Camino a Socoroma


Sergio Vasquez Ochoa

Contador Auditor – Ing. (e)Ejec. Marketing
Presidente Asociación Consumidores Arica


Años atrás curioso Chile, daba paso a la canción ganadora en el género folklórico de Viña del Mar - “Camino a Socoroma”. Los más felices y asombrados eran los lugareños ya que el nombre de su pueblo colmaba los titulares de los medios de comunicación nacional y pasaba a la historia del famoso evento musical.

Ese “Camino a Socoroma”, era el símbolo de todos los caminos que recorrieron los lugareños un día, desde sus pueblos cordilleranos y precordilleranos, Putre, Belén, Socoroma, Ticnamar, Chapiquiña, Caquena, Parinacota y otros tanto poblados altiplánicos, desde las alturas al puerto
lejano de Arica, históricamente duros y sacrificados, primero a caballo por dos días, bajaban por el valle de Lluta, la quebrada de Livilcar, enfrentando las inclemencias del sol y el frío, trayendo llaretas, carnes, papas, habas, choclos y tantos productos originarios, para hacer verdaderos trueques y así obtener lo que no se producía en sus tierras cordilleranas y llevar el sustento alimenticio a su hogares.

La construcción del Ferrocarril Arica - La Paz, inaugurado el año 1913, será la nueva forma del traslado y posteriormente, la construcción del controvertido Canal del Lauca, marca el inicio de los primeros caminos carreteros alternativos, polvorientos y plenos de la famosa “calamina”.

La benefactora Junta de Adelanto y el Cuerpo Militar del trabajo, en algunos tramos, dan paso a una nueva instancia en la construcción del camino Internacional Arica Tambo Quemado, proyecto visionario, descentralizado y efectivo que colman la alegría y sueños de los
parinacotenses, que al fin podrán desplazarse por caminos pavimentados dignos, hasta las propias puertas de sus casas.

Lejanos y nostálgicos estarán los preparativos del camino a caballo, alforjas, agua, mulares con carga y el despido al jefe de hogar que marcha a la ciudad por el alimento, el niño que va a la ciudad a estudiar dando paso al desarraigo familiar, en nombre de la educación y el
desarrollo, con las naturales penas de todos.

Es el avance, la integración, la “modernización”, las nuevas relaciones con la urbe y el inicio de una migración, que atrae a la juventud con envolventes luces fulgurantes de la ciudad que todo lo ofrece, lo bueno y lo otro.


Hoy aquellos sacrificados y endurecidos baqueanos cordilleranos, que un día cruzaron los andes y el desierto, esperan solitarios incólumes en sus pueblos, como los viejos robles, con mucha dignidad al pie de sus hogares sin hijos, el llamado del tata intí. “Eres de la tierra y a ella
volverás”.