancia que forma la cuenca del valle, el general Castilla da la orden de avance a la infantería que ocupaba las laderas nortes del  valle, la evolución la hacen por el sector llamado el “Pedregal”, tomando  posición en la pronunciada curva que hace el río en ese sector, en el estratégico promontorio del lado norte que penetra sobre el pueblo de Poconchile y que esta separado por el cause del río; la concentración de las fuerzas  constitucionalistas en ese lugar tenía el objeto de  franquear el río y desalojar al enemigo de la estratégica posición del poblado, las tropas partidarias de Vivanco se hacen fuerte en la ladera Sur donde  controlan el vado del río que pretendían cruzar los hombres de Castilla,  las tropas vivanquistas usan las pircas de piedra que separan los pequeños potreros como trincheras, las ruinas del templo  colonial consagrado  a  San Jerónimo [46] es utilizado como cuartel general por los vivanquistas,  esta construcción se  había derrumbado en el último terremoto de 1833 y aun no había sido reconstruido,  después de tres asaltos a las posiciones defensivas, Castilla logra romper  la resistencia de sus adversarios que defienden con valor su posiciones entre las casa del pueblo que por ese entonces  tenía unos 200 habitantes los que ante el fragor de la batalla habían huido al los cerros cercanos, los jefes de las tropas arequipeñas mantuvieron con mucho esfuerzo el dominio de su flanco derecho, acción táctica que les permitió hacer una retirada mas o menos ordenada  hacia el poblado de Churiña (Molinos)  Castilla personalmente comanda la carga de caballería sobre las tropas de Vivanco, provocando la escapada casi total de las tropas defensoras del “Directorio”, nuevamente la escasez de medios logísticos, en especial de caballería no permitió a las fuerzas de la Junta Gubernativa dar un triunfo definitivo sobre los defensores del Directorio.

Después de estos acontecimientos la Junta Gubernativa se da cuenta que era peligroso seguir dilatando  el cautiverio del mariscal Santa Cruz en Moquegua, lo que en un momento fue un factor ventajoso de negociación  con el gobierno de Chile y con el gobierno de Bolivia se transformaba en un elemento que podría llevar a la destrucción de todo el esfuerzo hecho por ya más de 7 meses por restablecer  el orden constitucional de 1839, vistas las  nuevas condiciones la Junta entra en tratos secretos con el gobierno chileno a través del capitán de la fragata “Chile”, se nombra prefecto del Departamento Litoral al coronel  José Felix Iguaín, encomendando a este  la misión de llegar a acuerdo con el jefe de  la división naval chilena para entregar al mariscal a la custodia del gobierno de Chile, un intento de motín entre las tropas que custodiaban a Santa Cruz precipitó los acontecimiento, sofocado el intento de liberación del mariscal de Zepita, el coronel Iguaín solicita  de inmediato al  Capitán Díaz Valdés  que lo traslade del puerto de Ilo a Arica para asumir lo antes posible el cargo de prefecto [47] junto con la comitiva  oculto entre su miembros iba el ex gobernante siendo entregado a bordo del la fragata “Chile” el  1º de febrero de 1844,  se firma por parte del oficial chileno un recibo por el prisionero en el que se comprometía a retenerlo a bordo  de su nave en el puerto de Arica, hasta que la Junta confirmara oficialmente  la orden de entregarlo al gobierno chileno, y de devolverlo, si no fuese ratificado por el gobierno de Chile el  pacto entre el cónsul Rey y Riesco con la Junta Gubernativa.

Iniciadas ardorosas negociaciones en el puerto de Arica, el capitán Díaz Valdés recibe la orden de zarpar a Valparaíso inmediatamente tomada en conocimiento las instrucciones, debía zarpar sin dar aviso  a las autoridades peruanas ni al cónsul de Chile en Arica,  así el 14 de febrero  da vela al sur la división naval  llevando prisionero al otrora orgulloso Mariscal de Zepita y protector de la Confederación Perú Boliviana.

En tanto el gobierno Boliviano había asumido con resignación el desenlace de la prisión de Santa Cruz, el general Ballivían protestó diplomáticamente por la informalidad de la Junta Gubernativa en estas delicadas materias y dio orden a su representante ante la Junta de retirarse de Tacna señalándole en parte de la nota de instrucciones: “... Dejando al gobierno de Chile y al de la Junta, el deshonor de disputarse cuál de ellos debía ser el carcelero de Santa Cruz. Seguramente Chile querrá desempeñar respecto del ex Protector el papel que Inglaterra respecto de Napoleón”.

Las naves que llevaban a Santa Cruz llegan a Valparaíso el 8 de marzo, las autoridades chilenas  lo internan en la ciudad Chillan, ubicada a unos 40 Km. al sur de la capital Santiago, donde goza de un cautiverio acorde a su dignidad como había sido ofrecido por el gobierno chileno al comienzo de este episodio, permaneciendo  en este cautiverio hasta que es remitido a Francia el 20 de abril de 1846, donde fallece sin volver a tocar tierra americana.


TERCERA PARTE

SEGUNDO PERIODO REPUBLICANO

 

Capitulo X

Llega la modernidad y fin de la era de Castilla

·         Arica se moderniza, Ferrocarril, Aduana y Puerto

El triunfo de las fuerzas  de la Junta Gubernativa en Poconchile en diciembre de 1843 fue el último hecho de armas de importancia en la guerra civil entre Constitucionalista (Castilla) y partidarios del Directorio (Vivanco),  desde esa fecha  hasta el triunfo definitivo de Castilla en el Alto del Carmen en las afueras de Arequipa el 22 de julio de 1844 sólo hubo escaramuzas en diferentes puntos del territorio bajo control de la Junta, sin llegar a comprometerse en batalla ambos ejércitos hasta que los Constitucionalista formaron un ejército lo suficientemente fuerte que les permitió derrotar definitivamente a sus adversarios comandados en esa oportunidad por el propio  Supremo Director general Vivanco en las tierras del Misti.

Las negociaciones del gobierno boliviano con el general Vivanco avanzaban auspiciosamente  a favor del proyecto de Ballivían, cuya máxima era  que las provincias del sur del Perú pasaran a soberanía boliviana, sin embargo con  el desenlace de la guerra civil peruana al ser derrotado el general Vivanco, echó por tierra todo el trabajo que con tanta meticulosidad  había realizado la diplomacia boliviana por lograr hacer de Arica un puerto boliviano.

El Mariscal Ramón Castilla asume la presidencia del Perú el 20 de abril de 1845, como presidente constitucional, elegido por voto popular en elecciones convocada por don Manuel Menéndez quien había sido restablecido en el cargo de presidente de la República después del triunfo de las fuerzas Constitucionalista en Arequipa,  en julio de 1844.

Castilla era un político de tendencia liberal que administró con gran aptitud  de estadista su país, pero no pudo o no quiso superar su animosidad hacia el general Ballivían  que gobernaba  aun Bolivia, demostró una gran hostilidad hacia cualquier solución amigable en las relaciones con la república altiplánica, cada vez las relaciones entre ambos países se congelaban más y el punto neurálgico siempre era la “Cuestión Aduanera” en que estaba implícitamente presente el puerto de Arica, El gobernante peruano por un decreto del 9 de noviembre de 1846, alza los derechos de importación de los productos bolivianos, además se impusieron derecho de tránsito de toda mercadería por el puerto de Arica, todas medidas que perjudicaron la economía boliviana pero que también ocasionó un gran perjuicio a la ciudad de Arica que vivía principalmente del comercio boliviano, ha estas medidas hostiles del gobierno peruano el presidente Ballivían respondió con dos decretos de interdicción comercial e incomunicación fechados el 31 de marzo y el 29 de abril de 1847.

La política de Ballivían fue intensificar el trafico comercial por el puerto de Cobija, con el fin de asestar un rudo golpe a la economía ariqueña y demostrar que Bolivia era capaz de vivir independiente de las presiones ejercidas por el gobierno peruano contra su economía, pero se estrelló con la realidad porque el comercio del altiplano norte principalmente de la ciudad de La Paz, el más activo por la época, sufría un duro golpe con las medidas restrictivas; el mismo Ballivían da cuenta de esta realidad y la expresa el en su mensaje al Congreso en 1847: “... Desde la fundación de estos pueblos como colonias españolas, su comercio exterior se hizo por Arica... porque el puerto de Arica es el puerto natural de estas comarcas... La independencia y la creación  de las naciones del Perú y Bolivia tampoco produjo tal variación;  y sólo ahora el gobierno del Perú ha pretendido  contrariar la naturaleza y aniquilar con un rasgo de su pluma un derecho que nació con el establecimiento de la población europea en estas tierras,  que se apoya en la posesión no interrumpida de tantos años, que es anterior a la existencia de Bolivia y Perú, como naciones independientes y que se confunde con las necesidades inevitables de la posición geográfica que nos dio la naturaleza. El derecho de  comerciar por Arica es tan esencialmente necesario para la existencia de Bolivia, que para renunciarlo es necesario renunciar a la conservación de esta república [48] ”.

Los habitantes de  Moquegua, Arica y Tacna, se manifestaron contrarios a las medidas tomadas por Castilla, la que afectaba dramáticamente la economía de la zona, por lo que trajineros,  comerciantes, agricultores, calafateros, estibadores, boteros, en fin, todas las actividades relacionadas con el transito de mercancías  hacia y desde el altiplano se mostraban muy decepcionados con el caudillo tarapaqueño, por que consideraban que les había abandonado, en circunstancias que ellos habían aportado buena parte de sacrificios militares para que el y su Junta Constitucionalista llegase al poder y ya embestido con la máxima magistratura de su país los desamparaba, este descontento es recogido por el prefecto  del Departamento Litoral coronel José Felix Iguaín y lidera un movimiento por la creación de un “estado anseático” [49] , bajo la protección de Bolivia, haciendo la respectiva solicitud al gobierno boliviano, las negociaciones se habían iniciado a fines de 1845 con el fin de fijar las bases de este protectorado, el proyecto ya muy avanzado es interrumpido por la intervención de Castilla que hace apresar al coronel Iguaín expatriándolo, tomando nuevamente el liderazgo en las comunidades de las provincias sur peruanas. El general Ballivían tuvo la intención de invadir los departamentos sur peruano desde el Apurimac a Tarapacá, así queda establecido en varios documento, entre otros carta enviada el 4 de mayo de 1847 al prefecto de La Paz señor Manuel Guerra diciéndole en una de sus partes “...Vamos a conseguir por cuantos medios se pueda un millón de pesos para poner 10.000 hombres y apoderarnos hasta el Apurimac; lo demás, es juego de niños...”

Ahogadas las aspiraciones de autonomía de las poblaciones de Arica, Tacna y Moquegua,  las negociaciones entre Perú y Bolivia para superar los impases derivaron en el octavo acuerdo  relacionados con los temas comerciales  entre ambas naciones para regular el comercio y el uso del puerto de Arica por parte de Bolivia; el tratado es firmado en la ciudad de Arequipa el 3 de noviembre de 1847 se titulaba de “Paz y Comercio”, en este tratado se establecía la más amplia libertad de tránsito para Bolivia por el puerto de Arica condición que se mantendría con alguna irregularidad hasta la ocupación de Arica por las fuerzas chilenas en 1880.

Arica se vio favorecida con esta relativa estabilidad de la principal actividad  económica que le caracterizaba desde tiempos coloniales, aumentó  el transporte en acémilas de los minerales bolivianos hacia el puerto, también aumenta la instalación en la zona de casa comerciales importadoras de países europeos, las que traen artículos suntuarios, un ejemplo de esto fue la llegada de un buen número de pianos de marcas inglesas y alemanas que significó que en las familias ariqueñas hubiese un número importante de personas ejecutante de este instrumento, especialmente personas de sexo femenino, este desarrollo  se produce a pesar de la endémica inestabilidad política de  Perú y Bolivia, a fines de 1847 fue derrocado el general José Ballivían, hecho político que significó un acercamiento entre el nuevo gobierno boliviano presidido por  el general Manuel Isidro Belzu [50] y el gobierno peruano del Mariscal Castilla presidente constitucional, situación que no tuvo en todo caso mayor incidencia sobre la pretensión boliviana con relación a la soberanía de esta república sobre el puerto de Arica.

Por esta época comienzan los trabajos del primer relleno en la zona portuaria, la construcción del muelle y de la explanada  formada por el terraplén que tenía unos 800 mts. de largo por unos 500 mts. de ancho, en forma romboidal adosado al pie del Morro por el lado norte de este,  a continuación  de esta explanada se efectúa un relleno de la playa que sigue con dirección norte de unos 200 mts. de largo hasta un muelle  de embarque confeccionado de fierro riel y roble americano.

El Mariscal Castilla sintiéndose en deuda con la población de Poconchile por el triunfo de sus armas en esa localidad durante la guerra civil contra Vivanco; impulsa la reconstrucción del templo consagrado a San Jerónimo patrono del pueblo, con el aporte de los lugareños y del gobierno se inaugura el flamante edificio en 1850, se produce una dura querella entre los habitantes de Mollepampa y los de Poconchile, los primeros reclaman que el culto debería seguir haciéndose en la antigua capilla de Mollepampa ya que ha esta sólo bastaba hacerle algunas reparaciones y quedaría en optimas condiciones, este templo se había conservado en pie en el último terremoto acaecido en 1833, manteniéndolo en estado de uso los pobladores del sector, a diferencia del derrumbamiento del templo de Poconchile que en ese evento sísmico lo dejó inutilizable, pero los pobladores de Poconchile replicaban que el templo de Mollepampa estaba en ruinas y que el de ellos estaba reconstruido y en terminaciones, finalmente se resolvió la querella a favor de Poconchile.

La ciudad puerto de Arica crece con la estabilidad política e internacional, no con la energía de la vecina Tacna pero sí en forma importante. Por esta época se inicia la construcción del edificio de la aduana el que fue encargado a la firma inglesa E.T. Bellhouse & Co. de Manchester Inglaterra; este edificio de líneas clasicistas comienza a construirse en 1853,  daba frente al embarcadero, su estructura era de dos piso, su frontís de un largo aproximado de 60 mts, la plata baja tenía un corredor formado por 20 columnas de estilo dórico, confeccionadas  en fierro fundido traídas desde Inglaterra, estos balaustres de estilo dórico tenían  unos 80 centímetros de diámetro, con una pequeña disminución en su parte superior y de unos cuatro metros de altura, las ventanas de las dependencias del primer piso  que daban al corredor eran de estilo gótico, la segunda planta estaba separada de la primera en  por una cornisa ornamentada,  cada dependencia de esta planta tenía un ventanal de unos 2.20 metros de alto con su respectivo balcón formado por barandas de  fierro fundido coronadas  con pasamanos de madera de pino de “Oregón”,  estos balcones eran 20 coincidentes a los espacios entre columnas del primer piso, el techo del edifico era plano formado por un entablado de madera tinglada colocado sobre  vigas de roble y sobre esta estructura se cubrió con  esteras de totoras cubiertas con un mortero de barro y conchuela molida, interrumpían la horizontal del techo  las tradicionales casetillas tragaluz,  tan características de las construcciones de la zona; en la  parte posterior de la construcción existía un amplio patio de almacenaje y operación que cubría toda la manzana donde estaba enclavado el edificio aduanero, este patio estaba cerrado por un muro de adobes y tenía amplios portones que daban entrada y salida al recinto por las respectivas calles. En la explanada se construyó, dando frente al muelle de carga, un edificio destinado para las agencias comerciales que operaban en el puerto, era un edificio cubico de un solo piso que en su frontís tenía los portones de entrada a las bodegas y oficinas administrativas de las agencias, aquí funcionó la primera agencia de “vapores”, también aquí  había un emporio de víveres, vinos y licores. El material de construcción utilizado para estos edificios seguía siendo el adobe para el primer piso,  en el segundo piso normalmente se utilizaba paneles hechos de caña clavada en marcos rectangulares de madera de  unos 0,8 mts de ancho por 3,5 mts, de alto y revestidos con barro, todos estos edificios estaban enlucido con una mezcla de cal y arena.

El crecimiento del comercio boliviano por Arica con el consiguiente aumento del tránsito y volumen de mercancías y minerales  por el puerto, evidenció el alto costo de operación que tenía la actividad “trajinera”, además  de la lentitud que tenía este tipo de transporte, hechos que hicieron que comerciantes de la zona, con el correspondiente disgusto de los trajineros,   impulsaran al gobierno peruano a  incorporar tempranamente el gran avance tecnológico de eso años, como fue el ferrocarril.

Para la construcción del ferrocarril entre Arica y Tacna el gobierno peruano dictó la ley  del 16 de diciembre de 1851, promulgada por el gobierno del general José Rufino Echenique [51] .  Para el estudio del trazado y  proyecto de construcción del ferrocarril  se contrató al ingiero David W. Evans, adjudicándose el contrato de ejecución de la obra la firma José Hegan & Co. , las obras comienzan con prontitud, el terminal ferroviario de Arica constaba de un patio de maniobras ubicado en la explanada portuaria de los pies del Morro inmediatamente atrás del edificio de las agencias portuarias, una vía  férrea entraba al muelle de carga desde donde se trasladaba las mercancías en lanchones desde y hacia los veleros y  de los primeros vapores que comenzaban a surcar las aguas del Pacífico, en el extremo del malecón existía un güinche a vapor que facilitaba el izamiento de los bultos desde los  lanchones al muelle , además tenía unas rampas laterales que servían también para la carga de los lanchones; el andén de pasajeros del ferrocarril se ubicaba  al frente del edificio de la aduana entre este y el borde de playa, era una construcción simple que  consistía  en un sombreadero de unos 20 metros de largo  por unos 5 mts. de ancho con una larga banca puesta en el centro, en su extremo sur había una pequeña oficina donde se expedían los boletos para el transporte de pasajeros,  la vía férrea era de trocha ancha de 1,68 mts. el trazado ferroviario    continuaba  hacia el norte cruzando por frente de la “Lumbanga”, lugar donde se encontraba la estación  propiamente tal con sus patios de maniobra, bodegas y oficinas, el ferrocarril continúa su trazo al norte  cruzando el lecho seco del río San José en un pequeño puente para continuar por los bajos del Chinchorro cruzando los arenales hasta enfrentar el río Lluta  que lo cruza en puente de mayor importancia [52] que el del río San José, a un kilometro al norte del puente del río Lluta se encuentra la estación de Chacalluta, destinada  a recibir la carga y pasajeros que usaban el camino de Lluta que provenía del Alto Perú,  de este punto sigue un trazo casi recto hasta enfrentar la estación de Los Palos (El Hospicio) desde donde inicia una amplia curva para penetra ya en el valle del Caplina, el terminal de Tacna es una hermosa Estación que en su portón de ingreso del ferrocarril lo forma un edificio de madera estilo neoclásico, el largo total del trazado original fue de 62 Km., que después por acontecimientos históricos se redujo exactamente a 60 Km., existió el proyecto de alargar este ferrocarril  hasta Puno, la discusión se centró en si el trazado  pasaba o no por Moquegua o se buscaba una ruta más directa, al final se opto por la construcción del Ferrocarril Mollendo, Arequipa, Puno y el ferrocarril de Ilo a Moquegua.

El Ferrocarril  de Arica a Tacna fue terminado el 25 de diciembre de 1856; siendo inaugurado oficialmente en una pomposa ceremonia el 1º de enero de 1857 por el Mariscal Ramón Castilla que ejercía su segundo periodo de presidente del Perú,  este ferrocarril se considera el tercero  de Sudamérica en su construcción después del de Callao y del de Copiapo-Caldera. El gobierno del Perú concedió el privilegio de explotación del ferrocarril, por el termino de 99 años, a la firma de José Hegan & Co. Quien traspaso sus derechos a la  Compañía inglesa “The Arica & Tacna Railway Company” esta explotación la ejerció hasta 1942 cuando es traspasado  al gobierno peruano.

A principios  de la segunda mitad del siglo XIX, la ciudad de Arica comienza a ver una estructura  urbana que auspiciaba un futuro mucho más prospero que el que conocía hasta la fecha,  una de las obras civiles que marca profundamente  el diario vivir del puerto es la construcción del ferrocarril a Tacna, hito que  marcó notables progresos y transformaciones en la vida cotidiana de los ariqueños,  el gran cúmulo de actividad “Trajinera” con los numerosos acemileros, porteadores, mozos, chalanes, con sus recuas de Mulas, Asno, Caballares y Llamas, se ve trasladada al terminal de Tacna, quedando en el puerto de Arica principalmente esta actividad trajinera  reservada a las cargas provenientes de los valles interiores y del trajín dentro de la propia ciudad que  se comienza a hacer en carretas.

El área donde se ubicaban  el edificio  de la aduana, el puerto y el terminal ferroviario es el centro de las actividades económicas y sociales de la ciudad,  ahí se tramitaba conforme a las exigencias de la burocracia estatal, se transaba y contrataba los servicios de transporte marítimo como terrestres, se compraban y vendían víveres, pero además era lugar para compartir con el extranjero llegado en los barcos, compartir con los viajeros del Alto Perú o con los que venían de Tacna o Moquegua, era lugar habitual  de paseo, los días domingo las ariqueñas con sus mejores galas concurrían después de misa al sector del muelle, las casadas acompañadas sus esposos  y la soltera  de sus padres o hermanos mayores, las jóvenes de condición social más acomodada eran acompañadas de sus criadas, que las cuidaban de los atentos y escudriñadores ojos masculino, las damas vestían con traje largo, ancho en la base que casi topaba el suelo, su calzado, zapatillas de rafia o seda, normalmente bordada en su parte superior con lentejuelas e hilo de seda de llamativos colores haciendo figuras de flores, sarmientos y hojas, siempre cubrían su  hombros con pequeños mantos  de lana que normalmente les llegaba  hasta la cintura, estos mantos eran  tejidos a telar y en su mayoría por la moda de la época tenía figuras cuadriculadas  formadas por el mismo tejido en distintos colores, predominaban los tonos marrón y pastel, las damas como los hombres  usaba sombreo semi alón  de copa redonda no muy alta, esta pieza de vestir era de paño o de Jipe Japa (paja fina del Ecuador), los varones usaban gabán  no muy largo de dos botones, abrochándose sólo el superior,  dejando un espacio de unos diez centímetros hasta el  cuello, donde se veía la camisa con cuello de punta roma almidonado, normalmente blanca,  usaban un cortabín  de cinta anudado con “nudo de Mariposa”, el pantalón era de color claro si el gabán  era de color oscuro, y vise versa  si el pantalón era claro, debajo del  gabán se usaba un chaleco sin mangas de cuatro botones  este lo llevaban también cuando no usaban el gabán, en tiempos más fríos o de noche los ariqueños de mitad del siglo XIX usaban poncho tejidos en lana de alpaca, pieza  muy popular en toda  Hispanoamérica.

La vista  de la ciudad desde el muelle o desde las embarcaciones surtas en la bahía, mostraba una ciudad  bastante  moderna para la época,  tenía buen número de casas de dos pisos  con sus balcones   con pilastras de madera simulando columnas de estilo dórico, confirmando el estilo neoclásico que se puso de moda en todo el Perú, estos balcones en su mayoría tenían una baranda de madera torneada, las casas de un piso  en su mayoría tenían techos de forma “trapezoide” o de “mojinete” como solía llamarse,  destacaba al ojo del observador las torres de los campanarios de las iglesias que por esa fecha existían tres, la iglesia Basílica que en su frontís tenía dos torres, la del lado izquierdo a vista del observador tenía una campana  de considerable volumen, la de la derecha poseía dos más pequeñas y un reloj  de reciente colocación por 1857, estas torres   eran de cantería de sillar y estaban coronadas por un cono que en su extremo superior soportaban una cruz, la base del cono era un pequeño balconsillo que lo formaba una arquerío  protegido por una baranda metálica;  más atrás a unas cuantas cuadras de distancia se podía observar la torre de la iglesia de la Matriz,  única y mucho más esbelta que las dos de la Basílica, este campanario era  usado por los  capitanes de buque y prácticos  como referencia para fondear sus naves en la bahía, la torre de la Matriz también era coronada por un cono que en su extremo superior  soportaba una cruz, más atrás donde casi terminaba el caserío en forma mas humilde  se alcanzaba a divisar la torre del campanario de la capilla de San Juan de Dios, del hospital del mismo nombre, este templo fue demolido en 1971, por una mal entendida modernidad cuando se reestructuró ese sector del hospital “Juan Noé Crevani” ubicando la maternidad en el área y un estacionamiento para vehículos motorizados,  del convento de la Merced en la calle del Comercio sólo quedaban sus ruinas en el periodo analizado por este capitulo, estas  ruinas terminaron por desaparecer por 1950.

El  plan de la ciudad  de Arica estaba formado por veintitrés manzanas que formaban con cierta regularidad siete calles trazadas de Este a Oeste y de cinco  trazadas de  Norte a Sur,  la denominación de estas arterias urbanas era la siguiente: las trazadas de Norte a Sur, Calle del Ferrocarril, calle de la Aduana, calle de Junín, calle de Unanue, calle  De las Mercedes, y calle de la Matriz, las calles trazadas de Este a Oeste tenían la siguiente denominación, calle de San Marcos, Calle de San Francisco, calle del Comercio, calle de Ayacucho y calle de la Alameda,  existía una pequeña calle entre la calle de la Aduana y la del Ferrocarril que llamaban calle de la Marina, como también existía una calle, de la cual no se ha podido consignar su nombre, de dos cuadras de extensión que  cortaba en cuatro manzanas  los terrenos  ubicado entre el Morro y la Plaza de Armas, esta calle daba su comienzo  en la explanada  del puerto donde se iniciaba la calle del Ferrocarril y era cruzada por la calle de la Aduana, para terminar en los faldeos del Morro detrás de la iglesia Basílica. Al contorno de esta red urbana ya consolidada  se comenzaban a formar nuevas calles y manzanas, siendo la mayor tendencia a este crecimiento el verificado hacia el sector del Cerro de la Cruz  y del hospital de San Juan de Dios,  por otro lado como dato interesante, en el sector  de la Chimba más cercano a la población, figuran como propietarios  por 1860 entre otros las siguientes persona, José Hegán concesionario de la explotación del ferrocarril Arica – Tacna, este empresario inglés figura con dos propiedades,  interponiendose entre estas propiedades estaba el predio de doña Natividad Ramírez,  vecina al norte de esta propiedad estaba el predio  de la familia Pimentel, enfrente  de esta, pasada la laguna de las “caballos” (pequeño ojo de agua formado por una vertiente de agua dulce),  a poca distancia del cementerio estaba la propiedad de don  Horacio Boltón, otros propietarios del sector son el señor Leandro Castañón, don Felipe Lobo, Testamentación de Lobo,  don José Vargas, testamentación de don José Vargas. Es de consignar que el barrio de la “Lumbanga” era separado de estas propiedades por la calle Unanue la que continuaba al norte para conectar con el camino real que iba a Tacna, como se ha dicho con anterioridad era el barrio donde habitaban  mayoritariamente ariqueños de raza negra, este barrio se ubicaba en el cuadrante formado por la calle de la Alameda por el Sur,  la propiedad de Horacio Boltón y el Cementerio por el Norte,  calle De las Mercedes por el Este y calle Unanue por el Oeste.

El agua  potable para consumo de la población se sacaba de pozos hechos en la mayoría de las intersecciones de las calles del plan mas bajo de la ciudad, el vital elemento  se sacaba en norias ubicadas en las esquinas de las calles; uno de los  pozos más abundantes era el ubicado en las cinco esquinas, intercesión  formada por las calles de la Alameda, Ayacucho y de las Mercedes, habían  norias también en la esquina formada por las calles de Unanue y San Francisco, existía otro pozo en la calle de la Alameda con  la calle de la Aduana, el  agua se distribuía  a las casas en  botijas transportadas en lomo de asnos por aguateros. Por el lado sur del Morro en la playa del  Laucho existía un pequeño rancherío en el que habitaban los “calafateros” estos eran ariqueños  muy pobres que se dedicaban al oficio de calafatear embarcaciones menores como botes y lanchones, usaban el pequeño varadero natural que se formaba entre agudas rocas semi hundidas del sector de la costa sur de Arica, en la arena  de la playa formaban improvisados astilleros

Así  transcurría la vida  de Arica con una luz de esperanza de mejoramiento en su calidad de vida y progreso,  sin embargo por ese tiempo aun era determinante  para el total desarrollo como ciudad  el endémico paludismo, la terrible enfermedad de las “tercianas”, que obligaba a las personas a buscar zonas  con mayor salubridad para vivir, de ahí la preferencia que poseían ciudades como Tacna o Moquegua. La capital del departamento, la ciudad de Tacna, por entonces se reputaba como la tercera en importancia del Perú después de Lima y Arequipa, todas las casas importadoras de Bolivia tenían grandes almacenes en esa ciudad, por esto es frecuente encontrar en los periódicos de la época y almanaques tanto bolivianos como peruanos anuncios de  las agencias comerciales ofreciendo sus artículos ultramarinos y señalando tener  tiendas en París, Tacna y La Paz o en Londres, Tacna y La Paz. Otro  problema que presentaba  Arica en los años de los gobiernos del mariscal Castilla y del general Echenique era el relacionado con la educación,  la escasez de escuelas hasta antes del Terremoto de 1868 era más que evidente en la provincia de Arica, existían solamente 3 de estas instituciones para la educación en la ciudad,  las que eran de muy precaria infraestructura, dos de estas escuelas eran municipales, años más tarde se les dio la categoría de nacional, una  de estas escuelas era de varones y la otra  de mujeres, la tercera era una escuela particular, los esfuerzo educacionales de los gobiernos peruanos del periodo  concentraron su preocupación educacional más en Tacna que en la provincia de Arica, obligando a muchas familias ariqueñas  a enviar a sus hijos a estudiar a esa ciudad, este gran déficits significo que un alto porcentaje de población fuese analfabeta, condición que condenaba en un elevadísimo número ha no poder obtener trabajos bien remunerados,  la excepción la marcaban algunos artesanos muy especializados, trajineros y terratenientes de los valles interiores, los que en un número no muy importante enviaban a sus hijos a estudiar a Lima, los más acaudalados y conscientes que la educación daba la posibilidad de progresar los enviaban a Europa; estas circunstancias generaba el hecho que muchas familias ariqueñas quedaran condenadas a la pobreza, el grueso de los ingresos producidos  por la economía local se concentraban  en los extranjeros recién llegados que  casi en su totalidad al momento de arribar a puerto eran solamente empleados de las agencias comerciales europeas o estadounidenses establecidas en la región,  por este tiempo llegan un número no despreciable de inmigrante italianos que escapaban de las precarias condiciones económicas y políticas de su patria (años de la unificación italiana); estos extranjeros con escasas excepciones poseían  una mayor educación, un conocimiento de la burocracia estatal de comercio internacional y de los instrumentos mercantiles de uso común en la época, condición que les daba ventaja sobre el elemento criollo para hacer fortuna rápidamente, muchos de estos extranjeros hicieron matrimonio con señoritas de las familias tradicionales de la casta hispana de estas provincias,  asociando con estos matrimonios,  fortuna con tierras y alcurnia.

Por los años  de apogeo del comercio boliviano a través de Arica estuvo de paso por la ciudad el comandante  Karl Scherzer de la fragata “Novara” de nacionalidad austríaca que efectuaba una expedición científica de circunvalación a la Tierra, el marino austríaco se refiere de Arica generosamente al señalar: “ El puerto de Arica en la costa sur de América perteneciente a la república del Perú es un elegante puerto de unos 7.000 habitantes, rodeado por hermosos y exóticos jardines”, la fragata estuvo en pleno auge portuario de Arica, cuando hacia poco tiempo que se había inaugurado el ferrocarril de Arica a Tacna, la imagen de prosperidad que exhibía el puerto de Arica quizás motivo una percepción aumentada del número de habitantes que tenía; en datos más conservadores se da una población de 3.000 habitantes para el año de visita de la fragata “Novara”.

La organización republicana del Perú tuvo un gran impulso en los gobiernos de Castilla, el caudillo tarapaqueño se había sublevado contra el gobierno de Echenique en alianza con Domingo Elías  el 1 de mayo de 1854; el gobierno provisional de corte liberal adopta dos de las más importantes medidas en su camino a la construcción republicana del Perú y que tuvieron  una gran repercusión en lo social y económico en todo el Perú, una de ellas fue la abolición de la contribución indígena,   decreto firmado en Ayacucho el  5 de julio de ese año por Ramón Castilla y Pedro Gálvez, hay que recordar que este tributo  había sido restablecido  por Bolívar por decreto el 11 de Agosto de 1826, la medida abolicionista afectaba la cuarta parte de los ingresos fiscales de la época, afectando directamente  las tesorerías de los gobiernos provinciales que recibían sus rentas de este tributo, obligándolos a depender de la distribución hecha desde el gobierno central de Lima; la segunda medida tomada fue la abolición de la esclavitud verificada  por decreto del 3 de diciembre de 1854 que dispuso la libertad de los esclavos negros y siervos libertos, el decreto fue firmado en Huancayo por el Mariscal Ramón Castilla como presidente provisional y su Ministro Manuel Toribio Ureta, la medida se hacia efectiva previa indemnización a los propietarios.  En Arica estas resoluciones tuvieron un importante  efecto en su estructura social y laboral, hay que recordar  que en el último censo de población de la época colonial daba para la provincia de Arica 1.300 esclavos aproximadamente, los valles costeros en su mayoría eran laborados por mano de obra esclava lo que Arica no era excepción,  la abolición de la contribución  indígena vino a aliviar a los indios tributarios de los valles interiores pero afecto seriamente las arcas provinciales.

El fortalecimiento de las instituciones republicanas significó también una nueva división administrativa del estado peruano  para ello  el Mariscal Castilla durante su gobierno expide un decreto fechado el 25 de junio de 1855, en el cual divide la provincia de Arica en dos provincia: Tacna capital Tacna y Arica capital Arica;  dos años más tarde por ley del 2 de enero de 1857 se crea el Departamento de Moquegua siendo integrado por las provincias de Moquegua, Arica, Tacna y Tarapacá, dejando como capital del Departamento la ciudad de Tacna.

La provincia de  Arica registra 8.014 habitantes según censo de 1866 [53] , queda integrada por los  siguientes  distritos:

Provincia de Arica Censo 1866

Distritos                                                            Nº de Habitantes

·        Arica (ciudad)        :                                                          2.811

·        Chimbas                :                                                                33

·        Azapa                    :                                                          1.126

·        Lluta                      :                                                          1.119

·        Socoroma              :                                                              587

·        Codpa                   :                                                          1.169

·        Belén                     :                                                              730

·        Livilcar                  :                                                              439

 

Total habitantes Provincia de Arica:                             8.014


·         Nuevos conflictos con Bolivia y muerte del Mariscal Castilla

El  auge del comercio boliviano por el Puerto de Arica no sólo trajo progreso y bienestar a las comunidades de Arica, Tacna y Moquegua, si no que trajo consigo serios conflictos entre los gobiernos peruano y bolivianos, la presión boliviana sobre la economía de la zona era tan fuerte que en muchos momentos la moneda de uso común en Tacna y Arica  era el peso boliviano y no el sol peruano, lo que generaba grandes dificultades para las autoridades económicas del Perú por la distorsión que le producía en su economía, solía llamársele “Moneda feble” a este dinero boliviano que circulaba sin restricciones en Tacna y Arica, el otro efecto negativo era el fuerte contrabando de mercancías al resto del Perú que se generaba a partir del más absoluto y libre tránsito que gozaba Bolivia  para el trafico de su comercio exterior por el puerto de Arica a partir del tratado de Arequipa de 1847, todo esto comenzaba a hacer sentir a las autoridades peruanas la perdida de soberanía efectiva por parte del Perú en las provincias del sur, sumado a esto las desconfianzas que generaban la mutua intervención en los asuntos  de política interna de ambas naciones por los respectivos gobiernos y caudillos militares que manejaban la cosa pública y que se debatían entre cuartelazo, asonadas militares y revoluciones.

Hubo momentos que la crisis llegó a niveles muy altos que generaron mucha tensión en las relaciones de ambas naciones, desembocando en más de una oportunidad en concentraciones de tropas en la frontera común a ambos países, uno de estos eventos de crisis entre Perú y Bolivia se  generó cuando gobernaba Bolivia el señor  José María Linares que se vio en la necesidad de impulsar medidas diplomáticas con el fin de restablecer la armonía entre ambas naciones andinas, para cuyos efectos nombró como Ministro Plenipotenciario en Lima a don Ruperto Fernández, logrando este diplomático boliviano la firma de un convenio en el cual se comprometían ambos gobiernos a impedir toda tentativa de invasión en el territorio recíproco de parte de los emigrados políticos. A pesar de este acuerdo el mariscal Castilla favorecía a los opositores de Linares, el gobierno  boliviano pidió explicaciones al gobierno peruano sin obtener satisfacción por parte del gobernante del Rimac, la crisis llega a su clímax cuando el 14 de mayo de 1860 el gobierno de Bolivia declara interrumpidas las relaciones entre ambos países, el gobierno peruano contesto con una serie de medidas que dificultaban el comercio por Arica, Bolivia de inmediato declara la interdicción absoluta y paralelamente da  las mayores facilidades de tráfico por el puerto de Cobija. Las hostilidades llegaban a tal extremo que muchos hablaban de guerra, sin embargo Bolivia ya no era la de Ballivían con los continuos conflictos intestinos se había debilitado militarmente y económicamente dejándola imposibilitada de actuar más enérgicamente.

El gobierno de Linares fue reemplazado por el gobierno del General Achá y en Perú  Castilla deja el poder al general San Roman que fallece prontamente  remplazándolo  en definitiva el general   Juan Antonio Pezet; los  nuevos gobernante lograron establecer un clima de distensión en la relación entre ambos estado, no teniendo tiempo de enemistarse al entrar en escena del juego geopolítico el gobierno de Chile que hizo de elemento catalizador en mejorar las relaciones peruano bolivianas, este acercamiento derivo en el tratado de amistad que fue firmado entre el plenipotenciario boliviano en Lima don Juan de la Cruz Benavente y del Canciller peruano,  Juan Antonio Riveiro,  el tratado fue firmado en Lima el 5 de noviembre de 1863.  Este tratado puede considerarse  antecesor del tratado de Alianza Defensiva que se firmo entre  los gobiernos de Perú y Bolivia en 1873 y que fue un elemento detonante de la Guerra del Pacífico,  el espíritu de acercamiento de ambos gobierno esta señalado  en las siguientes frases contenidas en su texto “... quedan relegados a perpetuo olvido los agravios que se hayan inferido ambos países, declarándose satisfechos con las explicaciones recíprocas que se han dado los  plenipotenciarios a nombre de sus respectivos gobiernos”, en otra parte del texto del tratado dice: “... Cualquier ataque dirigido contra uno de los Estados, será mirado por el otro como un ataque un ataque dirigido contra él mismo  y se ayudaran para salvar su independencia”. Este pacto  marca el hito histórico entre  Bolivia y Perú ya que contiene la renuncia tácita  de las pretensiones anexionistas que habían permanecido latente en todos los gobiernos peruanos desde el momento del nacimiento  a la vida independiente de ambas naciones y por otro lado selló la pretensión de los gobiernos bolivianos de obtener la soberanía sobre el puerto de Arica.

Desde el primer gobierno  del Mariscal Castilla el Perú comienza una  política  de adquisiciones  militares destinadas a establecer una clara superioridad  militar en la región,  política que no sólo se preocupó de las adquisiciones bélicas sino de la tecnificación  del Ejército y la Marina, el potencial naval comienza a formarlo el Perú  con la adquisición de  la fragata “Mercedes”, los bergantines “Giuse” y “Gamarra”; las goletas “Peruana” y “Hector” y el transporte “Alayza”,  todas naves a vela; pero quizás la más notable fue la compra del “Rimac” el primer buque a vapor de la armada peruana. Los gobiernos que sucedieron a Castilla continuaron con esta política de potenciación militar, así se adquirieron  la fragata mixta “Amazonas”, la fragata “Apurimac” y las goletas “Tumbes” y “Loa”, por último están las importantes adquisiciones  de las fragatas “Unión”, “América” e “Independencia”, mención especial merece el monitor “Huascar”,  para apoyo a esta flota se construyeron instalaciones navales en varios puntos del litoral peruano, uno de estos fue las instalaciones en la Isla del Alacrán en la bahía de Arica. 

En la pequeña ínsula  llamada del Alacrán o de Guano, ubicada  frente al Morro de Arica, a 18º28’ de latitud Sur y 70º20’ de longitud Oeste, a 456 metros del continente con una superficie de 49.369 m2,  se construyó un fuerte que tenía emplazados 8 cañones de 15’, los que estaban sólidamente empotrados en 4 fortines,  el fuerte de la Isla  tenía dos partes claramente definidas  una desarrollada en la parte baja  y una de menores dimensiones en el pequeño montículo que posee. El fuerte principal contaba de una sección de muy sólida  construcción que se presume puede haber sido utilizada como dependencias de comandancia o como calabozo, era una construcción  sin adornos ni ventanas; la puerta de entrada es lo único que rompe la macices de la estructura, el techo de esta construcción es abovedado en cal y ladrillos, esta semi labrada en la roca nativa de la isla, formando un semi subterráneo poseía un especial sistema de ventilación a través de ductos de albañilería entre el techo y las paredes del recinto siendo muy bien disimulados  al observador exterior, no tenía mirillas ni ventanas, lo que reforzaría con mayor fuerza la teoría de que hubiese sido usado como calabozo,  hacia el noreste de la isla  se encuentra una primer línea de defensa que da dirección al fondeadero de la Bahía de Arica y a una playa que permitía un precario embarcadero, estas defensas estaban construida de cal y canto, como la mayor parte de las construcciones, un poco más arriba  en una segunda línea defensiva en un recinto oval  de gruesos murallones se encuentra el fortín que daba ángulo de  fuego a dos cañones empotrados  cubriendo  el nordeste de la isla, corrido más al oeste casi enfrentando la pequeña depresión que separa en dos el conjunto de construcciones militares casi   en el sector central de la fortaleza principal se empotraban otros dos cañones que cubrían el área noroeste de la isla, hacía el sur  se encontraban empotrados dos cañones en una construcción de mayor complejidad que las anteriores donde se encontraban las cuadras de dormitorio del personal de la guarnición y por último el fortín del montículo que da al oeste de la isla en este se ubicaban dos cañones  que orientaban sus bocas hacia el suroeste y oeste, cada cañón poseía en los murallones de protección  dos bóvedas cada uno para la munición esta estaban protegidas por puertas de correderas madera gruesa con guarniciones de metal, en la base del montículo hay una caverna que al parecer se utilizaba como “santa barbara” y armería tiene un pozo que aun no ha sido posible determinar su utilidad.

El 14 abril de 1864  el almirante español  Luis H. Pinzón jefe  de una “Expedición Científica” española, toma las islas Chincha a nombre del reino de España bajo la excusa de una reparación por un confuso incidente ocurrido  en la hacienda  “Talambo” de Chiclayo donde habían muerto unos colonos españoles, el archipiélago tomado pertenece al Departamento de Ica, situado frente a Pisco, la actitud  imperialista de los españoles provoca la solidaridad de las repúblicas ribereñas al océano Pacifico de Sudamérica, Ecuador y Chile, incorporándose también la república de Bolivia que en ese entonces sólo ejercía soberanía en el puerto de Cobija, en diciembre de ese año es reemplazado Pinzón por el Almirante José Manuel Pareja quien en su fuero interno traía el rencor de la humillación por la derrota sufrida por su padre  en la guerra de la independencia. El 27 de enero de 1865 el gobierno dirigido por el general Pezet acepta un humillante acuerdo impuesto por la fuerza por los españoles; este acuerdo fue llamado tratado “Vivanco Pareja”,  por haber sido firmado y negociado  por el general Manuel Ignacio Vivanco en representación del Perú y por  José Manuel Pareja por España, este tratado fue  absolutamente rechazado por el pueblo peruano y por las naciones americanas, significando la guerra entre España y la alianza de Chile, Perú, Bolivia y Ecuador.

La reacción  popular contra el tratado “Vivanco Pareja” fue tan fuerte en Perú que prácticamente no hubo ciudad importante en que no se elevaran duras protesta, el gobierno del general Pezet  queriendo ahogar la revolución que se le venia encima apresa al Mariscal Castilla, que en ese momento ostentaba el cargo de presidente del Senado y lideraba el rechazo al tratado, el congreso se negó a ratificarlo, Pezet  envía a Europa al exilio al Mariscal Castilla vía Oceanía, ante las circunstancias políticas que se presentaban el prefecto del Departamento de Arequipa coronel  Mariano Ignacio Prado se revelara  contra el gobierno del general Pezet poniéndose a la cabeza de la revolución, la que estalla el 28 de febrero de 1865 en la ciudad blanca, siendo eje de la fuerzas revolucionarias el batallón de línea “Ayacucho”;  el 5 de marzo se plega a la revolución  el Departamento de Moquegua con el regimiento “Legión” de guarnición en Tacna, a la cabeza del movimiento revolucionario en este Departamento estaba el capitán de navío Lizardo Montero Flores, quien recién regresaba del extranjero donde había estado cumpliendo comisión de servicios de su gobierno en Estados Unidos y Colombia.

En Tacna habían ocurrido  intentos de sublevación popular bastantes violentos,  uno de ello se había desatado un domingo de febrero de 1865 cuando al crepúsculo un grupo numeroso de exaltados irrumpe en la plaza al grito de ¡Viva el Perú!, ¡Abajo el gobierno tirano!, ¡Muera el tirano Pezet! , así una serie de consignas de rechazo alusivas al  tratado “Vivanco Pareja”, los revoltosos  dispersan a la banda de músicos que a esa hora  tocaba una retreta en la plaza, la policía y un piquete de caballería  trata de imponer el orden provocando  el desplazamiento de los sublevados  hacia el “callejón de las Mur” donde se atrincheran en las casas  y huertas que existían en el lugar, la refriega ya en la oscuridad de noche se haces muy cruenta,  es una lucha  con arma blanca, honda  y una que otra arma de fuego,  los revolucionarios  venden cara su  derrota dejando varios muertos por ambos bandos, años más tarde a este callejón se le denomino “Callejón del 65”;  el 9 de marzo se subleva la guarnición de Puno con el regimiento de Granaderos.

El gobierno central  de Lima reacciona enviando al sur una expedición de 3.000 hombres al mando del coronel Ríos, el 28 de marzo desembarcan las tropas de Pezet en el puerto de Arica, los revolucionarios se hacen fuerte  en improvisadas trincheras confeccionadas con sacos, canastos, toneles, cajones de madera,  ubicadas en la explanada  del pie del morro, en el muelle y en la estación del ferrocarril, el grueso de los sublevados se concentran en la pampa del Astillero y en el rancherío de Chinchorro,  la tropas de Montero no contaba con artillería para hacer frente al desembarco de las tropas gubernamentales, las instalaciones de la isla del Alacrán aun no concluían por lo  que su valor militar era nulo, los defensores de Arica solo disponían de su coraje  y armas de fuego como fusiles y revólveres y de arma blanca tales como cuchillas, machetes, espadas y lanzas. La lucha fue muy dura,  fue una refriega  principalmente cuerpo a cuerpo en el sector de la marina donde hubo importantes bajas, principalmente en el bando revolucionario; logrando desembarcar la totalidad de sus tropas el coronel Ríos organiza el ataque contra Montero que se encontraba en el sector del Chinchorro,  el lance entre las facciones en conflicto fue duro especialmente por las características de la lucha cuerpo a cuerpo, la áurea del triunfo estaba de lado de las tropas venidas desde Lima, por lo que la victoria favoreció a las tropas gobiernistas,  poniendo en fuga total y a la desbandada a las tropas revolucionarias comandadas por Montero que huye  prontamente a Tacna y de ahí  rumbo al interior. El triunfo  de las fuerzas de Pezet fue tan grande que casi logra terminar con  la sublevación sureña, sin embargo la causa que defendían tenía tan poco arraigo popular que cuando entraron las tropas de Ríos a la ciudad de Arica una vez concluidas las acciones, las mujeres que permanecieron en custodia de sus casas repudiaban a los soldados  invitándolos a sumarse a la revolución, las escenas de la ciudad de Tacna no variaron a la entrada pacifica de las tropas de Ríos, la población tacneña también los conminaba a sumarse a la revolución.

Entre los meses de junio y agosto de 1865 el coronel Prado concentra sus fuerzas de tierra en el Cuzco ya que  se encontraban dispersas en los diferentes puntos geográficos de la sublevación, por esos días se insurrecciona la fragata “Amazonas” surta en la bahía de Arica y la corbeta “Unión” que se encontraba en  Valparaíso, las naves revolucionarias capturan  a las fragata “América” y a la goleta “Tumbes” lo que le da el dominio del mar a los revolucionarios, en el norte del Perú el coronel  José Balta se pronuncia contra el gobierno de Pezet, el coronel Prado desciende desde Jauja al valle de Chincha Alto,  y el coronel Balta  se embarca en Huacho para arribar a Pisco y de ahí conjuncionar sus fuerzas  con las provenientes de Jauja al mando de Prado, al gobierno a esa altura de la revolución sólo le quedaba a su favor la guarnición de Lima,  el vicepresidente,  general Pedro Diez Canseco, se manifiesta contrario a Pezet  asumiendo  el gobierno, el 6 de noviembre de ese año después de una batalla en  la Portada de Guadalupe, en las afuera de Lima, cae definitivamente  el gobierno el general Pezet. El coronel Mariano Ignacio Prado asume el gobierno en forma dictatorial en 1866 nombrando como jefe de gabinete al liberal  José Gálves quien sería uno de los héroes del bombardeo del 2 de Mayo de 1866,  acción de guerra de la escuadra española contra el puerto del Callao, este acontecimiento bélico fue el último del conflicto entre España y las cuatro naciones sudamericanas,  ribereñas al océano Pacifico.

El Mariscal Ramón Castilla llega al Perú desde Europa 7 mayo de 1866 donde había sido desterrado por el régimen de  Juan Antonio Pezet casi un año antes,  sin embargo  el mariscal es tomado prisionero por las nuevas autoridades que cabezada el coronel Prado, la actitud del dictador es por el temor que le causa el  fuerte liderazgo y prestigio moral del mariscal tarapaqueño y que en consecuencia terminara por separarlo del gobierno, el coronel Prado envía nuevamente al exilio al viejo caudillo, en esta oportunidad conoce el ostracismo  en  Chile, además Prado expatrió a otros posibles rivales que le disputaran el poder entre estos estaba el coronel José Balta, los exiliados políticos en Chile preparan una expedición revolucionaria contra Mariano Ignacio Prado, el gobierno chileno se ve en la obligación de internar en el interior del país al coronel Balta, dando muestras clara a Prado que no era interés del gobierno de Chile inmiscuirse en política interna del Perú, esta actitud chilena en contra del coronel Balta crea en la mente del militar peruano una animosidad en contra de Chile que la hizo sentir durante su gobierno.

El mariscal Ramón Castilla  proveniente  de Chile desembarca de incógnito en mayo de 1867 en el puerto de Pisagua, este puerto comenzaba a tomar auge debido a la explotación guanera y del cantón salitrero de Tarapacá,  el caudillo con sus fieles oficiales que le habían acompañado en el exilio y en tantas jornadas anteriores se interna  a su tierra natal Tarapacá, lugar donde lo esperaba el núcleo base para la organización de las fuerzas revolucionarias, desde este poblado enclavado  en el interior de la quebrada del mismo nombre, inicia lo que sería la marcha de su última revolución. En los últimos días de mayo los conjurados con un escuadrón de caballería emprenden la marcha sobre Arica, ciudad  en la que se ya su guarnición se encontraba sublevada contra el gobierno de Prado,  sólo se estaba a la espera de la llegada del viejo caudillo  para iniciar las actividades revolucionarias;  el mariscal al iniciar el cruce de la pampa de Dolores hasta el tambo de Zapiga presentaba fuertes dolores de cabeza y fiebre alta, que mantenía muy preocupado a sus más cercanos, se le atribuyeron estos síntomas a las tercianas que esporádicamente sufría como consecuencia del mal adquirido en las campañas de los valles costeros, en el tambo de Zapiga desmonta para reponerse de la fatiga de la larga jornada y de sus molestias, sus ayudantes hacen el intento de convencer al terco mariscal de detenerse en el lugar, pero Castilla haciendo gala de su inquebrantable voluntad monta de nuevo y da orden de continuar, al llegar al caserío de Teliviche  en la madrugada del 30 de Mayo, echó pie en tierra  dando el alto,  se lleva una mano al pecho manifestando un intenso dolor, agravado con síntomas de asfixia,  se acerca prontamente uno de los ayudante y algunos soldados de la escolta, les dice “ya no puedo más”, con  su mano  asidas a las riendas de su cabalgadura como queriendo que no se le escapara la vida casi como en una oración  murmulla: “Señor un mes más de vida habré hecho la felicidad de mi patria, no algunos días mas...” sierra los ojos para no despertar mas, muere como soldado de caballería, con las riendas de su corcel en mano.

Los restos del viejo caudillo fueron trasladados por el fiel escuadrón de caballería que le acompañaba al inicio de su última asonada revolucionaria,  transformandose en lo que sería su última gran escolta en el trayecto hasta el puerto de Arica, el cortejo cruzó la pampa de Camarones y la pampa de Chaca lo transporto como con el afecto y admiración que le tuvieron en vida. En la ciudad de Arica con honores  y con el desconsuelo de sus seguidores quedan sepultados los restos del estadista peruano en la Basílica de Arica,  su tumba casi oculta y sin más seña que una cruz, queda a la espera de mejor momento político del Perú para realizar sus funerales con las honras correspondientes a su elevado rango y al lugar que le cupo protagonizar en la historia de su patria. El Congreso del coronel Prado, en un gesto que le enaltece acuerda un acto de homenaje a Castilla, a pesar  de haber sido el jefe del bando revolucionario que pretendía derrocarlos del poder, el congreso da una ley que se promulgó el 25 de junio de 1867, la ley disponía que se  realizaran en Lima los funerales con los honores correspondientes y se levantara un mausoleo en el cementerio de esa capital, pero el ambiente político que vivía la república del Perú era muy complejo por lo que no fue posible dar cumplimiento de la mencionada Ley.

La inestabilidad política peruana endémica en el siglo XIX continuaba después de la muerte de Castilla siendo derrocado el coronel Prado, renunció el 7 de enero de 1868 embarcandose para Chile, queda a la cabeza del gobierno el vicepresidente, general Pedro Diez Canseco, quien dispuso por decreto el 4 de julio de 1868 el cumplimiento de la Ley dictada por el Congreso en junio de 1867. En cumplimiento del decreto de Diez Canseco sale una Escuadra de la Armada peruana para el puerto de Arica para cumplir con la misión de trasladar los restos del ex presidente del gobierno peruano, Gran Mariscal del Perú Ramón Castilla. El  15 de julio de 1868  tras un hermoso Te Deum los ariqueños despiden los restos del Mariscal, en las afueran de la Basílica le rinde honores el regimiento “Legión”, están presente todas las autoridades del Departamento, el Clero en pleno asiste a   las honras fúnebres, el triste tañer de las campanas de  San Juan de Dios,  de la Matriz, y de la Basílica, llevan el adiós de la acongojada población, al salir el féretro sobre los hombros de una compañía de  Granaderos la banda  de músicos del regimiento irrumpe con himnos marciales fúnebres que acompañan al viejo mariscal en su último  paso por las calles de Arica, en atribulado cortejo llegan hasta el muelle,  los restos de Castilla son embarcados en la fragata “América”, que tenia por base el puerto de Arica, de inmediato leva ancla y da rumbo al norte llegando al Callao el 19 de julio, en Lima el 23 de julio de 1868 con grandes honores y ceremonias se efectuaron las exequias del Gran Mariscal.


Capitulo XI

Caen los jinetes de la Apocalipsis sobre Arica

·         Las más grandes tragedias ariqueñas del siglo XIX

La república del Perú después de la muerte de Castilla sigue convulsionada por los golpes militares y la anarquía,  el coronel José Balta al retorno de su exilio en Chile había sublevado los Departamentos del norte del Perú contra el gobierno de Lima, terminando por derrocarlo y  asumiendo el mando de esa nación el 2 de Agosto de 1868 tras unas elecciones convocadas por el vicepresidente Diez Canseco.

Para Arica el año 1868 quedara inscrito en su historia como una marca de fuego debido a  la gran tragedia que significó el gran terremoto de agosto de es año, este hito en la historia ariqueña marcará el inicio  de las tres más grandes tragedias vividas como pueblo durante el siglo XIX en un lapsus de no más de diez años, y quizás en toda su historia, sólo comparable al terremoto y maremoto sufrido en 1604.

A once día que había accedido al gobierno  el coronel Balta, es decir el 13 de agosto, se produce un terremoto grado 8 a 9 en la costa sur del Perú, este acontecimiento es uno de los hechos más importante de los que registra  la sismología mundial, por la magnitud del terremoto y el área afectada por el evento sísmico, el movimiento telúrico  afecto a toda la costa de Sudamérica entre la península de Mejillones y la costa de Paracas, con el subsecuente  Tsunami (maremoto) que afectó  desde puerto de Caldera a Guayaquil, el epicentro se calcula que estuvo frente a las costas ariqueñas por ser esta ciudad puerto  la más afectada.

El fatídico 13 de agosto de 1868 se presento como un día normal para esa  época del año, con una claridad atmosférica poco común, pero fenómeno normal, esta claridad atmosférica se produjo después de dos días de eventos de lloviznas nocturnas y matinales que limpiaron de la bruma y el polvo en suspención frecuente de los cielos ariqueños, desde  el muelle podía divisares con claridad el morro de La Yarada en  el extremo septentrional de la gran ensenada que forma la bahía ariqueña por el norte,  la cordillera de los Andes se veía imponente mostrando los nevados volcanes  Tacora, Chupiquiña y mas al sur el Taapaca, la mañana fue algo fría con una temperatura de unos 13º C. para remontar al medio día a unos 23º C., se encontraban  surtos en la bahía un número importantes de buques entre ellos el navío “”Chanacelia” de  bandera inglesa, la “Ninita” barca de bandera inglesa de propiedad de la firma Wellington & Co. con  agencia en Valparaíso, la fragata “Gambetta”  de propiedad de la firma Gambetta Hermanos,  el bergantín “Regalón” de bandera peruana,  el “Fredonia” pontón del gobierno  de Estados Unidos que cumplía las funciones de almacén flotante al servicio de la escuadra del Pacifico de esa nación, era remolcado por el vapor de guerra  estadounidense ““Wateree””, surto también en la bahía, la  fragata “América” de la armada peruana, el bergantín “Rayo” de bandera peruana,  la corbeta “Chañarcillo” de  bandera inglesa, el bergantín “Faustino Rivera” de bandera peruana, una barca la “Ulysses” de bandera estadounidense dedicada al transporte de guano, el buque mercante “Eduardo” de bandera francesa, el mercante estadounidense “Rosa Elvira”, además se cree que podrían haber estado en el fondeadero de la bahía otros cuatro buques de los cuales  no se encontraron registros por haber desaparecido toda la documentación de la capitanía de puerto.

El fuerte de la isla del Alacrán se encontraba con su dotación completa de cien hombres,  que servían  las ocho piezas de artillería  de 15’ que tenía el fuerte; por esos años la marina peruana había tomado una actitud muy jactanciosa, por constituir la  fuerza naval con mas poder bélico de las naciones sudamericanas, las acciones del Callao el 2 de mayo de 1866 contra la escuadra española sirvieron para elevar enormemente la autoestima de esta rama de la fuerza de guerra del Perú, Arica se transformaba en un puerto de alto valor estratégico para las pretensiones de hegemonía  en el Pacífico que tenía la república peruana con respecto a sus hermanas repúblicas de Sudamérica.

Cuando pasaban las cuatro  de la tarde de ese día 13 de agosto de 1868 la población de Arica había reiniciado  sus  labores habituales  después de la tradicional siesta de medio día, de improviso se sienten un  golpe muy fuerte y un ruido ronco difícil de determinar su procedencia  dando la impresión que la tierra se partía en dos, de inmediato se viene un movimiento del suelo que daba la sensación que un ser colosal lo sacudía cual alfombra, generando ondulaciones en lo que segundos antes parecía tierra sólida y compactada se movía como si fuese liquida, los muros de las casa se flectaban como si hubiesen sido hechos de papel hasta que no soportaban más cayendo sobre las gentes, sus muebles y utensilios, en una batahola de adobes y maderos. Los que alcanzan la calle también eran atrapados por los edificios que se derrumban en un caos que se acrecentaba segundo a segundo, el movimiento no permitía dar pasos sin caer al suelo, el ruido  subterráneo, el estrépito de los edificios derrumbándose, la nube de polvo que todo cubría  oscureciendo la atmósfera, hacia el aire irrespirable, creando  un ambiente que para quienes vivieron esos interminables tres minutos que duro el terremoto era acabo de mundo, disipada la nube de polvo  se pudo ver la magnitud de la tragedia donde hasta hacia pocos minutos existía una  ciudad que veía con fe su prosperidad  se había transformado en un montón de escombros donde se habían borrado inclusos sus calles este cuadro de destrucción era acompañado de  un trágico coro con el  lamentos de sus habitantes, los pedidos de auxilio salían por doquier, los gemidos y plañidos de los heridos era una verdadera letanía que anunciaba más muerte y destrucción, unas doscientas personas obedeciendo más a sus instintos que a su razón en forma desesperada concurren al sector del muelle para pedir auxilio a los barcos surtos en la bahía, creyendo escapar del cataclismo  que se les venia encima al sentir  los fuertes ruidos subterráneos que no cesaban, dando la impresión que los cerros terminarían por derrumbarse sepultándolo todo, pero el peligro  vino justamente del mar,  cuando se agolpaba más gente en el sector de la marina vino un según remezón tanto o más fuerte que el primero con el agravante que este movimiento fue  acompañado de una violenta salida de mar que barrio toda la zona portuaria tragándose  literalmente a todos los que ahí se encontraban, cuando aun no se recuperaban los atribulados ariqueños del segundo movimiento de la tierra se produce un tercer evento sísmico,  mayor que los dos anteriores con una duración de tres a cuatro minutos en este tercer evento el mar se retiro más haya  de donde  el observador pudiese ver, la isla del Alacrán quedo en seco, los buques y embarcaciones menores quedaron varados en el lecho seco de la costa.

Según el relato del capitán del buque de guerra “Wateree” de la armada de Estados Unidos  Mr. L.G. Billings y consignada por don  Alfredo Wordman Cruz en su libro “Frontera Norte”,  el primer movimiento sísmico sorprendió   al capitán del buque  a bordo de la nave en reunión con varios oficiales en su camarote, cuando  de pronto sintieron que el barco se estremecía con violencia. No supieron a que atribuir  el movimiento de la nave que no cesaba un instante de moverse en forma anormal, prontamente subieron  a cubierta para ver que sucedía; lo que apareció ante sus ojos los dejó perplejos. Una enorme nube de polvo se desplazaba desde el Morro sobre la ciudad, acompañada del estruendo por la caída de inmensos bloques de rocas de los acantilados de la granítica mole tutelar de Arica; además de los derrumbes de los edificios de la ciudad,  esta visión apocalíptica iba acompañada de extraños ruidos subterráneos que  semejaba truenos provenientes del interior de la tierra, estos ruidos, segundo a segundo crecían  a mayor intensidad. El asombro y el pánico llego a extremo al ver como  la tierra se movía como un mar agitando, que los cerros lo hacían de tal modo que a cada instante esperaban verlos estallar en pedazos.

La nube de polvo envolvió todo rápidamente, nada se podía ver, pero los tripulantes del “Wateree” podían oír los gritos despavoridos y el estruendo de las casas que se derrumbaban, el buque era zarandeado de tal forma que era difícil a la tripulación permanecer de pie, según los marinos del buque  estadounidense  el terremoto duro unos cinco minutos.

Al disiparse la nube de polvo, los tripulantes del buque de guerra vieron  horrorizados como había desaparecido la ciudad en contados minutos, los gritos de socorro se percibía claramente desde los barcos, la tripulación del “Wateree”  comenzó a ver como la gente se agolpaba hacia el muelle para pedir auxilio a los barcos, el comandante del buque mandó un bote a tierra con trece tripulantes a fin  de adelantar  los auxilios de la atribulada población, mientras  preparaba una brigada de cuarenta hombre con las herramientas necesarias para el rescate de las víctimas. Tan pronto como la tripulación del bote desembarco el estruendo del segundo sismo se hizo sentir con toda intensidad tan violento como el primero, los tripulantes de los barcos con horror e impotencia vieron como el muelle que se encontraba lleno de personas desaparecía tragado por el mar, ninguna persona que se encontraba ahí logro sobrevivir, cuando aun no se reponían del impacto del segundo movimiento con la salida abrupta del mar vino el tercer movimiento sísmico  que duro  varios minutos, sacudiendo la tierra como si la columpiara, a continuación el mar se recogió mas haya del horizonte, dejando en seco toda la bahía.

Los navíos, sin agua que los sostuvieran quedaron  tendidos de costados como si hubiesen sido bestias marinas heridas, la excepción fue el “Wateree” que tenía sus fondos planos, esta nave había sido construida,  con el fin de navegar por los correntosos  y poco profundo ríos del sur de Estados Unidos a finales de la guerra de la secesión que había sufrido  esa nación de Norte América. Al originarse la fuerte resaca, al momento de la retirada del mar, todos los buques maniobraban para no verse arrastrados  por una colosal succionadora en que se había transformado el océano con fuertes corrientes que parecían imanes por la atracción que generaban, en este lance el capitán del América  que se encontraba en tierra se embarca en un falucho para comandar y salvar su nave pero fue rápidamente víctima de las corrientes pereciendo ahogado junto a los tripulantes que le acompañaban, el “Wateree” hizo  esfuerzos por no ser arrastrado pero corto todas su amarras,  bajaron  ancla  las que arrastraban por el  fondo como  arados hasta que el barco varó en el lecho seco de la bahía, el América encendió sus calderas pero no alcanzaron a tomar suficiente presión también logro  afirmar amaras a un que algunas rompieron terminando varado  cargado a estribor, el “Channacelia” fue arrastrado quedando con el ancla y su cadena de casi 80 metros estirada completamente  hacia la ciudad, el resto de las naves fueron naufragando a medida que se retiraba el mar quedando en el fondo seco como testimonio de la destrucción y muerte que afectaba  al convulsionado  “Mar Pacífico”, en los acantilado del Morro se produjeron deslizamientos de arena y tierra que dejaron al descubierto antiguos cementerios  precolombinos,  mostrando a los aterrados ariqueños una verdadera ciudad de los muertos, los marinos del “Wateree” creían sinceramente que había llegado el día del juicio final. A los veinte minutos del inicio de la recogida del mar y ya de noche, el buque americano comienza a flotar, lanzado de un lado a otro por las corrientes marinas, flotaba sin dirección. Todos los de abordo ignoraban dónde se encontraba el barco, ni tenían noción del riesgo real que corrían junto con la nave, en sus almas corría la incertidumbre de sentir que al minuto siguiente podrían perder la vida. Los tripulantes aferrados a los cables de seguridad para tormentas, esperaban con estoicismo ser tragados en cualquier momento por el mar, que lejos de calmar su furia aumentaba más y más. Eran como las ocho y media de la noche cuando un tripulante dio el grito de alarma por lo que creyó la proximidad de una rompiente. En medio de la inmensa oscuridad se divisaba una línea delgada de fosforescencia. De pronto se dieron cuenta que dicha línea subió  con mucha rapidez,  que en breve tiempo se confundió con el  cielo del estrecho horizonte nocturno. Su parte inferior estaba formada por cataratas de turbias aguas, era el maremoto que llegaba con estruendo terrorífico.

El “Wateree” pareció quedar enterrado bajo una masa sólida de agua y arena. La tripulación, fuertemente amarada conforme a lo establecido en las ordenanzas, resistió el impacto, la nave quedo totalmente a la deriva ya que no era posible gobernar en esas condiciones luchó hasta que llegó a la cima de la ola, entre crujidos de maderos, metal y cuerdas del buque que parecían reventar en cualquier momento, el “Waterree” resistía. Después de este zambullón  y ascenso por la masa de agua nadie supo que paso, sólo se tenía la percepción que el barco corría a gran velocidad en medio de las tinieblas, literalmente montado en la cresta de la ola, hasta que  empezó a descender con suavidad pero a mucha velocidad, principia a disminuir la velocidad en la medida que dejaba de descender y avanzar  hasta detenerse casi suavemente. La luz de una linterna que lograron encender les permitió darse cuenta que estaban  en tierra firme, pequeñas olas iban a morir en los contornos del buque hasta que en unas cuantas horas esta  desaparecieron, todo se transformo en un silencio sepulcral donde sólo se escuchaba las olas del mar reventado y alejándose cada vez más,  en la tripulación del “Wateree” existía el temor que en cualquier momento las fuerzas de la naturaleza volvieran a desatarse con toda la furia vivida en las cinco angustiosas horas que había durado el martirilogío de los ariqueños, siguió temblando con regular intensidad toda la noche.

Al amanecer, con las primeras luces pudo apreciarse  la magnitud de la tragedia vivida, el  Tsunami había lanzado al buque norte americano tierra adentro, a los faldeos de los cerros Chuños al noreste de la ciudad a unos 1.600 metros del borde de playa anterior al maremoto, la nave de guerra estadounidense había quedado a unas diez millas de su fondeadero,  la tripulación del “Wateree” salvó en mayoría viéndose disminuida por los ahogados en el bote de socorro que se hundió junto a las gentes que pereció en el muelle, la esposa del capitán del buque pereció sepultada por los muros de adobe del edificio donde estaba residiendo,  días antes de la tragedia habían sido fusilado dos tripulantes de este buque por borrachos, pendenciero y desertores. Cerca del “Wateree” se encontraba  el “Channacelia”,  totalmente destrozado con su cadena de ancla enrollada  alrededor del casco como hilo de  carrete, a causa de las vueltas que le hicieron dar las olas, perdió toda su tripulación; un poco más al sur  se encontraba encallado el buque de guerra peruano “América”, que se encontraba en posición  vertical enterrado en la arena dando la impresión que en cualquier momento podría levar ancla y volver a navegar, había perdido toda la tripulación que estaba a bordo al iniciarse el sismo, la playa en una extensión de 8 kilómetros aproximadamente estaba cubierta de resto de barcos, embarcaciones menores, restos de estructuras de construcción de los edificios de la ciudad, enceres de casa, bultos de mercaderías que se encontraban en los almacenes de la aduana y del ferrocarril, se calcula en un millón de dólares oro la perdida aduanera ya que justo en los días inmediatos anteriores al terremoto se habían desembarcado grandes partidas que iban a los mercados de Bolivia y del Perú; muchos cadáveres de personas se encontraron  en todo el borde costero inclusive era frecuente encontrar cadáveres de animales domésticos que se confundían con los desechos de algas,  peces y animales marinos muertos. El humedal norte de Arica que va desde la desembocadura del río San José hasta la desembocadura del río Lluta se había transformado en un gran lago que era alimentado por eventuales incursiones de pleamar,  las que duraron como hasta seis meses después del maremoto, siendo  también surtido  por las aguas del río Lluta que había perdido el borde de su cause normal en la salida de mar, desviando parte de sus aguas a este lago de reciente formación y que tendría funestas consecuencias  meses más tarde.

La ciudad resulto totalmente destruida, no quedo ningún edificio en buenas condiciones, los sobrevivientes tuvieron que improvisar  chozas construidas en cañaveral y totoras adosadas  a algún muro que permaneció en pie, se improvisaron carpas con la tela de las velas de los buques que habían quedado esparcidas en la playa, se alimentaron con los víveres que quedaron en las bodegas de los barcos varados y que por haber permanecido cerrada sus escotillas salvaron de ser mojadas al momento de la zozobra; la iglesia Basílica  perdió completamente su techo, quedando total mente destrozada la torre del campanario y parte importante del frontis que daba  a la esquina de la calle San Marcos los muros laterales se conservaron en parte en pie, la iglesia de la Matriz también resulto destruida totalmente para nunca más ser casa  consagrada a Dios, conservándose hasta el día de hoy parte de sus muros, los restos del convento de San Francisco terminaron por desaparecer, las calles fueron literalmente borradas del mapa, Arica ofrecía un paisaje desolador semejando un mar de escombros el que era interrumpido de vez en cuando por alguna casa que con dificultad permanecía en pie,  la parte baja de la ciudad fue totalmente barrida por el Tsunami, según testimonios  este habría llegado en su repechaje tierra adentro hasta las cinco esquinas, intercesión de las calles de la Alameda, De las Mercedes y  de Ayacucho; el otrora orgullo ariqueño, el edificio de la Aduna, había desaparecido totalmente, quedando sólo como testimonio de su efímera existencia las columnas dóricas de acero esparcidas a lo largo de la playa, la estación y maestranza del ferrocarril también desaparecieron, los carros y locomotoras  no se encontraron más, fueron tragadas por el mar, el relleno de la explanada que se había construido a los pies del Morro como patio de maniobra del ferrocarril desapareció  generándose la conformación de la playa anterior a la ejecución de esta obra de ingeniería, el hospital San Juan de Dios resulto prácticamente todo destruido, a excepción de la Capilla que no sufrió mayores daños, el fuerte de la isla del Alacrán fue literalmente borrado de la superficie  por las olas del Tsunami desapareciendo toda la guarnición de 100 hombres, y perdiéndose todas las piezas de artillería allí montadas.

Entre las distintas experiencias vividas por los habitantes del golpeado puerto de Arica cabe consignar la aventura protagonizada por el comerciante de origen italiano Giuseppe Vaccaro. Este inmigrante de origen italiano había prosperado con un negocio de menestras en la ciudad; poco antes de ocurrida la tragedia del terremoto don Giuseppe, había sufrido de la  amputación de una de sus piernas, el día 13 de agosto se encontraba como de costumbre en su almacén cuando vino el tremendo sacudón de tierra, sus empleados lograron huir del derrumbe del local, Vaccaro sobrevive entre los escombros protegido por las estanterías y el mesón de atención de público, imposibilitado de escapar por sus propios medios uno de sus empleados en un acto desesperado por salvar la vida de  su patrón ante la arremetida que ya hacia el mar lo coloca en un improvisado bote que a él le pareció ver antes de su propia  escapada, este falucho al parecer era parte de la estructura del mesón de atención del negocio, el empleado dejó a don Giuseppe a su suerte sentado en la improvisada embarcación, la feble barca es arrastrada en la primera resaca mar afuera, siendo juguete de las corrientes cual cascara de nuez, vuelve empujado por  las primeras olas varando  en un montículo de escombros casi frente de la destruida iglesia Basílica, salvando el comerciante italiano milagrosamente de la gran catástrofe; meses más tarde el cajero de Vaccaro cometió un fraude con una serie de malversaciones, descubierto el fraude por don Giuseppe se da cuenta que estaba en la quiebra, quedando en una situación de extrema pobrezas, fue tal su desesperación que cayo en una profunda depresión que lo llevo a suicidarse lanzándose al pozo de calle San Marcos, donde fue encontrado muerto una mañana por los aguadores que utilizaban esa noria, la muerte de don Giuseppe Vaccaro  causó una gran conmoción en los atribulados ariqueños al ver el triste final que había tenido quien se había salvado tan milagrosamente del terremoto.

El prefecto del Departamento Moquegua (Arica era provincia del Departamento) al momento del terremoto era el señor Nicolás Freyre, autoridad que tuvo sobre sus hombros la inmensa responsabilidad de mitigar el dolor de sus gobernados  ya que no hubo ciudad, pueblo, caserío del Departamento que no haya sufrido los efectos del gran sismo con el consecuente reguero de destrucción y muerte.

Algo repuestos los ariqueños del impacto sufrido, emprendieron la dolorosa tarea encontrar y dar cristiana sepultura a sus muertos, cada sobreviviente trataba de encontrar a los suyos entre los escombros de lo que presumían  que habían sido sus hogares,  a los  días  de ocurrida la tragedia muchos indios de los pagos de los valles  cercanos al puerto bajaron  saqueando cuanto encontraban y consideraban que podría utilizarse, para terminar con este acto de ultrajante a las víctimas las autoridades tomaron varias medidas de represión pero se vieron  impotentes ante la agresividad demostrada por los saqueadores; por lo que  la tripulación del  “Wateree” disparo por los altos sus cañones desde su forzado varadero en los faldeos de los cerros, espantando de este modo a los merodeadores, las replicas del terremoto se dejaron sentir prácticamente durante todo el mes de agosto con algunos temblores de fuerte intensidad, también no cesaban  con cierta intermitencia los ruidos subterráneos que en la noche especialmente inquietaban a los habitantes del destruido puerto.

El gobierno chileno se apresuro en socorrer a las víctimas enviando ropas y víveres en sus  buques con el fin de prestar colaboración de auxilio al pueblo del Perú, el embajador chileno en Lima por motu propio, erogó $10.000. -  para las víctimas y el gobierno envió una donación de $50.000 con el mismo fin; después de tres semanas de angustiosa espera llegaron a Arica los primeros socorros para los sobrevivientes del gran sismo, desde Lima se habían enviado víveres y medicinas en la fragata de bandera estadounidense “Phowhatan,”, los meses siguientes estuvieron dedicados a la remoción de escombros y al esfuerzo por restablecer las actividades portuarias que no sólo urgían para reactivar la economía local sino que también de las ciudades interiores, se estableció un improvisado hospital construido de madera en el sector norte  además de un lazareto también construido de madera, los que prestaron  buen servicio a la atribulada población.

Parecía que todo comenzaba a retornar a la tranquilidad, sin embargo la población de Arica todavía le quedaba sufrir otra tragedia más. Al pasar unos pocos  meses del terremoto, en los charcos que se habían formado en los bajos del Chinchorro y de Chacalluta debido el desvío que había sufrido el río Lluta en la desembocadura a consecuencia de la salida de mar, se formaron letales criaderos de mosquitos “anofeles”, desatando una mortífera epidemia de paludismo, a este repunte virulento de fiebre amarilla se sumo casi simultáneamente una epidemia de cólera que empezó a diezmar a la población en forma dramática, este último flagelo fue provocado fundamentalmente por las tremendas deficiencias sanitaria en que había quedado la población; las aguas de los pozos que surtían la ciudad se habían contaminado, prácticamente no había agua potable para consumir, las condiciones sanitarias para la preparación de alimentos eran paupérrimas producto de la destrucción sufrida por en el terremoto, las innumerables letrinas y pozos negros eran focos infecciosos que sólo contribuían a agravar  la situación, no existía familia que no perdiera a uno de sus miembros, según informes de la prensa de la época en febrero de 1869 hubo días que las muertes no bajaron de 40, la incapacidad de las autoridades para arbitrar medidas que enfrentaran con éxito  la situación agravaron la crisis, se paralizo  casi totalmente la economía local ya que se prohibió la entrada de las caravanas de arrieros y de todo contacto personal por miedo a la propagación de la epidemia a otros puntos del Departamento, sin embargo el ferrocarril a Tacna siguió funcionando siendo una vía que de seguro llevó el flagelo a dicha ciudad donde también provoco una gran mortandad, estimándose en unas 2.500 personas muertas por la epidemia;  muchas familias ariqueñas habían  emigrado a Tacna, a  Moquegua y a otros pueblos del interior para escapar de las pestes, sin embargo muchos fueron portadores de los males y muriendo en su traslado  o simplemente esparcieron el mal.

De esta manera se desataba la segunda gran tragedia del siglo en la tierra de San Marcos de Arica, después de los 800 muertos y desaparecidos  calculados en el terremoto del 13 de agosto de 1868 se suman las muertes por la epidemia de principios de 1869 que se calculan en unas 700 personas fallecidas aproximadamente, entre el 31 de enero de 1869 al 28 de febrero de 1869 hubo 541 sepultaciones en los cementerios de Arica, se tuvo que hacer una zanja  en la parte mas alejada del Panteón cercano al río San José para que sirviera de sepultura a los fallecidos, se abrió otra zanja algo menor en las cercanías del Lazareto que estaba ubicado a unos 3 kilómetros al este de la ciudad, esta lúgubre labor fue realizada en forma  forzada por negros y mulatos que por idiosincrasia tenían mucha propensión a la superstición, factor que los hacia cumplir la humanitaria labor con muchos sacrificios, a estos forzados panteoneros se les pagaban 2 soles diarios por su trabajo, las autoridades se vieron obligadas a imponer este trabajo  a los habitantes  afroariqueños debido a la desastrosa falta de mano de obra, la escasez o total ausencia de personal especializado como médicos, enfermeras, farmacéuticos, constituía un cuadro muy desalentador sobre el futuro del puerto, las familias más pudientes ofrecían hasta diez soles diarios para que alguna mujer pudiese asistir a los enfermos de su núcleo familiar, no logrando conseguirlas, la situación era tan grave que en una información del diario “El Comercio” de Lima del  24 de febrero de 1869 se decía: “Si esta situación no mejora, desaparecerá bien pronto Arica, pues los muertos no bajan de 40 diarios en esta reducida población”.  Por esos días habían llegado al puerto un número importante de peones chileno que habían sido enganchados para el trabajo en la construcción de ferrocarriles en el Perú por la firma de Enrique Meiggs,  quien había tenido muy buena experiencia en la calidad de estos trabajadores en la construcción del ferrocarril de Santiago Valparaíso, Meiggs había ganado un importante contrato con el gobierno peruano, estos desgraciado trabajadores se contagiaron con las pestes que asolaban a Arica y en su mayoría murieron, ya en la época de la guerra de la independencia se había visto  la debilidad que presentaba la gente del valle central de Chile que integraron el Ejército Libertador  comandado por José de San Martín a las enfermedades tropicales como el paludismo.


 

·         La reconstrucción y la tercera tragedia.

La década que sigue a continuación de las grandes tragedias sufridas por Arica en el siglo XIX  están marcadas con el espíritu  de la reconstrucción espiritual y material de la población; sin embargo esta etapa no estuvo exenta de una nueva catástrofe que pondría de nuevo a prueba el temple de los ariqueños, el nuevo evento  de la naturaleza fue el terremoto con Tsunami del  9 de mayo de 1877.

Cuando  la trágica oleada de catástrofes y de plagas de los años 1868 – 1869 que se habían ensañado con la población ariqueña hacían su retirada dejando tras de sí una  secuela de dolor y muerte, el coronel José Balta a la sazón presidente del Perú visita la zona para impulsar la reconstrucción de las ciudades de los Departamentos sureños de ese país.

La alta autoridad peruana efectúa una visita de inspección por los restos de la ciudad y por los valles interiores de la provincia, la experiencia vivida  por el presidente peruano  en su estada en el puerto de Arica fue muy fuerte  y quedaría marcada como una dolorosa cicatriz en su recuerdo, al constatar  el grado de destrucción y desolación del otrora más importante puerto del sur de esa república, el presidente peruano en su visita a Arica fue huésped del cónsul de Gran Bretaña en Arica don George Hodges Nugent que había formado hogar con la dama tacneña doña Eloisa Mac Lean Portocarrero [54] . Al retornar de la agotadora jornada, la que abarcó parte del valle de Azapa y del valle de Lluta, se le organiza al presidente peruano una cena en casa del cónsul George Nugent, doña Eloisa de Nugent, su esposa,  excelente anfitriona se esmera en la atención de su ilustre huésped, haciendo en lo posible  que no sintiese las inconfortables condiciones del albergue proporcionado, producto de los destrozos que había sufrido su casa después del terremoto. Era la víspera del día  en que el presidente peruano retornaría a Lima. El agobiado mandatario en compañía de su anfitriona,  de la familia de esta y de  algunos  invitados pertenecientes a los principales de la ciudad,  cenaron a la luz de lamparas a gas importadas desde Europa que poseía la acaudalada  familia, durante la cena los comentarios giraron en torno al  terremoto y sus secuelas, dándose como temas obligados de conversación las distintas tragedias familiares vividas; al momento  de la sobre mesa el Jefe de Estado peruano casi en meditación pero en voz alta, pronuncia las siguientes palabras con mucha parsimonia, como queriendo que quedasen grabadas profundamente en la mente de sus interlocutores: “Cuanto me apena los estragos causados por este terremoto a la población, que ha privado a Arica hasta de un sitio para honrar a Dios”, esta frase del presidente  produce un respetuoso silencio de los comensales, después de unos breves segundo sin ser interrumpido agrega el mandatario casi en un susurro, “Si la Iglesia para Ancón no hubiera llegado aún a Lima“; la señora Nugent al escuchar al coronel Balta de inmediato le dice “Presidente, usted tiene que dar una nueva iglesia para Arica, sólo usted puede dar ese consuelo a los ariqueños”. El presidente Balta cumplió, dentro del plan de reconstrucción  para el puerto de Arica que se elaboró incluyó la construcción de un nuevo templo.

El coronel Balta a su regreso a Lima encomienda al ministro de Hacienda de ese entonces don Nicolás de Pierola, desarrollar un plan para la reconstrucción del puerto de Arica, el ministro de cuna arequipeña  cumple los deseos del mandatario,  en este plan de reconstrucción se consideró un rediseño del plan urbano de calles que tenía la ciudad hasta el terremoto de 1868, también se consideró la ejecución de importantes obras publicas. El plan de reconstrucción concebía  un complejo cívico compuesto principalmente por tres edificios para servicios públicos así se ordenó la construcción  del edificio de la Aduana, con sus respectivos almacenes, del edificio de  Correos y Telégrafo, además del edificio de la Subprefectura,  el plan contemplaba también  la reconstrucción del muelle y parte del relleno que daba proximidad al ferrocarril Tacna Arica al terminal marítimo, la estación de  pasajeros del Ferrocarril Arica Tacna, el Hospital San Juan de Dios, la Cárcel, el Cuartel de Policía, un Colegio, la Recova y un Templo en remplazo de la destruida iglesia Basílica, para financiar el plan propuesto de reconstrucción de Arica el gobierno del Perú  hizo uso de los recursos  provenientes del contrato Dreyfus  por  la venta de guano, en el empréstito de mayo de 1870 con el que se financió  también la construcción  de los ferrocarriles del Callao a la Oroya y el de Arequipa a Puno.

Con relación al rediseño de las calles de Arica estas conservaron como base la antigua calle de “San Marcos” para las que  están orientadas de oriente a poniente y la antigua calle “Unanue” para las que se orientan de Sur a Norte, de esta forma el nuevo orden de las calles considerando las que corren de oriente a poniente nombradas de sur a norte eran las siguientes: Calle de “Ayacucho”, calle de “Unanue”, calle de “San Marcos”, calle “28 de Julio” (ex “San Francisco”), calle “2 de Mayo” (ex “del Comercio”), calle “de la Alameda”,  calle  de “Atahualpa”, calle “de la Pampa”; para las calles que corren de sur a norte considerándolas de mar a cordillera el orden era el siguiente: “Aduana” (ex “del Ferrocarril”), calle del “Telégrafo” (ex de la “Aduana”), calle de “Arica” (ex “Unanue”),  calle “del Colegio” (ex “de las Mercedes”), existía una pequeña calle de tan sólo dos cuadras que iba desde “San Marcos” hasta “2 de Mayo”  cruzando “28 de Julio” y que corría a un costado de la Recova llamada “Chucuito”, calle “de la Matriz”,  calle de “Bidaubique”, calle de “Zapata”,  calle de “Gamarra”, calle de “Castilla”. En el diseño limeño no se había considerado la antigua calle de “Ayacucho” que terminaba en su extremo  oriental en la intersección  la calle “de la Alameda” con la calle “del Colegio”,  formando lo que los ariqueños llamaban las cinco esquinas, los propietarios de los predios que daban a esa calle  insistieron en mantenerla denominándola calle “de Provisiones” [55] ,  el sitio para la iglesia quedó establecido en la manzana formada por las calles  de “Arica”, calle “del Colegio”, calle de “Unanue” y calle de “San Marcos”, este terreno correspondía   al del antiguo emplazamiento de la iglesia Basílica; la plaza se conservó en el lugar original frente a la iglesia pero en un terreno de menor dimensión que el anterior al terremoto.

El complejo cívico contemplado en las obras civiles del plan de reconstrucción diseñado por el gobierno del coronel Balta comenzó a ejecutarse en 1871, ganándose el contrato de Construcción  la firma francesa  “Gustavo Eiffel et Compagnie”, actuó como subcontratista encargada de realizar las obras civiles la empresa “Constructeures Levallois et Campagnie” de París;  la inversión en las oficinas públicas ubicada en el complejo cívico tuvo un costo de un millón trescientos veinticinco mil cuatrocientos  soles de 48 peniques de la época, iniciándose las obras el día 10 de diciembre de 1871, la firma Eiffel et Cie, también obtuvo el contrato para la construcción de la Catedral de Tacna, la pila ornamental de la plaza de armas de esa ciudad, la construcción de la capilla del cementerio y la construcción del Teatro Municipal de esa ciudad, las obras encomendada en Arica a la firma francesa se ubicaron en la manzana comprendida entre las calles “San Marcos” por el Sur, “2 de Mayo” por el Norte, calle del “Telégrafo” por el Este y la explanada que daba al muelle y estación de pasajeros del ferrocarril a Tacna por el Oeste; el complejo comprendía las oficinas administrativas de la Aduana de Arica, este edificio se ubicó al centro de la sección de terreno que daba a la marina, fue concebido con una estructura de dos pisos, que en la planta baja estaba dividido en tres  grandes salones; el frontis principal  lo conforman  tres secciones, la central compuesta por la mampara de acceso principal  de madera y cristal de cuatro hojas con las dos hojas centrales movibles,  da acceso  al “hall” de recepción,  hacia la calle enfrenta esta entrada principal  un sombreadero de madera y acero  recubierto en su parte superior por planchas de cobre;  descansa esta estructura en dos columnas metálicas, de estas columnas a modo de protección salen hasta el muro de fachada del edificio dos barandas metálicas de un metro de altura aproximadamente coronadas con pasamano de fierro simulando madera, este sombreadero   cubre los cuatro escalones del terraplén que permite llegar al primer nivel del edificio, sobre el piso de entrada y del piso del “hall” de recepción  hay unos hermosos mosaicos hechos en baldosín, el acceso a la sala central es una amplia puerta que sobre su dintel se grabó la siguiente frase: “Empezada el 10 de Diciembre del año 1871 bajo la presidencia de S.E. el señor Coronel Dn   José Balta y terminada  el 28 de Julio de  1874 bajo la presidencia de S.E. el señor Dn Manuel Pardo.” [56] Corona esta escritura un escudo de la República del Perú enmarcado entre dos querubines. Sobre esta sección central del edificio se encuentra el segundo piso al  que se tiene acceso por una “escala de caracol” de acero ubicada a la izquierda de la entrada principal, este recinto del 2º piso tiene el techo de dos aguas, cubierto de tejas  de cerámica plana acanalada, este salón tiene  en sus frentes anterior y posterior amplios ventanales que en su parte superior lo forma un arco de cuarto punto en el frontis sobre el ventanal está  la palabra “Aduana”, por encima  del ventanal se colocó de ornamento un reloj, el conjunto tiene un estilo neoclásico que estaba muy en boga por la época. Las secciones de los costados del frontis del edificio tiene un conjunto de tres ventanas ubicadas simétricamente que dan luz a las dependencias de esta parte del edificio, estas ventanas alargadas de alto a bajo también son  rematadas en su parte superior en un arco de cuarto punto, la estructura de los muros en su base es de piedra de sillar blanco sacadas de las canteras del cerro Chuño, los muros de ladrillo cosido con mortero de cal y arena; la estructura era “amarrada”  por las esquinas con pilares de piedra de sillar fijados con corchetes de fierro de una pulgada de grosor; los salones laterales del edificio  tienen el techo plano con vigas de acero que afirman una loza  de ladrillos con mortero de cal que permite la formación de sendas terrazas sobre los techos de ambos costado del edificio, el techo por el interior, el “cielo raso”, esta forrado con finas maderas “machambrada” y  descansa en esbeltas columnas y ménsulas ornamentadas de acero que dan solides a la estructura sin disminuir  el espacio útil  a los salones.

Los patios de almacenaje de la aduana estaban cubiertos por galpones que fueron construidos con pilares, cerchas, y costaneras de acero, el techo de dos aguas era cubierto con plancha de fierro galvanizado plano, las paredes de los contornos tenían un sobrecimiento de piedra sillar de unos 80 centímetros de alto, cubriendo   el resto de la altura ladrillo cosido, los extremos de estos galpones estaban cubiertos por portones de corredera de madera y fierro con fuertes guarniciones metálicas para asegurar que no se produjesen robos, estos portones descansaban sobre rodillos de fierro que corrían  sobre rieles ubicados en la parte alta y con guías metálica en la parte inferior, el conjunto de esta bodega se distribuía en la manzana destinada para el complejo cívico  en forma  muy simétrica, los de mayor dimensión  a ambos costados del edificio de la administración de Aduanas en número de tres por cada costado, estos lindaban con el edificio del Correo y Telégrafo por la calle “2 de Mayo” y con el edificio de la Subprefectura  por calla “San Marcos”,   los de menor dimensión se distribuían en dos baterías de cuatro bodegas,  cuatro ubicado inmediatamente detrás del edificio de administración en paralelo a la calle del “Telégrafo” y cuatro perpendicular a estos dando frontis a la calle del “Telégrafo” entre los edificios de Correo y de la SubPrefectura.

El Edificio del correo y Telégrafo [57]   se construyo en la esquina de las calles “2 de Mayo” y calle del “Telégrafo”, la planta de este edificio tenía la forma de una letra “H”, dando su frontis a la calle del “Telégrafo”, el frontis del edificio lo formaba las paredes de los dos pabellones que eran separados por el pabellón transversal que los unía dando la forma de “H” a su planta,  el pabellón  transversal tenía un largo de 12,75 mts. de largo y un ancho de 6,20 mts.; entre las dos estructura principales del edificio, limitando con la calle, había un zócalo de unos 80 centímetros de alto y sobre este una  reja de acero que alcanzaba a unos 2 ½ Mts.  de alto, dejando al centro un amplio portón enrejado de fierro forjado, que hacía la entrada principal del edificio, el portón descansaba en dos columnas de ladrillo que superaban en pocos centímetros la reja del cierro, coronaban estas dos columnas faroles a gas confeccionados en fierro , tras este cierro de la fachada principal una escala de acceso de cuatro escalones que  daba al vestíbulo permitiendo la entrada a las oficinas de atención de público por el pabellón central y a las dependencias ubicadas en los pabellones laterales a través de  un amplio corredor que unía los extremos, en amos costados de la escala había pequeños jardines ornamentales, en la parte posterior del pabellón transversal existía un patio interior que estaba cubierto en un tercio por un hermoso sombreadero  confeccionado  con vigas de fierro fundido que descasaban en dos  pilares en forma de delgadas columnas metálicas de estilo dórico.

En el costado sur del edificio que  lindaba con las bodegas de Aduana había un muro alto de ladrillo que cerraba el patio de  servicios y separaba ambos recintos, el patio tenía una dimensión de 7,70 mts. de ancho por 22,00 mts. de largo, se accedía a este recinto por un portón que daba a la calle del “Telégrafo “, la entrada era amplia permitía con comodidad el ingreso de carretas tiradas por caballos, en este patio se efectuaba la carga y descarga de la correspondencia que era traída o se despachaba en bultos por este medio de transporte hasta el ferrocarril o el puerto,

El  edificio era  del mismo estilo neoclásico que el de la Aduana, tenía las ventanas de la misma forma y figuras, estas eran  de buena amplitud y altura dando excelente luz natural a las dependencias de los pabellones de oficinas; por la calle “2 de Mayo” existía una puerta de acceso de dimensiones menores usada solo de servicio por los empleados del correo, este acceso  estaba en una pequeña dependencia que  permitía acceder al subterráneo y al patio interior, detrás de este edificio separado por un alto muro, estaba  un terminal de la línea férrea que se bifurcaba al puerto como a la maestranza del ferrocarril a Tacna, los pabellones principales laterales estaban compuestos por tres  salas cada uno donde se ubicaban las oficinas administrativas las dimensiones de estos pabellones eran de 22,10 mts. de largo por 4,5 mts. de ancho.

En la esquina noroeste formada por la calle del “Telégrafo”  y calle de “San Marcos” fue construida  la casa de la Subprefectura, este edificio era gemelo  al edificio del Correo, su planta  en forma de “H” con exactas características,  sus dimensiones eran de 22,6mts. de ancho por 31.75 mts, de largo. Este edificio estaba dividido en dos partes principales la principal que daba su frontis a calle de “San Marcos y a la plaza de armas que estaba destinada a residencia del Subprefecto y la parte posterior destinada a las oficinas administrativas y despacho de la autoridad, las dependencias publicas eran atendidas por la puerta lateral que da a la calle del “Telégrafo”,  entrando por este acceso existían dos oficinas de recepción o secretarías, pasadas estas dependencias se enfrentaba a un patio interior que tenía un corredor formado por la prolongación del techo del despacho del Subprefecto sostenido en delgadas columnas de fierro estilo dórico, el despacho del Subprefecto era un amplio salón que tenía acceso en uno de sus extremos a las oficinas del secretario, y por el lado opuesto a la entrada principal una puerta daba acceso el patio interior de la residencia, este patio esta comunicado al salón de recepción de la casa habitación por dos amplias puertas. El acceso principal ubicado por calle “San Marcos” que daba entrada a la casa habitación del Subprefecto es de similar factura a como fue la entrada principal del edificio del Telégrafo, al costado  que lindaba con las bodegas de Aduana estaba el acceso para el coche y servicio de los moradores de la casa de gobierno provincial, a diferencia del edificio del correo las paredes frontales que daban a la calle “San Marco” de los pabellones paralelos tienen un par de ventanas idénticas a las del edificio de la Aduana las estructura de albañilería de este edificio es de menor calidad que sus similares de la Aduana y Telégrafo debido al recorte presupuestario que sufrió la obra como consecuencia de la crisis financiera de esos años, sin embargo con el enlucido y terminaciones interiores es de gran dignidad.

Frente a las instalaciones de la Aduana se construyo la estación de pasajeros del ferrocarril Tacna Arica, este edificio  fue ubicado a unos doscientos metros del edificio de la Aduana frente al mar, no era de gran tamaño, en total de este edificio no superaba los 230mt2.; sólo era de un piso, el costado que daba hacia la Aduana tenía tres ventanas con sus marcos muy ornamentados, el frente que daba al mar era el anden que tenía un sombreadero que era la prolongación del techo de media agua,  esta marquesina era afirmada al muro del edificio por ornamentadas escuadras de acero, el contorno del techo era ornamentado por una cenefa llena de figuras geométricas que semejaban flecos,  justo al medio del techo del edificio sobresalía un mirador que era rodeado de un balcón con barandas de acero, este mirador era coronado por una cúpula de forma  similar a una gran campana que en su base estaba ornada con una cenefa simulando flecos, por la  parte superior de la cúpula sobresalía el mástil para la bandera, las paredes de este mirador  tenía hacia los cuatro puntos cardinales unas esferas de reloj que mostraban la hora al observador.

El edificio de la  iglesia que venía a reemplazar a la antigua Basílica destruida en el terremoto era justamente la que iba ha ser destinada al balneario de Ancón, ubicado a 32 Km. al norte  de Lima, tal como lo pensara el presidente Balta en su visita a la ciudad de Arica en casa de la viuda Nugget la iglesia destinada al balneario ubicado al norte de Lima fue desviada al puerto de Arica para su instalación. Esta  iglesia de estilo gótico enteramente  construida de acero, fue fabricada en las fundiciones de la firma “G. Eiffel et Cie” de Levallois-Perret, pequeña localidad a las afuera de París [58] , armada como mecano, tuvo un costo de 155.000 soles de 48 peniques, se emplazo como ya se ha dicho en el antiguo terreno de la antigua iglesia, para ello se preparo un terraplén que abarca el ancho de calle a calle entre “7 de Junio”(ex-Unanue) y “San Marcos”, circundaba el predio una reja alta de fierro fundido, da su acceso por la plaza con  una gradería de catorce peldaños, la estructura metálica de la iglesia fue ubicada al centro del terraplén dejando amplios jardines a ambos costados del edificio, el techo de la iglesia  en su parte interior es de fina madera “machambrada”, tal como es el “cielo raso” del edificio de Aduana, la cubierta exterior del techo es de cobre, la planta de la iglesia tiene la forma de cruz francesa;  en la parte central de la entrada principal en lo alto se encuentra el coro al cual se accede por una “escala de caracol” metálica, a la derecha está la torre del campanario que se alarga hacia lo alto en forma de aguja, forma  típica del estilo gótico, en la base de la torre se encuentra el bautisterio, el brazo que enfrenta la torre del campanario a la izquierda de la entrada principal se destinó a la capilla del confesionario, la iglesia es de tres naves, sin embargo es relativamente pequeña, pero con orgullo ostenta el titulo de “Catedral de San Marcos de Arica”, a la mitad posee dos puertas laterales, los brazos que forman la cruz en el sector del altar mayor esta destinado el de la derecha a una capilla del Sagrado corazón y el de la izquierda a la virgen del Carmen, el altar mayor estaba separado del resto de la iglesia por una barandilla de fierro fundido, el altar mayor lo formaba un hermoso retablo de acero del mismo material que esta hecha toda la iglesia, recargado de adornos pero siempre buscando la armonía con las líneas góticas del conjunto del edificio, en este retablo el más antiguo estuvo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, posteriormente se cambio  a la virgen de la Inmaculada Concepción,  cabe señalar que este templo en un comienzo fue consagrado al Sagrado Corazón pero después de una controversia entre la Sociedad  del Sagrado Corazón y el párroco, pasó a tener el patrocinio de San Marcos por ser la iglesia principal de Arica [59] . La construcción de este templo comenzó en 1872 para concluir en 1876, la flamante iglesia es inaugurada el 2 de julio de 1876, le correspondió bendecir el nuevo templo  al cura y vicario presbítero José Diego  Chávez, como delegado del obispo  José Benedicto Torres, Fue padrino de la bendición el prefecto del Departamento, el coronel don Carlos Zapata y madrina una de sus  hijas, se le puso como titular el Sagrado Corazón, la misa inaugural se efectuó al día siguiente el 3 de julio y el sermón estuvo a cargo del cura Francisco Sagals. [60]

Las otras construcciones encargadas a la firma  de Gustavo Eiffel fueron la Cárcel y el Cuartel de la Policía, estos edificios fueron construidos en la calle de la Matriz, justamente en los terrenos que había ocupado el templo de la Matriz, en el edificio  de policía  fueron utilizadas varias columnas que habían pertenecido al antiguo edificio de la Aduana destruido por el terremoto de 1868. No existen mayores referencias de la arquitectura de ambos edificaciones, salvo las que indican algunos antiguos residente que el cuartel de policía tenía un amplio portón y que en su parte principal que daba a la calle era de dos piso con corredor a la calle destacándose en este las columnas del antiguo edificio de la Aduana, la cárcel tenía un acceso  con un amplio portal a modo de zaguán que era cerrado por portones metálicos de hermosa fabricación.

El cuerpo técnico de G. Eiffel et Cíe: que trabajó en Arica y Tacna estaba encabezado por Ingeniero y Arquitecto de origen polaco don Nicolás Miney, lo secundaron  en la  construcción los  ingenieros don Carlos Petot, don Emilie Larrieu, el arquitecto Tadeo Strujenski como director técnico de las obras y don Matías Richet, técnico mecánico especialista en armar las estructuras de fierro; se trajeron picapedreros, albañiles, alarifes y jornaleros desde Arequipa. Los encargados de recepcionar las obras por parte del gobierno peruano fueron los señores Manuel Vázquez, Marco Antonio Viñas y Fernando Arancibia,  el jueves 28 de octubre de 1875  se firmo  el informe que daba cuenta de la conformidad por parte del gobierno peruano de las obras construidas; el ingeniero Tadeo Strujenski  recepciona las últimas piezas  destinadas para el edificio  de la Aduana y que consistían el escudo de armas del Perú,  que sería instalado en el vestíbulo interior del edificio,  las persianas de fierros para el edificio de la Aduana, el edificio del Telégrafo y el edificio de la Subprefectura. ,  el reloj del frontispicio de la Aduana y dos pequeños vagones para el servicio de almacenaje.

La otra obra importante en el plan de reconstrucción de la ciudad de Arica fue la construcción del edificio del Hospital San Juan de Dios,  esta edificación fue encomendada a la sociedad Trefogli & Graziani que ya habían construido el Hospital 2 de Mayo de Lima,  el costo estimado para la obra fue de 165.000 soles de 48 peniques, el diseño que el arquitecto Mateo Graziani adoptó para el Hospital San Juan de Dios de Arica fue el sistema de pabellones independientes utilizado en Inglaterra desde 1756 en el hospital de Plymouth, este sistema fue recomendado por la Academia de Ciencias de París, el sistema permitía una mejor ventilación, buena iluminación y el aislamiento entre sí de los diferentes tipos de pacientes, los terrenos utilizados para la construcción fueron los del antiguo hospital cercanos al cerro “De la Cruz” se consideraba de mayor salubridad por estar en un sector de mejores  vientos y más seco, además contaba con pozo de agua dulce,  el frontis estaba constituido por un muro de 1,80 mts. de alto de piedra sillar, sobre este muro una reja que daba un total de alto al cierre de 3 ½ mts., el acceso al  recinto  lo formaba un portal de corte clasicista, dominado por un motivo de arco de triunfo, la puerta  cerraba en su parte superior en un arco de medio punto con la coronación central en forma de frontón donde se leía “HOSPITAL SNJUANDE DIOS”; en la esquina que formaba la calle “de la Pampa del Hospital” con la calle del “Comercio” se conservó la antigua capilla de San Juan de Dios, al ingresar  se encontraba un amplio  jardín  que daba acceso en ambos costados a dependencias administrativas y consultorios, al centro un amplio parque que separaba a los cinco pabellones que componían el complejo hospitalario, los pabellones se distribuían dos en el sector sur del recinto y tres en el sector norte que daba al camino al Lazareto y a Azapa, los pabellones estaban separados por amplios jardines y fueron construidos dando sus ventanas al  oriente y al poniente para aprovechar de mejor forma el sol, el parque central abarcaba todo el largo del predio, los pabellones permitían 22 camas la que se ubicaban 11 por cada lado a lo largo de la sala con una separación de 1 mt. entre sí, el piso era de madera, los pabellones eran de techo alto, este  era sostenido por 8 pilares  redondos de madera que sostenían sendas vigas del mismo material donde descansaba el entablado que era cubierto en su exterior por  una torta de totora y barro con conchuelela; la sala tenía  amplias ventanas que estaban a un nivel superior a los respaldos de los camastros de los enfermos, estas altas y amplias ventanas daban buena luz y ventilación, al extremo opuesto a la entrada principal del pabellón  se levantaba un pequeño altar que honraba al santo patrono del pabellón, entre pabellones existía una dependencia más pequeña que utilizan los médicos y enfermeras, uno de estos recintos era destinado a pabellón quirúrgico.

Las  construcciones sanitarias incluyeron  la edificación de un Lazareto para los enfermos infecciosos, este recinto se ubico a unos 1.000 mts del hospital por el camino que iba a Azapa, después de las grandes epidemias en Arica aparecen registrados tres médicos, dos practicantes, uno de ellos practicante de cirugía, una profesora de partos, un vacunador,  ocho auxiliares. Arica contaba con tres panteones, dos para católicos y uno para protestantes.

En la reconstrucción de la ciudad como se ha dicho se considero el edificio de un colegio, este se  construyó en  un sitio aledaño al lugar que había ocupado el antiguo convento de la Merced, de ahí que la antigua calle “de las Mercedes” pasara a llamarse “del Colegio”, en consecuencia este edificio quedo ubicado entre las calle “2 de Mayo” y calle “de la Alameda”. Por ultimo cabe señalar la construcción de la Recova que se ubicó en los terrenos donde había estado  el convento de San Francisco, este es un edificio de planta rectangular con amplios corredores donde se utilizaron las columnas de fierro del antiguo edificio de la Aduana, sus puertas principales daban a las calles “San Marcos” y “28 de Julio” un acceso secundario daba ala calle “Chucuito”,   el estilo de arquitectura clásica se conservo en este edificio, el piso pavimentado con piedra huevillo a la usanza española.

En este periodo de reconstrucción también hubo varias construcciones de particulares como la  de una sociedad francesa que construyo el “Hotel del Globo” que se ubicaba  en la esquina suroeste de la calle “de la Alameda” con la calle del  “Telégrafo”, este edificio de estructuras metálicas conforme al uso de la época  no alcanzó a ser terminado, las obras no estaban concluidas al momento de producirse  el segundo gran sismo del 9 de mayo de 1877, sus estructuras casi en terminación fueron arrasadas por el Tsunami que provocó el movimiento telúrico, la salida de mar dejó transformado en un montón de escombros lo que pretendía ser un lujoso hotel. [61]


Capitulo XII

Estructura social de Arica y antesala de la guerra

·         Población, educación y empleo y la última tragedia del siglo

La ciudad de Arica en el censo de 1871 registró la cifra de 2.768 habitantes, más los pobladores de los valles precordilleranos y de los pueblos de la cordillera que sumaron 690 almas, dando un total para la provincia de 3.458 personas; demostrando con estas cifras el dramático descenso de la población por causa del terremoto de 1868 y de las epidemias  subsecuentes que asolaron la ciudad al año siguiente del evento sísmico, en el censo efectuado en  1874 la población había crecido solamente en 75 individuos, sin embargo con el  plan de reconstrucción impulsado por el gobierno peruano más el restablecimiento del flujo de mercancías hacia Bolivia  la población se fue recuperando  aumentando ya para 1876 a 3.449 habitantes en la ciudad, es decir que en dos años creció en casi en 900 individuos. Sin embargo fue notorio el descenso de la población de los pueblos del interior, muy posible como consecuencia de la muy tardía ayuda y reconstrucción de esas localidades, habría que consignar sin embargo que ya anterior al terremoto de 1868 con motivo del establecimiento del ferrocarril Arica- Tacna se había iniciado el despoblamiento del sector rural ariqueño, ya que este avance tecnológico en las condiciones de transportes de carga y pasajeros dejó toda esa área fuera del flujo más importante de las caravanas de trajineros que movían las mercancías  y viajeros desde y hacia Bolivia, lo que en definitiva significó que  muchos de sus habitantes emigraran a lugares de mayor prosperidad económica, registrándose los mayores flujo de estas emigraciones interiores hacia las ciudades de Arequipa, Tacna, Moquegua e incluso al mismo puerto de Arica, sin embargo este último lugar fue bastante menor en la opción de los emigrantes, una  razón poderosa para que ocurriera esto era el factor salud, los lugareños de los valles precordilleranos y de los pueblos de la cordillera casi en el 100% eran  de raza Aymará que ancestralmente habían vivido en las zonas alta, lo que les ha significado que presenten una natural debilidad en las defensas de sus organismos ante las enfermedades pulmonares en particular de la tuberculosis, estos emigrantes al afincarse en Arica eran duramente atacados por este mal  generando un alto número de fallecimientos a causa de ello.

La abolición de la esclavitud decretada por el mariscal Castilla significó que la mano de obra  esclava, que era muy barata, emigrara desde el valle de Azapa principalmente y del valle de Lluta a la ciudad donde esperaban encontrar mejores oportunidades de trabajo, las actividades laborales  principalmente escogidas por los libertos, eran las labores auxiliares portuarias y también  los trabajos auxiliares relacionadas con el trajín de las mercancías de tránsito a Bolivia, el vínculo con los marinos de las distintas latitudes y nacionalidades que llegaban a Arica era otro elemento que reportaba dividendos económicos a esta gente de raza negra, con “oficios” que con habilidad ejercían a través de la juerga, el juego, las peleas de gallos y las mujeres, lograban hacer pequeñas fortunas que en las más de la veces terminaban de la misma forma como las habían logrado, la mayoría de los ariqueños de antes de la chilenización  tenían en su ascendencia un alto componente “afro” en su sangre, así lo expresa claramente el subprefecto de esa época don Javier Francisco  Taboada en su Memorias de la Provincia de Arica año de 1874, donde dice “La raza fundamental es la negra y el idioma que se habla es el español, la etnia que le seguía en importancia por esos años eran los blancos principalmente de origen hispano ya aclimatados por más de dos siglos de presencia en la zona, el elemento indígena se ve disminuido en la ciudad y en los valles costeros como ya se ha dicho por ser mas débil a la tuberculosis principalmente y al endémico paludismo en segundo termino.

Por otro lado la falta de mano de obra en la agricultura generada como consecuencia de la abolición de la esclavitud fue remplazada en un comienzo por mano de obra china que prontamente a lo menos en los valles costeros de Arica fue remplazada nuevamente por muchos de los liberados afroamericanos que no se acomodaron a la realidad del trabajo en la ciudad, e incluso en más de una oportunidad por lazos afectivos con sus antiguos amos los hicieron retornar al trabajo agrícola y de servicio doméstico. Los trabajadores de origen chino se mostraron débiles a las enfermedades tropicales que se enseñoreaban en la zona, es por ello que por el año 1871 en la provincia de Arica sólo se registraron 35 habitantes de esa nacionalidad entre estos trabajadores aparecen apellidos del celeste imperio como Chong, Chang, Jong, Jang, Wong, Wang, etc.

Por esa época también llegaron emigrantes de origen europeos principalmente italiano, así aparecen en la zona apellidos como Rossi, Bardi,  Vicentini, Canepa, Focacci, Vicentello, Mansini, Lombardi, etc. en menor número franceses  y españoles, es novedoso ver que aparece un austríaco con apellido croata, Garafulic, por esos años los territorios de Croacia era parte del Imperio Austro Húngaro. Se registran inmigrantes de otras naciones europeas pero en menor número, entre esto hay  ingleses, suizos, portugueses, alemanes, etc. la población inmigrante de Europa y Estados Unidos no superaba el 8% de la población [62] ”.

Los ariqueños de los años previos a la guerra de 1879 no se destacaron por su preocupación por la educación, este desinterés se ve reflejado en  la alta tasa de analfabetismo que se registra en los documentos oficiales peruanos de la época, el número de personas que no sabía leer  ni escribir llegaba  a 2.146 almas, es decir poco más de la mitad de la población de 1876;  los padres no mostraban mucho interés en enviar a sus hijos al  colegio, el ausentismo escolar era muy elevado,  por lo que las autoridades frecuentemente tenían que recurrir a instrumentos intimidatorios  que les otorgaba la ley para obligar a los padres a enviar al colegio a sus hijos,  muchas veces los padres de familia empleaban a sus  hijos en labores domesticas y por esta causa no los enviaban a la escuela, se aplicaron multas  a los infractores cuando caían en reincidencia. Las posibilidades de educación para los niños ariqueños por esa época no eran muy altas sólo funcionaba una escuela municipal de las dos que existían oficialmente y una escuela particular, estas  eran solamente de educación primaria, según datos municipales se registraban 5 preceptores para atender a los 225 alumnos de la ciudad, estos eran  100 varones, 95 niñas, más 30 alumnos no especificado su genero que corresponden a la clase de la escuela particular, para la educación media los jóvenes ariqueños tenían que concurrir a Tacna ó a Arequipa. [63] Una de las escuelas municipales que aparece registrada había perdido su local en  del terremoto de 1868, en consecuencia, por razones del presupuesto fiscal no se reabriría en el tiempo que quedaba de administración peruana en la provincia de Arica, el restablecimiento de una escuela para niñas y otra para niños sólo se efectuará ya avanzada la ocupación chilena de la provincia, siendo un especial interés de las nuevas autoridades la educación de la población, en 1876 en los valles interiores de Arica existían  escuelas primarias según la siguiente distribución [64] :

·        Azapa una municipal

·        Distrito de Belén una escuela municipal

·        Distrito de Putre una escuela para niños

·        Distrito de Livilcar dos escuelas municipales una en Humagata y la otra en la capital del Distrito

·        Distrito de Codpa dos escuelas municipales y una particular

La educación en Perú de 1876 y de lo que Arica no era ajeno, estaba dividida en tres niveles educativos según el Reglamento General de Instrucción Pública, que fue promulgado por el presidente don Manuel Pardo el 18 de marzo de 1876, estos niveles eran los siguientes: Instrucción  Primaría, Instrucción Media e Instrucción   Superior. En la provincia  de Arica solamente se impartía el nivel de Instrucción Primaria que según el Reglamento  de Instrucción Primaria de 1874  promulgado por el mismo Manuel Pardo y perfeccionado por el reglamento de 1876 en parte expresaba: “La Instrucción Primaria será dividida, con la finalidad de acomodarla a las variadas circunstancias y condiciones de las diversas realidades  territoriales, en tres grados, siendo los dos primeros gratuitos; para su sostenimiento y propagación para lo que se crearan fondos especiales. Al primer grado se le confiere el carácter de obligatorio para toda la población (de la república del Perú),  “penándose a los padres y patrones por su incumplimiento”,  Esta obligatoriedad se extenderá  a los cuarteles, cárceles y penitenciarías. La sucesión de los grados guardará en sí una estrecha relación que se expresará en una progresión armónica y de continua ampliación. Las escuelas primarias a su vez se dividirán en elementales y superiores; las segundas estarán destinadas a “perfeccionar los conocimientos adquiridos en las escuelas elementales”.

El gasto anual  en sueldos por escuela  en el año fiscal de 1.877 para el Departamento de Tacna (Arica era provincia de este departamento) era de 1.300 soles, un preceptor ganaba 8 soles diarios y el director ganaba 12 soles diarios, no se pagaba semana corrida es decir que solo se pagaba los días trabajados, por lo que un profesor ganaba  por 24 días al mes.

A pesar de la notoria deficiencia educacional de la provincia de Arica es dable resaltar la existencia de a lo menos  4 artistas dramáticos, un escultor, un músico y cuatro pintores retratista a pincel, según el registro  municipal de tributarios de impuestos, este antecedente  proporciona la valiosa información  que a lo menos en la ciudad existía  actividad en el ámbito del arte y la cultura.

La realidad  social de la población de la provincia con que se encontrarán las tropas chilenas al conquistar Arica, será  que un importante número de sus habitantes por la falta de educación no tenían posibilidades de salir del estado de explotación y sometimiento que sufrían por parte de la clase dominante de terratenientes y trajineros, integrada por  gente de origen hispano los que habían tenido la oportunidad de educarse en  Tacna, Arequipa o Lima e incluso más de alguno en el extranjero, esta clase dominante se entremezcló con los inmigrantes europeos que de por sí tenían una mayor educación y cultura empresarial que les permitía a poco de llegar tener pequeñas fortunas que acrecentaron con el tiempo.

 En el Arica de los años previos a la guerra se le consideraba blancos a toda persona, que, por color de la piel, conformación del rostro y constitución del cabello eran preponderantemente de ascendencia europea. Pero había muy pocos ariqueños de procedencia netamente europea, ya que en el transcurso del tiempo la mezcla racial también había llegado inclusive a las familias completamente de origen hispano hallándose componentes de sangre negra e india en al ceno de todas ellas, por mucho que los miembros de estas familias quisieran defenderse  contra la aceptación de semejante mezcla, esta gente que por su fortuna, por su influencia política o por talento ocupaban  una prominente situación social, no se les incluía ni siquiera en la categoría de mestizos, aun que tuviesen mas rasgos de negros o de indios que de europeos. Estos habitantes considerados de raza blanca  eran los que mayoritariamente  constituían los estratos mas altos de la sociedad de la provincia, “la clase alta”, que estaba constituía mayoritariamente por los descendientes de los altos funcionarios del Corregimiento de Arica, posterior Partido, y por los descendientes de la clase terrateniente de antiguos encomenderos, que para  la época analizada ya se habían integrado con la burguesía que  estaba formada por   comerciantes, trajineros y muchos empleados  extranjeros de las casas comerciales europeas y estadounidenses que operaban  en la zona, a esta clase se integraban también  la alta oficialidad militar que principalmente había participado en las guerras civiles de mediado de siglo XIX, que habían tenido como uno de sus escenarios más importante todo el territorio comprendido entre Arequipa y Tarapacá. La clase alta provinciana de Arica era integrada prácticamente por las mismas familias que componían el estrato social alto de Tacna, pues, ya desde el periodo colonial, las familias más pudientes del puerto habían establecido sus residencias principales en esa ciudad, por ser más favorable su clima ante las enfermedades que agobiaron en forma endémica a Arica, la constante amenaza de piratas y las invasiones de la guerra de la independencia  contribuyeron a este  fenómeno social, y por último no hay que despreciar que la estructura político administrativa del Virreinato en sus postrimerías  y posteriormente de la República favoreció más a Tacna que a Arica, por eso las vinculaciones familiares,  comerciales y patrimoniales era prácticamente la misma para ambas ciudades, esta clase social ariqueña produjo  destacados talentos en la vida republicana del Perú, entre los que podemos señalar a don Guillermo E. Billinghurst, nacido en Arica el 27 de julio  de 1851, nieto de inglés, en 1912 es Alcalde de Lima, llega a la presidencia de la república del Perú. Otro destacado  ariqueño fue don Romulo Cuneo Vidal nacido en Arica el 24 de junio de 1856 historiador y publicista, entre varias obras se puede mencionar “Historia de las  Insurrecciones de Tacna por la Independencia”, “Vida  de Francisco Pizarro”, “Diccionario Histórico, Biográfico y Descriptivo de Tacna, Arica y Tarapacá”; “Historia de la ciudad San Marcos de Arica”; etc.

La “clase media” de Arica  quizás  un poco más numerosa  proporcionalmente que en otras partes del Perú, pero no lo suficientemente grande como para llegar a ser  gravitante, estaba integrada fundamentalmente por los funcionarios públicos  de los distintos servicios  como Prefectura, Aduana, Correos, Ferrocarriles, Puerto,  etc.; la oficialidad militar de baja graduación era otra parte importante de este rango social, se integraban a este estrato social de clase media  los profesionales  que desempeñaban actividades liberales como abogados, notarios, contadores, etc. estos profesionales para poder ser considerados en  las clases  alta debían  tener cierto prestigio social y haber alcanzado un prestigio profesional, existía una suerte de subdivisión de la clase que media integrada por  los empleados de menor rango, como dependientes de tiendas, despachadores y de artesanos especializados, la clase media era menos permanente por la facilidad con que  los del rango superior de este estrato podían ser aceptado o integrarse a las familias de mayor prestigio, en particular si  era acompañado de una abundante fortuna y de rasgos raciales europeos.

La “clase baja” y más numerosa era integrada fundamentalmente en Arica por la gente de raza negra o mestizos de esta etnia, los que mayormente eran discriminados  por su condición racial y social; se les estigmatizaba por ser parte de los grupos recién liberados de la esclavitud, en segundo orden  estaban los indios y mestizos de estos que no mejoraron  su condición a pesar de leyes que fueron dictadas a su favor por los gobiernos de corte liberal que  tuvo el Perú durante el siglo XIX y por último en el estrato más bajo estaban los chinos que a pesar de no existir la esclavitud, los contratos de enganche eran de corte muy inhumanos que  los tenían prácticamente a nivel de esclavos, muchos de estos trabajadores chinos al terminar el contrato que los mantenía ligados a sus patrones  y que en cierta forma ayudó a respetar el termino de la relación  laboral el  convenio firmado entre el gobierno peruano y el gobierno chino en Tientsin el 26 de junio  de 1874, esta personas de raza china se dedicaron al comercio en especial de menestras y  al oficio de panaderos, pero no logran integrarse a la sociedad ariqueña prácticamente hasta comienzos del siglo XX.

En lo laboral las actividades con mayor número de personas ocupadas eran la agricultura y las labores relacionas  con el trajín, según las nomina de tributarios de impuestos municipales para el año 1877. Se registran como propietarios agricultores de la provincia 152 contribuyentes; distribuidos de la siguiente forma: En Azapa 73 distribuidos en las localidades de Pago de Gómez, Azapa Grande, San Miguel, las Maitas, Cabuza, Sobraya, Humagata, Livilcar no se consignan nombres de estos agricultores ni el número de ellos en la distintas localidades del valle, para el valle de Chaca se asignan 8 agricultores propietarios, en el valle de  en Lluta  31, en Codpa 17, en Belén 14, en Socoroma 9, no se ha encontrado otra referencia que indique cuanto impuesto debían pagar, tamaño de los predios o haciendas, monto a que alcanzaban los impuestos, no hay referencia de cuanta gente laboraba con ellos, etc.  del valle de Camarones no hemos encontrado referencia alguna en la nomina. Las contribuciones de la provincia de Arica para el año fiscal de 1.877 sin contar las producidas por la Aduana era la siguiente: Contribución urbana 825 soles, contribución rústica 3.425 soles, contribución Industrial 452 soles, contribución eclesiástica 76 soles, todo esto daba un total anual de 4.778 soles.

Los gastos de la Administración pública para el Departamento para el año fiscal de 1877 era el siguiente: Sueldo del Prefecto, subprefectos, empleados y gastos de oficinas de esta repartición 16.783 soles;  Justicia: Vocales, jueces de primera instancia, empleados y gastos de justicia 36.554 soles, Caja fiscal 8.150 soles, Aduana de Arica y dependencias 59.450 soles, Correos 9.500 soles, Policía 129.424 soles, Beneficencia 8.620 soles, Un colegio para hombres 11.200 soles, un colegio para mujeres 2.000 soles,  veintiuna escuela para hombres 12.600 soles y siete escuelas para mujeres 4.200 soles daba un total del gasto fiscal de 298.486 soles al año. El  año 1876 entraron al puerto 650 barcos, entre vapores y  veleros, ingresando un porte de 629.904 toneladas, y salieron 630.727 toneladas;  la Aduana produjo el año fiscal de 1874  $ 1.084.686 soles,  los principales productos registrados fueron:  géneros de algodón y de lana, fierros, rieles, muebles, ropa, manteca, víveres,  vino y droga (fármacos), de exportación lo principal fue plata piña y sellada, lana de alpaca, y cascarilla (¿?).

La otra actividad económica de mayor importancia como era el trajín, estaba disgregada en una variedad de oficio, el registro de Arica aparece anotados: 3 Arrieros, 18 cargadores, 2 carreteros, 23 fleteros, 12 lancheros, 202 marineros, 10 marinos,  29 pulperos,  3 telegrafistas, 1 agente mercantil, es indudable que el número de personas dedicada a estos menesteres debe haber sido bastante mayor, la informalidad en los registros oficiales es más que obvia, el Perú hasta nuestros días se caracteriza por tener una fuerte economía informal que no se enmarca en los parámetros institucionales del Estado, esta situaciones no es mas que afirmar que en el siglo XIX la informalidad de la economía peruana debería ser mayor.

En menor rango aparecen registrados oficios como pescadores, adoberos, albañiles, canteros, manufactureros, jornaleros,  estos en un número elevado llegando a 204  registrados,  el alto número es  debido  a la fuerte inversión fiscal que se desarrollo en el periodo, también aparecen registrados panaderos, carniceros, comerciantes, dependientes de tiendas, las otras actividades desarrollada por los ariqueños y que están registradas eran: 1 abogado,  1  agente judicial, 11 cocineros, 17 costureras, 24 domésticos, 1 dulcero, 9 fonderos, 2 hoteleros, 20 lavanderas, 1 aplanchadoras, 2 médicos, 28  militares, 1 peluquero, 18 sastres, 2 sombrereros, 14 talabarteros, 14 zapateros [65] .

Arica  en 1877 comenzaba  a acercarse al desarrollo que había logrado antes del terremoto de 1868,   e incluso en muchos aspectos de su equipamiento urbano superaba la anterior situación, pero el destino le tenía deparada otra prueba a los golpeados ariqueños, y este sería la tercera tragedia que tendrían que vivir en la última mitad del siglo XIX.

Con la normalidad habitual transcurría mayo de 1877 en el puerto de Arica, las mercaderías en tránsito escurrían desde y hacia Bolivia con mucha más fluidez que los meses anteriores, al haber terminado ya el periodo de las lluvias estíbales que afectan la cordillera y que más de las veces hacían intransitables los caminos de herradura que usaban las caravanas de trajineros  para llegar a destino; el acontecer político con sus tensiones de inestabilidad  que caracterizaba a la república del Perú, se había centrado en Lima más que en las provincias, por lo tanto el factor político era más marginal en la vida cotidiana de los habitantes de Arica, el 9 de mayo de 1877 había transcurrido como un día normal, algo frío en la mañana, pero agradable al medio día, el mar presentaba una marejada en retirada  que había azotado  al litoral en los últimos tres días, fenómeno natural para esta época del año, a las 5 de la tarde se comienza a cerrar el cielo con nubes, sin llamar la atención de los ariqueños que saben  que los cielos de la proximidad del invierno se cubren de nubes al atardecer para solo dejar paso a astro rey al  día siguiente al medio día, la noche se dejaba caer fría y oscura ante la ausencia de la luna, como presagiando lo que habría de venir, cerca de las 20 horas de ese día comenzó un rumor vago, sordo y lejano difícil de determinar su procedencia, sin embargo en la memoria de la gran mayoría de la población ariqueña era una señal conocida que había quedado marcada con fuego en las mentes el fatídico 13 de agosto de 1868, era el terremoto que de nuevo llegaba a la castigada tierra del Morro, el rumor se hizo segundo a segundo más cercano, más intenso. La tierra comenzó a temblar ligeramente, hasta que se siente una fuerte sacudida oscilante que hacia difícil mantenerse en pie y dar pasos, se desatan las fuerzas del terremoto en la oscuridad más absoluta, los desesperados habitantes del puerto tratan de buscar refugio saliendo  a la calle, las puertas y ventanas de los edificios se abrían como si una mano maníaca se hubiese puesto de acuerdo para repetir el fenómeno en todos lo edificios; el estruendo de los derrumbes; los gritos de desesperación  de los pobladores; el aíre enrarecido por el polvo de los edificios al derrumbarse y de la nube de polvo que desde el morro se desprendía al igual que en el sismo de 1868, configuraban una atmósfera apocalíptica.

La duración del evento telúrico se calcula en unos seis largos minutos, por las calles se sentía el correr de unos y otros llamando a sus seres queridos, se escuchaba los gritos de auxilio por doquier implorando misericordia. Cuando parecía que la calma volvía a la atribulada ciudad una nueva amenaza comenzó a mostrarse lentamente a los sobrevivientes, pequeñas lucesillas comenzaban  a destacar en medio de la oscuridad dando la impresión  de un malévolo desfile de duendes, poco a poco estas luces se fueron haciendo de mayor tamaño e intensidad, eran incendios que con furia comenzaban a desatarse, producto de las velas y lampara a gas que estaban encendidas al momento de iniciarse el terremoto, pronto  los resplandores de las llamas iluminaban la destruida ciudad, mostrando el pavor en cientos de rostros de la muchedumbre estupefacta, sobrecogida y aterrorizada que hormigueaba buscando  auxilio, el grito desgarrador de los que habían quedado atrapados sobre los escombros hacia más inorgánico cualquier intento por organizar el socorro de las víctimas, de la Capitanía  de Puerto se logro instalar una bomba a vapor que impulsaba agua del mar hacia la ciudad por medio de mangueras de incendio de buques, esto mitigó en algo al amenazaste fuego que pretendía engullir  sin compasión los edificios de la ciudad, habían transcurridos algunos minutos desde que los habitantes lograban en algo organizar los auxilios cuando casi sin aviso un segundo sacudón de tierra se hizo sentir, seguido de un tercero igual o superior al anterior.

El mar comenzó a retirarse de la costa, abandonando su lecho normal, por instinto o por la experiencia del terremoto de 1868 la población empezó a refugiarse en las partes altas de al ciudad, pasado unos quince minutos del último temblor el mar vuelve con un rumor sordo y amenazante que sólo permitía presentir en medio de la oscuridad que volvería a arrasar la ciudad, la fuerza de las olas chocó con ímpetu en las  gradas de la recientemente inaugurada iglesia San Marcos,  para empujar con fuerzas en una mezcla de agua lodo arena y escombros hacia el norte, el mar inundo la ciudad hasta las cinco esquinas, cuando parecía retirarse  una segunda ola lo inunda todo con mayor fuerza al encontrar menos obstáculos que la primera.

La población permaneció en vigilia toda la noche sin abandonar las partes altas de la ciudad  por temor a una nueva arremetida del mar; cada cierto tiempo se hacían sentir nuevos temblores  de menor intensidad a medida que pasaban las horas. Al llegar las primeras luces del día se pudo apreciar la magnitud de la tragedia que nuevamente la ciudad había sufrido, esta había sido arrasada,  sin embargo los edificios públicos como la Aduana el Telégrafo, en parte la casa del Subprefecto soportaron los embates de la naturalezas el hospital resistió en muy buena forma, el cuartel de policía y la cárcel habían sufrido algún deterioro que fueron prontamente reparados, el terraplén  que  formaban  el patio de  maniobras del ferrocarril nuevamente fue  destruido por el mar, la estación del ferrocarril resistió perfectamente  el sismo como los embates de Tsunami destruyeron por  segunda vez el muelle de pasajeros y de carga,  con perplejidad los  atribulados habitantes de Arica vieron como  el viejo “Wateree”, veterano del Tsunami de 1868 nuevamente  había navegado sobre la correntada de un  maremoto para quedar varado a unos dos kilómetros, de su encayamiento anterior, lugar definitivo, donde a principios del siglo XXI sus calderas se niegan a desaparecer, demostrando la lucha de aquellos que nunca se vencen ante la  adversidad.

El Terremoto de 1877 afectó con mayor intensidad las costas de Tarapacá y Antofagasta, donde hizo desaparecer en forma definitiva el puerto de Cobija, dejando sólo las huellas de los cimientos donde antes existieron edificios, Iquique fue destruido por el Tsunami casi en  40 %, algo similar ocurrió en Tocopilla y Antofagasta, Pisagua fue otro de los puertos muy afectado por el fenómeno que desato las iras de la naturaleza, Arica quizás se voy favorecida por lo nuevo de la mayor parte de sus edificios más importantes, no se  han obtenido cifras  confiables del número de víctimas que dejó el terremoto, los ariqueños temían una nueva oleada de plagas, sin embargo la fatídica laguna formada en los bajos del Chinchorro en esta oportunidad fue bastante menor y tampoco hubo explosión de cólera, dando un poco de alivio a la castigada población ariqueña.

·         La crisis económica el inicio del conflicto internacional

La reconstrucción de la ciudad  se hace más lenta en este segundo  desastre,  el gobierno peruano en 1877  cruzaba por la peor crisis económica del siglo, los malos manejos de la Hacienda fiscal lo habían llevado al descalabro económico, el contrato Dreyfus ya no proporciona las divisas   que otrora  dio, por el contrario la casa comercial francesa ahora reclamaba  del Estado peruano  importantes sumas de dinero que le habían sido adelantadas en años fiscales anteriores,  el ilusionismo de la prosperidad lograda con el contrato Dreyfus se deshacía como pompa de jabón, el crédito peruano en Europa  y Estados Unidos estaba totalmente cerrado, el estanco del Salitre que implemento el gobierno peruano fue un fracaso, generando el resentimiento de la clase empresarial peruana vinculada al negocio salitrero y el de los inversionistas chilenos e ingleses que explotaban los Cantones salitreros de Tarapacá,  este cuadro económico llevó a la otrora prospera república prácticamente a la bancarrota.

La crisis económica en Arica se hizo sentir en variadas formas, uno de su efecto fue la tensión en las relaciones comerciales entre Bolivia y Perú por el no reembolso de los derechos aduaneros cobrados en la Aduana de Arica por el gobierno peruano, este, tenía el compromiso de  entregar un porcentaje de lo recaudado al gobierno de Bolivia conforme al tratado que existía entre ambas naciones después de la crisis  del “libre tránsito” causada por el contrabando. El déficits de las arcas fiscales del Perú se dejo notar también en la calidad de las otrora suntuosas construcciones fiscales, dejando sus huellas en la reconstrucción de los edificios públicos de Arica, un ejemplo claro de estas circunstancias fue la casa del Subprefectura de Arica que al reconstruirla despues del terremoto de 1877 en sus muros se utilizó piedra de río y desecho de ladrillos, a diferencia de los otros edificios del complejo cívico que usaron ladrillos traídos desde Francia y que llevaban impreso el sello de “G. EIFFEL ET  CIE   /PARIS”, la visión que presentaba Arica  a los ojos del visitante en los años inmediatos a los terremotos esta claramente expresada en el relato del viajero Albert Davin, teniente de la marina francesa, que por esos años recorrió el océano Pacífico  entre Tierra del Fuego y las Islas de Hawaii, pasando por las costas de Chile y Perú además de recorrer la Polinesia, en parte del relato Davin dice de Arica: “Es imposible imaginar un paraje más desolado, un paisaje triste, que el valle de Azapa, al borde del cual el pueblo de Arica congrega sus casas grisáceas. En el valle cabalgan fantásticos  promontorios, cabezas arenosas entre las cuales algunos toques verduscos simulan pequeños oasis. Sin embargo, aquí, como en el teatro,  hay que contentarse con el efecto lejano: olivos de follaje opaco y matas de boj dispersas forman bosquesillos de verdor al proyectarse unos contra otros.

Arica está edificada sobre un centro de actividad volcánica, y muchos desastres sucesivos han determinado el régimen de construcción de las casas. De muy poca altura, éstas parecen aun mas empequeñecidas bajo un peñón de 400 pies de altura, el Morro,  que se alza al sur de la ciudad. Siete u ocho  calles  perpendiculares –mucha de las cuales no tienen nombre (¿quien tiene la certeza de que mañana no estarán en ruinas?)-  atraviesan Arica de parte a parte; orilladas por casas rojizas o azules, están empedradas con guijarros redondos, según la costumbre española. Las terribles lecciones  infligidas  a los habitantes por los terremotos  han dado sus frutos: de tarde en tarde, espacios vacíos permiten a la población acampar en caso de un nuevo cataclismo. Cuando la tierra comienza a estremecerse, todos se precipitan fuera de sus moradas y aguardan, golpeándose el pecho, esperando  lo que el destino les reserva.”

En otra de sus parte Davin agrega: “Antaño la ciudad era más importante, a juzgar por las ruinas dispersas por la planicie. El nuevo pueblo no proporcionará sino un alimento mediocre al próximo terremoto. Aún  no han osado los habitantes reconstruir la ciudad sobre sus antiguos cimientos; sin embargo, la audacia no tardará en reaparecer: la gente se acostumbra a todo, incluso a la amenaza perpetua de una destrucción total”. Hasta aquí  el relato del teniente Davin.

La llegada de 1878 no trajo respiro económico al Perú, con esto vino  la complicación de la situación de sus relaciones exteriores que cada vez se dificultaba más, haciendo aparecer en el horizonte los nubarrones de la guerra.

Para entender el inicio del conflicto internacional que derivaría en la guerra de 1879, nos remitiremos  a la Ley firmada por el presidente peruano Manuel Pardo  el 13 de enero de 1873, en que establecía el estanco del  nitrato tarapaqueño; esta medida casi desesperada de las autoridades peruanas pretendía volver a la antigua bonanza generada por las ventas  del guano, buscando en el salitre una nueva fuente de ingreso fiscal que le permitiera superar la crisis de la economía. Para establecer el estanco salitrero por medio de la Ley se dejó  la producción limitada a 4.500.000 qq. españoles  y se autorizaba al gobierno para comprar esa producción a un precio fijo de 2.45 soles el quintal. De esta forma, Pardo pretendía  eliminar el conflicto de interés que existía entre el guano peruano de propiedad fiscal, (comprometido  con el contrato Dreyfu) y el Salitre Tarapaqueño en manos de particulares que hacia competir en los mercados internacionales al Perú contra el Perú.  El proyecto del estanco salitrero consideraba  revenderlo  a aquellos que desearan exportarlo,  con un recargo de 2 chelines y 6 peniques por quintal. Para las oficinas de explotación salitrera situadas en las cercanías del litoral el costo de fletes resultaban soportable;  pero muchas de las ubicadas al interior del desierto no pudieron absorber dicho costo, causando esta dificultad el cierre de varias de ellas, como asimismo las oficinas que explotaban yacimientos de baja ley tuvieron que cerrar  al no poder absorber los costos que significó el establecimiento del Estanco; con el fin de aumentar las utilidades los salitreros decidieron  incrementar la producción, lo que prontamente excedió la demanda haciendo caer el precio en los mercados internacionales en un 25%. A causa  de la crisis del precio del salitre en 1875 el gobierno peruano es autorizado para establecer el monopolio  fiscal del nitrato.

De esta forma los esfuerzos del gobierno peruano por manejar el negocio del salitre se estrellaban duramente  con el negocio privado del fertilizante, que principalmente manejaban los capitales chilenos e ingleses tanto en Tarapacá como en Antofagasta,  y que tenía su  sede  en Valparaíso, la competencia  cada vez más fuerte de la “Compañía de Salitres de Antofagasta”, hacia más difícil al gobierno peruano pretender el control internacional del comercio salitrero. En la desesperación  financiera de la Hacienda fiscal peruana sus gobernantes veían  como una única posibilidad de éxitos en sus planes el aniquilamiento de la firma anglo-chilena, además del sometimiento de los inversionistas al diseño de control comercial que pretendían. Para ello comenzó a promover un entendimiento con el gobierno boliviano con el fin de que pusiese termino a los privilegios que poseían las empresas chilenas de la región de Antofagasta, que eran otorgados conforme a los tratados Chileno-Bolivianos de 1866 y 1874.

Los continuos roces entre la república de Chile y la república de Bolivia por la definición fronteriza del desierto de Atacama, sirvieron al presidente peruano Manuel Pardo de pretexto de primer orden para atraer a los gobernantes bolivianos a favor de una alianza entre ambos países,  así  se firma un tratado secreto de alianza entre Perú y Bolivia el 6 de febrero de 1873, en representación de Bolivia firmó el señor Juan de la Cruz  Benavente y por parte del Perú firmó el señor José de la Riva Agüero, las consecuencias directas de este tratado fue que Bolivia quedó  impedida en los hechos de  poder negociar directamente con Chile y de esta manera resolver las cuestiones pendientes entre ambos países, esta dificultad se generó especialmente por lo dispuesto en el articulo VIII del  tratado secreto en cuestión. El segundo paso del gobierno peruano en el plan para logra dominar el negocio internacional del guano y del salitre consistía en alcanzar prontamente una suerte de tutela sobre el salitre atacameño, para ello, los dirigentes peruano consideraban más débiles a las autoridades bolivianas y a sus empresarios, que al fuerte rival que representaban los empresarios chilenos y el Estado de este país mucho más organizado y evolucionado en su vida republicana que sus vecinos.  Para lograr el alejamiento chileno de la industria salitrera atacameña era necesario  genera un conflicto armado entre Bolivia y Chile, lo antes posible, con este objeto el gobierno boliviano debía  denunciar el tratado de 1866,  retrotrayendo todas sus demandas a las reivindicaciones anteriores a la fecha de la firma de ese tratado y de inmediato debería proceder a la ocupación de los territorios al sur del paralelo 24, con lo que necesariamente provocaría la reacción del gobierno chileno obligándolo a declarar la guerra y de esta forma se pretendía  hacer aparecer a Chile como país agresor, lo que provocaría el embargo de material de guerra su contra, al ser considerado como país agresor. Esta estrategia requería que se ejecutara con la mayor celeridad  posible para evitar que Chile pudiese retirar los dos blindados que había  encargado construir en los astilleros “Hall” en Inglaterra, dejando  al país del sur de este modo  en desventaja para realizar una operación militar con probabilidades éxito sobre el desierto de Atacama.

 Los gobernantes peruanos pensaban que de este modo podrían hacer efectivo lo establecido en el tratado secreto firmado con Bolivia,  intentando una mediación entre ambas naciones en conflicto, pero con la presión de los cañones de la Armada peruana, que por entonces  mantenía cierta  superioridad naval en esta zona del océano Pacífico, el plan era sin perjuicio de logra una alianza con Argentina que para la estrategia global era un “plus”.

Por otra parte a los gobernantes bolivianos les atraía la estrategia peruana, pues, estaban consientes de la extrema debilidad militar y económica en que se había sumido esa república altiplánica a causa de   la endémica anarquía que reinó en ese país después de los gloriosos días de los  gobiernos del Mariscal Santa Cruz y del general Ballivian. Al adscribir a los planes peruanos los gobernantes bolivianos pretendían frenar la expansión chilena en la zona del desierto de Atacama que cada día era más poderosa a través de sus empresas, mano de obra y capitales, transformado en un núcleo de riquezas minerales, como el  guano, el salitre, la plata, etc. un territorio desértico y casi abandonado  hasta antes de las explotaciones mineras hecha por los chilenos. Según el censo del 10 de noviembre de 1878, la circunscripción municipal de Antofagasta que comprendía: Antofagasta, Salar del Carmen, Mantos Blancos, Punta Negra,  Salinas y Carmen Alto; tenía una población de 8.507 habitantes, de los cuales  6.544 eran chilenos; 1.226 bolivianos, y el resto de otras nacionalidades.

Los planes de los aliados se vieron frustrados principalmente por la  lenta actitud política de los bolivianos, lo que permitió que el gobierno chileno ordenase acelerar la construcción de dos blindados en astilleros ingleses, el gobierno chileno da ordenes para que el blindado “Cochrane”  saliese de los astilleros W.G. Armstrong, tan pronto estuviese su artillería lista, sin aguardar  la colocación del forro de zinc y madera recomendado por el ingeniero y constructor naval George Rendel; dejando para posterior los detalles no esenciales para el combate. En octubre de 1875,  el canciller peruano José de la Riva Agüero, enrostraba en comunicación escrita al gobierno boliviano  entre otras consideraciones les decía lo siguiente: “...dos años perdidos en discusiones estériles...”, mas adelante: “...Reforzada como se halla la marina chilena por el blindado que acaba de sacar de los astilleros ingleses y que a la fecha camina hacia el Pacífico será más difícil  evitar el posecionamiento de esa república del litoral boliviano...”.

En 1878 gobernaba  el Perú el general Mariano Ignacio Prado quien había asumido el gobierno el 2 de agosto de 1876 y  el general  Hilarión Daza hacía lo propio en Bolivia, este último se había hecho del poder también en 1876 cuando derrocó al presidentes  Tomás Frías de quien había sido ministro de  Guerra. El general Daza en un error de apreciación e incentivado por políticos peruano de tendencia civilista liderados por el ex presidente de esa nación Manuel Pardo entre otros los señores, Canevaro, José Riva Agüero, José Antonio Lavalle, Manuel Irigoyen, estimó como un signo de debilidad la política evasiva mantenida por el presidente chileno don Aníbal Pinto Garmendia con relación a los temas del cumplimiento de los tratados entre ambas naciones y del hostigamiento que sufrían los chilenos en territorio de Bolivia, el presidente chileno hacia todo lo posible por evitar un conflicto armado, de esta manera creyó el gobernante boliviano que Chile temía una guerra con una triple alianza entre Perú, Bolivia y Argentina. Este error de apreciación lo llevó  a extremar las medidas destinadas al hostigamiento de los chilenos que habitaban Antofagasta y a sus  empresas con el fin de  desmotivar la presencia chilena en esa zona, bajo este prisma ordenó también tomar medidas para recuperar las salitreras para el fisco boliviano, el general Daza  en comunicación al prefecto de Antofagasta señor Severino Zapata le señalaba: “Tengo una buena noticia que decirle. He fregado a los gringos, decretando la reivindicación de las salitreras y no podrán quitárnosla por más que esfuerce el mundo entero. Espero que Chile no intervendrá en este asunto; pero sinos declaran la guerra, podemos contar con el apoyo del Perú, a quien exigiremos el cumplimiento del tratado secreto. Con este objeto voy a mandar a Lima a Serapio Reyes Ortiz”, nota enviada el 1º de febrero de 1879.

El presidente boliviano decidió romper el tratado de 1874 suscrito con Chile, y para ello  el 1º de febrero de 1879  dicta  un decreto firmado por él y todos sus ministros, declarando caducadas las concesiones de la “Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta”, el 6 de febrero se notificó a la Compañía y al representante de Chile en La Paz. En la notificación a la Compañía anglo-chilena  se hacia  cobranza de los supuestos derechos adeudados conforme a la ley del 14 de febrero de 1878 en que grababa el quintal  español de salitre en 10 centavos,  el día 11 de febrero se trabó embargo en los bienes de la Compañía por la suma de $ 20.848, 13 pesos bolivianos, además se ordenó conducir a la cárcel  pública al gerente de la empresa señor Jorge Hicks y se fijo  remate para el día  14 de febrero de 1879 de todo lo embargado es decir de las oficinas y todos sus bienes.

La reacción del gobierno chileno  fue la de ocupar militarmente el territorio comprendido entre el paralelo 23 y 24, reinvidicándolo a la soberanía chilena, por haber sido denunciado por parte del gobierno boliviano en los hechos el tratado de 1874 y en consecuencia el tratado de 1866 firmado entre los gobiernos de Chile y Bolivia. Chile reivindicaba los derechos anteriores a 1866, por lo que el gobierno ordenó la ocupación  de Antofagasta, la que se hizo efectiva el mismo día 14 de febrero de 1879,  cinco días después del desembarco el primer gobernador chileno de Antofagasta señor Nicanor Zenteno telegrafiaba al gobierno de Chile diciendo: “Todo el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24, de mar a cordillera, ha sido ocupado en nombre de la República”; Bolivia declara la guerra a Chile el 1º de marzo de 1879.

Por su parte la reacción del presidente peruano Mariano Ignacio Prado fue  la de buscar la mediación, a pesar de las fuertes presiones de los civilistas que por esa fecha no contaban con el fuerte liderazgo de don Manuel Pardo quien había sido asesinado el 16 de noviembre de 1878 en las puertas del parlamento en Lima,  el presidente Prado cede a la presión de los belicistas y decide hacer efectiva las cláusulas del tratado secreto firmado entre Perú y Bolivia en 1873; lo que determino que el gobierno chileno declarara la guerra a ambas Repúblicas el día 5 de abril de 1879.


Anexos

·         Anexo 1

 Las calles de Arica variaron en el tiempo en su nombre como en su  ubicación, producto de las reiteradas reconstrucciones sufridas por la ciudad a consecuencia de los terremotos como también como resultado de las fuertes emigraciones ocurridas debido a las pestes, de los ataques de piratas, y por las crisis económicas que a padecido  el puerto a lo largo de su historia.

Calles diseñadas de Este a Oeste Ciudad Antigua.

Colonia                                 República  Perú                                  Chile

*******                                              ******                                                 Carlos Condell

*******                                              Ayacucho                                            Yungay

*******                                              Junín/ Hipólito Unanue                     7 de Junio

San Marcos                          San Marcos                                         San Marcos

San Francisco                      28 de Julio                                            Rafael Sotomayor

Del Comercio                       Del Comercio/2 de Mayo                   21 de Mayo

********                            Ayacucho/De las Provisiones          Manuel Thomson

De la Alameda                     De la Alameda                                     18 de Septiembre

*******                                              Atahualpa                                            Maipú

*******                                              De la Pampa                                         Bernardo O’higgins* [HLZ1]   [HLZ2]  

Calles diseñadas de Sur a Norte Ciudad Antigua.

Colonia                 República Perú                                    Chile

Del Fuerte             Del Ferrocarril                                      Máximo Lira/Cdte. J.J. San Martín

*******               **           ********                                            Gral. Justo Arteaga

De la Aduana       De la Aduana                                      Pedro Montt

Del Rey                 Junín/ ****                                         *******

Camino Real         Hipólito Unanue/Arica                      Corl. Francisco Bolognesi*

De las Mercedes De las Mercedes/ Del colegio           Cristóbal Colón

********             Chucuito                                              Sangra

********             De la Matriz                                         Gral. Manuel Baquedano

********             Bidaubique                                          Almte.  Patricio Lynch

********             Melgar/Corl. Carlos Zapata               Gral. Pedro Lagos

********             Gamarra/Prado                                     Almte. Manuel Blanco Encalada

********             Mariscal Ramón Castilla                    Gral. José de San Martín

********             Pampa del Hospital                             Dr. Arturo Gallo


·         Anexo 2

CRÓNICA DEL TSUNAMI DE ARICA, 1868. (I)

Hacia las cuatro de la tarde me encontraba en la cabina del comandante cuando nos sobresaltamos, pues el barco vibraba como cuando se deja caer el ancla y la cadena gime en los escobenes. Seguros de que no podía tratarse de esto, corrimos hacia el puente. Atrajo nuestra atención una nube de polvo que avanzaba desde el sudeste por tierra, al mismo tiempo que crecía la intensidad del ruido. Ante nuestros ojos estupefactos las colinas parecían tambalearse, y el suelo se agitaba igual que las pequeñas olas de un mar picado.

La nube de polvo envolvía ya a Arica. Al mismo tiempo se elevaban a través de su impenetrable velo los gritos de socorro, el estruendo de las casas que se derrumbaban y la mezcla de los mil clamores que se producen durante una calamidad. Mientras tanto, nuestro barco se sacudía como tomado por una mano gigantesca. Después, la nube cruzó sobre nosotros.

A medida que el polvo se disipaba, nos frotábamos los ojos y mirábamos sin poder creer lo que veíamos en el sitio donde segundos antes se encontraba una ciudad feliz y próspera, diligente de actividad y vida, sólo veíamos ruinas entre las que se debatían los heridos menos graves de todos, los infortunados prisioneros de las ruinas de sus propias casas; gritos, aullidos de dolor y llamadas de auxilio rasgaban el aire, bajo un sol sin piedad que brillaba en el cielo sereno.

Temerosos por la llegada de un maremoto, mirábamos hacia el mar abierto; pero el mar estaba tranquilo y se podía creer que los cuatro o cinco minutos que acabábamos de vivir, así como el desolado espectáculo al que volvíamos momentáneamente la espalda, habían sido una pesadilla. Por prudencia, el comandante hizo fondear las anclas suplementarias, cerrar las escotillas, amarrar los cañones, poner alambreras.

En tierra, los sobrevivientes atravesaban mientras tanto la playa y se apiñaban en el pequeño malecón, llamando a las tripulaciones de los barcos para que ayudaran a sacar a sus parientes de las confusas ruinas y transportarlos a la aparente seguridad de los barcos anclados. Esto era más de lo que podíamos soportar, así que de inmediato bajamos la lancha con trece hombres a bordo. Alcanzó la ribera y la tripulación desembarcó de inmediato, dejando solamente un marinero de guardia en la embarcación. Mientras tanto, abordo tratábamos de organizar un equipo armado de palas, hachas y zapapicos, cuando un rumor atrajo nuestra atención; al volver los ojos a tierra vimos con horror que el lugar en el que se encontraba el muelle lleno de seres humanos, había sido tragado en un instante por la repentina subida del mar, mientras que nuestro navío, flotando sobre la superficie, no lo había notado. Veíamos asimismo la lancha con sus tripulantes arrastrados por la irresistible ola hacia el alto acantilado vertical del Morro, en donde desaparecieron entre la espuma formada por la ola al romper sobre las rocas.

En ese mismo momento se produjo una nueva sacudida sísmica, acompañada en la ribera de un terrible rugido que duró algunos minutos. Vimos nuevamente ondular la tierra, moverse de izquierda a derecha, y esta vez el mar se retiró hasta hacernos encallar y descubrir el fondo del océano, mostrando a nuestros ojos lo que jamás se había visto: peces que se debatían entre las rocas y monstruos marinos embarrancados. Las embarcaciones de casco redondo rodaban sobre sus costados, mientras que nuestro “Wateree” se posó sobre el fondo plano. Cuando volvió el mar, no como una ola sino más bien como una enorme marea, hizo rodar a nuestras infortunadas naves compañeras con la quilla arriba del mástil, mientras que el “Wateree” se levantó ileso sobre las agitadas aguas.

A partir de ese instante, el mar pareció desafiar todas las leyes de la naturaleza. Diversas corrientes se precipitaban en direcciones opuestas y nos arrastraban a una velocidad que jamás hubiéramos alcanzado, aunque marchásemos a todo vapor. La tierra temblaba continuamente, en intervalos regulares, cada vez con menos violencia y durante menos tiempo.

El acorazado peruano América, el más veloz de su tiempo, continuaba a flote, así como el navío norteamericano Fredonia. El América, que había intentado llegar a mar abierto a toda la velocidad de sus máquinas antes de la retirada del mar, se hallaba parcialmente en seco, con el casco desfondado. En ese momento la ola lo arrastraba a gran velocidad hacia la ribera mientras sus chimeneas vomitaban un espeso humo negro y parecía ir en socorro del Fredonia, que, gravemente averiado, era empujado hacia los acantilados del Morro de Arica. Creyendo que esas eran sus intenciones, el comandante Dyer, del Fredonia, corrió a la proa del barco y gritó hacia el acorazado, que se encontraba sólo a unas yardas de distancia: ¡No pueden hacer nada por nosotros, nuestro casco está roto! ¡Sálvense! ¡Adiós! Un momento después el Fredonia se estrelló contra el acantilado y nadie se salvó, mientras que una corriente contraria tomó milagrosamente al navío peruano y lo arrastró en otra dirección.

Los últimos rayos del sol iluminaban los Andes cuando vimos con horror que las tumbas, sobre la pendiente de la montaña de arena, en la que los hombres de la antigüedad enterraron a sus muertos, se habían abierto, y, colocadas en filas concéntricas, como en un anfiteatro, las momias de los aborígenes muertos aparecían de nuevo a la superficie. Habían sido enterradas sentadas frente al mar. Estaban sorprendentemente conservadas gracias al salitre que impregnaba el suelo; las violentas sacudidas que habían disgregado esa tierra seca y desértica descubrían una espantosa ciudad de muertos, enterrados hacía largo tiempo.

Las palabras son incapaces de describir el aterrador espectáculo de la escena. Impresionados por los momentos que acabábamos de vivir, creímos que había llegado el día del Juicio Final y que la Tierra iba a desaparecer; la amargura de una muerte tan aterradora era mayor de lo que podíamos imaginar.

La noche había caído hacía largo tiempo cuando el vigía gritó sobre el puente para anunciar que una ola gigantesca se aproximaba. Escrutando la oscuridad percibimos primero una débil línea fosforescente que, como un extraño espejismo, parecía subir cada vez más hacia el cielo; su cresta, coronada por la lúgubre luz de un resplandor fosforescente, revelaba siniestras masas de agua negra que se agitaban por debajo de ella. Anunciándose con el estruendo de miles de truenos que rugían al unísono, el maremoto que temíamos desde hacía horas había llegado finalmente.

De todos los horrores, éste parecía ser el peor. Encadenados al fondo, incapaces de escapar, habiendo tomado todas las precauciones humanamente posibles, no podíamos más que ver llegar la monstruosa ola, sin siquiera el sostén moral de poder hacer algo, ni la esperanza de que el navío pudiese pasar a través de la masa de agua que avanzaba para destrozarnos. Lo único que nos quedaba era sujetarnos a los barandales y esperar la catástrofe.

En medio de un estruendo aterrador, nuestro barco fue tragado, enterrado bajo una masa semilíquida, semisólida de arena y agua. Permanecimos sumergidos faltándonos el aire durante una eternidad; después, con un gemido de toda su armazón, nuestro sólido “Wateree” se abrió un camino hacia la superficie con su jadeante tripulación sujeta aún de sus barandillas. Algunos hombres estaban gravemente heridos; ninguno había muerto, no faltaba nadie. Había sido un milagro en el que, a pesar del tiempo transcurrido desde entonces, me es difícil creer.

Ciertamente nuestra supervivencia se debió a las líneas y a la forma del barco, que había permitido que el agua escurriera del puente en forma tan rápida como si se tratara de una balsa.

El navío había sido transportado a gran velocidad y rápidamente se inmovilizó. Tras esperar unos minutos, bajamos una linterna desde a bordo, y descubrimos que habíamos encallado. No sabíamos en dónde. Algunas olas menos violentas se estrellaban contra nosotros, después todo cesó. Durante algún tiempo permanecimos en nuestros puestos, pero como el barco seguía inmóvil, se dio la orden a la agotada tripulación para que fuera a dormir.

El sol se levantó sobre una escena de desolación como pocas veces pudo contemplarse. Estábamos en seco, a tres millas del sitio en que habíamos anclado y a dos milla tierra adentro (unos 3,5 kilómetros). La ola nos había transportado a una velocidad increíble por encima de las dunas de arena que bordean el océano, a través de un valle, y más allá de la vía del ferrocarril que va a Tacna, para abandonarnos al pie de la cadena costera de la cordillera de los Andes. Ahí, sobre el acantilado casi vertical, descubrimos el rastro que la ola del maremoto, a unos 47 pies de altura (unos 15 metros), había dejado. Si la ola nos hubiera arrastrado 60 pies más adelante, nos habría estrellado contra el muro perpendicular de la montaña.

Cerca de nosotros yacían los restos de un velero inglés de tres palos, el “Channacelia”; una de las cadenas del ancla se arrollaba alrededor del navío tantas veces como su longitud lo había permitido, mostrando así que el barco había rodado varias veces. Un poco más lejos, rumbo al mar, el acorazado América estaba destrozado, recostado sobre uno de sus flancos.

Los terremotos continuaron durante los siguientes días, pero ninguno alcanzó ya la violencia ni la duración del primero; sin embargo, algunos eran lo suficientemente severos para sacudir al “Wateree” hasta hacerlo vibrar como una vieja tetera, así que nos vimos obligados a abandonar el navío para acampar en la meseta, 200 pies más arriba. Desde allí pudimos contemplar el efecto desastroso de las sacudidas en la topografía. En algunos sitios encontramos fisuras inmensas, una de las cuales alcanzaba más de 100 pies de ancho, con profundidades desconocidas; otras no eran más que simples cuarteamientos y desgarraduras. Aquí y allá descubrimos la prueba da la desesperación de la gente durante su huida: recuerdo, por ejemplo, el cadáver de una mujer montado sobre un caballo muerto, los dos tragados por una grieta cuando trataban de escapar para salvar la vida.

La ciudad misma había desaparecido y en su lugar se extendía una llanura de arena sólida. Exceptuando los barrios adosados a la montaña, no quedaba ninguna casa que señalara el sitio en que estaba levantada Arica. Todas las construcciones hechas con tabiques suaves, llamados "adobes", habían sido destruidas por el mar. En los barrios situados abajo del nivel alcanzado por el agua, caminábamos sobre un horrible amontonamiento en el que todo se mezclaba, incluyendo los cadáveres, bajo una altura de 20 ó 30 pies.

De los diez o quince mil habitantes que tenía Arica, sólo sobrevivieron unos cuantos centenares de infortunados. Durante las tres largas semanas que esperamos la llegada de los primeros auxilios, compartimos con ellos las provisiones y el agua potable del “Wateree”. Renuncio a describir nuestra emoción cuando finalmente la vieja fragata Powhatan, de la Marina de los Estados Unidos, apareció en la rada con la cala y el puente sobrecargado de todas las provisiones, de todos los víveres posibles.

Traducida del National Gegraphic Magazine del 15 de enero de 1915, Pg., 57 – 71, Titulo original: “Some Personal Experiences with Earthquakes”, autor: L.G. Billings.


CRÓNICA DEL TSUNAMI DE ARICA, 1868. (II)

El siguiente relato corresponde  al comandante interino de la corbeta de la marina de guerra del Perú, “América”, que tres días después de la tragedia escribió el parte informando al Comandante General de la Marina de Guerra del Perú en forma detallada lo ocurrido ese nefasto día 13 de agosto de 1868, decía así:

Señor, Comandante General de Marina:

En cumplimiento de mi deber tengo el honor de poner en conocimiento de US. todo lo  ocurrido a bordo de la expresada.

A las  5 horas 15 m.  Del 13 P.M. se sintió un fuerte terremoto,  y se vio ir desplomando todo los edificios de este puerto, el temblor duró 4 m., inmediatamente mande encender  las hornillas y como  la mar estaba  tranquila ordené fuese una falúa con cuatro hombres y todos los aparatos necesarios para apagar los incendios que se notaban en tierra y un bote por el señor comandante.

Antes que desembarcase nuestra gente  que mandé en auxilio de los de tierra y después que el comandante estuvo en su gnig vino una corriente del sur tan fuerte que ambos botes eran arrastrados por ella. Fondeé  la ancla de estribor y se arriaron 60 brazas de este lado y cien de la de babor con lo cual estabamos fondeados, 5 minutos duró  la primera corriente que la hice medir era de 5 y media millas, y que inundó la población, vino una segunda en sentido opuesto, es decir desde el norte, y dejo la bahía en seco varando en su fondeadero la barca inglesa “Chañarcillo”, la “América”,  “Rosa Rivera” y todas las embarcaciones menores.  Ayudados por esta corriente pudieron llegar a bordo nuestros botes y en uno de ellos el señor comandante.

Las corrientes de sur a norte se sucedían  con tanta frecuencia y sus cambios tan rápidos que era imposible mandar embarcaciones a salvar  a las muchas personas que se veían flotando encima de las palizadas y que pedían auxilio. Sin embargo del grave peligro que corría nuestra gente, se mando la chalupa a recoger unas mujeres que estaban próximas. La chalupa apareció 24 horas después y sus bravos tripulantes  cuyos nombres daré a US. por separado, han tenido que luchar mil veces con la muerte y gracias a su valor y serenidad pudieron llegar a tierra trayendo a la señora cuya salvación se les había ordenado y a dos marinos del “Fredonia” a quienes también pudieron salvar.

La “América” seguía aguantada sobre sus anclas,  y los mismos oficiales ayudados por la marinería se ocupaban en trincar la artillería y alistar los masteleros de juanete y sobre cubierta para colocarlos.

Durante los cambios de corrientes todas las embarcaciones que fue imposible usarlas y salvamos al piloto del bergantín “Regalón”, cuyo buque ya había naufragado, pudimos también salvar un guardia marina del “Wateree”, y varios marineros de ese buque.

Así seguimos hasta las 6 horas 45 minutos P.M. en que las corrientes aumentaron hasta 9 y media millas con corredera y su duración era de 5 a 10 minutos. A las 7 horas 3 minutos P.M. vino una corriente del Sur con una fuerza de 10 y media milla según el parte que me dio el teniente Freire de haberlo el mismo medido, esta corriente hizo saltar nuestras dos amarras después de haber arriado toda la cadena e instantáneamente nos pusimos sobre la playa. Este momento fue terrible y aun el comandante mandó dar avento, fue imposible se cumpliera su orden por no tener vapor todavía y necesitarse 15 libras aún para levantar.

La corriente nos llevaba, y no sabíamos dónde, pues se oscureció de tal modo que absolutamente se veía a 5 metros. Después de estar al garete encallamos en una de las playas de sotavento y uno de los muchos mares que pasaron sobre el buque  sacó del puente al señor comandante y al alférez Herrera que estaba a su lado. Las embarcaciones fueron arrancadas de sus pescantes y ninguna se arrió  debido a los esfuerzos que  los oficiales hicieron para impedirlo.

Estando el buque destrozado  sobre la playa y completamente lleno de agua en la parte de popa comenzó a declararse un incendio en el sollado y la tripulación no podía transitar por la cubierta pues los que intentaron hacerlo, o quedaban aplastados por la arboladura que en ese momento caía o eran sacados por el mar. En esta difícil circunstancia, sin botes en que salvar y oyendo los ayes de los que esperaban y no podíamos socorrer, vino una segunda e inmensa ola que acabó de llenar de agua el buque y que fue nuestra salvación porque apago el incendio.

Nos hallamos en esta situación sin esperanza de salvar,  y pidiendo todos a Dios nos enviara la muerte, pues ya no había paciencia para sufrir tanto y ver desaparecer personas queridas, cuando secó repentinamente  la mar retirándose como dos millas, y dejando el buque en seco. Inmediatamente, todos bajamos a la playa y corriendo logramos escapar, pues ya venía otra mar detrás de nosotros

Adjunta verá US., la lista de muertos y heridos, contándose entre los primeros la del irreparable comandante Reyes y la de los excelentes  oficiales y buenos compañeros las alféreces Herrera, Ferreyros y Dr. Roman.

 El vapor de guerra de los Estados Unidos “Wateree”  queda cerca de una milla más a tierra que nosotros; del pontón “Fredonia” no se encuentra una tabla y los buques “Chañarcillo” inglés y americanos “Rosa Rivera” y “Regalón” están también completamente perdidos. No queda un bote a flote en la bahía, y de algunos de los buques no se ha salvado una persona.

En momentos tan apremiantes encontramos nuestra misericordia en los jefes y oficiales del “Wateree” que habiendo salvado sus equipajes nos vistieron, nos dieron alimento y nos ofrecieron cuanto necesitábamos. Esta noble conducta es de mí deber poner en conocimiento de US., lo mismo que las de los doctores Dubois y Winslow y el segundo del “Wateree” ambos con esmero y prolijidad han atendido a nuestros heridos.

En medio de tanta desgracia me queda la satisfacción de haber presenciado el raro comportamiento de todos los subordinados en momentos tan desesperados. Los marineros no quisieron venir a tierra a pesar de que seles ordenaba lo hicieran, hasta que nos auxiliaron y llevaron en hombros a todos los oficiales que estábamos aun estropeados.

Marcha en el vapor el primer ingeniero para que haga un pedido verbal de los aparatos indispensables con que debe sacarse la artillería, maquinaria y toda cosa que se pueda utilizar. También marchan algunos de los heridos que pueden ser transportados.

Yo quedo aquí con toda la dotación  esperando órdenes de US., cuidando a los heridos que no pueden ser transportados, y prestando con la tripulación todo auxilio que pueda a la población.

 Como hasta este momento última hora subsiste la alarma, no puedo ser más extenso ni dar a US., más detalle.

Dios guarde á US.

                                                      P.S.C.G.  Carlos Ferreyros.

CRÓNICA DEL TSUNAMI DE ARICA, 1868. (III)

El siguiente relato corresponde a una carta enviada dos días después del terremoto al diario “El Comercio” de Lima por una autoridad civil de Arica no identificada:

Mi querido hermano:

Te escribo esta con la impresión más fuerte que he experimentado en mi vida. Antes de ayer 13 de agosto, a las cinco se ha experimentado el terremoto mas fuerte que en mi vida he visto y veré, si la Providencia me concede mucha vida; porque estos casos se repiten cada siglo en esta desgraciada América.

Felizmente vivía en una casa hotel, todo de telar, y esta se mecía como una hamaca: corrí a unas huertas vecinas con peligro de que me cayera algo. Allí vi el espectáculo más terrible y conmovedor, todos los edificios de la ciudad caían, y en un instante la atmósfera se cubrió de polvo que no permitía ver a distancia de veinte pasos.

El terremoto duró como cuatro minutos; pasado este salí a la calle que es bastante ancha, y vi que todas las casa de una y otra vereda habían caído. Pensé en el mar y como autoridad que soy, me dirigí a la ribera y el muelle, y entonces noté que la mar había bajado considerablemente y comenzaba a llenar de la parte sur formando remolinos  en la parte del muelle. Di la vos de alarma a todas las personas que encontré entre estas muchas conocidas y amigas. Corrimos hacia las faldas del Morro y cuando no bien estaba a la altura de 30  a 40 pies el mar invadía con tal fuerza y rapidez imponentes arrastrando cuanto encontraba a su paso: levantando los edificios que aun quedaban en pie ó inclinados por efecto del terremoto, transportándolas de un lado y otro hasta deshacerlas en su totalidad y retirándose enseguida para invadir nuevamente por cuatro o seis veces. El mar subió como 30 ó 35 pies y penetro hasta la puerta de la Matriz., que esta a la dicha altura.  Me encontraba en el Morro, siempre subiendo y ayudando a varias familias según los ruidos horrorosos del mar, porque ya no veíamos por la oscuridad. Toda la bahía se transformo en remolinos de sur y norte y viceversa, con corrientes que pasaban de 10 millas. Los buques de guerra “América” y “Wateree”, N.A., largaron todas sus anclas, lo mismo que el pontón N.A. y los mercantes, arriando toda la cadena para resistir la corriente y remolinos, pero todo en vano.

En la oscuridad que comenzaba, los veíamos vagar de sur a norte los de guerra y el pontón “Fredonia” que eran los que más afuera se hallaban, y los mercantes “Chañarcillo”, “Rosa Rivera” y “Eduardo”, comenzaron  a tumbarse ya de costado, ya de otro, por efecto de que en la resaca tocaban en el fondo y el nuevo flujo los arrojaba volteándose hasta tocarse sus palos.

Se tuvo mucha esperanza de que salvaría la “América” y el “Wateree”: principalmente la primera que se apresuraba en hacer vapor; del segundo sabíamos por sus oficiales, que su maquina estaba en compostura pero ¿qué sucedió? Que últimamente vino un flujo mas fuerte que los anteriores de la parte sur y había llevado todos los buques a tierra hacia la parte del norte llamado Chacalluta y arrojándolos como a una distancia de un cuarto de milla de la rivera del mar. Solamente la “América” , toda averiada, el “Wateree” y bergantín “Eduardo” permanecen con el casco entero, pero a la distancia que digo; los demás se han hecho pedazos que sería difícil  determinar si sus restos son de un buque o de un edificio.

La mañana siguiente nos presentó  este espectáculo y el de las dos terceras partes de la ciudad, arrasadas por el mar, como si jamas hubiese existido en aquella parte un edificio.

De 9 a 10 de la noche comenzaron a llegar algunos oficiales de la “América” y marineros del “Wateree”, a darnos las noticias que dejo referidas, tocantes a los buques. Casi una tercera parte de las tripulaciones de los buques han perecido, tanto de guerra como mercantes. De la “América”, oficiales han perecido, el comandante Reyes,  Teniente Herrera, alférez Ferryros (el cogito) y el doctor. En tierra no han faltado  sus víctimas;  se calculan en quince o veinte; entre estas la mujer del teniente de maniobras del “Wateree” Missis Jhonson.

Al amanecer del 14, el espectáculo era conmovedor; todo convertido en ruinas de los tres elementos, el mar, la tierra y el fuego porque también se declararon  dos incendios en medio de las ruinas, inmediatamente después del terremoto y en la parte que no llegó el agua. La playa desde Arica o desde el Morro hasta mas allá de Chacalluta como ocho millas, y el resto hasta Tacna, está en muy mal estado. Esta ciudad no ha sufrido mucho: no se cuenta sino una que otra víctima y como cuarenta casas caídas.

 En todo los puertos del Sur hasta Iquique, se ha experimentado lo mismo que Arica. Esos puertos que no tienen más agua que la que se condensaba por maquinas, qué será de la población  por falta de este artículo y víveres. El vaporcito “Ecuador” que llegó esta mañana, comunica estas noticias. Uno que otro buque dice, haberse varado y de Iquique, haber perdido como 100 vidas y toda la ciudad arrasada.

                                                                              Tu hermano.

Testimonio extraído de crónica publicada en el Diario La Estrella de Arica el 12 de agosto de 2001, pg. A-10, A-11, A-13, de un trabajo del académico de la Universidad de Tarapacá, encargado del “Archivo Histórico Vicente Dagnino Oliven”, Elías Pizarro Pizarro.


·         Anexo 3

ACUERDOS FIRMADOS POR PERÚ Y BOLIVIA QUE TIENEN RELACIÓN CON ARICA

1.      Tratado de Comercio firmado en Arequipa el 8 de noviembre de 1831.

2.      Tratado de Comercio suscrito en Chuquisaca el 17 de noviembre de 1832.

3.      Reglamento de Comercio firmado en fecha 6 de noviembre de 1833.

4.      Convención preliminar de Paz firmada en el Cuzco el 14 de Agosto de 1838.

5.      Decreto del Presidente Agustín Gamarra del 30 de julio de 1840.

6.      Tratado preliminar de Paz y Amistad suscrito en Puno el 7 de junio de 1842.

7.      Tratado de Paz y comercio firmado en Arequipa el 3 de noviembre de 1847.

8.      Convenio de Comercio suscrito en Sucre el 10 de octubre de 1848.

9.      Tratado de Paz y Amistad firmado en Lima el 05 de noviembre de 1863.

10.  Tratado de Paz y Amistad  firmado en Lima el 26 de octubre de 1878


 

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Prensa analizada:

Chile:

Diario Oficial de la República de Chile                                                           Los Tiempos

El Ferrocarril                                                                                                       El Mercurio de Valparaíso

La Patria                                                                                                              El Estandarte Católico

El Independiente                                                                                               El Mercurio de Santiago

Chillian Times (diario en inglés de Valparaíso)                                             Diario Ilustrado

La Gaceta de Arica                                                                                            Diario La Concordia de Arica

La Defensa de Arica                                                                                         La Estrella de Arica

El Pacífico (Tacna- Chile)                                                                                 El Ferrocarril de Arica (1909-1912)

Perú:

El Comercio                                                                                                        Primavera de Arequipa

La estrella de Ayacucho (Arequipa)                                                              El Peruano

El Republicano de Arequipa                                                                            El Fénix de Tacna

La Gaceta del Comercio de Lima                                                                     El Universal de Lima

El Correo de Lima

Bolivia:

El Heraldo de Cochabamba                                                                              La Gaceta de La Paz                                                          

Boletín de la Guerra del Pacífico, 1879-1881, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1979.

Fuentes de Archivo:

Archivo Nacional de Chile:

·        Archivo Notarial de Arica.

·        Archivo Judicial de Arica.

·        Archivo Administrativo de Arica.

·        Fondo Ministerio de Guerra

·        Fondo Ministerio de Relaciónes Exteriores

Archivo Arzobispal de Lima

·        Apelaciones de Arequipa.

Archivo General de la Nación. Lima Perú.

·        Colección Documental de la Independencia del Perú

·        Real Hacienda de Arica


INDICE

INTRODUCCIÓN.................................................................                                              04

PRIMERA PARTE

LA LUCHA POR LA  INDEPENDENCIA AMERICANA DE ESPAÑA

Capitulo I

Comienzos de la Revolución por la Independencia.     

·         La Rebelión de Zela.........................................................                                        07

·         Segundas rebelión de Tacna........................................................                                                          11

Capitulo II

Visita de un Obispo y la  revolución en el  interior del Partido de Arica

·         Visita Pastoral......................................................................                                                     20

·         La Rebelión de Pumacahua................................................      .                                                              23

Capitulo III

Arica puerto de abastos

·         Arica en el fin de la dominación española en Chile..........                                               30

Capitulo IV

Lord Cochrane y William Miller en Arica

·         Desembarco patriota en Arica.............................................                                                   36

·         "A los bravos de Mirave".        ............................................                                                  43

Capitulo V

Derrotas del Ejército “Libertador”

·         Expedición a Puertos Intermedios................................................                                                         53

·         Desembarco del Mariscal Santa Cruz  en Arica...........................                                        57

SEGUNDA PARTE

PRIMER PERIODO REPUBLICANO

Capitulo VI

Juramento de la Independencia  y visita del “Libertador”

·         Comienzos de la República..................................................                                                   62

·         Visita de Bolívar a Arica y petición de los Ariqueños.........                                                              66

Capitulo VII

La economía y tierra de terremotos

·         El comercio “Trajinero” en Arica al inicio de la República..                                                              75

·         Arica vuelve a ser tierra de terremotos..................................                                                               81

Capitulo VIII

Nueva solicitud de los Ariqueños para anexarse a Bolivia

·         Arica en la Confederación.......................................................                                                86

Capitulo IX

Comienzo de la era de Ramón Castilla

·         Derrota de Ingavi y muerte de Gamarra...................................                                                             92

·         El final del Mariscal Santa Cruz...............................................                                                               96

TERCERA PARTE

SEGUNDO PERIODO REPUBLICANO

Capitulo X

Llega la modernidad y fin de la era de Castilla

·         Arica se moderniza Ferrocarril, Aduana y Puerto....................                                                           103

·         Nuevos conflictos con Bolivia y muerte del Mariscal Castilla.                                                         112

Capitulo XI

Caen los jinetes de la Apocalipsis sobre Arica

·         Las más grandes tragedias ariqueñas del siglo XIX..................                                                         118

·         La reconstrucción y la tercera tragedia......................................                                                           125

Capitulo XII

Estructura social de Arica y antesala de la guerra

·         Población, educación y empleo y la última tragedia del siglo..                                                         133

·         La crisis económica e inicio del conflicto internacional...........                                                          139



[1] La cabecera del Partido de Arica era la ciudad de Tacna, por lo que en el puerto sólo había  una pequeña guarnición de 120 hombres.

[2] "Trajinero" era el termino con que se refería la población a los dueños de recuas o catervas, fueran de asnos, mulas, caballos  o llamas.

[3] Cuzapa palabra de origen aymará que significaría valle hermoso o valle fértil.

[4] Mulas "pianeras" eran animales de mayor contexturas que sus similares y que se les ponían arneses especiales para transportar carga de volumen y de mayor peso como por ejemplo un piano.

[5] Versos de Pedro Ariel Olea, del "Himno de Arica"

[6] El padre de Calderón de la Barca y Lois era vizcaíno y la madre chilena, fue el primer alcalde de Tacna elegido conforme a la constitución de 1812 de España.

[7] “La Lumbanga”, fue un barrio  de negros que existió hasta ya bien entrado el siglo XX, estaba ubicado en un espacio entre La Chimba y el varadero norte del puerto donde actualmente está  la estación de ferrocarril de Arica a La Paz, aproximadamente en  el sector de las actuales calles Pedro Montt, Maipú, Manuel Rodríguez.

[8] ¿Sería la antecesora del Alferazgo del Santuario de la Virgen del Rosario de las Peñas? En 1819 hay referencias sobre el Santuario de la Virgen de las Peñas y practicas idolátricas en el sector. (Hasche Renato “La Iglesia en la Historia de Arica”)

[9] El capitán  Manuel Rodríguez, (Cúneo lo  supone nieto o hijo del primer corregidor de Arica Francisco Rodríguez de Almeida) fue un lusitano que desde la década del treinta del siglo XVII mantenía su propia flota de barcos mercantes, que hacían el cabotaje entre Arica y el Callao, fue nombrado Alcalde Ordinario, al parecer el sobrenombre de este Rodríguez  que le daban  los pobladores era el de “Farfallares” que significaría fanfarrón o charlatán, es así que el padre Juan Gualberto Valdivia le da el nombre de “Farfallares” al  filántropo que mando a construir la Basílica de San Marcos de Arica empresa a cargo del maestre alarife Juan Jaramillo.

[10] Informe del Intendente don Antonio Álvarez y Jiménez de su visita al  Partido de Arica en 1793.

[11] Matheo García  Pumacahua,  había nacido según su partida de bautizo  el 21 de septiembre de 1748, y aparece simplemente como Pumacahua Chihuantito. Era un indio puro, que heredo el cacicazgo de Chincheros y poseía apreciable fortuna. Incorporado al ejército del Rey, hizo exitosa carrera llegando a ser Brigadier, grado que le fue conferido por su destacada participación en la lucha contra Túpac Amaru, fue ahorcado en Ayaviri después de su derrota antes el general Juan Ramírez, su cabeza exhibida en Cuzco y un brazo en Arequipa. (Guillermo Zegarra Meneses)

[12] Anotación de Juan Domingo Zamácola.

[13] Tinca es un baile campesino que se efectúa después de las procesiones.

[14] Chacacota” podría traducirse al español como lugar de desembarque, Chaca puede ser: puente, paso, vado, Cota significa lago, los naturales llamaron así a estos lugares  de embarcaderos, de ahí la corrupción de esta palabra en “Chacota” que en algunas referencias coloniales le dan a la “Lisera” o a la caleta de la “Capilla” llamada así por las instalaciones militares que existieron en el lugar que más parecía una capilla que un fuerte.

[15] “Wachiman” palabra derivada de la corrupción de la palabra inglesa  “washman”, así se le denominaba en las costas chielno-peruanas a los limpiadores de cubierta, era el empleo de mayor desagrado de la marinería por considerarlo degradante.

[16] “Mamacocha” es el nombre que le daban los naturales al océano Pacífico, significa laguna madre.

[17] “Choque” palabra aymará que significa  oro

[18] William Miller, soldado inglés que sirvió a la causa patriota, había nacido en Wingham, condado de Kent, Inglaterra en 1795, Ingresó en el ejército británico  combatiendo en la campaña de Wellesley, futuro duque de Wellington, contra las fuerzas napoleónicas, fue el único oficial que estuvo desde la salida de la escuadra Libertadora del Perú desde Valparaíso hasta Ayacucho, sirviendo en consecuencia  bajo las ordenes de San Martín y Bolívar. Murió en 1861 a bordo de un buque en el Callao, cuando regresaba al Perú.

[19] La costa sur de Arica considerada desde el Morro hasta las cuevas de "Anzota" esta formada por las siguientes playas o caletas de norte a sur: "El Infiernillo", "El Laucho" , "La Lisera", "Playa Brava", "Arenillas Negras",  "Playa Miller", "Playa de los Gringos", "Caleta Quiani", "La Capilla" esta para los naturales era la "Chacacota", "Playa Corazones" y finalmente "Punta Paloma" o "Anzota", la playa "Los Gringos" la bautizo el decir popular ariqueño como recuerdo del desembarco efectuado ahí por Cochrane y Miller (los dos de nacionalidad Inglesa "los gringos") hoy desaparecida por la instalación de industrias pesqueras sólo se conserva la playa "Miller" al lado norte de la pesquera "Coloso".

[20] Traducción del general español  José María Torrijos.

[21] Este promontorio que es parte de la cadena de cerros que conforman el Morro de Arica, tiene una Cruz y de ahí su nombre, las cruces en los faldeos de los cerros en la región obedece a una costumbre ancestral de ritos a la "Pachamama" de las culturas precolombinas, que los misioneros españoles reemplazaron con la festividad de la Cruz de Mayo.

[22] Basil Hall

[23] Sama  significa "lugar de descaso"

[24] Mirave, fue sepultado por la avalancha que se produjo el 27 de febrero de 1927, del pueblo sólo quedo un gran "pacae" (árbol típico de esta zona precordilleranas)  donde varios habitantes del poblado cordillerano lograron salvarse, ese año hubo grandes inundaciones en todo el sector centro andino con motivo  de las lluvias estivales.

[25] Moquegua fue fundada el 25 de noviembre de 1541 como Santa Catalina de Moquegua, siete meses después de la fundación de San Marcos de Arica, en el siglo  XVII recibe el nombre de "Villa de Santa Catalina de Guadalcázar" como honor al Virrey Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar, el 19 de enero de 1923 se le da el rango de "Ciudad de Moquegua", "Muki Wa" la denominaron de remotos tiempos  la población de origen pukina  anterior a la dominación inca.

[26] El teniente La Tapia protagonizo una audaz aventura  en esta misión, llegando hasta la propia capital de la Intendencia, logrando entrevistarse con el propio general Ramírez quien le atendió con deferencia respetando una supuesta misión de parlamento encomendada por Miller  a propósito de la tregua pactada  por San Martín y el Virrey La Serna en  Punchauca el 23 de mayo de 1821, saliendo airoso este valiente oficial de la intrépida incursión que hiciera al corazón mismo de las fuerzas realista del sur del Bajo Perú.     

[27] El Gobierno de los Estados Unidos observó con mucho interés los eventos políticos y diplomáticos que se sucedían en las colonias hispanoamericanas que buscaban la independencia de España, nombró desde muy temprano agentes diplomáticos para la región (Mr. Joel Roberto Poinsett, cónsul en Chile en 1812 y vice cónsul fue Mr. Matheo Arnoldo Hoevel) y encomendó a su Armada estudiar e informar periódicamente sobre la situación, asimismo proteger los intereses de sus conciudadanos y garantizar el libre comercio en la región. Para cumplir este mandato la Marina dispuso la organización del "Escuadrón del Pacífico" que se hizo cargo de navegar y vigilar las costas desde Guayaquil hasta Valparaíso entre 1817 y 1825.

[28] El primer Virrey del Perú  es nombrado por Cédula Real del 1º  de marzo de 1543, haciendo su ingreso en “La Ciudad de los Reyes”, Lima en mayo de 1544.

[29] TEMPLO DE SAN PEDRO DE ZEPITA, Consagrado a San Pedro y considerado como la obra maestra de la arquitectura colonial en el Departamento de Puno. Fue edificada por los Dominicos, cuyos orígenes se remontan a comienzos del siglo XVIII, es una construcción hecha de piedra, con escalinatas labradas y pórticos tallados.

Se nota un claro predominio del estilo barroco; un arco ciego limita la portada lateral que es la principal y que da a la plaza.

Las columnas decoradas tienen formas de eslabones de cadena entre las que se aprecian máscaras. Parte de la columna que media entre el capitel y la base, es de forma cónica y están situadas una afuera y otras mas adentro, dándole un aspecto más estético y ágil que otras similares.

[30] Antonio Pedro Olañeta, se había negado a reconocer  la Capitulación de Ayacucho, en momentos que Sucre se preparaba para iniciar campaña en su contra se produce un motín en la oficialidad española bajo su mando, entre los partidarios de continuar la lucha y los partidarios de la capitulación, el resultado fue la muerte del general Olañeta en Tumusla el 1º de abril de 1825 concluyendo con esto toda resistencia española en el área.

[31] El general Francisco de Paula Otero y Goycochea, era natural de Jujuy había nacido el 2 de abril de 1786, hijo de don Martín de Otero y de doña Luisa Goycochea, inició su carrera militar como cadete del Rey en 1807,  en 1820 se reincorpora al servicio de las armas esta vez a favor de las armas patriotas con el grado de coronel de milicias.

[32] Sin lugar a dudas  aun que se hace mención del carácter de voluntario que tenía el juramento "para evitar su profanación " como decía el bando, muchos lo hicieron para no quedar estigmatizados ante las nuevas autoridades.

[33] El principio de “uti  possidetis juris” a 1810, esta referido a que las nuevas repúblicas americanas que habían sido colonias españolas constituían su limites conforme  a la estructura limítrofe de los antiguos virreinatos, capitanías generales o presidencias, así las provincias del Alto Perú correspondían al Virreinato de la Plata,  como  Quito de Santa Fe pertenecía al Virreinato de Nueva Granada, las presidencias de Chile y Guatemala de la Nueva España tenían  independencia administrativa desde 1776 por lo que no generaron grandes dificultades político-legales sus respectivas independencias.

[34] Con la decisión de  declarar a Cobija como puerto Mayor de la naciente república y la consideración del secretario de Bolívar de incluir el despoblado de Atacama y su costa parte integrante de la Provincia de Atacama perteneciente al departamento de Potosí, ubicada al interior en la zona cordillerana, genera un conflicto geográfico que derivaría  en la guerra del Pacifico de 1879, en la aplicación del principio uti possidetis juris a 1810, el reino de Chile siempre fue fronterizo al Virreinato del Perú y nunca a la presidencia de Charcas o en esta zona al Virreinato de La Plata, por lo que  en toda documentación oficial de la época colonial el despoblado de Atacama y su costa se considero integrante del Reino de Chile.

[35] José de la Mar, general nacido en Guayaquil, estuvo presente en el primer sitio de Zaragoza al cansando el grado de brigadier por méritos de guerra, de vuelta a América se une a las tropas de Bolívar, siendo uno de los generales de Junín y Ayacucho,  fue el primer presidente del Perú independiente después de la caída de la Constitución vitalicia de Bolívar elegido el 9 de junio de 1827 por el segundo Congreso peruano.

[36] Fortunato Zora Carvajal, “Tacna Historia y Folklore”, Tacna-Perú 1997

[37] Estas mulas eran llamadas “mulas pianeras” porque se calculaba que eran capaces de transportar desde Arica a La Paz un piano en su lomo sin dificultad, habían criaderos de este tipo de ganado en Lluta, Camarones, Sama, y también existía un gran comercio de ganado  de acémilas desde Chile.

[38] Aun en la época del informe (1826-1826) eran consideradas importaciones extranjeras  todos aquellos productos que provenían de un lugar distinto a Hispanoamérica o España, siendo consideradas estas últimas como importaciones internas.

[39] José Hipólito Unanue Pavón, nació en Arica el 13 de agosto de 1755, sus padres fueron don Antonio Unanue de Montalvert, natural de Vizcaya y de Manuela Pavón hija de antigua familia ariqueña, Hipólito Unanue a decir de Vicente Dagnino “fue medico más sabio del continente, insigne  estadista, escritor y filántropo. Impulsó  y dignificó los estudios de medicina con obras notables y con adelantos superiores a su época”; Unanue falleció el 15 de julio de 1833.

[40] “El Republicano” de Arequipa

[41] Ramón Castilla y Marquesado, nació en Tarapacá el 31 de agosto de 1797, sus padres,  don Pedro de Castilla natural de las provincias del Río de la Plata, su madre Juana Marquesado, hija de antiguas familias tarapaqueñas. Destinado al regimiento de Dragones del Perú primero y de la Unión después, sirvió en el Ejército Real hasta fines de 1821, en que ya en la clase de Alférez, pasó al servicio de la causa americana, integrando el cuerpo de Húsares de la Legión Peruana. Esta presente en Ayacucho.

[42] Manuel de Mendiburú fue prefecto del Departamento Litoral entre 1839 y 1842

[43] En  el cerro Intiorco se posesionaron las tropas aliadas peruano bolivianas en 1880, tomando estos promontorios el nombre de “Campo de la Alianza”, batalla del 26 de mayo de ese año.

[44] Manuel Toribio Ureta, notable jurisconsulto nacido en Arequipa el 26 de abril de 1813, falleció el 10 de agosto de 1875, Secretario General del gobierno de Vivanco y encargado de  Negocios en Bolivia.

[45] Pedro Díaz Valdés Carrera, era hijo de la insigne patriota doña Javiera Carrera Verdugo y  sobrino don José Miguel Carrera Verdugo uno de los padres de la patria de Chile

[46] En la visita del obispo de la diócesis de Arequipa,  Mons. Juan de Otárola  de Lagunas en  septiembre de 1718 se utilizó este templo para las confirmaciones efectuadas por el prelado en el valle, y al parecer se consagro el templo a San Jerónimo ya que este obispo había recibido su consagración de tal en el templo de San Jerónimo del Buen Retiro en España con la asistencia del Rey, la Reina, el Príncipe y el nuncio pontificio.

[47] Tacna era la cabecera del   Departamento Litoral Moquegua y sede de la prefectura.

[48]  Mensaje del general José Ballivían presidente de la República de Bolivia a las Cámaras Constitucionales de Bolivia, reunidas en Congreso Extraordinario  en 1847.

[49] La liga anseática   fue una antigua confederación de varias ciudades alemanas para fines comerciales. Esta liga fue pactada  en 1241 por las tres ciudades alemanas Lubeck, Brema y Hamburgo, y llego comprender cerca de 80 más. Tenía por objeto proteger el comercio de las ciudades alemanas contra los piratas del mar Báltico y del Norte, y contra las usurpaciones de los príncipes vecinos. La liga anseática extendió  mucho su comercio y llegó a ser una entidad poderosa, poseedora de una flota, un ejército, un Tesoro y un gobierno particular. Monopolizaba el comercio del Báltico y tenía establecimiento en todo el norte de Europa su decadencia se produce durante el siglo XVI.

[50] El general Manuel Isidro Belzu  ya se había sublevado en junio de 1847 en contra de  Ballivían terminando por abandonar el poder  el héroe de Ingaví en los últimos días de 1847 después de la revolución del sur. Belzu gobernó Bolivia hasta 1855

[51] José Rufino Echenique,  asume como presidente constitucional del Perú en abril de 1851 sucediendo al Mariscal Ramón Castilla que terminaba  el periodo constitucional, el general Echenique es derrocado por el propio Mariscal el 5 de  enero de 1855 cuando lo derrota en la batalla de La Palma en las afuera de Lima.

[52] El puente ferroviario de Arica Tacna del río Lluta tomara gran significación ya que el tratado de Lima del 3  de junio de 1929 para resolver la cuestión de Tacna y Arica,  toma como referencia dicha  estructura para fijar la frontera entre las repúblicas de Chile y Perú, en su artículo segundo dice: “ El territorio de Tacna  y Arica será dividido en dos partes, Tacna para Perú  y Arica para Chile. La línea divisoria entre dichas dos partes y, en consecuencia, la frontera entre los territorios del Perú y de Chile, partirá de un punto de la costa que se denominará “Concordia”, distante diez kilómetros al norte del puente del Río Lluta, para seguir al oriente...”

[53] Erie  Vásquez B. / “Más allá del Río” Dic. 1990

[54] Doña Eloisa Mac Lean Portocarrero, había nacido en Tacna en 1838,  pertenecía a una de las principales familias de Arica – Tacna, su padre don Alejandro Mac Lean, acaudalado comerciante de origen escocés, su  madre María Natividad Portocarrero miembro de una de las familias hispanas mas antiguas y distinguidas de la zona, su hermano Guillermo G. Mac Lean P.  medico, era el alcalde de Tacna al momento de la ocupación de esa ciudad por parte del ejército chileno el 26 de mayo de 1880, su otro hermano  coronel Julio Mac- Lean P.  era comandante del batallón “Arica”, muere en la acción del “Campo de la Alianza. Doña Eloisa se casó en 1855 con el cónsul británico, don George Hodges Nugent.

[55] Ver anexo 1 sobre evolución de los nombres de las calles de Arica.

[56] El destino quiso que los dos presidentes mencionados en esta frase murieran asesinados.

[57] Este edificio ocupó las oficinas de correo hasta 1970, siendo usado por la Dirección de Tránsito de la municipalidad de Arica hasta 1983 para ser destinado a oficinas de la tristemente celebre CNI (Central Nacional de Información)  organismo de seguridad del régimen dictatorial de Augusto Pinochet U. Para finalmente terminar como propiedad del Banco del Estado de Chile que en una acción inexplicable ordenó su destrucción dejando de recuerdo sólo una gran excavación; años más tardes se construyo en el lugar un edificio de 11 pisos llamado “Edificio Empresarial”.

[58] Alejandro Gustavo Eiffel fundó una fabrica de estructuras metálicas en 1867 en Levallois-Perret, entonces suburbio de París. Este ingeniero francés revolucionó la construcción con sus innovaciones en la técnica de la fabricación de estructuras metálicas y en el emplazamiento de estructuras de acero.

[59] En 1962 se llevó a cabo una “restauración” hecha bajo la tutela de la Junta de Adelanto de Arica, en esta restauración desapareció el retablo del Altar Mayor colocándose en remplazo a “La Paciencia del Señor”, figura del siglo XVI que se había salvado del derrumbe de la antigua Basílica, el púlpito desapareció, la escala de caracol que da acceso al balcón del coro y del campanario también desaparecieron, los vitrales fueron  reemplazados por acrílicos de colores, las barandillas del altar mayor desaparecieron, el techo de madera y cobre fue reemplazado por  planchas de “massiza” y en el exterior recubierto con papel fieltro.

[60] Renato Hasche S. SJ “La Iglesia en la Historia de Arica” 1997.

[61] Con los restos que fueron posibles recuperar de los escombros  se construyo un edificio de dos pisos en el mismo lugar que se pretendió levantar el hotel, utilizado en su planta baja como negocio de ventas de menestras, en la sala de venta existen cuatro columnas metálicas estilo dórico del edificio original, como en un balcón  que da a calle Arturo Prat (ex del Telégrafo) se conserva  aun una de las barandas de protección de los balcones,  que da idea de la calidad arquitectónica que  hubiese logrado el proyecto hotelero frustrado por el terremoto de 1877. Entre el año 1975 y 1998 ahí funcionó el Cuartel General del “Cuerpo de Bomberos de Arica”.

[62] Silvia Zolessi y Luis Salgado / Revista Norte Grande, Editorial U. Católica, 1978-79

[63] Luis Benjamín Cisneros “Memoria y guía de Instrucción Primaria para el año de 1875”/ Lima 1876.

[64] Silvia Zolessi y Luis Salgado/Idem.

[65]   Silvia Zolessi y Luis Salgado/Idem.

* Las dos primeras  Cuadras de esta calle considerando de mar a cordillera lleva el nombre de Manuel Rodríguez.

* la calle Coronel Francisco Bolognesi desde  la calle 18 de Septiembre al norte hasta la rivera sur del río San José toma el nombre de Gral. José Velázquez  lo que en la colonia fue parte del Camino Real que llevaba a Tacna.